El 26

A 19 años del 26 de Junio del 2002 nuevamente nos proponemos recordarlo desde Contrahegemoníaweb. Estamos convencides de que no se trata de canonizar experiencias, sino de lo necesario que es evitar abandonar sus mejores enseñanzas, prácticas emancipadoras y actitudes vitales. Creemos que se pueden rastrear en ese ciclo de luchas y en la enorme dignidad de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki aspectos imprescindibles para la construcción de políticas emancipadoras en la actualidad.

Más aún, asumimos que sin reconstruir los hilos de continuidad entre las luchas populares, los nuevos ciclos de resistencia nacen más débiles, propensos a repetir errores. A recaer en acciones que frustran, desaniman, desmovilizan. Esas relaciones o puentes entre procesos históricos de les de abajo nunca pueden establecerse como meras repeticiones sino como resignificaciones que ayudan a que las clases subalternas se transformen en sujeto de cambio. Que permitan erigir utopías sin las que no puede haber esperanza, ya que sin ella no hay destino mejor posible.

Gran parte de la potencia de ese ciclo de luchas, de la jornada del 26 y de las figuras de Darío y Maxi reside en que fueron hijas de un largo ciclo de recomposición de las clases populares con sus gestas y rebeliones, desarrolladas centralmente entre 1996-2002, que albergaron nuevas subjetividades, sueños y sentidos.

Desde esa mirada republicamos el artículo de Miguel Mazzeo, que conserva plena actualidad, recupera gran parte de esa subjetividad rebelde y señala concepciones que despolitizan profundamente esas luchas. Desde allí volvemos a recordar la existencia del fanzine sobre Darío y Maxi (porque sin experiencias culturales propias no puede existir contrahegemonía). El trabajo de Sergio Nicanoff recupera una experiencia de formación que, en más de un sentido, fue parida por el 26 y por ese largo proceso de resistencia. Tanto el artículo de Celina Rodríguez y Juliana Díaz Lozano como el de Florencia Vespignani -cuyos dibujos acompañan cada una de estas notas- vuelven a poner en evidencia que el potente movimiento feminista actual tuvo como una vertiente determinante en sus orígenes al feminismo popular gestado entre cortes, ollas populares, asambleas y lazos de sororidad construidos en las condiciones más adversas posibles.

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A la distancia queremos, una vez más, cerrar nuestras manos sobre la mano de Darío tendida hacia Maxi y entrelazarlas con miles de manos que buscaron –y aún buscan– un tiempo pleno de justicia y redención humana.

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