¿Qué pasa en Brasil? La fábrica de muerte latinoamericana

[Especial para Contrahegemonía] Las calles vuelven a dar señales de vida y resistencia. Y lo nuevo no encuentra el espacio para nacer.

La estrategia sin tácticas es la ruta más lenta hacia la victoria.
Las tácticas sin estrategia son el ruido antes de la derrota.”

Sun-Tzu

Como en un encadenamiento de eventos, las movilizaciones de hoy sábado 19 de Junio en Brasil, le dan continuidad a las manifestaciones del pasado 29 de Mayo. Organizaciones sindicales, partidos políticos, movimientos sociales y militancia dispersa, insisten en la opción de un día sábado para realizar actos masivos de expresión política, y convocan a brasileños y brasileñas indignadas a manifestarse contra este gobierno que promueve el fascismo e instaló un laboratorio de la extrema derecha mundial en la Nuestramérica del siglo 21.

Será una jornada importante, de demostración callejera, en la mediatizada disputa de sentidos de la rebeldía en Brasil.

Desde su formación social específica en este país se produjo “pau Brasil”[1], azúcar, café, minas de oro y muertes. La historia brasileña nos presenta indígenas que salieron de la selva y africanos que llegaron de los barcos sometidos a la esclavitud y torturados por el trabajo hasta la muerte. Masacres de quilombolas que resistían a la esclavitud marcaron el ritmo de consolidación del territorio nacional. Importantes rebeliones populares y territorios que constituían (como Canudos) nuevas formas de relacionarse para producir y reproducir la vida social, fueron exterminados, y borrados de la memoria popular. Los líderes que resisten a las políticas de olvido, fueron personificados y convertidos en estatuas y baluartes a la hora de la imposición de la igualdad formal, desprovistos del sentido de su momento histórico. “Pacificados” para que no pesen tanto sobre el cerebro de los vivos.

Aunque algunos productos se hayan diversificado y hoy se destaquen banqueros, dueños de laboratorios o empresas constructoras la fábrica de muerte siguió funcionando eficientemente.[2] El hambre, el pauperismo urbano y las muertes por causas evitables, la guerra en torno al narcotráfico, fueron manifestando las nuevas formas de la misma explotación profundizada en escala de raza y género.

Brasil tiene el récord en números de jóvenes negros de la periferia asesinados por fuerzas del orden, y también por combate entre diversas fracciones del narcotráfico, mujeres violadas y asesinadas en feminicidios, asesinatos de LGBT, y ahora en pandemia el número de muertes alcanza los 500mil. Fue un éxito la política eugenista del gobierno que promovió la circulación del virus y la generación de nuevas cepas. En este enorme país, cuyo gobierno impide el levantamiento de datos concretos para el estudio de la realidad social[3], en el último año no pudieron ocultarse el surgimiento de 11 nuevos milmillonarios y 19 millones de hambrientos.

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Además de ser el centro de acumulación de capitales en la región, Brasil, de forma preventiva, es el escenario principal de la contrarrevolución permanente. Por más que se niegue el antagonismo de clases y se sueñe con un nuevo pacto para derrotar al criminal que ocupa la presidencia, a la elite brasileña no se le puede pedir sensibilidad humana por encima de su interés de clase.

En las protestas de este sábado que se realizarán en más de 330 ciudades de los 26 estados brasileños más el distrito federal, se expresará la indignación frente al manejo de la pandemia. Frente a un gobierno que se propuso intencionalmente desparramar el virus para conseguir la “inmunidad de rebaño”. Es saludable la constitución de un frente único en la calles. La campaña “Fora Bolsonaro”, que involucra los esfuerzos militantes de partidos de izquierda, frentes de los movimientos sociales (Frentes “Povo Sem Medo” e “Brasil Popular”), la “Coalizão Negra por Direitos”, y el movimiento sindical y estudiantil, entre otras organizaciones se unificarán en consignas como el indispensable “Fora Bolsonaro” como paso fundamental para cualquier alternativa social, “Vacuna en el brazo” (mayor inversión en el Sistema Único de Salud, garantía de camas e insumos y aceleración de la vacunación) y “comida en el plato” (auxilio de emergencia de R$600, políticas para mantener los salarios y apoyo a pequeñas y medianas empresas).

Sucede que en las expresiones callejeras de los pueblos en lucha no se juega sólo la protesta contra la estructura de producción y la lógica de precarización y explotación de la vida humana más allá de los límites de lo que se pueda soportar. La vida social, en permanente movimiento, se experimenta a través de un sinnúmero de mediaciones, y de proceso de consciencia en el cual es fundamental la dinámica de sentimientos que aparecen en el escenario político y con las cuales se realizan identificaciones: la impotencia, la depresión, la nostalgia, el suicidio, la salud mental, la transformación del luto en lucha, la indignación conviven en quienes podrían ser sujetos y sujetas activxs de una revuelta que permita abrir nuevos horizontes y la reconfiguración de tácticas entre los sectores de las clases organizadas.

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Lo que se verá este sábado en las calles de Brasil, todavía no se trata de aquellas brutales expresiones de dignidad y rebelión de los pueblos de Nuestramérica, en las que la violencia simbólica y sistemática del estado y la vida cotidiana, se interrumpe por un tiempo por la presencia de una bella y necesaria violencia subalterna. En Brasil, hoy, la violencia simbólica permanece como telón de fondo en la acción performática.

“Acción performática” es el nombre que le damos a las acciones colectivas que se asemejan, en apariencia, a la acción directa; expresando vitalidad y simulando radicalidad para entrar en la pauta mediática, sin representar necesariamente una amenaza al orden establecido. De esta forma re-aparecen en el espacio público, organizaciones que protagonizaron, durante décadas anteriores, la lucha de clases en Brasil. Lo hacen priorizando la metodología de realización de eventos, en reemplazo del trabajo militante y continuado en sus bases sociales. 

Es urgente acabar con el funcionamiento normal de esta forma de producir muerte y lucro. ¿Por qué, en Brasil, la huelga no es un camino válido? ¿Será una cuestión de relaciones de fuerzas? ¿Esas relaciones de fuerza se irán modificando con estos paseos masivos por las avenidas en los fines de semana? 

A pesar de la pérdida de apoyo del gobierno en los últimos meses, golpeado en la esfera institucional por la comisión de investigación sobre la pandemia, el fenómeno de la derecha en Brasil llegó para quedarse un buen tiempo y se alimentará del Socio-metabolismo del capital en la región, tanto siendo gobierno como oposición. Aunque sacar al presidente sea un paso fundamental, la disputa no se define en el 2022. Por eso, preservar la unidad de la izquierda y de los movimientos sociales, y ampliarla hacia reivindicaciones y construcciones autogestivas puntuales en cada territorio de este enorme país, es una tarea fundamental para hacerle frente a este enemigo tan peligroso.

La disputa por las elecciones del próximo año que se anuncia en estas acciones callejeras de fin de semana, será sangrienta. El pasado, que  es lo real y la potencia del presente, trae llaves que el pueblo usa para responder a los desafíos de un futuro siempre en disputa. En lo económico el hambre avanza y el ejercicio de una esperanza nostálgica, pone el nombre del Hombre que mejor reúne las condiciones para una épica latinoamericana, por delante de la autogestión y la autoorganización de las personas en sus territorios. Lula gana fuerza y renueva expectativas en la militancia. Pero la elite no va a ceder fácilmente, lo aceptará y mantendrá en libertad solamente si es necesario para garantizar pacíficamente la sangre que al derramarse aceita el motor de la máquina de muerte.

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Hay derrotas que iluminan victorias (como dice Gramsci, entre otros). Pero para eso es fundamental que las derrotas sean asumidas como tales por quienes las protagonizamos. Fuimos derrotados. Una cultura burocrática del progresismo (identificado como izquierda), fue hegemónica en las primeras décadas del siglo XXI y generó la cultura del desfile en medio de la fábrica de muerte, sin entorpecer la producción. En las organizaciones que pretendan ocupar el espacio político de las izquierdas, es necesaria una autocrítica que nos genere el cansancio de encontrar nuestros errores repetidos. Asumirlos y no negarlos, es la única forma de salir fortalecidos y seguir adelante con aprendizajes críticos.

Es una expresión de deseo que esa unidad pueda centrarse en el desarrollo de una praxis solidaria y de lucha en los territorios específicos, apuntando a resolver de forma autogestiva problemas estructurales como el hambre y la producción de alimentos saludables, los cuidados a la vida, la salud o la educación sin poner el centro en la disputa institucional.  Sobre este 19 de Junio mucho se hablará de la presencia o ausencia de Lula, de la reacción y el contrapunto performático que realice Bolsonaro y sus “motocicleteadas” por diversas ciudades, bailando sobre su producción de muerte.

Ojalá que en las calles podamos encontrarnos y organizar nuevas formas para resolver nuestros problemas en este país. Para que nuevos eventos promovidos por las organizaciones de la campaña nos encuentren con nuevas prácticas y trabajos de base más desarrollados en la tierra y no en las redes sociales. La defensa de la vida por encima de los lucros, la comida en el plato, y la vacuna en el brazo es una cuestión que requiere la auto-organización consciente de mujeres, indígenas, afrodescendientes, y todes quienes integramos la clase trabajadora necesitamos de nuevas experiencias comunes.


[1] La mercancía, madera preciosa de un color rojo vivo, que le dio el nombre al país en tiempos de su extracción predatoria.

[2] Brasil es el país que mayor número de milmillonarios concentra de la región (62% del total) y el que ha presentado un mayor aumento en el año pasado.

[3] El Censo demográfico que debería haberse realizado en 2021 fue cancelado por el gobierno.  

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