Una experiencia pedagógica sin precedentes.

El pueblo Mapuce, una nación es el título de un libro que es y no es un libro. Podríamos decir que es un objeto cultural que combina formas para dar a conocer gráficamente la concepción cultural de un pueblo que no tiene alfabeto y cuya trasmisión de conocimientos es oral desde hace milenios.

Desde el punto de vista editorial está organizado en cinco capítulos con sus ejes temáticos. Pero cada página (o cada dos páginas) un artículo desarrolla algún aspecto específico del tema. En total son 74 artículos distribuidos entre esos cinco capítulos. Cada uno con su respectivo título y sus ilustraciones.

Los cinco títulos de los capítulos así organizados se refieren a 1) La historia de un pueblo vivo. 2) Un pueblo, una nación. 3) La sabiduría (kimvn) Mapuce. 4) El sistema de vida (kvme felen) 5) La revitalización de una identidad. El contenido de los textos recibió el visto bueno, luego de varias lecturas y meses de meditación, relectura, entrevistas y más conversaciones, por parte de Jorge Nawel, el logko, de la Confederación Mapuce de Neuquén. Y además del logo de la editorial que lo publicó, Pido la Palabra, también lleva el logo de la Confederación Mapuce de Neuquén.

El libro evade algunos caminos: 1) No es un libro académico/antropológico sobre la cultura mapuche. 2) No es un ensayo histórico político sobre la sociedad mapuche. 3) No es una investigación periodística sobre el mundo mapuche. 4) No es una narración sobre los mapuches. Y al evadir estos caminos ingresó en uno desconocido, al menos en nuestro país: dar forma alfabética y textual a la expresión de una cultura, la Mapuce, que no las tiene. Desde ese punto de vista es la traducción al castellano de una oralidad ancestral que, por ignorancia o por intereses mezquinos basados en la codicia; se ha tergiversado, ocultado, despreciado o, como mínimo, desvalorizado.

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Los autores son Silvio Winderbaum y Hugo Alvarez, lo que en primer lugar evidencia que la fuerza de la nación Mapuce logra conmover y hermanar a individuos cuyas raíces y pertenencias territoriales ancestrales nada tiene que ver con aquella. Esto seguramente es “un algo” que Jorge Nawel debe haber tenido en cuenta al momento de decidir recorrer este camino tan incierto junto a los traductores de su cultura. No puede dejar de señalarse también que el editor del libro fue el enorme Diego Arguindeguy, fallecido hace pocos días, quien dispuso su inmenso caudal de información y capacidad de elaboración para aportar ajustes fundamentales a los borradores originales.

A esta dificultad se agregó otra: el texto está escrito con un lenguaje directo y sencillo, casi coloquial. Podrían ser las desgravaciones de clases docentes, cortas y concretas, sobre cada título. En ese sentido también es un texto pedagógico. Y eso fue un acuerdo de partes evidente entre los tres actores principales de esta insólita aventura: dar a conocer a quien quiera saber requiere que no haya necesidad de importantes conocimientos previos para entender. Y esto es lo que se logra. Los autores dan a conocer a quien quiera saber, no sólo a quien pueda entender.

El Prólogo de Marcelo Valko, especialista en antropología relacionado con el genocidio de los pueblos originarios y afrodescendientes, destaca que el libro es “una herramienta de recuperación del newen, de la energía proporcionada por la ancestralidad y el territorio y se inscribe en un proceso de rescate identitario que se produce en ambos lados de la cordillera”.

La propuesta editorial ya había sido ensayada por Silvio Winderbaum en una serie de textos publicados por su editorial dirigidos – con el mismo criterio pedagógico – a la lectura de los estudiantes de primario avanzados y a su entorno familiar brindando una mirada crítica e indagadora sobre el entorno social, histórico y cultural de la Patagonia. Pero también aportando a la docencia una herramienta útil para transmitir conocimientos masivamente y generar debates sobre los problemas que se suscitan a diario en la vida cotidiana del alumnado y sus familias.

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Por todo lo dicho, la propuesta de El pueblo Mapuce, una nación podría ser parte de un “poema pedagógico”, una experiencia pedagógica en el sentido planteado por Anton Makarenko, que permita apreciar, descubrir y valorizar, la mirada de la nación Mapuce sobre su propio universo y el mundo de sus conquistadores: el capitalismo destructor de la naturaleza, de los afectos entre personas y de las sociedades humanas en equilibrio con la naturaleza (como la Mapuce). El mayor riesgo de la propuesta es que la divulgación impone normas, una de ellas es la generalización de conceptos. Y estas generalizaciones sobrevuelan profundidades (filosóficas, metodológicas, históricas) que en algún momento son necesarias de abordar porque explican las causas del triunfo de la conquista “civilizatoria” y la opresión y explotación del presente. Sin embargo, la propuesta puede considerarse como la presentación de los cimientos de esa experiencia pedagógica, aquellos que permiten imaginar nuevas elaboraciones producto del debate colectivo generado en miles de estudiantes, docentes y sus familias sobre El Pueblo Mapuce, una nación. ¡Allá vamos!

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