Capitalismo, barcos y desarrollo en los discursos de Alberto Fernández

(Especial para Contrahegemonía) Mucho se habló y escribió en los últimos días sobre la desafortunada frase del presidente argentino en un acto junto al mandatario español Pedro Sánchez (PSOE). Coincidiendo en general con las críticas y los apuntes históricos publicados en torno a la realidad pluriétnica de nuestro país, proponemos en estas páginas un elemento más para el análisis. Se trata de la comparación con un significativo discurso del mismo Alberto Fernández un año y medio antes, ya como presidente, en febrero de 2020. Fue en una institución universitaria francesa, en el marco de su gira por Europa. El trasfondo: la “reestructuración” de la deuda externa.

El miércoles 5 de febrero de ese año, mientras el ministro de economía Guzmán se fotografiaba con Kristalina Georgieva junto al Papa, Fernández se reunía con Macron en el Palacio Eliseo de París. Luego sería el turno del Instituto de Estudios Políticos Sciences Po, donde el argentino brindó una “conferencia magistral”, según se la difundió por aquellos días. Dijo allí lo siguiente[1]:

¿Por qué empezamos nosotros nuestras giras para contactar al mundo por Europa? Porque somos hijos de Europa, simplemente, no es poco, es mucho. Octavio Paz, un gran escritor mexicano, alguna vez dijo que [los] latinoamericanos bajaban de los barcos, eso es bastante cierto para algunos países, no tanto para otros. Hay países donde el pueblo de sus comunidades autóctonas es muy fuerte y la presencia de los pueblos originarios es muy fuerte, pero en una país como la Argentina es bastante cierto que los argentinos llegamos de los barcos, barcos que traían polacos, que traían franceses, que traían españoles, que traían italianos, que traían alemanes, que traían portugueses, y así construimos esto, que se llama la argentinidad.

Y unas líneas más adelante ironizaba:

Yo siempre digo en broma que la peor muestra genética es mezclar italianos con españoles, porque salen argentinos.

No recibió críticas equivalentes en aquel momento por estos dichos, por el contrario, fue una intervención bastante festejada y con amplia repercusión. El diario Página 12 por ejemplo en la edición del día siguiente sostuvo: “Su discurso fue emprendedor, a veces con dobles sentidos que el público captó muy bien, con buenos tramos de sentido del humor y una puntería política que nunca perdió su blanco”.[2]

¿Cómo funcionan los mecanismos de selectividad en la escucha según cada contexto? Era evidentemente otro Alberto. O el mismo, pero percibido de modo distinto. Recién asumido, y todavía sin la acumulación de horas y horas de retórica mediática queriendo complacer al interlocutor de turno, su palabra no se había devaluado aún y generaba expectativas en torno a su capacidad de liderazgo. Quizá el dato nuevo no es entonces que Alberto pensara esto sobre la argentinidad y los barcos, sino que ahora se lo está escuchando con otra oreja. [3]

Unos días antes de recalar en París, hacia fines de enero de 2020, una delegación diplomática integrada por Alberto Fernández junto a su esposa Fabiola Yañez, el canciller Felipe Solá, Eduardo Valdés, Gustavo Véliz, Axel Kicillof y Sergio Uribarri, habían visitado Israel para asistir a un acto de conmemoración por el recuerdo del Holocausto, en lo que fue la primera salida presidencial del país. Cabe recordar que entre las primeras medidas del nuevo gobierno en política internacional, una significativa había sido la de ratificar la continuidad en el alineamiento con EEUU en la caracterización de Hezbollá como organización “terrorista”.

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Luego de una breve estadía de regreso en Argentina, el mandatario porteño se subió nuevamente al avión que lo trasladó ahora hacia Roma, iniciando una gira de encuentros diplomáticos en el Vaticano, Berlín, Madrid y finalmente París.

Ante el estudiantado francés y migrantes latinoamericanos, Alberto Fernández desarrolló una mirada sobre los problemas de nuestro continente:

¿Por qué en este continente tan rico se sufre tanto? Hay una sola respuesta: desigualdad, el problema de América Latina es la desigualdad, la brecha que separa a los ricos de los pobres, la concentración del ingreso en unos muy pocos y la distribución de la pobreza en millones. (…) Y esto no es un problema de ideologías, no es un problema de si somos más socialistas o más liberales, es un problema ético que tenemos como sociedad, hasta dónde nosotros podemos seguir conviviendo con semejante desequilibrio, hasta dónde. Esa yo creo que es la gran disyuntiva que tiene América Latina y es un poco lo que le está pasando en estos días.

Viniendo de un país que en ese momento tenía al 40 % de la población “bajo la línea de la pobreza”, Fernández realizó una síntesis histórica por demás sugestiva tanto por lo que dice como por lo que calla:

Allá por los ’70 tuvimos el primer gran proceso hiperinflacionario, que destruyó a un gobierno peronista, y facilitó la llegada de los dictadores allá en el ’76, y vivimos una enorme tragedia, la tragedia de un genocidio. Días atrás en Jerusalén se lo trasmití a Netanyahu (…).

Luego de hablar de los desaparecidos, avanza en la cronología histórica:

Con Alfonsín vivimos una primavera democrática que no terminó del todo bien, porque terminó también con un proceso hiperinflacionario enorme que lo obligó a dejar el gobierno seis meses antes, y entonces llegó el peronismo en una de sus variantes, y en esta variante controló la inflación a través de la convertibilidad, pero la convertibilidad paraba la inflación y terminaba con el empleo. Porque lo que fue un plan antinflacionario se convirtió en un plan económico, y cuando un plan económico prescinde de la moneda pierde una enorme herramienta para poder trabajar, y entonces se generó un enorme retraso cambiario, que determinó el cierre de muchas industrias y la pérdidas de muchos empleos, y el enojo de los argentinos.

El problema del menemismo y la desocupación había sido entonces el atraso cambiario y la pérdida de la moneda. Y entonces la sociedad se enojó y votó a la Alianza, que empeoró todo:

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Y cuando vino primero la salida de la convertibilidad y el default, los argentinos creíamos estar en el peor de los mundos. La pobreza había subido al 57 por ciento, la desocupación al 25 por ciento, le debíamos al mundo un PBI y medio.

Y entonces llegaron Néstor y Alberto:

Todos los organismos de créditos internacionales habían cerrado sus puertas para nosotros. Y allí llegamos con Néstor en el año 2003, yo era su Jefe de Gabinete, y empezamos otra vez, no nosotros, la Argentina, y otra vez nos pusimos de pie, y creamos cuatro millones y medio de empleos, salimos del default, le pagamos toda la deuda a los organismos a los que les debíamos dinero, la Argentina empezó a crecer a un ritmo del 8 por ciento anual, tuvimos durante los cincos años que gobernamos superávit fiscal y comercial, nos fue muy bien.

Y después vino Cristina, y Cristina empezó en un momento más difícil, porque a Cristina le tocó gobernar con las hipotecas subprime en crisis, con la crisis del Lehman Brothers.

De manera que Cristina Fernández habría “empezado” recién en el 2007, más o menos cuando las cosas comenzaban a complicarse. Y luego de haber recibido un país en buenas condiciones, le entregó a Macri un país con problemas, que el nuevo gobierno agravaría y multiplicaría. Toda una lectura sobre su propio lugar en el proceso histórico. ¿Lo creía realmente? ¿Era un guiño a quienes tenían ilusiones de que Alberto se deshiciera de CFK una vez en el poder? Los meses posteriores fueron desmintiendo esa ilusión y constataron que Cristina no sólo puso los votos y la táctica electoral, sino que también tallaba en la estrategia.

Pero en aquel momento de comienzos de la pandemia, el Alberto de las filminas ocupaba la escena con decisión política para priorizar la salud de la población por sobre los costos en la economía. En el acto del 9 de julio de 2020 el plantel elegido para la foto presidencial dejó ver tensiones con CFK, que luego desembocarían en el papelón de Vicentín y su efecto desmoralizante sobre buena parte de la militancia y base social progresista del Frente de Todos.

Entre tanto, la “ficción orientadora” sobre la cual Alberto Fernández edificaba sus promesas de cambio ante el auditorio estudiantil apuntaba a la posibilidad de un capitalismo equitativo:

Hay que entender, porque el capitalismo lo que necesita esencialmente es de gente que se desarrolle y consuma, esencialmente, y si eso no existe el capitalismo se pone en crisis, y cuando el capitalismo deja de invertir para generar empleo, producir, dar trabajo, permitir el desarrollo social y a cambio de eso especula financieramente, el capitalismo fracasa, inexorablemente fracasa.

Surgen entonces algunas preguntas, ¿a partir de qué momento se acepta que la vía que lleva al fracaso no es idéntica al sendero por el cual podríamos “salir del pozo”? ¿Cuál obligación ética predomina, “sacar a la gente de la pobreza” o “pagar la deuda externa”? ¿Seguirle creyendo a los optimistas que nos sugieren hacer ambas cosas a la vez?

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El día anterior a la visita parisina, Fernández le había dicho a Pedro Sánchez una frase que repitió varias veces durante la gira: “tenemos que crecer para poder pagar”. Notable síntesis del drama latinoamericano. ¿Qué entiende Alberto Fernández por “crecer”? ¿Cómo operan los umbrales de la conciencia política en una sociedad? ¿Qué efectos imaginan para su voto quienes son convocados periódicamente al sufragio universal?

Puede decirse que hay una línea de fractura latente que separa dos mundos bien distintos: por un lado, el representado por CEOS y economistas de prolijos trajes y lujosos sillones, las planillas de la macroeconomía y los bonos de la valorización financiera; sonrientes en las fotos para anunciar acuerdos de precios salvadores, pero siempre ineficaces en el contrapeso real a los formadores de precios y la “lucha contra la inflación”. Se mueven en torno a la ficción de un “crecimiento económico” que genere empleo a partir de inversores que derramarían parte de sus ganancias entre la población.

Por otro lado, un universo de familias agricultoras, cooperativas textiles, pymes que abarcan un variado arco de bienes y servicios, recicladores, yerbateros, cooperativas azucareras, trabajadores de la construcción, sindicatos combativos en sectores estratégicos que imponen límites a las empresas trasnacionales, tambos, pescadores artesanales y tantos sectores de la economía popular que buscan superar el “cuello de botella” de la comercialización en una economía hegemonizada por pulpos financieros que controlan la gran mayoría de las cadenas de valor y eslabones sensibles de la estructura productiva del país.

Mientras Alberto Fernández da pacientemente sus entrevistas y discursos, el trabajo de las millones de personas que mueven diariamente la economía se traduce, por la vía del capitalismo legal, en cuentas bancarias obscenas de los grupos económicos que parasitan la riqueza social y empobrecen sistemáticamente al pueblo. Y esto es así más allá de reconocer el mérito del gobierno nacional y provincial en la gestión de la pandemia y la vacunación de la población.

La ilusión neodesarrollista de un capitalismo de “pleno empleo” y ecológicamente “sustentable” se reflota y se desvanece en ciclos recurrentes, pero cada crisis es presentada como contingente y disfuncional, no prevista, cuando en realidad ya se sabe que es parte de la misma lógica sistémica y disciplinadora el hecho de que unos cuantos pierdan para que unos pocos ganen. Para terminar, vale la cita del presidente Fernández en París al referirse a la situación en Chile luego de la rebelión de octubre y noviembre del 2019:

Pero cada vez que me hablaban del “milagro chileno”, ¿saben lo que yo decía? Miren, el milagro chileno es que los chilenos no reaccionen, que los chilenos no adviertan lo que les está pasando, pero hay un día donde se dan cuenta, porque Lincoln dijo algo que tuvo mucha razón, aquella frase que decía “se les puede mentir a algunos todo el tiempo, se les puede mentir a todos algún tiempo, lo que no se puede es mentirle a todos todo el tiempo, porque un día te descubren”.


[1] https://www.pagina12.com.ar/245975-como-fue-la-visita-de-alberto-fernandez-a-paris.

[2] https://www.pagina12.com.ar/245975-como-fue-la-visita-de-alberto-fernandez-a-paris

[3] Ver por ejemplo la “declaración conjunta” de Macron y Fernández de ese mismo día 5 de febrero de 2020, donde se abunda en estos mismos conceptos. En: https://www.casarosada.gob.ar/informacion/conferencias/46705-declaracion-conjunta-del-presidente-de-la-nacion-alberto-fernandez-y-el-presidente-de-la-republica-francesa-emmanuel-macron-en-el-palacio-del-eliseo-paris

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