Cortázar en Buenos Aires, entre los jazmines y Alfonsín

En Baigorria los jazmines anticipan la primavera. ¡Explotaron! Llegar de vuelta a casa al atardecer o asomarse en cualquier momento al jardín es encontrarse con ese maravilloso aroma dulzón.

Y por una de esas extrañas asociaciones de la memoria me fui casi 40 años atrás.

Comienzos de diciembre del ’83. Días muy especiales en nuestro país. Faltaban apenas pocos días para la asunción de Alfonsín, la dictadura huía en estampida y ya para todxs se había iniciado la “primavera alfonsinista”.

Yo hacía los cursillos de ingreso en la Facultad de Humanidades y trataba de no perderme cuanto festival, marcha, recital o cualquier otro tipo de encuentro artístico, político o cultural que se presentase.

Era parte entusiasta del algo más del 50% de votantes del Presidente que iba a dirigir el retorno a la democracia.

Y, por si algo faltara, nos enteramos de que Cortázar estaba de visita en el país. ¡Todas las emociones juntas!

La asociación viene porque recordé una frase de Julio en aquel momento -creo que era el título de un reportaje- en donde explicaba su viaje diciendo: “Vine a recordar el olor de los jazmines”

Me puse a googlear.

Aparecen reportajes de la época y también notas escritas en algún aniversario posterior.

El tema central es la política: las expectativas con el gobierno de Alfonsín, la defensa de la revolución en Nicaragua. También, por supuesto, la literatura.

En relación a su viaje explica que vino a visitar a su madre que estaba por cumplir 90 años y que había conseguido “un pasaje barato”.

En el interior de algunas notas aparece el tema de los jazmines.

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En unos pocos días hay varios encuentros con periodistas o gente de la cultura. También uno casual y apoteótico con una movilización de jóvenes que marchaban por la emblemática calle Corrientes en una de las tantas convocatorias de los organismos de DDHH. Y la foto se destaca la figura de Cortázar y no solo por su altura.

Una nota de Carlos Gabetta, publicada en la revista El Periodista -que él mismo dirigía- en febrero del ’85 recoge un momento de este encuentro que presenció:

“Julio estaba emocionado, agitado. Y entonces llegó hasta nosotros, esquivando las mesas como una mariposa, una mujer de unos dieciocho años que le estiró un ramo de jazmines, balbuceó algo ininteligible y se esfumó entre rubores. Julio se quedó un rato con el ramo en las manos, la cabeza gacha. Luego lo acercó a su nariz, aspiró y nos tendió las flores con una expresión de maravilla. “Huelan esto… jazmines del país. Con esta fragancia, no existen en ninguna otra parte”.

“Lo acompañé hasta su hotel a las dos de la mañana, atravesando solitarias calles de Buenos Aires. Luego de despedirnos en la puerta, lo vi dirigirse hacia el ascensor. Estaba visiblemente cansado, pero feliz, y llevaba en las manos el ramo de jazmines.”

Inexplicablemente, o no, Alfonsín no recibió a Cortázar. Una versión trata de justificar el desencuentro desde el desorden del equipo presidencial en esos días previos a la asunción. Otros hablan de que fue una decisión tomada para evitar el acercamiento con una figura que se podía considerar “muy de izquierda”. Se menciona a Luis Brandoni -entonces asesor cultural de Alfonsín- como el responsable de que no hubiera encuentro.

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En cualquier caso, por desinterés o definición, la primavera alfonsinista empezaba a mostrar sus estrechos límites.

Julio había venido a despedirse. Regresó a Francia y murió apenas 9 semanas después en febrero del ’84.

En Baigorria y en Buenos Aires, cada primavera, los jazmines siguen floreciendo.

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