Guernica: El derecho a la tierra y a la organización colectiva

A un año del inicio de la recuperación de tierras en Guernica, compartimos nuestras reflexiones sobre este proceso de lucha, que abrió el debate público sobre tierra y vivienda en todo el país. Nuestro pueblo sufre enormes necesidades, y seguirá abriéndose paso para reclamar Tierra para Vivir y Tierra para Producir.

Lorena Ojea
Integrante del Movimiento por la Unidad Latinoamericana y el Cambio Social

Cuando el primer vecino o vecina puso un pie en los terrenos, que llevaban décadas en desuso, de Guernica entre los barrios San Martin y Numancia, no se imagino ni por un instante que llevaría el tema de la tierra a la agenda política nacional. De eso, este 20 de julio, ya hace un año. Hace un año que se empezaban a conformar barrios y sueños: casi 2.500 familias llegaban para instalarse, y una gran parte de ellas por primera vez pasaron a organizarse para asumir una lucha que pasaba de lo individual a lo colectivo.

Un mes después de iniciada la recuperación de tierras, el tema comenzó a estar en todos los medios y por supuesto, empezó a ser una preocupación del Gobierno en todas sus instancias. Entonces, no hubo quien no se metiera a debatir sobre la propiedad privada, en todos los medios y en cualquier espacio donde se encontrara la gente, se intercambiaba y se imponía hegemónicamente que el respeto a la propiedad privada está por encima de, incluso, del respeto al derecho humano de tener un lugar para vivir.

Pero no fueron en esos lugares tan hostiles a las necesidades populares donde sólo se debatió el tema. También caló como espina en los sectores más progresistas de nuestra población: algunes llamándose a silencio para no contradecir al Gobierno actual, otres hablando lo justo y humanamente necesario, pero no menos desconfiados sospechando que detrás había una “mano oscura desestabilizante”.  Claro que para muches se hizo insostenible después que Berni se paseara triunfante en una tierra arrasada por la represión.

¿Qué nos deja Guernica?

Nos deja una experiencia totalmente transferible en muchas otras luchas que se encaren por Tierra para vivir y producir, luchas que la necesidad hace crecer en distintos territorios.

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Más allá que los movimientos territoriales no organizamos la llegada de les vecines a esas tierras, con bajo perfil al principio, fuimos ayudando a consolidar una forma de organizar el territorio, las familias, la salud, los feminismos, las niñeces, la autodefensa, el espacio urbano y la comunicación. Las organizaciones que conformamos esa mesa permanente fuimos varias: FOL, Frente Popular Darío Santillán – Corriente Plurinacional, OLP Resistir y Luchar, MTR Votamos Luchar, Barrios de Pie – Libres del Sur y el MULCS. El MST y el Polo Obrero la conformaron hasta dos días antes del desalojo. La Gremial de Abogades representó legalmente a les vecines. La mayoría de las organizaciones aportamos compañeres para organizar esas comisiones y se sumaron una cantidad importante de voluntaries, como en la comisión de salud, con compañeres que teniendo formación en el área, brindaron su tiempo a pensar y construir formas nuevas de devolver a su pueblo lo que han aprendido. Se dedicaron de lleno a llevar adelante atención a la salud de manera diaria y a preparar todo lo necesario ante la posibilidad inminente del que desalojo fuera violento.

Una comisión de urbanismo fue conformada por profesionales, estudiantes universitaries, que lograron armar una propuesta de barrio posible y viable en esas tierras. Lo presentaron en la propia causa judicial, difundiendo la posibilidad de cumplir el sueño de muches niñes que esperaban seguir jugando donde se había pensado el espacio para una plaza.

Fue fundamental el trabajo de muches militantes de las organizaciones con experiencia en el tema y con les que recién se iniciaban, en mesas de coordinación donde se puede decir que, tantes unes como otres, asumían con el cuerpo una batalla que no iba a ser fácil, como no lo es nunca cuando la tierra es el elemento de disputa.

Las organizaciones que fuimos parte supimos dejar de lado el protagonismo, nuestras formas, muchas veces egoísta, de actuar, para dejarlo todo sujeto al consenso y al respeto de lo que se iba acordando. Eso fue de suma importancia, porque así lo fueron percibiendo vecines que por primera vez se acercaban a organizarse.

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Las que sí fueron protagonistas muy importantes fueron las delegadas, y hay que decirlo en femenino porque ellas fueron las que sostuvieron sin idas y vueltas el laburo mas cotidiano organizando con los pies en el territorio cada día que se estuvo allí. Estas  compañeras, más allá que llegaron allí por una necesidad individual, supieron transformarlo en una lucha colectiva sin dudar un instante de que ese el rol que debían asumir para organizar la lucha.

La asamblea transfeminista surgió como un hecho en sí político, donde nos encontramos mujeres, trans travestis, no binaries, organizadas o no, pero para les que no estaban en el territorio era una forma de abrazar a las que batallaban desde adentro y para las que resistían en tierra firme, una manera de organizarse y no estar soles ante todas las violencias que aparecían, que no eran distintas y ni más ni menos que las que enfrentamos en nuestros barrios, espacios de trabajo, en los lugares que transitamos. Las Consejerías, en especial, asumieron tareas concretas de acompañar casos de violencias y abusos. A pesar de visibilizar el Estado, un número importante de mujeres que estaban allí con sus hijes, escapando de violentos (57 casos detectados en el primer censo) respondieron a esta situación con más violencia a la hora de decidir desalojar con 4.500 efectivos policiales.

Tierra para vivir, feminismos para habitar fue la consigna que se hizo bandera porque ya no se puede volver atrás. Todo lo que se consiga, construya u organice, imposible no pensarlo desde los feminismos, como principio de todas las organizaciones que luchamos contra el patriarcado y el capitalismo.  Pensar los barrios libres de violencias hacia las mujeres y disidencias, que las niñeces puedan estar más seguras, es también parte de lo que se estaba gestando en ese territorio.

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Después de la represión: seguimos organizades

La represión y el desalojo, encabezados por Berni, vinieron a tratar de detener una ola de tomas que se esperaba y que suele suceder desde los años 80, en nuestro país, cada vez que se agudiza una crisis económica donde el pueblo termina pagándola con el hambre y en la calle. Pero a casi un año, siguen habiendo intentos de recuperación de tierras. Y para estes vecines, para sorpresa de muches, Guernica no significó una derrota, su desenlace no significa que haya que descartar la experiencia, sino que por el contrario, es un ejemplo de organización en unidad. La lucha por tierra para vivir no empezó ni terminó con Guernica.

Después de ese 29 de octubre de desalojo, represión y tristeza, las organizaciones seguimos sosteniendo ese espacio de unidad y con les delegades se reorganizó a las familias y comenzó otra etapa de lucha, ya sin estar en el territorio de nuestros barrios recuperados. Las asambleas y el espacio conformado por las organizaciones se mantienen hasta el día de hoy,  avanzando en la firma de la pre-adjudicación de lotes con servicios. Una gran parte de esas familias están en camino de conformar un barrio comunitario partiendo de la base de la enorme cantidad de acciones solidarias y colectivas, de las intervenciones que se dieron ante los actos violentos contra mujeres y personas trans, dentro de la recuperación y que, en asambleas, se las rescata para que sean la piedra fundamental del barrio por venir.

Paralelamente, se organizan otros espacios de lucha por tierra para vivir y producir donde participan muchas de estas organizaciones  Se articulan las recuperaciones de tierras y compas de Guernica comparten su experiencias intercambiando con otres que actualmente se encuentran resistiendo. También se aborda la problemática habitacional conformando espacios de coordinación con inquilines, vecines de edificios ocupados, etcétera. Un amplio movimiento por vivienda y tierra se abre paso, poco a poco.

La lucha por Tierra para Vivir sigue y seguirá mientras existan necesidades y mientras nuestro pueblo se siga organizando y aprendiendo de cada experiencia. Guernica sigue en pie de lucha tratando que esas familias tengan un lugar donde habitar y seguir organizades. Desde las organizaciones populares de nuestro país debemos construir un programa colectivo, parido desde abajo, que se proponga destrabar los nudos de la injusticia, la dominación y la dependencia. El ejemplo de estas luchas pervivirá si lo desarrollamos en un programa colectivo de Tierra para Vivir y para Producir.

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