Potreros de escombros: el fútbol sitiado en la Palestina que resiste

“Y que la insurrección de los palestinos frente a los ocupantes de su patria es tan legítima como, por ejemplo, el alzamiento del ghetto de Varsovia contra los nazis.”

Rodolfo Walsh, “La Revolución Palestina”.

“Porque una de las grandes cualidades que tiene el fútbol es su capacidad de construir un mundo aparte dentro del mundo”.

Eduardo Sacheri, “Los dueños del mundo”.

Cisjordania. En el campo de refugiados de Aida seis mil palestinos tratar de sobrevivir en un espacio de siete mil metros cuadrados ante la atenta mirada de soldados israelíes que con sus fusiles tienen blanco fácil para los cuerpos de los presentes. Una muralla de tres metros separa la libertad de la barbarie. Antes, cientos de niños pateaban pelotas, gritaban goles, se abrazaban y soñaban con ser Maradona, Messi o Cristiano Ronaldo. Ahora, dentro del campo de concentración, se improvisan arcos con escombros y esos niños ya no sueñan con ser como sus ídolos, sino con ser libres con piedras pero también con la pelota. Dentro de la barbarie también se ejerce, como decía el poeta, “el puro goce del cuerpo que se lanza a la prohibida aventura de la libertad”.

La Matanza. Un grupo de amigos se encuentran semana tras semana a jugar a la pelota, Proletarios FC se hicieron llamar. De a poco fue tomando la idea de identificarse con una simbología que los unifique como colectivo. Entre botellas de cervezas, risas y abrazos deciden llevar en el pecho los colores verde, rojo y blanco, en homenaje a la lucha del pueblo Palestino. No hay registros ni rumores de equipos amateurs que fortalezcan los lazos de amistad pateando la redonda con los colores palestinos.

La pelota como bandera de resistencia

De Eduardo Galeano aprendimos que, tanto desde la derecha como desde la izquierda, se ve con ojos diferentes al deporte más lindo del mundo. Los sectores más conservadores ven en la pelota el elemento más embrutecedor para los sectores populares y así, siendo poseídos por el fútbol, se convierten en animales irracionales ligados a la plena ignorancia. Y cuando pueden, hacen sus negocios, privatizan la pelota, las tribunas y los colores. Por otro lado, numerosos intelectuales de izquierda ponen su crítica en que el fútbol desvía la atención de la clase trabajadora y los pueblos en la lucha por la liberación contra la opresión, atrofiando sus consciencias y arrastrándose por sus enemigos de clase. Sin embargo, el fútbol es un espacio de disputa simbólica, donde los pueblos oprimidos lo utilizan como bandera de lucha. Tal es el caso de Palestina, donde sostener la pasión por el futbol es un combate continuo contra el asedio sionista. En territorios palestinos, el futbol es una trinchera de resistencia.

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En Palestina, el fútbol también es víctima de los abusos y la violencia del Estado Sionista de Israel. Desde la suspensión de partidos oficiales en los torneos palestinos con el uso de gases lacrimógenos, la obstrucción de indumentaria y elementos deportivos, el corte de servicios esenciales como el agua y la luz, hasta la detención de jugadores, son situaciones cotidianas que vive el pueblo árabe. Para el Sionismo, el fútbol es sinónimo de terrorismo. Sin embargo, la niñez palestina que habita la franja de Gaza y Cisjordania se divierte con la pelota para olvidar el acoso del ejército mercenario israelí. Cientos de pibes y pibas salen a patear la redonda como acto de resistencia a la prisión en los campos de refugiados, a la violencia y a la muerte. La práctica del fútbol es otra forma de lucha que tiene el heroico pueblo palestino para seguir revindicando su autodeterminación, la paz y la libertad.

Prohibido jugar a la pelota

Los territorios Palestinos se encuentran entre la franja de Gaza y Cisjordania donde los controles fronterizos son uno de los más rigurosos del mundo. Tales controles han provocado que muchos futbolistas no puedan atravesarlos para jugar los partidos. Esta situación generó que se disputen dos torneos en lugar de uno: la Premier League de Cisjordania, con un nivel de competencia más elevado y, en Gaza, la Gaza Stip League, de carácter amateur. Sin embargo esta situación no les impidió a los jugadores y al pueblo seguir disfrutando de la pasión por la pelota, haciéndolos olvidar, por momentos, el infierno en el que viven.

Uno de los casos más aberrantes por parte del Estado Sionista de Israel contra el fútbol lo vivió Mahmoud Sarska. En el año 2009, el jugador palestino fue detenido cuando se encontraba atravesando los controles para llegar a su nuevo equipo, el Balata Youth, en Cisjordania, acusado de formar parte de una cédula terrorista y haber participado de un ataque contra la guardia israelí mediante el uso de una bomba. Por estos cargos, Sarsak estuvo preso durante tres años a pesar de no tener haber tenido un juicio por falta de pruebas, pero bajo el régimen de detención administrativa. La justicia sionista le renovó en varias oportunidades ese régimen de detención, hasta que a partir de la sexta renovación, el jugador decide llevar adelante una huelga de hambre que duró 96 días. Pasado ese lapso, el jugador fue liberado. Sin embargo, su estado de salud había empeorado: bajo hasta la mitad de su peso habitual, sufrió pérdida temporal de la vista, del oído y de la memoria.

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A pesar del asedio del gobierno israelí, los equipos y la selección de Palestina se mantienen en pie de lucha por mantener su juego y de esa forma alegrar a su población que resiste.

La ternura de los pueblos

A nivel mundial, el fútbol palestino funciona como una herramienta de difusión de las luchas por su liberación, despertando la solidaridad internacional. Desde equipos de fútbol asociados a federaciones, pasando por hinchas de cientos de equipos del mundo que cuelgan junto a sus trapos la bandera Palestina, hasta jugadores de fútbol que son caras visibles de marcas deportivas, todas estas expresiones de apoyo han logrado mantener en el terreno de la pasión futbolera la causa Palestina.

En el año 2018, en un partido en el que el Celtic FC de Escocia disputó contra el equipo israelí del Ross Country FC por la Europe League, sus hinchas flamearon 16 banderas palestinas en sus tribunas en repudio a los 16 manifestantes palestinos asesinados por el ejército israelí en Gaza. Tal acción fue sancionada por la Asociación Escocesa de Fútbol, multando al Celtic FC. Sin embargo la solidaridad reciproca no se hizo esperar. La hinchada del club escocés recaudó una cantidad de dinero igual a la multa, que donaron a los refugiados palestinos. Y por su parte, los refugiados palestinos de un campamento en Belén recaudaron dinero para pagar la multa impuesta al club. Del mismo modo, Bukaneros, la hinchada del Rayo Vallecano de España, conocida por ser la más antifascista del mundo, en cientos de partidos han colgado en sus tribunas banderas y mensajes contra el asedio sionista y por la libertad del pueblo palestino. Porque en definitiva, el fútbol es la ternura de los Pueblos, donde no existen fronteras para estos cuando de defenderse contra el opresor se trata.

Otro caso de solidaridad internacional se dio con la Selección de Argelia que disputó el Mundial de Brasil en el 2014. Luego de su participación en la competición recibieron una cantidad de dinero inédita y los jugadores decidieron donarlo para la reconstrucción de las casas en las zonas de conflictos de Gaza.

El club chileno Palestino fue fundado, justamente, por inmigrantes de dicha región y se suman, abiertamente, al Movimiento de Liberación de Palestina. Van hacia los territorios en conflictos cada año para disputar amistosos con cuadros locales e incluso con la selección nacional. De la misma manera, el equipo chileno dona un porcentaje de sus ganancias a la región para que se puedan construir escuelas, casas derribadas y también, equipamiento deportivo.

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Es conocido el apoyo que Cristiano Ronaldo, el astro portugués, le brinda a Palestina y a la difusión de la resistencia del pueblo y su lucha por la liberación. En el año 2012 subastó un botín de oro y lo recaudado fue donado al pueblo palestino, particularmente a los niños.

Todo fútbol es político

En junio del 2018 se iba a disputar un partido entre la Selección Argentina y la del Estado Sionista de Israel. Tal encuentro se iba a desarrollar en una coyuntura de avanzada contra el pueblo palestino con Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel, a la cabeza y con la complicidad del imperialismo norteamericano. En marzo del 2018, Donald Trump decide trasladar la embajada de EE.UU. a Jerusalem, espacio geográfico que reclama el Estado palestino y, justamente, ese partido amistoso se iba a celebrar ese lugar. Además, el encuentro iba a formar parte de la celebración de los 70 años de la creación del Estado de Israel. ¿Simple coincidencias? Para nada. Los dueños de la pelota han utilizado al objeto más preciado del mundo como un instrumento para invisibilizar situaciones, procesos, violencia y muerte. Y ese partido era una muestra más de la utilización de la pelota por parte de los mercenarios del fútbol y la complicidad de la raza de los envenenadores de conciencia.

Salvando las distancias y las particularidades de cada proceso, imaginen que una de las mejores Selecciones nacionales de fútbol del mundo juegue un partido amistoso contra Inglaterra en las Islas Malvinas un 2 de abril. Todo fútbol es político.

Finalmente, ese partido no se disputó a pesar de las presiones políticas y diplomáticas. Previamente se había llevado adelante un boicot internacional al encuentro. Militar el boicot implicaba ir en contra de los intereses políticos sionistas, imperialistas e, incluso, la complicidad diplomática del gobierno de Cambiemos. Del mismo modo, era ir en contra de los intereses económicos de sectores empresariales con vínculos deportivos. A la Selección Argentina le iban a dar tres millones de dólares por ese partido.

El partido no se jugó por un pedido de los jugadores de Argentina al Chiqui Tapia, encabezados por Messi, según se dijo en algunos medios argentinos y españoles. Por suerte la histórica diez argentina no la tuvimos que ver bañada en sangre, por suerte, la pelota no se manchó. Si ese partido se jugaba, hubiera significado un hecho político trascendental para la aprobación del genocidio sionista en tierras palestinas. Para quienes apoyamos la lucha del pueblo Palestino, la negativa del equipo argentino de jugar ese partido significó un triunfo moral y simbólico. Y así, los cientos de pibes palestinos pueden seguir pateando, con orgullo, entre los escombros de sus ciudades devastadas, con la diez de la Pulga. Y así, seguir soñando en ser como él.

Mientras terminan estas líneas  el hostigamiento, los bombardeos y la demonización contra el pueblo palestino se intensifican. Algunos lo llaman guerra, pero no lo es. No hay igualdad de condiciones entre los colonizadores sionistas y la resistencia palestina.

Pablo Nolasco Flores

 Ig:@soyelnoli

fc: Pablo Flores

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