El regreso definitivo de Perón: 20 de junio de 1973. “Ezeiza”, visto por canal Encuentro.

Especial para ContrahegemoníaWeb

  • ¿Mijo? – lo llamó. El hombrecito asomó la cabeza con precaución. Gastaba unos bigotes espesos, que se movían al compás de su enorme nuez de Adán. (..) Venga, siéntese. ¿Es verdad que hay un millón de personas ahí abajo? Cuando lleguemos será el doble. ¿Y si se desbocaran, como los caballos?
  • No se preocupe, mi General – entró Rucci, sobrador -. Hemos tomado el aeropuerto y toda el área del puente. Tengo a miles de muchachos fieles repartidos en las rutas de acceso. Si hace falta, van a dar la vida por Perón.
  • Eso, la vida por Perón – se oyó despertar a la señora.

“Eva decía lo mismo: hay que poner las montañas donde uno quiere, Juan.

Porque donde las ponés, allí se quedan. Así es la Historia”

Tomas Eloy Martinez: “La novela de Perón”.

El 20 de junio de 1973 fue el regreso definitivo de Perón al país. Ese hombre, que logró conquistar el corazón y la cabeza de la clase obrera producto de una política que tuvo un eje en los derechos sociales y otro en un nacionalismo asentado en estatizaciones regresaba al país, luego del largo exilio impuesto por los “de arriba”. La movilización superó las dos millones de personas. La derecha peronista integrada por el coronel retirado Jorge Osinde, otros miembros de la Triple A junto a la Juventud Sindical Peronista ocuparon el palco y dispararon a la muchedumbre: más de 300 muertos. Esos hechos fueron explicados en un documental novelado con fines de difusión histórica por el Canal Encuentro, durante la presidencia de CFK. Aquí algunos apuntes críticos sobre ese relato histórico y una pregunta: ¿por qué “censuraron” la voz del propio Perón cuando analizó los hechos? ¿De qué presente nos habla ese pasado?

El documental novelado se llama “La Masacre de Ezeiza, el fin de la primavera” bajo dirección de Maurcio Minotti, guión de Sabastián Braude y – dice en los créditos – “Contenidista”: Gustavo Álvarez.

Es un buen material didáctico, que reproduce la investigación realizada por Horacio Verbitsky en su muy documentado libro, Ezeiza. Sin embargo una lectura atenta descubre algunas omisiones no casuales que dan sentido al relato, la visión escogida y en un punto explica el diálogo entre presente y pasado que se pretende desarrollar.

Ezeiza significó el asesinato de más de 300 personas que fueron a “recibir al general”, fusilados desde el palco oficial del acto, y por eso cobra importancia saber a cargo de quien estuvo el operativo de seguridad.

El documental lo sabe y por eso destaca que el presidente Héctor J. Cámpora mediante un decreto presidencial puso bajo la responsabilidad del estado la organización de un evento que movilizaría a más de un millón de personas, como era lógico. Sin embargo el aparato estatal debía actuar junto a una comisión operativa creada por Perón desde Madrid, llamada Comisión de los Cinco e integrada por Ignacio Rucci y Lorenzo Miguel por la dirección sindical, López Rega, el coronel retirado Osinde junto a Norma Kennedy por las alas ultraderechas y Juan Manuel Abal Medina – aclara el locutor – por la Tendencia (sic).

Sin embargo en esa referencia hay una omisión importante: la Comisión impulsada por el Presidente de la República fue desautorizada de hecho por el propio Juan Domingo Perón, quien – como se dijo – impulsó su propia Comisión alejando así de la organización del Acto oficial al propio Ministerio del interior, según explicó a la prensa el entonces Ministro Esteban Righi. Es decir, Perón decidió desplazar la seguridad del acto de la órbita del estado. La comitiva designada se conformó por peronistas que estaban en las antípodas ideológicas, no solo del ala izquierda sino hasta del sector “camporista” que pretendía institucionalizar el proceso de transformaciones sociales a través del “pacto social” y la valoración de la democracia formal. La Comisión estaba íntegramente conformada por la derecha y ultraderecha del movimiento: la burocracia sindical junto a los fundadores de la Triple A. El único moderado era Juan Manuel Abal Medina, hermano de Fernando, fundador de Montoneros, pero muy distante – no como dice el documental – política e ideológicamente de la Tendencia. Al obviar estos datos en el documental, Perón queda excluido de cualquier responsabilidad, y pareciera que la Comisión de los 5 salió de una “planta de repollo”. Esta es la primera exculpación de Perón realizada por los documentalistas.

Un segundo tema para comprender la mirada de los directores es el recorte que utilizan para analizar el acontecimiento. Lo enmarcan en un ciclo que arranca con la asunción presidencial de Héctor J. Cámpora, el 25 de mayo de 1973. Destacan allí la disputa al interior del peronismo entre la derecha referenciada en los Sindicatos/ CGT y la izquierda en la JP/“Tendencia” (“ninguneando” a otros, como al Peronismo de Base, más críticos del propio Perón) para cerrar – a modo de balance – caracterizando los hechos como “prólogo a los oscuros años por venir”. Todo acontecimiento histórico es la expresión visible de una coyuntura histórica más amplia y como tal debe recortarse. Lo “extraño es que deciden –remarcando más un sesgo que un “punto de vista” – concluir el análisis del acontecimiento el mismo día 20 de junio, obviando el profundo significado que tuvo para los tiempos por venir el 21, día en el que Perón habló e hizo su balance – y a contrario sensu del documental – acusó de lo sucedido no a la derecha – como muestra el documental – sino a la izquierda, a los “infiltrados” dentro del “movimiento”.

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Peronistas y antiperonistas

Es común caracterizar al período histórico 1955 – 1973 como de enfrentamiento entre peronistas y antiperonistas. Y durante toda la resistencia ese binomio tuvo un sentido político, marcado incluso por la hegemonía de la clase obrera dentro del primer término: Los hijos de Fierro (Solanas dixit) luchaban, organizaban comisiones internas y cuerpos de delegados, sufrían persecución, torturas, asesinatos defendiendo derechos conquistados y para lograr el ansiado regreso del “General”. Sin embargo, pasados los años una mirada más atenta puede observar que – pese a la hegemonía obrera – en ambos bandos actuaban diferentes fracciones de la burguesía, tanto la oligopólica concentrada nacional, como la trasnacional. Y los perseguidos eran obreros, mayoritariamente de identidad peronista, aunque para reprimir a la clase, los “gorilas” no distinguían en si eran peronistas, comunistas u otra cosa: las FFAA y su Doctrina de la Seguridad Nacional era clara en cuanto al “enemigo interno” que debían aniquilar. A su vez es indudable que la “identidad peronista” durante la resistencia se nutrió de otras matrices política e ideológicas (Fanón, Marx o China, Vietnam, Cuba) aparte de las elaboradas por el propio Perón.

A partir del Cordobazo se produjo un fortalecimiento de las izquierdas – dentro y fuera del peronismo –. Las derechas debatieron “tácticas”, dudaron y finalmente se unificaron contra el enemigo común, y consideraron como camino posible que lo mejor era buscar la institucionalización del peronismo: todo de la mano de un “gorila histórico” como Agustín Lanusse. La correlación de fuerzas les demarcaba que la “pacificación” posible era con parte del peronismo, y hasta tenían expectativa en el propio Perón, como afirma el diario La Nación (19.7.1973) como expresión de las clases dominantes y el establishment: “existe una coincidencia de hecho entre las fuerzas políticas decisivas de la política argentina: el ejército, Perón y la jefatura de la UCR”. Y en un sentido en Ezeiza parece romperse aquel clivaje de peronismo – antiperonismo por otro más preciso de derechas – izquierdas.

A su vez, Ezeiza muestra que eran portadores de esa identidad peronista tanto las alas de ultraderecha (Lopez Rega, Osinde), la derecha sindical (Rucci, Lorenzo Miguel) o política (Jorge Antonio, Matera, entre otros) quienes compartían al enemigo común: el “comunismo”. Y también eran peronistas quienes habían asumido al peronismo como el camino a la liberación nacional y social: “la patria socialista”. Y en Ezeiza, Perón, ya ubicado en el teatro de operaciones intervino de manera clara para demarcar quienes eran los peronistas “leales” y quienes los “herejes”. El proceso histórico posterior ratificará su hilo conductor.

Perón, un dirigente político con fundamentos sólidos.

Perón era un hombre mayor, tal vez cansado pero no hay información de que hubiese perdido la lucidez. Incluso en sus intervenciones públicas irrumpía su carisma, con su “sonrisa gardeliana” o su semblante adusto y categórico si él consideraba que la situación lo requería. Su inteligencia estaba intacta. Y en rigor la decisión que tomó se corresponde con la coherencia de su visión política, ideológica y hasta cultural.

En el Congreso de Filosofía de 1949 fundamentó su doctrina que dio origen al libro La Comunidad Organizada. Allí precisó el papel que le asignaba a la clase obrera en la misma: los trabajadores debían organizarse gremialmente para actuar como factor de presión dentro del sistema, pero las decisiones políticas se tomarían desde el Estado, que arbitraría entre las diferentes clases. No existe en su filosofía un lugar para que la clase trabajadora tenga poder autónomo, luche por conquistar el poder del estado para sí ni existe en toda la conferencia ninguna referencia a que pueda – ni deba! – desplegar su actividad construyendo “poder popular”, desde abajo. Y aquel 21 de junio lo ratificaría: “Es preciso volver a lo que fue en su hora el apotegma de nuestra creación: de casa al trabajo y del trabajo a la casa, porque sólo el trabajo podrá redimirnos de los desatinos del pasado”.

Con esa matriz teórica y filosófica caracterizaría la coyuntura histórica y formularía lo que consideraba el camino a recorrer.

Ese mismo 21 de junio afirmó: “Conozco perfectamente lo que está ocurriendo en el país (…) Estamos viviendo las consecuencias de una postguerra civil que, aunque replegada o embozada, no por eso ha dejado de existir.” Y se propuso entonces “la pacificación del país”.

En el plano económico e internacional la situación también era complicada. Argentina ya no era aquel país beneficiado por la guerra mundial como en 1945, conservaba intacto su problema estructural de exportar “bienes salario” (carnes y cereales), requerir insumos importados para la industria, carecer de industria pesada, tener tierra improductiva por el desarrollo latifundista, etc. Por otra parte, la dinámica definida como “pare y siga” había ido profundizando el proceso de concentración y extranjerización de la economía. “La resistencia” responsabilizaba por ese proceso, que profundizaba la dependencia, a los monopolios, oligopolios y “terratenientes”. A ese cuadro se sumaba la denominada “crisis del petróleo”. Políticamente América Latina cerraba un ciclo: fue derrocado Juan José Torres en Bolivia, Bordaberry disolvió el parlamento en Uruguay, se produjo el sangriento golpe en Chile, permanecía la dictadura en Brasil desde 1964 y el eterno Stroessner en Paraguay. Solo quedaba de aquellas expectativas nacionales, populares y socialistas – y por poco tiempo – Juan José Alvarado en Perú. La exitosa ofensiva de EEUU en el continente contrastaba con la humillante derrota que estaba sufriendo en Vietnam.

Sin embargo, Perón había también acumulado fuerzas, y contaba con un recurso impensable en 1955: a medida que pasaba su exilio, él había sido legitimado por prácticamente todos los actores políticos relevantes. Los partidos y hasta grupos de presión lo respetaban (ya no era aquel “oscuro coronel”, el “demagogo”, el “tirano prófugo”, etc.) A su vez él correspondía con una fuerte valoración pública de la democracia formal – ¡sin proscripciones! – como el ámbito de las disputas políticas.

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En todos los reportajes otorgados en ese tiempo Perón destacaba que para superar esa “guerra civil” era necesario institucionalizar los conflictos y encauzarlos dentro de los espacios que garantiza la Constitución Nacional en cuanto a derechos civiles y políticos. Valoraba el rol de los partidos políticos y entre ellos centralmente se proponía abrazar como aliado al otro partido popular histórico, la UCR. Diálogo político, pacto social y reubicación del espacio de toma de decisiones como lo indicaba el artículo 22 de la CN: “el pueblo no delibera ni gobierna sino a través de sus representantes”. En rigor, su actualización doctrinaria remitía al lugar asignado a la democracia representativa y a los partidos políticos, no a un proyecto de liberación nacional y social o de “patria socialista”.

Por ese sendero institucional pretendía construir un proyecto que tenía como pívot determinante al Pacto Social, por lo que sumaba al papel del Parlamento otros actores de la sociedad civil: la CGE y la CGT. Respecto al capital confiaba plenamente en que el ministro de economía José Ber Gelbard podría amalgamar a las diferentes fracciones de la gran burguesía nacional y trasnacional, con hegemonía de la primera. Y que por su parte la CGT, dirigida por los dirigentes “leales” podrían – con la fuerza de su aparato y el respaldo político que él daba – contener a los trabajadores. En definitiva Perón aspiraba – como bien dice Benetti – a “estructurar un proyecto frentista democrático para reformular el capitalismo dependiente argentino”. El punto es que eso era para las alas izquierdas – como lo afirma la Revista Militancia, de Ortega Peña y Duhalde – neodesarrollismo, no socialismo.

El problema era que las izquierdas venían desde el Cordobazo hegemonizando a esas masas en estado de torbellino. Y sus experiencias durante toda la resistencia habían producido aprendizajes de prácticas de acción directas, asamblearias, horizontales, de “poder popular” y para ellas la palabra democracia no se limitaba a la formal, o participar aclamando sino a ser parte en la toma de decisiones, con un programa sustantivo, que el FreJuLi – en campaña electoral y por escrito – había ofrecido.

Perón – como expresión de aquel proyecto de alianza de clases entre la gran burguesía y los asalariados para modernizar la dependencia argentina – por convicción filosófica y visión política consideraba – lógicamente – que aquel estado de movilización popular con rasgos de autonomía política objetivamente conspiraba contra su proyecto. Y por lo antedicho parece claro que ese proyecto inicialmente estaba muy por debajo de las expectativas que las masas desplegaron en su nombre.

Para Perón, las masas, los trabajadores siempre fueron – a diferencia de para políticos liberales – parte sustantiva de su proyecto político. Entonces por convicción doctrinaria quiso primero disputar a esas masas a las que observaba organizadas pero bajo paradigmas demasiados “teñidos de rojo” y segundo, re – conducirlas. En sus orientaciones estratégicas del Manual de Conducción Política afirmaba: “Las masas no valen ni por su número ni por la capacidad de sus componentes: valen por la clase de dirigentes que tienen.” Su plan era – insistimos – disputarlas, no aniquilarlas por más que estuvieran mal conducidas por – como luego los caracterizará – unos “imberbes”

El Balance de Perón sobre Ezeiza y la inducida renuncia de Cámpora

El día 21 de junio Perón habló por Cadena Nacional, vestido de impecable traje a rayas, rodeado por López Rega e Isabel y más alejado del centro de la escena, el futuro renunciado Héctor J. Cámpora, según la descripción de Tcherkaski (Las vueltas de Perón). La imagen y el discurso íntegro – aún hoy obtenibles en youtube – no permiten confirmar la “foto” (aparece solamente Perón con lentes, leyendo su discurso) pero los realizadores igual decidieron no apelar a tamaño documento histórico. (https://www.youtube.com/watch?v=i8PXWD36FDI )

Allí Perón, el principal actor político de la Argentina tomó la palabra, habló, explicó (“somos las veinte verdades justicialistas”), acusó (“los que quieren infiltrarse en los estamentos populares o estatales”), advirtió (“los que quieren copar nuestro movimiento”) y se posicionó (“debemos retomar a la conducción de nuestro movimiento”) sin dejar lugar a dudas.

Justamente al inicio, el documental había señalado con acierto que en el acto de asunción de Cámpora se disputaban la izquierda expresada en la JP o “tendencia” frente a la columna sindical que los acusaban de “infiltrados” comunistas. El “conductor” definió “de qué lado de la mecha se encontraba” él en esa disputa. En ese discurso del 21 de junio Perón no fue contemplativo ni apostó a contener – como tantas veces lo había hecho moviendo el péndulo táctico para mantener su vector estratégico – a todo el amplio movimiento. En ese 21 de junio jugó su poderoso capital simbólico para estigmatizar, hostigar y buscar aislar a las alas izquierdas del peronismo pero que en ese caso – por matriz ideológica – ampliaba a otras territorialidades políticas y culturales que se habían vuelto – en esa guerra civil larvada – tendencialmente “anticapitalistas”.

Esa caracterización e iniciativa llevada a cabo por un Profesor en estrategia de guerra, por un “conductor de hombres” – como gustaba autodenominarse – no puede ser subestimada: sin esos pasos previos no habría derrota del enemigo a vencer, por unos medios u otros. Incluso cuando analizó el proceso vivido en Chile ratificó cuál era su ubicación y posición: Somos decididamente antimarxistas. Lo sucedido en Chile demuestra que Allende cayó víctima de su sectarismo, de su política tendiente al exceso (…)” ( Il Giornale D’ Italia, 27.09.1973.). Allende era para Perón el responsable, no EEUU ni Pinochet.

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La decisión de derrocar a Cámpora, cuya renuncia solo fue el acto formal del hecho, expulsar de la sucesión a Alejandro Bialet Maset y dejar a cargo de la presidencia al yerno de López Rega, Raúl Lastiri para que sea el encargado de “limpiar el terreno” antes de su asunción no dejó lugar a dudas. Su decisión de designar a Isabel como vicepresidenta ratificaba su voluntad de contar con la alternativa advertida, la última instancia: “Si no hay ley, fuera de la ley también lo vamos a hacer y lo vamos a hacer violentamente” afirmó en caso de no poder “poner en cinta” por la “vía pacífica” a un pueblo “maravilloso” que había sido – en su visión – “engañado” en su nombre.

El Documental realizó su primera “exculpación” al ubicar en igualdad de términos el decreto de Cámpora, con la Comisión de los cinco – verdadera responsable de lo sucedido- creada por Perón. La segunda remite al recorte temporal del acontecimiento: la periodización utilizada (25 de mayo al 20 de junio) le permite al documental eludir el lugar del propio Perón frente a los sucesos de “Ezeiza” y sobre todo respecto a los “oscuros años por venir”.

¿Por qué el documental “censura” la palabra del propio Perón?

El objetivo de ese recorte del hecho histórico es poder seguir considerando a Perón como el símbolo de unidad que permite darle continuidad a la grieta peronismo – antiperonismo/gorilas como referencia política obligada. Ezeiza mostró que los gorilas antipueblo disparaban desde el palco, no desde los aviones de guerra de la marina. Y esta vez “el conductor” no se fue en la cañonera para “evitar la guerra civil” sino que se quedó en el teatro de operaciones para conducir. No es un dato menor que el actor con mayor poder político real de la Argentina haya tomado esa decisión. Y el Documental no intenta explicar las razones – que las tenía – sino sencillamente lo oculta. Pareciera que nuevamente el esquema propositivo peronismo – antiperonismo se muestra potente como espacio simbólico de quienes le dan continuidad al proyecto neodesarrollista para el que Perón retornó al país.

A su vez el sesgo del relato y la épica de anuncio de “los oscuros años por venir” busca re –ligar en un mismo arco a las alas izquierdas y derechas del peronismo pero subsumiendo al de la “patria socialista” en el proyecto propuesto a su regreso por el propio Perón. Hoy dirían el del capitalismo “posible”, “normal” para un país periférico. La religión como concepto es la reunificación de lo antes escindido y en el documental Perón aparece como esencia inmutable, mito sagrado unificador de toda la feligresía

Sin embargo, como la dictadura derrotó física, cultural y políticamente al “peronismo revolucionario” y “las izquierdas”, el documental busca ahora unir religiosamente lo que el ciclo abierto en Ezeiza separó y que la restauración democrática – o “democraduras” como la llamaba Eduardo Galeano – permitió unificar aunque ya sin sueños emancipatorios por parte del justicialismo.

Atrás quedan conceptos tan caros al viejo a la identidad peronista y al propio programa del FreJuLi: La dependencia como problema salió de agenda y el neoliberalismo se discute dentro de su corset: en el 2005 se reconoció sin auditar el 76% de la Deuda Externa, equivalente a U$S 62.300 millones de dólares; entre el año 2003 y 2015 se abonaron en promedio U$S 67.060 millones de dólares. Con la deuda macrista se actuó de la misma manera: no se investigó, se intenta renegociar y mientras se paga. Recordemos la matriz neoliberal se asentó en dos leyes claves del año 1976: la de inversiones externas (Nº 21382) y de desregulación financiera (Nº21526) que siguen hasta hoy, a eso los “malditos noventa” le sumaron 58 tratados internacionales que someten al estado nacional a jurisdicción trasnacional, hoy 55 de ellos siguen vigentes. Existe además un proceso de concentración y extranjerización de toda la economía (62% de las exportaciones concentradas en 200 grandes empresas o los datos de la concesión de la Hidrovía Paraná – Paraguay hubiese hecho revolcar en su tumba a Scalabrini Ortiz). Claramente todo en el marco del modelo de acumulación de matriz extractivo exportadora y pro dependencia. En palabras de Feliz López “El ciclo del capital de nuestro país es hoy más que nunca heterónomo – no autónomo – bajo el control estratégico del gran capital con proyección internacional”. Y lo escribían estos autores antes del arribo de Macri. (Datos extraídos del libro compilado por Martín Shorr). Asimismo la flexibilización y precariedad laboral, juntos a la pobreza estructural se consolidó: durante la década– según INDEC / CIFRA – fue del 30%. Sumemos que a esa “naturalización” de los “nadie” dejó fuera de agenda lo que la tradición peronista llamaba “justicia social” entendida como trabajo estable y digno, salarios altos, convenios colectivos, junto al resto de los derechos sociales (salud, educación, vivienda, jubilación del 82% móvil etc.). Vale que de aquella posición discursiva del FreJuLi solo quedó la propuesta de la derecha peronista y de los moderados; nada del legado de la resistencia y la “patria socialista”.

Hoy el documental intenta aportar a la subjetividad de una unidad peronista. Ya no existe la incomodidad de aquellas masas movilizadas durante “la resistencia” que habían aprendido grados de autonomía política detrás de la “patria liberada”. Lo que sobrevive en el escenario político como hilo de aquel pasado con este presente son algunos pocos dirigentes de esa tradición de ayer integrados al “movimiento” dentro del reinventado camporismo moderado y la derecha “clásica” (burocracia sindical y políticos “de traje”) tratando de impulsar aquel viejo proyecto de autogestionar la dependencia e institucionalizar el conflicto. Y el documental propone integrar – no rechazar – al peronismo revolucionario pero no como idea fuerza sino como un bonito adorno en la mesita de luz. Y para eso debieron evitar la claridad meridiana que alumbró el 21 de junio de 1973.

Juan Bautista Alberdi escribió “Juzgar el pasado no es otra cosa que ocuparse del presente, y la falsa historia es el origen de la falsa política”.

Boedo, 12 de julio de 2021

Videos.

Documental “La masacre de Ezeiza”, Canal Encuentro: http://encuentro.gob.ar/programas/serie/8148/5557?start=#top-video

Discurso de Perón en cadena Nacional el 21 de junio de 1973.

Bibliografía consultada

Amaral, Samuel: Perón, del exilio al Poder, Eduntref 2004.

Cámpora, Héctor J.: La revolución peronista. Buenos Aires, EUDEBA, 1973

Shorr, Martín: Entre la década ganada y la década perdida. Buenos Aires. Batalla de ideas, 2018.

Pavón Pereyra: Yo Perón. Bs As, MILSA, 1993.

——————: Conversaciones con Juan D Perón. Buenos Aires,

Perón, Juan Domingo: Discursos 21.6.1973, 02 08.1973, 20.01.1974 y Reportaje Il Giornalle de Italia, 27.09.1973. En Obras Completas, Tomo XXIV, XXV y XXVI. Buenos Aires, Ed Docencia, 1987.

——————-: Conferencia del Exmo Señor Presidente de la Nación Juan D. Perón. En Actas del Primer Congreso de Filosofía, Mendoza, UNC, 1949.

—————–: Manual de Conducción Política, Ediciones Mundo peronista, 1952.

Taiana, Jorge: El último Perón, Buenos Aires, Planeta, 2000.

Tcherkaski, Osvaldo: Las vueltas de Perón. Buenos Aires, Sudamericana, 2016

Vazeilles, José: “De Perón el grande a Perón el pequeño” en Historia Argentina 1850 – 1983, Buenos Aires, Biblos, 2007.

Verbitsky, Horacio: Ezeiza. Buenos Aires, Contrapunto, 1985.

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