Antropoceno y/o Capitaloceno

[El término Antropoceno, la constatación de la humanidad misma como fuerza autodestructiva del entorno geológico, es desde hace tiempo, un referente compartido por las distintas corrientes ecologistas. Posteriormente, a raíz del libro Capitalismo fósil de Andreas Malm, se ha extendido el término Capitaloceno referido al consumo creciente de combustibles fósiles como estrategia capitalista para dominar los recursos productivos y controlar a la clase obrera. Publicamos a continuación en reciente artículo sobre el tema y un extracto del libro de Daniel Tanuro Demasiado tarde para ser pesimistas del que viento sur ya ha publicado referencias. Como puede verse los citados dos términos no se presentan como contradictios, sino más bien como complementarios, pero tienen sus matices y tienen interés]

Capitaloceno: la desigualdad de las emisiones contaminantes, de la riqueza y del ingreso

Debido al detrimento energético y material a causa de las acciones humanas, la época geológica actual ha sido nombrada por los expertos como Antropoceno. Este término acuñado por Crutzen y Stoermer (2000) intenta expresar la perturbación de los ciclos químicos a raíz de la actividad humana y que sitúa a la humanidad como la fuerza geológica responsable de las grandes emisiones contaminantes.

Para Crutzen (2002) el desarrollo de la especie humana ha producido cambios irreversibles en el planeta. En la lista de factores destacan el crecimiento de la población 10 veces mayor en los últimos tres siglos respecto a los años anteriores, aumento de 16 veces en el uso de energía en el siglo XX, incremento de las cabezas de ganado y por ende en el nivel de emisiones de metano, ascenso histórico de los gases de efecto invernadero, destrucción de selvas, disminución de gran variedad de especies animales y vegetales, explotación desmesurada de la superficie terrestres y explotación de más de la mitad del agua dulce.

El uso de un término geológico sirve para resaltar los cambios ambientales actuales en una escala planetaria y significativa en el tiempo de la historia de la Tierra. En este sentido, Malhi (2017) y Zalasiewicz, et. al (2017) encuentran otros rasgos característicos del Antropoceno relacionados al cambio climático: el incremento en el nivel del mar, las perturbaciones químicas principalmente de los ciclos de carbono y nitrógeno, la producción de desechos a gran escala y la acelerada tasas de erosión y sedimentación.

El origen del Antropoceno, señala en mismo Crutzen, puede rastrearse en la Revolución Industrial. La evolución tecnológica del siglo XVIII (principalmente la máquina de vapor de James Watt en 1769) privilegió el uso del carbón como fuente energética primaria en la producción. A su vez, la transformación de la energía en trabajo elevó la productividad de las fábricas permitiendo que un mayor número de personas demandaran los productos finales y con ello iniciara un círculo virtuoso de la economía que perduró hasta el siglo XIX. Si bien el transcurso de los siguientes años vio la incorporación de la electricidad y el petróleo como nuevas fuentes energéticas, es el siglo XX donde existe una transformación estructural de la economía y su relación con la energía. Conforme a lo establecido por el Anthropocene Working Group durante una reunión en 2009, la década de los años 50´s del siglo XX es el comienzo formal de esta nueva edad geológica donde comienzan a percibirse los efectos ambientales. Esto es resultado del ascendente consumo energético por habitante nunca antes registrado en los últimos 200 años, que coincidente con las décadas de bonanza del capitalismo posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Es decir, el estilo de desarrollo cultural, económico y social, impulsado a mediados del siglo anterior a la fecha, ha detonado en gran medida la grave situación energética y ecológica actual.

A pesar de lo ilustrativo que resulta este término al expresar la forma en que las presiones ambientales antropogénicas han afectado los sistemas en la Tierra, existe una postura mucho más afinada de esta interpretación. De acuerdo con Jason Moore (2016) el Antropoceno es una categoría de corto alcance para explicar el actual estadio del capitalismo y su relación con el calentamiento global, pues asume que la responsabilidad de los daños ecológicos es de los seres humanos como especie biológica en su conjunto, pero no como sujetos sociales pertenecientes a naciones de distintas dimensiones y participaciones relativas en el consumo energético global. Si bien, como se ha descrito, el mismo Crutzen señala a la Revolución Industrial como punto de partida, el Antropoceno es concebido como el resultado de las acciones humanas por igual, es decir, cada ser humano del planeta es igualmente responsable que el resto de 7800 millones de habitantes en el mundo por el actual daño ambiental.

Esta limitante es la que Moore (2016) cuestiona al señalar que no es adecuado culpar a una especie geológica de manera homogénea en las responsabilidades ambientales, sino es necesario distinguir a los seres humanos por sus diferencias sociales, culturales, ecológicasy geográficas. Es así como define al Capitaloceno para referirse a la época actual del capitalismo donde un grupo de países y, particularmente, un grupo de personas pertenecientes a los estratos de mayores ingresos, son los principales emisores de contaminantes de efecto invernadero y además poseen la propiedad del conjunto de empresas responsables de la aceleración, apropiación, despojo y explotaciones de los bienes naturales. Es decir, los responsables son el 1% de los habitantes del planeta, los cuales concentran los medios de producción, así como el gasto de energía y materiales.

En efecto, la desigualdad económica en el mundo no sólo se manifiesta en los problemas de concentración del ingreso y de la riqueza sino también existe gran evidencia que muestra una correlación con el creciente ritmo de emisiones contaminantes. Tanto Briones et al. (2019), Svampa (2019) y Ulloa (2017) apoyan la idea acerca del Capitaloceno donde algunos estratos sociales son más responsables del daño ecológico que otros.

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Así pues, esta definición permite enmarcar el problema ambiental no solamente de manera general a nivel geológico sino asociado a las características económicas, sectoriales y regionales que ha generado el modo de producción vigente. Es importante señalar que el Capitaloceno hace distinción sobre los estratos sociales de mayores ingresos y no solamente sobre naciones desarrolladas o industrializadas, puesto que, si se limitara únicamente a la clasificación por país, casos como China o India que aún se consideran países en transito de industrialización no podrían explicarse. Por consiguiente, el Capitaloceno está explícitamente asociado al problema de la concentración del ingreso y de la riqueza, uno de los problemas económicos de mayor interés y preocupación para los economistas.

Al respecto, las cifras son contundentes. Después de la crisis financiera, el “auge de los multimillonarios” ha sido característica principal en la evolución del capital.  Entre 2017 y 2018, cada dos días en el mundo surgía un nuevo milmillonario (término utilizado por la OXFAM) en promedio, mientras que 26 personas concentraron la riqueza equivalente a lo que tienen 3800 millones de personas. De acuerdo con Chancel (2020) en regiones como África y Medio Oriente la participación del 10% más rico es igual al 55 % del ingreso nacional. Incluso durante la pandemia este segmento ha sido el de mayor recuperación. Con información de la OXFAM (2020), desde el inicio de la pandemia la riqueza de los 10 hombres más ricos del mundo ha aumentado en medio billón de dólares y en América Latina la fortuna de los 73 milmillonarios de América Latina aumentó en 48 200 millones de dólares. Contrariamente, la CEPAL (2021) anunció que la región verá incrementado el número de pobres en 22 millones de personas.

Las cifras que vinculan tanto el problema de la desigualdad económica y las emisiones contaminantes son reveladoras. Retomando al citado Chancel (2020) las personas que integran el 10 % más pobre necesita alrededor de 6 kWh por persona por día para satisfacer las necesidades básicas, tan sólo 2 kWh más que los cazadores-recolectores prehistóricos mientras que el 10 por ciento más rico, por el contrario, consume alrededor de 32 kWh por persona por día. Al tiempo que Hubacek et al. (2017) apunta que el 10% de la población en los estratos superiores de ingreso causan más de un tercio de las emisiones globales de efecto invernadero, mientras que el 50% inferior es responsable de solo el 15% de emisiones globales. Es decir, la huella de carbono promedio de las élites globales es de aproximadamente 11veces más alta que la huella de carbono de la más baja. La evidencia de los autores sigue la misma línea si se analiza la Unión Europea.

Por su cuenta Caetano et al. (2020) calculan una brecha más amplia entre segmentos de población. Sus resultados muestran que 10 % más rico de la población mundial generó el 52 % de las emisiones de carbono acumuladas, en contra parte, el 50 % más pobre en el mundo generó tan solo el 7 % de las emisiones. Haciendo un ejercicio minucioso, el mismo grupo de investigadores encontró que 1 % de la población más rico de la población generó el 15 % de las emisiones acumuladas, entretanto el 5 % de mayores ingresos de la población mundial fue responsable del 37% de las emisiones. Este último dato es revelador pues no solamente la economía de 1% es la que concentra los mayores niveles de riqueza sino además es por si mismo el generador del más del doble de emisiones de emisiones contaminantes que el 50% de la población más pobre.

Para completar este diagnóstico estadístico que muestra una clara relación entre los niveles de ingreso y la contaminación, se muestra a continuación un gráfico realizado por el proyecto Our World in Data donde encuentran que el 16% de población de mayores ingresos genera el 38% de emisiones de dióxido de carbono (CO2), mientras el segmento de ingresos medios altos correspondiente al 35% de población genera el 48 % de emisiones, el 31% de personas que cuentan con ingresos medios-bajos producen el 13.5% de CO2 y finalmente el 9% de habitantes del mundo con ingresos bajos provoca el 0.5% del tipo de emisiones descritas.

Gráfica 1. Emisiones de CO2 por grupo de ingreso

Fuente: Our World in Data (2021). Disponible en https://ourworldindata.org/co2-emissions

A la luz de la evidencia, el término Capitaloceno parece adecuado para explicar parte del problema ambiental existente. El desarrollo de la economía ha profundizado en las últimas décadas la velocidad del deterioro ecológico. Al mismo tiempo, un sector de la población instaurado en la cúpula económica tiene control sobre la mayor parte de la riqueza en unas cuentas manos. De acuerdo con OXFAM (2015) sólo 62 personas poseían la misma riqueza que 3.600 millones de seres humanos, mientras que para el año anterior (2020), 2153 personas en el mundo poseen más riqueza que 4600 millones de personas.

Desde la teoría económica se justificó, bajo la hipótesis de Kuznets, que durante el proceso de crecimiento económico de las naciones las emisiones contaminantes crecerían para posteriormente disminuir. El mecanismo detrás de este aporte establece una relación entre las emisiones contaminantes y el ingreso per cápita. De manera gráfica, esta relación toma una forma de “U” invertida. El punto común de los estudios afirma que las primeras etapas de crecimiento económico coadyuvan el ascenso de la contaminación y disminuye a niveles más altos del ingreso, justificando el deterioro ambiental a medida que la riqueza incrementa. Sin embargo, los hallazgos muestran lo contrario.

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En efecto, la participación en las emisiones contaminantes por parte de las naciones de mayores ingresos y los segmentos de altos ingresos no disminuye. Este comportamiento rompe con la idea acerca de que el crecimiento económico a costa del medio ambiente genera prosperidad futura tanto en aspectos cuantitativos (ingreso por habitante) y cualitativos (un entorno natural más limpio). Por el contrario, el desenvolvimiento económico ha producido mayor concentración del ingreso y la riqueza en algunas personas que, a la par, son responsables del mayor deterioro ecológico.

Para finalizar, es importante recalcar que la idea de Capitaloceno no intenta suplantar, sustituir o disputar protagonismo a la categoría Antropoceno. Lejos de ello, es un intento para abordar simultáneamente distintas escalas como es la historia humana, natural y planetaria. Esta categoría va un paso más allá al conjuntar un análisis geológico, económico y social para lograr interpretar la compleja relación economía-sociedad-medio ambiente.

Comprender los problemas ecológicos exige un nivel elevado de comprensión de diversos fenómenos que suceden simultáneamente. En este caso el Capitaloceno es un espacio adecuado para explicar, con base en aspectos particulares, las posibles causas del deterioro ambiental en lugar de hablar en términos generales y agregados de la especie humana o de naciones. Como se ha mostrado, las grandes fortunas del mundo son también las que más daño están haciendo a un espacio común y cultural como los ecosistemas. No se trata de las personas directamente, se trata de sus prácticas, sus relaciones con el gobierno, la influencia política y el rol de sus empresas. No obstante, toda la población contribuye en el deterioro y daño de los ecosistemas y obliga a cualquier persona ser responsable con su entorno natural, empero, es el papel de algunos por encima de otros.

Aquí la importancia de plantearse un modelo de cuidado ambiental y sustentabilidad energética internacional partiendo de un cuestionamiento al actual estilo de desarrollo, más no reduciendo el problema a la firma de acuerdos y cumbres mundiales por el ambiente llenas de fe en las buenas acciones de los gobiernos (quien en gran medida han permitido e impulsado la creación de riqueza y pobreza) o colocar todas las esperanzas de la sobrevivencia humana en el rol de las tecnologías renovables.

Gabriel Alberto Rosas Sánchez cursa el Doctorado en Ciencias Económicas de la Universidad Autónoma Metropolitana (México) y es miembro de la Sociedad Mesoamericana y del Caribe de Economía Ecológica. Correo electrónico: rosassanchezgabriel@gmail.com

Bibliografía referenciada:

Briones, C., Lanata, J. y Monjeau, A. (2019). El futuro del Antropoceno. Utopía y Praxis Latinoamericana24(84), 21-31.

Caetano, T., Winker, H., y Depledge, J. (2020). Towards zero carbon and zero poverty: integrating national climate change mitigation and sustainable development goals. Taylor and Francis.

CEPAL (2021). Panorama Social de América Latina 2020. Disponible en https://www.cepal.org/es/publicaciones/46687-panorama-social-america-latina-2020

Chancel, L (2020). Unsustainable inequalities. Social justice and the environment. Harvard University Press.

Crutzen, P. (2002). The “anthropocene”, en: Ehlers, E., y Krafft, T. (eds.). Earth system science in the anthropocene, pp. 13-18. Springer, Berlin, Heidelberg

Crutzen, P. y Stoermer, E. F. (2000). The anthropocene. Royal Swedish Academy of Sciences, Stockholm. 41

Hubacek, K., Baiocchi, G., Feng, K., Castillo, R., Sun, L., y Xue, J. (2017). Global carbon inequality. Energy, Ecology and Environment2(6), 361-369.

Malhi, Y. (2017). The concept of the Anthropocene. Annual Review of Environment and Resources42, 77-104.

Moore, J (Ed.) (2016). Anthropocene or Capitalocene? Nature, History, and the Crisis of Capitalism. PM Press

OXFAM (2015). La desigualdad extrema de las emisiones de carbono. Disponible en: https://www-cdn.oxfam.org/s3fs-public/file_attachments/mb-extreme-carbon-inequality-021215-es.pdf

OXFAM (2020). Combatir la desigualdad de las emisiones de carbono. Disponible en: https://oxfamilibrary.openrepository.com/bitstream/handle/10546/621052/mb-confronting-carbon-inequality-210920-es.pdf

OXFAM (2020). Tiempo para el cuidado. Disponible en https://oxfamilibrary.openrepository.com/bitstream/handle/10546/620928/bp-time-to-care-inequality-200120-es.pdf

Svampa, M. (2019). El Antropoceno como diagnóstico y paradigma. Lecturas globales desde el Sur. Utopía y praxis latinoamericana24(84), 33-54.

Ulloa, A. (2017). Dinámicas ambientales y extractivas en el siglo XXI: ¿es la época del Antropoceno o del Capitaloceno en Latinoamérica? Desacatos, (54), 58-73.

Zalasiewicz, J., Waters, C. N., Summerhayes, C., Wolfe, A., Barnosky, A., Cearreta, A. and   Williams, M. (2017). The Working Group on the Anthropocene: Summary of evidence and interim recommendations. Anthropocene19, 55-60.

imagen1.jpg, por editorarg

¿Antropoceno?

[Extracto del libro de Daniel Tanuro Demasiado tarde para ser pesimistas. Ver entrevista al autor en https://vientosur.info/demasiado-tarde-para-ser-pesimistas-3/  ]

IGBP, GIEC, IPBES [Programa Internacional de Geosfera-BiosferaGrupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático y Plataforma Intergubernamental sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas, ndr] hemos presentado estos tres informes separadamente en el orden cronológico de su publicación. Tomados conjuntamente, es evidente que el programa interdisciplinar sobre el cambio global proporciona un marco de conjunto en el que se integran los diagnósticos más específicos sobre el clima y la biodiversidad, que los hemos tratado detalladamente, pero es indispensable mantener una visión más amplia sobre otras facetas de la destrucción del medio ambiente. Algunas podrían reservar desagradables sorpresas. La contaminación química, por ejemplo. El IGBP, como se ha dicho, no pudo determinar un tope para este parámetro. Sin embargo, está establecido que 1.300 de los 148.000 productos químicos inventariados en 2017 son disruptores endocrinos que alteran la fertilidad (globalmente se estima en un 30% el descenso del número de espermatozoides en el hombre entre 1979 y 2012), pueden favorecer el cáncer (de mama y de testículos, sobre todo), contribuir a trastornos neuropsiquiátricos (influye parcialmente en el autismo, el síndrome de hiperactividad, el trastorno de la atención, el Parkinson y el Alzheimer), y ser incluso ser responsables, en parte, de la frecuencia de la obesidad. Estas sustancias son de uso corriente en la agricultura, la industria y a nivel doméstico. Sus efectos se transmiten a la descendencia a través de modificaciones epigenéticas. Sus riesgos son aún más temibles por el hecho de que la toxicidad de algunos productos es mayor en pequeñas dosis que en dosis “normales” 39/.

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Teniendo en cuenta todos los factores, no es exagerado hablar de una gran amenaza, no sólo para la naturaleza en general, sino para la humanidad. En este contexto, Paul Crutzen propuso en 2002 el concepto de Antropoceno 40/. El premio Nobel de química constataba que algunos cambios ocasionados por la Revolución industrial quedarán para siempre visibles en la geología del globo: presencia de isótopos radioactivos, elevación del nivel de los océanos, extinción rápida de especies… Según Crutzen, habría que considerar que se ha terminado el Holoceno y le ha sucedido una nueva era geológica. Propuso bautizarla como Antropoceno, para indicar que el ser humano (anthropos) se ha vuelto una fuerza geológica. Esta sugerencia fue rápidamente apoyada por otros científicos y científicas. Le siguió un amplio debate muy político, tanto en el seno de la comunidad científica como fuera de ella. Por la derecha, se elevaron voces para hacer remontar el Antropoceno a la aparición del Homo sapiens, o a la invención de la agricultura. Otros, por la izquierda, propusieron hablar mejor de Capitaloceno, para destacar el origen socio-histórico del cambio de era 41/.

Las motivaciones ideológicas que empujaron a Crutzen a hablar de una “geología de la humanidad” son sospechosas, porque esta expresión lleva el agua al molino de las y los misántropos que acusan al Homo sapiens de todos los males y desvían así la atención de la responsabilidad del capitalismo. La sospecha es aún más legítima dado que el paso de una era geológica a otra no es un fenómeno que se pueda constatar en caliente, ni siquiera un siglo después: hace falta perspectiva. Sin embargo, como nadie parece contestar la idea del paso de era, la polémica es sobre todo semántica. ¿Hay que pelearse entonces por el Capitaloceno? Este término permite señalar la responsabilidad principal del capital en la destrucción ecológica, pero al mismo tiempo invisibiliza la responsabilidad de la URSS, de los países del Este y de China… ¿Resulta pertinente hacerlo, cuando la izquierda tiene tanta necesidad de comprender por qué estos países cayeron en el productivismo? Además, no es evidente que el término Capitaloceno baste para dar cuenta de la gravedad de la transformación de la biosfera y de sus implicaciones a largo plazo. En conjunto, la biomasa del ganado y de los humanos es superior en dos órdenes de magnitud de los mamíferos salvajes 42/. Esta situación es el producto de doscientos años de capitalismo; pero aun cuando el capitalismo fuese rápidamente sustituido por el ecosocialismo, llevaría tiempo alcanzar un relativo reequilibrio. Ahora bien, aunque se dé ese cambio, seguirán presentes las huellas geológicas de los isótopos radioactivos, la subida del nivel de los océanos y la extinción de especies. Por ello, en la polémica sobre el término, preferimos el enfoque de Christophe Bonneuil y Jean-Baptiste Fressoz: abrir “un diálogo con quienes dan la alerta en las ciencias del sistema tierra” para “volver a tomar políticamente el control de (las) instituciones, de (las) élites sociales y de (los) poderosos sistemas simbólicos y materiales que nos han hecho caer en el Antropoceno” 43/. El objetivo de este enfoque es claro e idéntico al de los partidarios y partidarias del Capitaloceno: reintroducir la cuestión social e histórica en el centro del debate, impedir su exclusión por la geología. Además, si se adoptase el cambio de era y si los geólogos y geólogas fueran coherentes con sus criterios científicos, el cambio de era no ocurrió antes de la segunda mitad del siglo XX, de manera que no es la especie humana la responsable, sino la forma capitalista como produce su existencia social. Esta discusión no puede ser confiscada por La Ciencia; todas y todos tenemos voz y voto en ella.

Daniel Tanuro es ingeniero agrónomo y especialista en cuestiones medioambientales. Forma parte de la Global Socialist Network

Notas:

38/ “L’érosion massive de la biodiversité menace les societés humaines”, Mediapart, 06/05/2019.

39/ John Pauluis, “Les perturbateurs endocriniens”, Revue médicale de Bruxelles, septiembre 2019, Vol 40, nº 4. Sobre el autismo, ver Scott F. Gilbert & David Epel, op. cit. Los mecanismos epigenéticos actúan sobre la expresión de los genes sin modificar el ADN. Son reversibles pero transmisibles.

40/ Paul Crutzen, “Geology of mankind”, 2002, Nature 415, núm. 6867, p. 23, 2002.

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41/ Ian Angus, “Facing the Anthropocene: Fossil Capitalism and the Crisis of the Earth System”, Monthly review, 2016.

42/ Yinon M. Bar–On, Rob Phillips & Ron Milo, “The biomass distribution on Earth”, PNAS 19/06/2018, 115 (25) 6506–6511.; DOI: 10.1073/pnas.1711842115, 19/06/2018. La biomasa está estimada aquí en masa de carbono, para eliminar el contenido en agua de los organismos. Las cifras son respectivamente 0,1 Gt para los seres humanos y 0,007 Gt para los mamíferos salvajes.

43/ Christophe Bonneuil y Jean–Baptiste Fressoz, “L’événement anthopocène. La Terre, l’histoire et nous”, Seuil, 2013.

Fuente: Viento Sur

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