El Padre Mugica, Montoneros y la Triple A. Una respuesta a Hugo Vezzetti

Nada hay fuera del texto, Jacques Derrida

Ante todo, nobleza obliga, esta respuesta ha quedado “un tanto vieja”, ya que el texto de Hugo Vezzetti1 en cuestión fue respondido (una semana más tarde) con seriedad y precisión histórica por E. Pontoriero, JL Bezoky y C. Lopez de la Torre2 y motivó un nuevo texto de Vezetti (también con una semana de plazo en la respuesta) en el mismo medio digital3. Cuando sea pertinente para los fines de este escrito, dichos textos serán citados.

Pero considero que existen algunos aspectos que -si bien pueden aparecer en una primera lectura como redundantes- merecen una ampliación, en el marco indispensable de abrir la mirada y promover el debate sobre una época tan compleja como la de nuestra historia reciente.

Cuando se aborda el texto original de Vezzetti (en adelante HV), lo primero que salta a la vista es la naturaleza anti-peronista (y anti-kirchnerista) del mismo. Las referencias –tanto explícitas como sugeridas- son múltiples y atraviesan todo el desarrollo. Quizás ese es el aspecto que más me llamó la atención, inclusive mas que la hipótesis de que al Padre lo haya matado Montoneros, con la cual discrepo.

Se comprende que la “batalla por la memoria” (e inclusive por la verdad histórica) esté teñida de elementos que componen el presente y que, por ende, los posicionamientos políticos que se tengan en los tiempos actuales influyan en importante medida en la mirada con que abordemos el pasado. Pero, como dice el dicho “se nota mucho”, quizás demasiado….

Desde el vamos, HV elige posicionarse dentro de un tópico demasiado trillado pero no menos efectivo. Ya desde el primer párrafo, la reminiscencia al Facundo para poner el texto bajo el plano de análisis del binomio civilización – barbarie y la rápida ligazón del peronismo con el lado barbárico empieza a develar su estrategia retórica.

Nadie en su sano juicio negaría lo cruel -y revelador de su tiempo- de un asesinato político, y menos tratándose de una figura de la talla de la de Mugica pero, en este caso, el problema son las formas. Y las inferencias.

Según HV, el “mito Mugica” sería parte de un relato peronista de izquierda que (seguido por el kirchnerismo) puede situarse tanto en Villa Lugano como “… oficiado, de un modo que alcanza la impostura, desde los sitiales del poder en Recoleta o Puerto Madero”. Otra frase sobre la que vale la pena detenerse. El pero-kirchnerismo no debería poder habitar esos espacios sagrados, reservados naturalmente para una oligarquía, sea esta del saber o de las buenas costumbres4.

Dice HV que: “Ante todo, ¿qué se puede conocer hoy, 47 años después, sobre esa muerte? Lo primero es advertir que si el asesinato no está esclarecido es porque nunca se ha hecho nada, desde la justicia y el Estado, en los muchos años de gobiernos peronistas, para esclarecerlo.”

Esta oración es demasiado elocuente y comete un error metodológico al borde de lo imperdonable: omitir una causa judicial con prisión incluida. No sólo la Justicia “algo había hecho” con respecto al asesinato de Mugica5 sino que además este accionar se hizo al interior de un gobierno peronista6.

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A pesar de que afirme lo contrario en su última respuesta, HV parece querer convencer a sus lectores de que a Mujica lo mató Montoneros y de que, en caso de no ser así “…probablemente ha sido porque la Triple A se adelantó”. El exabrupto de esta última afirmación solo se sostiene con dos antiguas declaraciones orales de Timmerman y Cafiero y con algunas evidencias des-contextualizadas de aquella época.

Huelga aclarar que estos dos testimonios son insuficientes para afirmar que: “…Sobran los testimonios y las intervenciones que adjudican el crimen a Montoneros o a la Triple A”.

La reproducción escrita del semanario Militancia Peronista para la Liberación, que había fustigado al sacerdote en la revista un par de meses antes no son prueba suficiente de que oficie allí una sentencia de muerte sino mas bien de las inevitables tensiones de una época7 que estaba a punto de incendiarse al calor de la lucha de clases imperante.

Es atendible y documentada la pelea que Mujica había tenido tanto con López Rega como con la conducción montonera para mediados del año 74, pero de allí a suponer que la OPM peronista iba a asesinar a uno de sus referentes ideológicos media una profunda distancia. Hasta donde tengo entendido, no hubo dentro de la organización ejecuciones políticas de esa índole y mucho menos de naturaleza pública.

La frase “Es posible que en el instante último, cuando daba la vida por su causa, el Padre Mugica no supiera de dónde partían las balas” forma parte del mismo tópico conjetural porque ya no solo se inscribe en la lógica de la suposición sino que intenta reconstruir que pudo haber pensado el mártir en dicha situación. Usar esta suposición propia como argumento para avalar una hipótesis sobre un hecho penal de naturaleza política resulta algo aventurado.

Con respecto a la hipótesis del asesinato a cargo de la Triple A, la teoría de Sampay esbozada por HV respecto a la autoría intelectual de Perón detrás del mismo forma parte también de un plano conjetural, en este caso quizás con un mayor grado de interés que la “hipótesis montonera”.

Es elocuente la responsabilidad de Perón en cuanto al accionar inicial de la Triple A, que comenzó ni bien asumido el septuagenario líder con la bomba a Hipólito Solari Yrigoyen (el abogado del “gringo” Tosco y la voz cantante que en el Parlamento se oponía a la Ley de Asociaciones Profesionales con que Perón quería desactivar la influencia de las corrientes de izquierda radicalizadas al interior del movimiento obrero) pero, más allá de este hecho documentado, la conjetura de Sampay queda en ese registro por el momento8.

La caracterización de “guerra civil” podría ser metodológicamente contemplada9, aunque no resulta analíticamente útil en el marco de la lógica bajo la que el texto se desenvuelve. Es prístino que, en el caso de HV, no está usada para ese fin sino mas bien para “arrastrar hacia atrás” la lógica de la teoría de los dos demonios a la etapa peronista (la sociedad, como Mugica, resultaría una víctima inocente “entre dos fuegos”).

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Ampliando la idea, bien podrían incluirse variables relativas al conflicto de clases abierto en dicho momento histórico para darle otro matiz teórico a un profundo enfrentamiento social que -plagado de hechos de violencia- lo saque de la mera división entre peronismo de izquierda y de derecha y lo contemple dentro del marco de la crisis orgánica abierta tras el Cordobazo.

Respecto del episodio de la expulsión de Firmenich de un acto público en el que se homenajeaba al “cura del pueblo villero” no está de más recordar que el repudio generalizado (portador de tantas aristas que resultaría tedioso enumerarlas aquí) hacia la figura de quien fuera líder de Montoneros ha sido tan amplio como para que la UBA (en 1997) le negara el diploma de honor de Licenciado en Economía que, de acuerdo con el promedio alcanzado, había obtenido estudiando en la cárcel, a la que estuvo condenado por la Justicia durante el gobierno de Alfonsín (resultando indultado por Menem junto con la cúpula militar en 1990).

La afirmación: “Por supuesto, dado que la investigación ha sido nula o deficiente, sólo caben la conjeturas, que no es lo mismo que inventar un pasado que lo saca del barro, ensangrentado en este caso, de la política para elevarlo a los cielos de la santidad villera” intenta dar por sobre-entendido que la no investigación del asesinato tendría que ver con que los gobiernos kirchneristas (a quien HV por elevación identifica con los montoneros) querrían encubrir su pasado asesino, para crear un relato sólido y sin fisuras.

Dentro del mismo tópico ingresa el análisis sobre la re-edición laudatoria de unos escritos de Mugica patrocinada por Gabriel Mariotto, cuando aún no era una figura de tanta exposición pública, como una vez sobrevenido el kirchnerismo.

La consagración al olvido de las “muertes entre peronistas” me trajo a la mente aquella frase que alguna vez se dijo respecto de que “el peronismo se aprende de los lados de la picana”. Vale aclarar que la frase es traída a colación solo a cuenta de que pondría en evidencia lo opaco de la categoría para arribar a una comprensión efectiva sobre el pasado reciente.

“¿Qué hacer con ese conjunto revuelto de recuerdos y creencias, de odios y filiaciones?” Esta pregunta retórica del texto es interesante y abre un continente profundo en cuanto al intento de desentrañar la tragedia social de los años 70 en la Argentina (y el triste papel jugado por el peronismo en los ásperos 3 años que le tocó gobernar10).

Su respuesta es por el momento inabarcable para el autor de estas líneas, pero de algo sí estoy convencido: intentar no colocarlas bajo el paraguas de nuestras propias simpatías parece una precaución necesaria.

Con respecto a la afirmación respecto de que el peronismo: “ …puede ser la materia con la que un aparato de propaganda descarga su poder material y simbólico para sellar una identidad y una pertenencia sin fisuras” me tomo el atrevimiento de sugerirle al autor que puede indagar sobre otros hechos históricos, aún mas contundentes.

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Inclusive considerando que dentro de las múltiples estrategias históricas que cierto peronismo (convengamos en que de por sí es muy complejo intentar unificar una identidad en un movimiento político tan amplio y diverso) ha utilizado para intentar sellar una identidad política sin fisuras se encuentra una combinación de silencios sutiles, complicidades peligrosas y omisiones dolorosas sobre hechos que son tanto aún más graves que el asesinato de Mugica.

Valen como ejemplos históricos, solo por mencionar algunos ocurridos previamente al hecho en cuestión, la masacre de Rincón Bomba11, el apoyo inicial brindado a la dictadura de Onganía12 y la mencionada responsabilidad de Perón acerca de la puesta en funcionamiento de la Triple A13.

Si suponemos que las cosas surgen en el plano de lo material pero se definen en el ámbito de la cultura, deberíamos ser cuidadosos a la hora de caracterizar sucesos tan sensibles como este, para los cuales sería conveniente por un lado discernir la fortaleza de las partes en disputa14 y, por el otro, no posar sobre el pasado los propios prejuicios para llevar el debate histórico a un plano conjetural.

Si –como recuerda Vezzeti enseñó Freud- la historia es la forma más lograda del olvido, bien podría sugerírsele al autor ostentar una memoria que le permita discernir entre sus propias pasiones políticas y la verdad histórica.

1 Publicado el 23 de Mayo del corriente año en https://www.eldiarioar.com/opinion/padre-mugica-mito-historia_129_7955995.html

2 https://www.eldiarioar.com/opinion/asesinato-padre-mugica-certezas-dudas-errores-respuesta-hugo-vezzetti_129_7983107.html

3 https://www.eldiarioar.com/opinion/vez-padre-mugica-dialogo-respuesta_129_7990038.html

4 Es causal de molestia permanente en el pensamiento conservador que “las cosas no estén en SU lugar”, o sea en el lugar que dichos razonamientos les asignan dentro de su particular y jerárquica cosmovisión.

5 El accionar de la Triple A fue catalogado como de lesa humanidad por el Juez Oyarbide en 2006 y la causa Mujica tuvo juicio y prisión preventiva como autor material a Rodolfo Almirón, destacado miembro de la Triple A quien murió en prisión en el año 2009, sin haber llegado a ser efectivamente condenado. Para mayores precisiones, se puede recurrir al texto de respuesta de EP, JLB y CDT ya citado y a la última respuesta de HV, en la que argumenta que aquella causa no avanzó demasiado, más allá de la extradición de Almirón en 2008 y el breve paso por la cárcel que antecedió a su muerte.

6 HV concede en su última respuesta que esta fue una omisión de la que “…se hace cargo”.

7 Una vez más, para las precisiones históricas acerca de las diferencias entre las líneas editoriales de los periódicos del peronismo de izquierda, se remite a la respuesta de EP, JLB y CDT.

8 Que Perón no haya asistido al entierro del sacerdote ni haya condenado el asesinato es otra conjetura atendible dentro de la lógica propuesta, pero sigue sin constituir prueba histórica de la autoría de la muerte.

9 A pesar de que en lo personal discrepo con la misma, no puede soslayarse el hecho de que el equipo de la inolvidable Inés Izaguirre tituló “Lucha de clases, guerra civil y genocidio en la Argentina: 1973-83” a su exhaustiva y documentada investigación sobre el Terrorismo de Estado en nuestro país durante la década mencionada en el título.

10 Para profundizar en este aspecto, siempre son recomendables los libros “Un enemigo para la Nación”, de Marina Franco y “73-76: el gobierno peronista contra las “provincias montoneras”, de Alicia Servetto.

11 Caratulada por la justicia como crimen de lesa humanidad en el año 2019, la matanza estatal de cerca de 500 aborígenes por negarse a trabajar en los obrajes en condiciones paupérrimas ocurrida en la actual provincia de Formosa en el año 1947 (primera presidencia de Perón), ha tenido como emblemática investigación el libro (primero) y el documental (después) hechos por Valeria Mapelman.

12 Con el penoso agregado de que los sectores más fanáticos sean capaces de caracterizarla como “dicta-blanda”.

13 HV profundiza este aspecto en la última respuesta, en la que amplía su marco de explicación sobre las dudas en torno a la autoría del asesinato del sacerdote.

14 Es moral y políticamente inaceptable equiparar al Estado con cualquier organización armada que se subleve contra el mismo a la hora de analizar la violencia política.

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