Ni ayuda humanitaria ni #SOSCuba. Acabar con el bloqueo e impulsar la participación popular y la integración latinoamericana

(Especial para CH). El 11 de julio miles de cubanos salieron a la calle en protesta por la dura situación que viven. Sorprendió que esta vez no se trató solo de contrarrevolucionarios y gusanos yanquis como en otras ocasiones, sino que en esta oportunidad participaron miles de cubanos del pueblo. Si bien la derecha cubana, apoyándose en la prensa internacional y en el financiamiento de los Estados Unidos, apareció liderando estas protestas, fueron muchxs lxs cubanxs que desgastadxs y desesperanzadxs por el padecimiento de años de escasez de comida, medicamentos, transporte o luz, salieron a la calle angustiadxs y enojadxs – muchos de ellxs siguen siendo patriotas orgullosxs de su revolución- por la grave situación que atraviesan, hoy agravada por la pandemia.

El discurso del presidente cubano Miguel Díaz Canel pareció corroborarlo al señalar la necesidad de diferenciar entre “contrarrevolucionarios” y “revolucionarios confundidos”, con lo que, de alguna manera reconoció como legítimas una parte de los reclamos. Aunque paradójicamente, lejos de abrir canales de participación popular que permita separar la paja del trigo y encarar los problemas, convocó a combatir a todos ellos. “La orden de combate está dada, ¡a la calle los revolucionarios!”, concluyó. Etiquetar a los manifestantes como plenamente proyanquis o procapitalistas fue un error y no contribuye a aportar soluciones, del mismo modo que muchas de las detenciones que ordenó, una de ellas la de Frank García Hernández, respetado historiador y marxista cubano, insospechable de colaboración alguna con los yanquis.

El cese de internet y del WhatsApp por unos días, sólo dificultó la comunicación entre sectores populares preocupados y alertados por la situación y generó una gran desinformación que solo facilitó la circulación de las fake news dentro y fuera del país.

Son varias las razones que desataron y confluyeron en esta situación, pero ninguna puede comprenderse sin partir de mencionar y denunciar el criminal bloqueo impuesto a Cuba desde hace 60 años. Sólo desde esta posición ética y política pueden cobrar su verdadero valor otras razones.

Bloqueo, pandemia y desigualdad creciente: un cóctel explosivo…

En enero del 2020 tuve la suerte y la emoción de pisar esa tierra de revolución. Emoción alimentada no sólo por lo que supo hacer ese pueblo valiente allá por 1959 y lo que fue capaz de construir posteriormente, sino porque aún a pesar de las carencias con las que conviven se respiraba la dignidad nacional y la convicción de una vida igualitaria para todxs como un valor innegociable que, lamentablemente, marchaba a contramano de una creciente desigualdad social ya palpable.

Por entonces, en La Habana no se conseguían verduras. No era que faltaran en Cuba, no había manera de transportarlas a la Capital dada la escasez de combustible. Dos barcos venezolanos cargados de combustible no habían podido zarpar hacia Cuba a causa de la negativa de las empresas de seguros a asegurar esos transportes por el bloqueo ordenado por los Estados Unidos. A más de 30 barcos petroleros venezolanos les ocurrió lo mismo. Cortes de luz, escasez de alimentos y kilométricas colas cuando alguna estación de servicio conseguía ese vital elemento eran signo visible y cotidiano del criminal bloqueo que ya dura 60 años.

Desde entonces, la situación no hizo más que empeorar. El trueque de Biden por Trump en el gobierno de los Estados Unidos no modificó una coma de las más de 240 medidas con la que este último profundizó el bloqueo, extendiendo la penalización del comercio o el envío de remesas hacia Cuba.

Pero esta ofensiva no se limita al bloqueo que ahoga a la población de la isla. Dirige al mismo tiempo millones de dólares al sostenimiento de medios, fundaciones y ONG’s que supuestamente defienden los derechos humanos, pero que, junto a influencers y youtubers, trabajan sobre las emociones para modificar las miradas que se tiene sobre Cuba e instalaron en estos días en las redes el hashtag #SOSCuba y la consigna “Patria y Vida”, para imponer la creencia de que en Cuba reina la muerte producto de la acción combinada del gobierno y de la pandemia. Se presentan como la contracara de monstruos como el alcalde de Miami, Francis Suárez, que en estos días exigió que la Fuerza Aérea bombardee Cuba. Sin embargo, son parte de la misma ofensiva.

Te puede interesar:   Hegel y Haití

La llegada de la pandemia golpeó más aún la crítica economía cubana con el cierre de las fronteras al turismo -que junto con la exportación de servicios de salud es una de las dos principales fuentes de ingresos del país y de sus habitantes- pasando de un promedio de 4 millones y medio de turistas cada 6 meses a apenas 122 mil en el último semestre. Esta cifra resulta insignificante  para las necesidades económicas y de divisas de la isla, pero a la vez trajo graves consecuencias en lo que respecta a la transmisión de la Covid 19 que pegó un salto en los últimos meses, no casualmente con epicentro en Matanzas, provincia en donde se encuentra Varadero, destino privilegiado del turismo.

En apenas 3 meses y hasta el 12 de julio, Cuba paso de tener una cantidad de fallecidos de poco más de 400 personas a 1.579, cifras que en Cuba representan un importante salto y fueron utilizadas como excusa para el pedido de “ayuda humanitaria”, pedido que se cae por sí mismo puesto en relación con países como la Argentina, donde ya sufrimos más de 100 mil fallecidos y tenemos una proporción de fallecimientos 15 veces mayor que Cuba en relación con la población. El pedido de “ayuda humanitaria” se justificaría entonces más en nuestro caso, pero resultaría un delirio incluso para un Macri, una Bullrich o una Carrió, develando que no es ni “ayuda” ni “humanitaria” lo que está en los planes de los Estados Unidos hacia Cuba.

En este marco, a partir del 1 de enero del 2021, el gobierno cubano implementó la unificación monetaria con la que aspiraba aumentar el flujo de divisas con la que poder hacer frente a las necesidades, entre las que resaltan la importación de casi el 80% de los alimentos y el 52% de los medicamentos. Pero esta medida redundó en la multiplicación de los precios y de las colas para poder comprar productos básicos -conseguir pollo o aceite puede llegar a insumir 8 horas de espera-. Con el agravante que sólo con dólares o con Moneda Libremente Convertible (MLC), a las que sólo el 40% de la población tiene acceso, se puede aspirar a obtener productos como electrodomésticos o incluso comida.

Todos estos factores juntos constituyen un cóctel explosivo.

Un cóctel explosivo… sólo si el pueblo no participa de su resolución

La cuestión es cómo se lo desactiva, si desde las decisiones de un grupo dirigente o desde la participación popular. Como señaló la militante popular Isabel Rauber en una reciente entrevista que le hiciera el programa radial de ATE Córdoba sobre los sucesos en Cuba: “no se trata de un análisis desde la claridad del que manda, es hora de un vuelco grande y revolucionario en el quehacer político, convocando a la población. … Digo que es tiempo de abrir a la participación, si eso no generase soluciones al menos se tomaría cabal conciencia de la situación y de las limitaciones que existen. Así, el aguante se hace de manera diferente, no porque te lo dicen sino porque sabés que no hay otra alternativa”.

No hay soluciones ni salidas fáciles y seguramente ni siquiera sean factibles de inmediato las difíciles. Pero el pueblo cubano demostró su capacidad y convicción revolucionaria a lo largo de todos estos años de intentos de destrucción por parte del imperialismo y sus cómplices. Solo un pueblo consciente y organizado libremente, debatiendo y sumando su experiencia y participación  en las decisiones, puede desafiar y enfrentar esta nueva etapa que se avecina.

Te puede interesar:   A un año de macrismo y de resistencia popular: ¿la CTEP como herramienta de lucha o dispositivo de gobernabilidad? Disyuntivas en juego

Lamentablemente no es este el rumbo elegido por el gobierno encabezado por Díaz Canel, sino más bien parece ser el que describió el colectivo cubano La Tizza el reciente 4 de mayo con las siguientes características:

“i) la falta de disposición para convocar a la franja poblacional que apoya al proyecto revolucionario — y desea su profundización — o que, en un sentido más restringido, se adhiere a las políticas de Estado;

ii) la misión autoasignada por ese Estado de sustituir una movilización popular que recupere formas de la democracia directa, por los roles que él pueda desempeñar de «mediación» y «representación»;

iii) una mayor preocupación de funcionarios y dirigentes por la repercusión de determinados acontecimientos políticos en la arena internacional que por la insolvencia histórica de prácticas, ideas y modos de funcionar en el plano nacional, y el quiebre que esta obsolescencia genera en la hegemonía del poder revolucionario”.

En otras palabras, se hará difícil revertir el rumbo de la crisis sin derrotar el bloqueo yanqui sobre Cuba y, en ese camino, sin multiplicar formas de participación democrática, de organización y subjetividades populares no capitalistas, que enfrenten la ofensiva imperialista desde esa dignidad nacional popular tan poderosa y visible en Cuba, enraizada en la tradición de José Martí.

Muchxs que formamos parte de las izquierdas latinoamericanas pensamos que flaco favor le hacemos al pueblo cubano si suponemos que apoyar a Cuba supone denunciar el bloqueo, pero callar ante cualquier otra cuestión que ponga en debate otras razones internas de la crisis. Como bien señala un tweet en estos días: “Cuba hizo una revolución en 1959 para ser soberana y dejar de ser un país monoexportador de azúcar. Ciertas formas de apoyo incondicional operan rebajándola hoy a ser un país monoexportador de símbolos para consumo de una izquierda atrapada en las nostalgias del siglo XX.” Defender a Cuba y derrotar la ofensiva yanqui obliga a miradas más complejas y actuales.

Por el momento, a pesar de la conjunción de factores en la actual crisis, no parece ser que Cuba se encamine a una pronta desestabilización. Lejos de un estallido popular como el que vivieran Chile o Colombia, aunque se pretenda presentarlo desde algunos medios como similar, sectores importantes del pueblo cubano comienzan a dar señales de un hartazgo y desesperanza con el que resulta imprescindible dialogar y valorar. 

Algunas claves latinoamericanas de la crisis

Los Estados Unidos vienen teniendo problemas en el dominio de su “patio trasero” latinoamericano. Tres de sus pilares en la región, Chile, Colombia y Perú, han visto conmovida su estabilidad por la movilización popular en los dos primeros casos y por una elección inédita en el tercero. Asimismo, dos de las ideas fuerza sobre las que Estados Unidos basa su dominación proponiéndose como ejemplo a seguir, el “desarrollo económico” y la “democracia liberal”, son cada vez más cuestionadas por los movimientos sociales, las organizaciones populares y los intelectuales críticos de la región.

Junto a eso, China penetra cada vez más en el subcontinente, en un juego de competencia/colaboración con los capitales yanquis, todo lo cual motiva a los Estados Unidos a redoblar la ofensiva sobre nuestra región.

Ante este panorama regional, surge un interrogante sobre la responsabilidad de América Latina en la crisis cubana: ¿puede esperarse una situación de equilibrio económico y de bienestar en una pequeña isla de 11 millones de habitantes -y sin considerar por un momento el bloqueo-, sin hacer realidad aquella máxima del Che que en los años ’60 sostenía la necesidad de “crear dos, tres, muchos Vietnam”? O en los términos y condiciones actuales, ¿sin una integración de los pueblos de América Latina?  ¿Acaso la negativa de los gobiernos latinoamericanos a construir un Banco del Sur y a una integración económica que se sostenga sobre la complementariedad y la colaboración antes que sobre la competitividad -tal como había propuesto el presidente venezolano Hugo Chávez y llevó a la práctica intercambiando petróleo por médicos con Cuba-, no puede considerarse uno de los factores que inciden en la crisis cubana? El no ir más allá de la aceptación de Cuba en foros y organismos regionales latinoamericanos, de gran importancia simbólica y diplomática, no mejora sin embargo la situación real y material de la isla, ni tampoco la del resto de los países de la región, si no se complementan con acciones concretas.

Te puede interesar:   Mineros fuera, covid fuera

Cuba no es Nicaragua

Una extraña confluencia en los hechos se dio en estos días. Por un lado, los medios del sistema se ensañaron contra el “eje del mal” en América Latina, los gobiernos de Venezuela, Cuba y Nicaragua, poniendo un signo igual entre todos ellos.

Por otro lado, respetados representantes de sectores de izquierda denunciaron un supuesto “golpe blando” promovido por los Estados Unidos tras las movilizaciones en Nicaragua y en Cuba, colocando similar signo igual.

Sin embargo, asimilar la situación en estos países, tan diferente y contrapuesta, no ayuda en nada a la necesaria campaña de apoyo a Cuba.

En Nicaragua, el pueblo está harto del gobierno neoliberal, represivo y patriarcal de Daniel Ortega. El mismo no representa una continuidad de la gloriosa revolución sandinista del ’79 -aunque haya sido uno de sus dirigentes- sino su negación. El gobierno de Ortega ha roto la relación que los “muchachos” del ’79 mantenían con el pueblo, para apoyarse en el empresariado neoliberal y en la Iglesia. Con esta última, accediendo a promulgar una ley contra el derecho al aborto, más restrictiva aún que la de la dictadura somocista. No se equivocan los manifestantes que marchan, al costo de centenares de muertos y miles de detenidos, portando carteles que señalan la continuidad de Ortega con Anastasio Somoza. Gran parte de la dirigencia y militancia sandinista hoy también marcha contra Ortega, si es que no se encuentran detenidos o pasado a la clandestinidad.

Por el contrario, en Cuba, se puede afirmar que aún en forma distorsionada y retrocediendo, se mantienen muchas de las conquistas de la revolución y no es desde el propio gobierno desde donde se ejecuta una regresión del tal magnitud como la nicaragüense para destruirlas, aunque muchas de sus acciones (e inacciones) terminen llevando agua o empujen a algunos sectores a los brazos de la derecha procapitalista.

Implementar una férrea defensa de Cuba contra el bloqueo, requiere no equivocarse sobre quienes pueden ser aliados en esta pelea y quiénes no.

Por una campaña de medios de comunicación populares de América Latina contra el bloqueo yanqui contra Cuba

La situación de Cuba y de toda América Latina impele a redoblar esfuerzos para una sostenida campaña contra el criminal bloqueo que está sufriendo el valiente, generoso y sufrido pueblo cubano a manos del imperialismo yanqui y sus cómplices.

La pandemia que sufre en estos momentos la humanidad pone en blanco sobre negro la actitud de ambos países: mientras los EE. UU. acrecientan su rol de gendarme y garante de un mundo cada vez más desigual que se encamina hacia el abismo, Cuba se dirige al mundo extendiendo una mano solidaria, con sus médicxs y vacunas. Y por sobre todo, con el ejemplo -que es lo que más temen y desean castigar los gobiernos y clases dominantes yanquis- de que es posible un mundo donde no sea la ganancia de unos pocos el motor sino la solidaridad y la búsqueda del bien común.

Defender a Cuba resulta asimismo una necesidad para hacer caer la careta de defensor de los derechos humanos, de la democracia y de la libertad con que los gobiernos de los Estados Unidos se disfrazan para imponer su dominio y voluntad sobre el mundo, para apropiarse de los bienes comunes de la naturaleza y de los frutos del trabajo humano. Una campaña solidaria con el pueblo cubano es entonces al mismo tiempo que una defensa de Cuba contra el bloqueo, una campaña de autodefensa de la humanidad y de la vida sobre nuestro planeta.

Un arma poderosa de la que hoy más que nunca se vale el imperio es la red de medios de comunicación que ha tejido a su servicio. Se hace urgente e  imprescindible articular entre medios de comunicación populares de Argentina y América Latina para combatir el bloqueo e intercambiar y circular notas e informaciones que nos permitan un accionar conjunto contra la campaña mediática imperial y hacer conocer la realidad y la lucha del pueblo cubano; así, “más temprano que tarde abriremos entre todxs las grandes alamedas por donde pasaremos lxs hombres y mujeres libres y construiremos una sociedad sin miseria, sin pobreza ni explotación.”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *