Norman Briski: “Mi camino siempre es hacia adelante, nunca miro el espejo retrovisor”

Contra viento y pandemia, el actor y realizador de 83 años va por más. Reestrenó la prestigiosa obra La conducta de los pájaros, planea hacer lo mismo en breve con 98.1 y ya trabaja en nuevos proyectos. Su visión del arte, el reconocimiento del público y el sentido de la existencia.

La situación sanitaria que azota al mundo sigue ahí, pero al protagonista de estas líneas el hecho lo afecta parcialmente. Convencido de que hacer es lo más importante, un actor de pura raza como Norman Briski continúa más allá de todo dirigiendo sus obras de teatro, produciendo o filmando como parte de una actividad incansable que a sus 83 años está lejos de abandonar.

Como parte de esa constante, en 2021 sus novedades arrancaron ni bien comenzó el año. Por un lado filmó y estrenó 98.1, una obra teatral que escribió antes de la pandemia y que se transformó en una flamante película. Para lograrlo, durante los meses más duros del aislamiento se dedicó a filmar en el Calibán, la sala teatral que supo construir en pleno barrio de Monserrat y que oficia de cuartel general para la totalidad de sus proyectos. La trama de la obra/película hace foco en la inercia de la vida cotidiana y sus consecuencias sobre los seres humanos. Planea reponerla en breve.

Por otro lado, Briski reestrenó recientemente la tercera temporada de La conducta de los pájaros, la apuesta teatral que dirige y que escribió junto con Vicente Muleiro, en la que las preguntas flotan en el aire. “¿Es posible estudiar la conducta de los pájaros? ¿Es atrapable la posibilidad de un cambio social?”, son algunos de los cuestionamientos que ambos autores lanzan en una propuesta que cruza las vidas de Rosa Luxemburgo y Manuel Ugarte en un mismo escenario. “La idea era trabajar atravesando inconvenientes pero con alegría, entusiasmo y cierta rebeldía porque parece que a los artistas, cuando hay oposición, nos aflora una terquedad productiva. Así que ni siquiera 2020 fue un año perdido para mí”, sostiene Briski.

–Recientemente repusieron por tercer año La conducta de los pájaros. Evidentemente, hay una necesidad por parte del público para volver a verla. ¿Cómo recibiste esa expectativa?

-Esta fue una obra que exigió en sus orígenes más de un año de construcción. La escribimos con Vicente (Muleiro) y la ensayamos casi 15 meses. Fue un esfuerzo y me alegra que se la reconozca porque se trata de una trama que resucita a Rosa Luxemburgo y Manuel Ugarte. Ellos compartieron un encuentro de la Internacional Socialista en el siglo pasado, pero mucho más no sabemos. Así que nosotros creamos un diálogo imaginario entre ambos, donde se entiende que hay disidencias en torno a caracterizaciones sociales, sobre todo porque Rosa fue una revolucionaria y emblema ejemplar, que produjo una sacudida notable en la sociedad alemana en los prolegómenos de la llegada de Hitler. Y Manuel estaba ligado a las costumbres sociales de Latinoamérica, casi como si fuese un rescatador antropológico y, por otro lado, no es reconocido como un vanguardista. La obra trata de las discusiones hipotéticas entre los dos y se vincula con aspectos actuales porque lo que quiere esta historia es discutir nuestra realidad para entender dónde estamos parados hoy.

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–La obra tiene música de Fito Páez. ¿Cómo se dio su participación?

-Nos conocemos desde hace muchos años y siempre quisimos trabajar juntos. Él se ofreció desinteresadamente, entregándose a lo que consideraba importante para poder ayudar. Me dijo que extrañaba la alternativa experimental de la música y se entusiasmó con hacer algo diferente a lo que todos cantan o bailan. Fue un placer enorme trabajar juntos, vino a los ensayos y trabajó la música con un gran compromiso.

–La obra obtuvo muy buenas críticas. ¿Te sorprendió tanta aprobación?

-Yo siempre soy cauto con eso o con lo externo. Creo que se dieron cuenta de que hay una instancia de retomar un teatro que en general no se encuentra. En este caso se trata de una enorme crónica que no se usa mucho en el teatro, pero los dispositivos escénicos lograron tener espectacularidad con un tema que podría ser pesado, como leer un libro de historia, y que en este caso no lo es. Creo que la respuesta fue grande por la necesidad de escuchar cosas importantes de la historia universal que están un poco escondidas.

–Con respecto a 98.1, ¿por qué decidiste filmar luego de su estreno formal presencial?

-Eso es consecuencia de la pandemia. Creo que hoy es más fácil filmar que hacer teatro, porque te permite desarrollar más cosas, inclusive la grandeza de la compaginación. 98.1 se ofrecía especialmente por tener un aspecto cinematográfico, entonces la idea era cómo escapar de la imposibilidad del teatro durante gran parte de la pandemia para seguir dando a conocer una obra que tiene mucho para dar. Seguramente, muy pronto, vamos a ponerla a disposición del público para que también puedan verla en su versión cinematográfica.

–¿Entonces ese formato esencialmente te brinda libertad?

-Exacto. Es libertad y un protocolo que no perjudica ni a actores ni a técnicos. 98.1 trata sobre la inercia y es todo lo que estamos viviendo de lo vivido. Por ejemplo, la inercia de la campaña de Roca en el desierto tiene su monumento en una avenida y llega a nosotros como inercia. Esa historicidad de los hechos ocurridos sigue en la inercia del tiempo. Pero también esta obra habla sobre la inercia del amor, en el recuerdo, por ejemplo, en las parejas que están conectadas por el odio o por el amor, por aquello que pasó. La inercia es un valor no reconocido que en el escenario se vuelve puro concepto teatral.

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–¿Recordás cuándo sentiste por primera vez que eras alguien respetado profesionalmente y que ese factor te permitía elegir tus trabajos?

–Creo que fue con La fiaca, a finales de los ‘60, que nació como un fracaso y después se volvió un éxito teatral terrible de público, algo totalmente inesperado. La hicimos unos tres años a teatro lleno y luego fue al cine con más éxito todavía. Ahí comencé a ver ciertas cosas de otro modo.

–La película es de 1969 y te llevó a una popularidad que permanece en la conciencia de la gente. ¿Lo sentís de esa forma más allá del tiempo?

–Lo que puedo decir es que todavía la gente se acerca, a pesar del tiempo transcurrido, a saludarme por ese papel. Es algo que agradezco, lógicamente, pero no me regodeo con eso para nada porque no me interesa perpetuarme en una sola película cuando hice más de ochenta (risas). Hoy siento que hacer La fiaca sería todo lo contrario a lo que significó en su momento y a lo que pasa en nuestros días. El personaje central de esa película estaba disgustado con la explotación de ir todos los días a trabajar y quiere quedarse en su casa. Hoy ves a miles de personas haciendo cola para pedir trabajo: las cosas han cambiado muchísimo. Ese momento de La fiaca tal vez no haya sido un momento de inercia sino una etapa más creativa y ligada a la existencia. Hoy estamos todos ocupados en la cuestión de poder sobrevivir y no pensando en lo existencial. Hoy se piensa en cómo salvarse porque es un momento feo, especialmente para los que tienen poco y nada.

–Tu carrera tiene más de 60 años de cine, teatro y televisión. ¿Con todo ese recorrido hiciste un balance de lo hecho?

–Uno ha leído a Borges y otros autores que tuvieron muy buena relación con la nada. Así que veo todo lo que hice, pero no veo mucho, no hago balances todavía. Aunque es muy probable que esté cerca de hacerlo. Mi camino siempre es hacia adelante, nunca miro el espejo retrovisor. No me importa lo que hice hace mucho y si tuvo o no tuvo éxito, aunque, si soy reconocido, mejor. Quiero mantener siempre la capacidad de seguir jugando con mi profesión. «

La conducta de los pájaros

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De Vicente Muleiro y Norman Briski. Dirección: Norman Briski. Actúan: Juan Washington Felice Astorga, Guillermo Bechthold, Federico Rodríguez Moreno y Eliana Wassermann. Viernes a las 19 en el Teatro Calibán, México 1425.

Vacunas y dos hijas acróbatas

Norman Briski pudo completar su esquema de vacunación contra el coronavirus. El hecho le dio algo más de tranquilidad para seguir trabajando incansablemente, como lo viene haciendo desde hace tantas décadas, y para seguir disfrutando de sus hijas, las mellizas Sibelina y Galatea de 5 años de edad. “Afortunadamente, pude vacunarme con las dos dosis. Sentí un poco de alivio cuando me vacunaron porque de esta manera tenés menos riesgo con un virus que es muy lábil. Por otro lado, todas estas medidas gubernamentales me parecen muy lógicas, aunque entiendo muy bien lo que significa no poder ir a trabajar para ganarse el sustento”, aclara.
“En este contexto, tener dos hijas parecería que es una ventaja porque juegan mucho entre ellas y también inventan juegos. No he sufrido esa intoxicación que supone estar encerrado porque vivo en una casa grande; ahora, lo que sí sufro son las acrobacias que hacen las dos niñas, porque se suben a todos lados y eso me produce miedo, mucho miedo. De vez en cuando hay accidentes, aunque por suerte no ha sido nada de temer, pero me siento muy frágil frente a eso. Así que les pido por favor que no se suban al piano o se tiren de tal o cual lado. Son chicas muy ágiles y tienen mucha energía para vender”, concluye Briski.

Algunas de sus películas emblemáticas

Psexoanálisis (1968). “Fue rodada en una época muy psicodélica que vivíamos en la Argentina. El guion era de Héctor Olivera y se trata de la vida de un tipo que se hace pasar por psicoanalista. En aquel tiempo el tema del psicoanálisis no era muy habitual, por eso fue novedosa. Es una comedia que recuerdo muy gratamente.”

La fiaca (1969). “Si bien, como diría Discépolo, la fama es puro cuento, La fiaca fue una de esas películas muy exitosas con las que pude disfrutar del reconocimiento de la gente. Cuando llegó al cine la obra teatral de Ricardo Talesnik ya era conocida y con la película todo se hizo mucho más grande.”

El corazón del bosque (1979). “Esta es otra de las películas que me gustó hacer cuando estaba exiliado. Es una producción española muy linda, dirigida por Manuel Gutiérrez Aragón. Uno a veces está conforme con lo que hace y otras, muy satisfecho. En este caso debo decir que estoy muy conforme.”

Fuente: Tiempo Argentino

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