Canarias, ni cárcel ni tumba

La sexta edición de la Caravana Abriendo Fronteras se desarrolló en las Islas Canarias entre el 17 y el 24 de julio. Más de 300 personas provenientes de distintas comunidades del Estado español, de Italia y de Francia, se sumaron a las organizaciones locales para denunciar las políticas represivas europeas frente a la migración y al gobierno de España como su ejecutor.

Desde 2019, por la denominada ruta canaria han llegado a las islas miles de personas originarias de África, lanzándose al mar en busca de mejorar sus vidas y las de sus familias, y escapando de violencias de todo tipo. Muchas otras no llegaron, desde enero de 2020 se han registrado más de 2.500 muertes en esa misma travesía. Quienes sí sobreviven son encerrados en campamentos insalubres durante meses, sufriendo todo tipo de padecimientos y violaciones de sus derechos. La realización de la Caravana en las islas de Gran Canaria y Tenerife buscó visibilizar y denunciar lo que allí ocurre con las personas migrantes, en un contexto de fuerte actividad turística, con afluencia de veraneantes del norte europeo, fundamentalmente. Durante los ocho días que duró la Caravana pudimos escuchar testimonios y conocer de primera mano las historias de personas migrantes a las que han apresado en los campamentos y en los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIEs), y de familiares de desaparecidxs y muertxs en las travesías.

La Caravana Abriendo Fronteras reúne más de cien colectivos de todo el Estado español que desde hace seis años se juntan durante una semana con otros grupos europeos para visibilizar y denunciar las políticas represivas y racistas frente a la población migrante. Se inició en Grecia en 2016 y desde entonces se ha desarrollado anualmente en Melilla, Italia, Ceuta y la frontera sur española, con actividades en diferentes ciudades de España e Italia en 2020 (debido a las restricciones por la pandemia) y volvió a reunirse este año en las Islas Canarias. Entre sus múltiples objetivos, busca consolidar una red internacional de solidaridad de doble vía, con y desde las personas migrantes y refugiadas, que pueda documentar y dar visibilidad a las violaciones de los derechos humanos en los territorios de frontera, tránsito y acogida.

En 2020, en Canarias las fuerzas represivas improvisaron dos campamentos[1] para retener a cientos de migrantes que pretenden encontrar trabajo allí o trasladarse al continente. Han pasado por allí más de 10.000 personas el último año, llegado a albergar a la vez a 2.800, hacinadas, mal alimentadas, sin atención médica adecuada y con controles policiales permanentes. A las mujeres y lxs niñxs lxs llevan a otro albergue en Santa Cruz de Tenerife, menos visible aun, donde son sometidxs a estudios de filiación, ignorando su palabra, sus vínculos afectivos y desconociendo su cultura comunitaria y sus formas de crianza y familia. Se habló de los problemas de salud física y mental que sufren las personas retenidas en los campamentos, gestionados por empresas disfrazadas de ONGs (Cruz Roja y ACCEM) que reciben cuantiosos recursos para la asistencia de personas migrantes y a las que les conviene que el problema no se solucione, para mantener su negocio.

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Además, en el Estado español hay siete CIEs[2] donde trasladan a personas que caen en controles policiales por no tener documentación en regla y que por esa falta administrativa terminan presas allí, donde son víctimas de todo tipo de violaciones de sus derechos. Cuando una persona es interceptada por la policía -en redadas racistas en las que piden documentación a las personas de rasgos étnicos no europeos- es trasladada inmediatamente al CIE, sin mediar acción alguna para protegerla ni proteger a sus hijxs o familiares a su cargo. Allí pueden permanecer hasta 90 días y, en la mayoría de los casos, son liberadas sin resolver su situación administrativa y habiendo ocasionado fuertes daños a sus ya precarizadas vidas (pérdida de trabajo y alojamiento, desprotección de sus familias, etc).

A los campamentos, los CIEs y los controles racistas se suman las acciones de Frontex, la empresa privada que recibe fondos de la Unión Europea para el control de fronteras y que también fue denunciada por la Caravana, al igual que los gastos para maniobras militares en el océano, con tremendas consecuencias ambientales, y la fabricación de armas para alimentar conflictos bélicos en África y medio oriente. Genocidio y ecocidio van de la mano. No es casualidad, no es casualidad, aumenta la pobreza y el gasto militar, se cantaba. En Canarias se contabilizan 690 militares y 4 trabajadorxs sociales por cada 100.000 habitantes.

Tejer historias, encontrarnos en relatos comunes 

En la Caravana Abriendo Fronteras pudimos conocer también las resistencias y las solidaridades que se tejen para apoyar a las personas migrantes, asistirlas en lo más básico (comida, ropa de abrigo, llamadas telefónicas a sus familias), enseñarles castellano, orientarlas en la regularización de sus papeles y darles a conocer sus derechos para pelearlos conjuntamente. Oímos historias de familiares que se juntaron para encontrar a lxs suyxs y reclamar respuestas ante las masacres y las desapariciones. Escuchamos a Miguel, hondureño, que perdió a su hermano en 2012 en la Masacre de Cadereyta, Nuevo León (México), y que vino desde su tierra a narrar esa historia y las muchas otras que acompañan desde el Comité de Migrantes Desaparecidos. Aimé nos contó sobre el Telar de la Memoria en el que las Madres Tunecinas tejen sus historias particulares en una historia común y así enfrentan las explicaciones individualistas y las miradas culpabilizadoras. Abu nos habló de las múltiples fronteras que debió sortear en su travesía de dos años desde Camerún hasta la costa del Sáhara para subirse a una patera en la que pudo haber muerto, de la lengua que debió aprender a la fuerza, de la discriminación que sufre a diario buscando trabajo, de la identidad robada a los pueblos del África. Teo nos narró cómo lograron dar sepultura en el Cementerio de Agüimes (Gran Canaria) a quince personas encontradas muertas en una barca en el océano y que el gobierno pretendía dejar en una fosa común, sin nombres ni posibilidades de identificaciones futuras, y que una vecina les lleva flores todas las semanas para que sus almas sepan que no las olvidan. Amanda nos contó su historia de mujer migrante trans, que logró salir de una red de explotación sexual y que sigue denunciando a través de las redes sociales las complicidades de políticos y policías. Nos habló Sukeina sobre las acciones que puso en marcha la Red Migrante de Tenerife para asistir a las personas más afectadas por la pandemia y de su lucha de más de 45 años por la libertad del Pueblo Saharaui, víctima de los negociados entre los sucesivos gobiernos españoles y la monarquía marroquí, con el ocultamiento cómplice de los medios de comunicación. Lala, subida a los zapatos de taco que quiso tener desde que era chica y vivía en el Campamento de Refugiadxs de Tinduf, nos contó que tuvo ‘el privilegio’ de estudiar y hoy es una de las abogadas que asesora a las migrantes, porque convirtió su privilegio en responsabilidad. Éstas y muchas otras historias se sucedieron en grandes rondas de escucha y solidaridad, buscando encontrarse en historias comunes de uno, otro u otro rincón del mundo. María González Reyes las presenta en sus relatos, Instantes de la Caravana.

Más conocemos, más nos indignamos. Las actividades de la Caravana se realizan en espacios públicos. Ocupar las calles, las plazas, las playas, las entradas de las bases militares, las puertas de las instituciones públicas y de los periódicos cómplices de las políticas represivas. Ocupar con cantos, gritos, pancartas, tambores y bailes, con alegría y también con rabia. Ocupar para que se vea, se oiga y se sepa. Se habló en castellano, euskera, italiano, francés, wolof, árabe, inglés, catalán, distintas lenguas exigiendo lo mismo ¡todas las vidas importan!

 La Caravana Abriendo Fronteras busca visibilizar lo que los medios de comunicación no cuentan: ¿por qué estas personas dejan sus países de origen? ¿de qué situaciones escapan? ¿qué responsabilidades históricas y actuales tienen los gobiernos y las empresas europeas? ¿a quiénes les convienen las fronteras y la criminalización de las personas migrantes? CIEs, redadas, vallas y fronteras, así se construye la riqueza europea fue uno de los cantos más recurrentes durante los largos recorridos de las manifestaciones por las zonas turísticas de las islas. Se reclama el derecho a migrar y también el derecho a no tener que migrar por culpa del saqueo y las guerras. La explotación colonial no es parte de la historia, sino de un presente de expolio sobre el que se erige la sociedad del consumo ilimitado, que prefiere invisibilizar la mano de obra migrante que recoge la fruta, cuida de lxs ancianxs, limpia baños y satisface deseos en los prostíbulos. Allí pone el foco la Caravana y suma su esfuerzo al de muchos colectivos de todos los colores y procedencias que gritan fuerte ¡ninguna persona es ilegal!

Caravana Abriendo Fronteras https://abriendofronteras.net/

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[1]Las Raíces en La Laguna (Tenerife) y en el puerto de Arguineguín, Las Palmas (Gran Canaria).

[2]Están ubicados en Madrid, Algeciras, Valencia, Barcelona, Murcia y dos en Canarias: Las Palmas y Fuerteventura. Los CIEs de Madrid y Las Palmas se erigieron en antiguas cárceles del franquismo.


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