Argentina: Feminismo y Estado o ¿de qué hablamos cuando decimos que “el Estado opresor es un macho violador”?

Los feminicidios y violaciones cometidos por cuadros de las fuerzas de seguridad de los Estados son indicios de la naturaleza patriarcal del Estado como institución. Lo intuimos en el caso de Úrsula Bahillo, joven de 18 años, asesinada el 8 de febrero, en Rojas, provincia de Buenos Aires, con 15 puñaladas, por su expareja, el policía Matías Ezequiel Martínez, de 25, con orden de alejamiento y restricción perimetral, después de 18 denuncias de violencia de género realizadas por Úrsula[1]. O, cuatro días después, con la muerte por estrangulamiento de Ivana Módica, de 47 años, en manos de su pareja Javier Galván, de 52, vicecomodoro de la Fuerza Aérea, en La Falda, provincia de Córdoba[2]. O, aun, el caso de Guadalupe Curual, 21 años y mamá de una beba, apuñalada el 23 de febrero, en pleno centro de Villa la Angostura, provincia de Neuquén, por su expareja, el policía Bautista Quintriqueo, de 32, con varias denuncias por amenazas y agresiones, y con restricción perimetral[3]. Los tres feminicidas tuvieron protección de sus corporaciones y del poder judicial, cuando el alerta de las denuncias llegó a las instituciones.

Casos como estos son la parte visible del iceberg. No son casos aislados. Uno de cada cinco feminicidios en Argentina son cometidos por miembros de las fuerzas de seguridad[4]. Y el hecho de que adquiera expresión tan escandalosa, por la proporción de ocurrencias entre los miembros de esas instituciones puede ser la punta de un ovillo de investigación que nos lleve al carácter patriarcal de todo Estado.

Sin duda, las conquistas legales que las luchas feministas arrancan del Estado son relevantes. En el combate, medimos nuestras propias fuerzas y percibimos los límites prácticos de reivindicaciones reformistas. Pero esas conquistas no cambian la naturaleza de la institución, ni su papel en la instalación y reproducción del orden patriarcal, clasista y, en nuestro caso, colonial y, por lo tanto, racista. Nuestro combate por el control de nuestros cuerpos es también un combate contra el Estado.

Aquel facto estadístico del segundo párrafo hace que nos preguntemos sobre las afinidades electivas entre el monopolio de la violencia por el Estado y los requisitos necesarios para ser agente del ejercicio de ese monopolio. Puede decirse que las prácticas violentas de esos agentes cuando ellos están fuera de servicio también están dirigidas contra otros hombres. Afirmo que, aun cuando dirigidas contra otros hombres, en el cotidiano de sus vidas, los agentes también reproducen el orden patriarcal. Y la protección corporativa de los agentes por las instancias de esas instituciones tienden a preservar las “cualidades” de sus cuadros, sintonizadas con el orden estatal.

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La onda de gobiernos “progresistas” al comienzo del siglo en nuestra región instaló la promesa de transformaciones democráticas y reconocimiento de derechos. Entre ellos, que mujeres y niñes no seamos asesinadas, violadas ni golpeadas. Pero las transformaciones democráticas prometidas no se llevan bien con la dinámica del capital tal como se viene configurando en las últimas décadas. El ascenso de gobiernos de derecha, que provocan una aceleración de la adecuación de los marcos legales de los Estados a las nuevas necesidades del capital, sin embargo, provocaron un espejismo: “si volvemos a gobiernos ‘progres’, podemos retomar la lucha por esas conquistas”. En realidad, lo que se restituye es la promesa de conquistas, y no las conquistas en sí.

El potente y masivo movimiento feminista en Argentina convocó energías de alcance desconocido hasta entonces en torno de algunas reivindicaciones bastante promisoras, como la de la “ley de interrupción voluntaria del embarazo” y la de “educación sexual integral”. Conquistó también muchos dispositivos legales contra la violencia de género, como la Ley “Micaela”, que obliga a la capacitación de los funcionarios públicos en “temática de género y violencia contra las mujeres”[5]. O como el “distanciamiento perimetral” y las tobilleras electrónicas con geolocalización de los agresores, los “botones anti-pánico”. No es poco. Además de las casas-refugio[6]. Sin embargo, esos dispositivos no consiguen detener las agresiones, violaciones y feminicidios. Peor, parece que esas políticas públicas quieren decirnos, como en el himno de los policías de Chile, los Carabineros: “Duerme tranquila, niña inocente,/ sin preocuparte del bandolero,/ que por tus sueños,/ dulce y sonriente,/ vela tu amante Carabinero”.

El deterioro del salario como mediación en las relaciones de trabajo viene retirando de los hombres de las clases trabajadoras uno de los medios más coercitivos para ejercer sus privilegios dentro de casa. La violencia abierta intrafamiliar pretende restituirlos. Y la ideología machista, así como el racismo, permite reorientar el resentimiento provocado por la nueva estratificación del mercado de trabajo y la redistribución de los reducidísimos puestos mejor remunerados. La violencia contra las mujeres también es combate contra aquellas que se identifican con la defensa de los territorios contra la expoliación extractiva que los Estados propician. Y, en última instancia, es también un control contra la lógica de la reproducción de los pobres, contra la “superpoblación relativa”, la “masa marginal”[7]. La “autorización”, la “vista gorda” del Estado, la misoginia y la violencia contra la mujer han crecido en ese contexto, gambeteando la propia legislación.

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Las feministas organizadas, sin embargo, no han conseguido formular propuestas estratégicas más allá de los cambios en el marco legal y en las políticas públicas. Porque esas luchas por una legislación han sido aglutinadoras en las últimas dos décadas. Al mismo tiempo en que permitieron avanzar “todas juntas”, forjaron el movimiento delineando una cultura militante en la que se inserían las nuevas compañeras. En esa pauta no sólo coincidieron las feministas de diferentes corrientes (liberales, populares, comunitarias, radicales, etc. -así definidas según su autopercepción o según la percepción de las otras). También coincidieron las diferentes generaciones y las compas con diferentes grados de experiencia o compromiso. Tanto fue así, que esa pauta (ahora) “mínima” se transformó en un piso de sentido común feminista, el grado cero del feminismo en Argentina.

Al mismo tiempo, hay una intención, no dicha, pero ampliamente sentida, de no importar para dentro del movimiento feminista las mismas prácticas organizativas jerarquizadas de los movimientos que los hombres han desarrollado. Las prácticas caudillescas, de los jefes, de la burocracia, del encuadramiento de las posiciones disidentes, de lanzar propuestas que no surgen de la comprensión y de la voluntad de las mayorías. Dos décadas atrás, las feministas tenían una composición relativamente pequeña y nadie quiere volver atrás en la masificación. Es bueno avanzar juntas. Y las reivindicaciones legales y de políticas públicas no han impedido la auto-organización en los territorios, los comedores colectivos, las redes de soberanía alimentaria organizadas por productoras agrícolas, la manutención de las redes de apoyo de las socorristas. Pero aún no se ha conseguido una acción propia contra lo que, al final, es lo más grave, que es evitar los feminicidios y las agresiones y amenazas cotidianas de todo tipo.

Frente a esto, recuerdo que las kurdas han sabido actuar sin alimentar ilusiones en el Estado patriarcal. Creando espacios de refugio para prácticas de economía feminista, con autodefensa propia y abriendo un período de experiencia fuera de presiones patriarcales para las mujeres y sus hijos. Esto ocurre en la aldea de las mujeres libres de Rojava: Jinwar[8]. No sólo para las kurdas, sino para las sirias, las asirias, las yazidíes que comparten el territorio. Y no importa su religión o falta de ella. Es una oportunidad para la formación de otra subjetividad.

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En Argentina, y durante la pandemia, 2500 familias, la mayoría de ellas formada por madres solo, entre 20 y 30 años de edad, ocuparon un área pública en la localidad de Guernica, próxima a la capital, para construir sus casas. Las mujeres, en el contexto del aislamiento pandémico, habían perdido sus fuentes de ingreso y ya no podían pagar alquiler[9]. Algunas huían de la violencia intrafamiliar. Guernica, con su lema “Tierra para vivir”, fue, hasta el momento del desalojo, un pequeño ensayo de Jinwar. La experiencia, que se prolongó de julio a octubre de 2020, se basó en la auto-organización en cinco barrios y funcionamiento de asamblea por manzana, por barrio y de toda la ocupación, para decidir colectivamente. La expulsión ocurrió con el despliegue espectacular de fuerzas policiales, comandadas in situ por Sergio Berni, ministro de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires, teniente coronel retirado del Ejército Argentino.

En Guernica, el control territorial y la auto-defensa que las mujeres protagonizaron fue un ensayo inspirador. No surgió de un líder genial. Fue respuesta del sentido común de las mujeres a los desafíos que iba planteando la propia lucha. Sin esperar del Estado más que palos, bombas lacrimógenas y balas. Nos tenemos las unas a las otras.

NOTAS

[1] Ver: https://elpais.com/sociedad/2021-02-11/el-feminicidio-de-ursula-bahillo-pone-en-la-mira-a-la-policia-argentina.html

[2] Ver: https://lmdiario.com.ar/contenido/276253/lo-que-desnudo-en-la-fuerza-aerea-el-femicidio-de-ivana-modica

[3] Ver: https://www.enestosdias.com.ar/4943-se-largo-solita-a-buscar-su-futuro-y-mira-con-lo-que-se-encontro

[4] Ver: https://www.pagina12.com.ar/323063-basta-de-justicia-patriarcal-y-de-represion-policial

[5] https://www.argentina.gob.ar/normativa/nacional/ley-27499-318666

[6] Donde las mujeres están medio encarceladas para esconderse de los agresores, mientras ellos permanecen libres.

[7] Son expresiones del sociólogo argentino José Nun, fallecido hace tres días, el 25 de febrero de 2021. Ver: NUN, José. “Superpoblación relativa, ejército de reserva y masa marginal”. In: Celade nº 66, Serie D, Santiago de Chile, agosto/1971.

[8] https://internationalistcommune.com/jinwar-el-pueblo-de-las-mujeres/

[9] https://contrahegemoniaweb.com.ar/2020/09/21/mujeres-y-trans-en-la-toma-de-guernica/

Fuente: https://waslalas.wordpress.com/2021/03/07/argentina-feminismo-y-estado-o-de-que-hablamos-cuando-decimos-que-el-estado-opresor-es-un-macho-violador/

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