«Las mujeres afganas necesitan ser salvadas y escuchadas»

Desde ANRed entrevistamos a Karina Bidaseca, a quién conocemos por haber contribuido desde su trabajo etnográfico en casos donde la justicia actuaba racializando a las mujeres como lo fue el caso de Reyna Maraz Bejarano, donde colaboró con un informe desde la perspectiva interseccional socio cultural como perita y también por el caso de la niña wichi de la Comunidad Lapacho Mocho en Salta, donde  acompañó socióloga. Su trabajo académico ha ido siempre de la mano de su aporte en casos concretos,  un aporte respetuoso en el que contextualiza este ser mujeres racializadas sin caer en relativismos culturales. Por su enorme trayectoria también en el estudio y su relación con mujeres subalternizadas de los sures del mundo, incluso de medio oriente, la entrevistamos para conversar sobre el conflicto afgano y las mujeres y cómo pensar estas realidades, distanciándonos  de lecturas e intervenciones coloniales pero sí desde una mirada de liberación de las mujeres y las niñas. Por Jessica Visotsky (ANRed) | Transcripción: Paola Vargas. 

Jessica Visotsky:  Si querés presentarte, ¿quién sos, a qué te dedicás?

Karina Bidaseca: Mi nombre es Karina Bidaseca. Soy investigadora principal del Conicet, profesora titular de la Universidad de San Martín y adjunta a cargo en la Universidad de Buenos Aires. Coordino el Programa Sur-Sur en Clacso y el grupo de trabajo Epistemologías del sur junto con mi colega María Paula Meneses. Dirijo la colección de Mujeres palestinas en la Editorial Canaán; fundé la editorial llamada “El mismo mar” con Kekena Corvalán y la Revista intersticios en la política y la cultura junto a Paola Gramaglia, Ana Britos, entre otras colegas. Escribí y compilé más de 30 libros sobre temáticas ligadas a los feminismos pos y descoloniales, afro feminismos, mujeres indígenas, mujeres del sur global, dentro de las cuales incluyo a las mujeres que habitan los territorios del sur, y numerosos artículos en revistas científicas. Los últimos libros estuvieron dedicados a trabajar con las estéticas feministas situadas en artistas como Ana Mendieta, Shirin Neshat,Trin T. Minha-ha. “Por una poética erótica de la relación” que es un libro que salió en 2020 y el reciente, “Ana Mendieta. Pájaro del océano” donde reúno la investigación de siete años sobre la obra difusa de la artista cubana.

JV: Nosotras lo que queríamos conversar con vos a partir de  tu trayectoria e investigación que hace a los feminismos descoloniales y la mirada, el aporte tan valioso que has hecho a partir de ese trabajo de las mujeres blancas pretendiendo salvar a las mujeres color café de los hombres color café y cómo esos conceptos que vos trabajas en ese artículo, pero a lo largo de todo tu trabajo nos parecen sumamente necesarios como herramientas para poder pensar hoy el conflicto afgano en relación a las mujeres. ¿Cómo podemos pensar esto que está pasando y cómo vos lo estás mirando?

KB: Mirá, el concepto de retórica salvacionista es un concepto modular en todas estas investigaciones desde que yo comienzo a fines de los años 90’, los tempranos 2000 a trabajar con los textos de las feministas poscoloniales como Gayatri Chakravorty Spivak, o Lila Abu – Lughod, con el grupo de estudios subalternos de la India. Me interesaba mucho la asociación de estos textos con mis trabajos en la tesis doctoral con las mujeres campesinas e indígenas en Argentina, por la lucha por la tierra y los territorios, así como también las becas que obtuve en CLACSO para trabajar con las mujeres sin tierra de Passo Fundo, o las quebradeiras de coco babaçu, en Brasil. Entonces, yo provengo de ese linaje, de más de 25 años, desde mis comienzos como estudiante de Sociología rural, abordando temas como mujeres y agencia feminista. Siendo consideradas como mujeres “pasivas”, “oprimidas”, y me estoy refiriendo a las mujeres campesinas, a las mujeres indígenas, mi propósito era discutir con la teoría feminista eurocéntrica desde el conocimiento situado. Y, de hecho, la definición de “retórica salvacionista” que yo trabajo tempranamente desde la tesis doctoral, a comienzos de los 2000, y que más tarde aparece publicada en este texto que vos citás “Mujeres blancas buscando salvar a las mujeres color café de los hombres color café…” que salió en México, y en otros artículos en Chile. Tiene que ver con un concepto que obedece a la ausencia del tratamiento del racismo, de la lesbofobia y de la colonialidad en las teorías feministas hegemónicas, en el sentido que provocativamente ubica esa analogía entre feminismo e imperialismo bajo lo que yo defino una retórica salvacionista. En otras palabras, cuando es el feminismo liberal eurocéntrico, que se apropia de lo que llamo la “mujerdeltercermundo” sin guiones que es un concepto que está referenciado en la obra de la feminista india, Chandra Tapalde Mohanty, como signo para justificar la intervención de otras naciones en nombre de los derechos humanos, de la paz mundial o de la democracia occidental. Entonces ese concepto surge desde ese lugar y va a ser modular en todas las investigaciones desde el caso consabido de la comunidad Lapacho Mocho en Salta, donde discuto la tesis acerca de la violación de esta “niña” Wichi, apoyándome en la tesis de a existencia de un colonialismo jurídico en Argentina; hasta también los trabajos que escribí por la defensa de Palestina entrevistando a mujeres palestinas y también las contribuciones que hago a partir del capítulo 5 en mi libro “Perturbando el texto colonial. Los estudios poscoloniales en Améria Latina” de Editorial SB, que es donde reviso todas las tesis de la Islamofobia creciente a partir del 9/11. Respecto del conflicto en Afganistán, sostengo alrededor de 7 u 8 tesis que me gustaría comentarte.

La primer tesis habilita a pensar en la Islamofobia y el terror global que imprimen los Estados Unidos en esta discusión post 9/11 entre occidente versus la barbarie. Es decir, por un lado la construcción de ese imaginario en el que Occidente otrifica a Oriente o a todo lo que está más allá de esa línea imaginaria, congelando a estas poblaciones a pasados arcaicos, mediante la exotización de personajes que tienen estereotipos muy fuertes, y que produce una inferiorización de los pueblos de oriente. Prácticamente esto es una influencia decisiva del gran intelectual Edward Said, pues todos los que trabajamos con textos ligados a movimientos de mujeres, Islam y mundos árabes nos inspira el concepto de “orientalismo” de Said por cierto y también en trabajos de otras colegas como Lila Abu-Lughod “Sentimientos velados”; o el libro de Zahra Ali “Feminismo e Islam” o Houria Boutledjia o también otro libro, “La cárcel del feminismo” de Sirin Adlbi Sibai. Hay muchos textos que fueron fundantes de toda esta discusión que hace mucho sentido desde el feminismo descolonial que brega por la descolonización de las mujeres. Volviendo a las 7 u 8 tesis en que estoy trabajando, la primer tesis sería la creciente islamofobia y ese binarismo Occidente vs la barbarie, como ya te mencioné.

La segunda tesis tiene que ver con historizar los procesos políticos, pues, generalmente lo que se hace es un fetichismo culturalista de estos procesos. O se toma una vestimenta como es la burka, que es la vestimenta más extrema por la forma del enrejado en el rostro, para justificar la invasión a Irak por parte de los Estados Unidos. Es decir, esta segunda tesis tiene que ver con la importancia de historizar esos procesos políticos en la región, que además, es una región que viene de una transición muy importante entre la decrepitud de los imperios y la construcción de las naciones, los procesos de paz y democratización de estos países por medio de la vía de la occidentalización. Creo que una primera pregunta que me surge es si la modernización es sinónimo de occidentalización, pues creo que muchos textos o análisis que leo en estos días confunden modernización con occidentalización.

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Una tercera tesis tiene que ver con una tesis que le pertenece a María Paula Meneses, que es una colega mozambiqueña con la cual vengo trabajando hace muchos años en las Epistemologías del Sur. A modo sintético, su tesis fue constatar que la guerra fría se libró en los escenarios del tercer mundo. Si vamos al caso afgano, hay informaciones que evidencian el financiamiento de estos grupos extremistas, sabemos que han librado estos combates luego de la retirada de la tropa soviética en 1989, y por lo tanto esta tesis se constata. Afganistán ha sido un escenario de la guerra que continúa. Cuando ocurre la salida de las tropas soviéticas, sabemos que se produjeron enfrentamientos entre facciones muyahidines, hecho que dio lugar a la emergencia de los talibanes y, luego, al establecimiento del Emirato Islámico y a todo lo que conocemos. Cuando en realidad como dice Pedro Brieger, la toma del poder por los talibanes acontece en el año 1996 y es amplia la repercusión mediática que provoca, que incluyamos la palabra talibán en nuestro lenguaje como sinónimo de fanatismo. En verdad en lenguaje pashtun que es un idioma talibán es simplemente como nos señala, el plural de talib que significa estudiante. Fíjate cómo ese significado luego tiene otras resonancias en las amplificaciones de esa palabra que se transforma en sinónimo de terrorismo.

Hay una cuarta tesis que es la que trabajo que es la de cuerpos-territorio y aquí me gusta citar por supuesto el potente trabajo de Rita Segato, textos que son fundantes en estos temas como el de feminicidio en Ciudad Juárez. Es decir, mi tesis es que el guión de esos fundamentalismos  globales, locales, culturales, religiosos, se escriben en el cuerpo de estas mujeres, sean mujeres palestinas, sean mujeres afganas, mujeres musulmanas... Este es el trabajo que sostuve en mi libro publicado por Prometeo “La revolución será feminista o no será. La piel del arte feminista descolonial” de 2017.

Lo que es interesante es como aparece una quinta tesis, que tiene que ver con el velo como la metáfora de la ocupación de Afganistán y de las mujeres. También aparece en otras discusiones de las mujeres veladas. Presente en el libro de Frantz Fanon “Sociología de la Revolución”, en el capítulo “Argelia se quita el velo” que cito en mis libros muy tempranamente, que son lecturas de muchos años que tengo. Fanon trabaja con el velo como sinónimo del desvelo, interpretando qué produce en la fantasía de los franceses, es decir de los colonizadores, el desvelar esas mujeres. Esas analogías las tomo también para el caso de la ocupación de Afganistán, que se reduce a una discusión sobre el uso del velo y las condiciones de las mujeres. Está entroncado a las discusiones de los años 50’ en medio de los procesos descolonizadores de los países africanos. Y es el caso de Fanon cuando habla en su capítulo de cómo el hombre occidental intenta desvelar a esa mujer quitándole el velo, penetrando en esa mujer, penetrará en esa comunidad. Y también tomar a esas mujeres como parte de las batallas occidentales por el velo lo que ubica la disputa territorial de sus cuerpos. Los colonizadores, decía Fanon, tenían muy en claro que ganar a las mujeres significaba ganar el valor de esas mujeres para la causa colonizadora. Porque la mujer es quién desempeña dentro de la familia el rol de la economía, la socialización, el cuidado, la educación. Entonces ganando esas mujeres para la causa de la colonización significaba ganar a las propias comunidades.

Hay otra tesis que trabajo donde me pregunto para el conflicto actual en Afganistán, el interrogante que me planteé hace 15 años atrás: ¿Estas mujeres necesitan ser salvadas? ¿Son nuevas retóricas salvacionistas? Si lo son, ¿Por qué?. En primer lugar, me importante escuchar de las voces de las propias mujeres sus testimonios. Yo trabajo desde hace más de 15 años con lo que llamé una teoría de las voces, que habla de los silenciamientos, de las voce sofocadas, y de la escucha de esas mujeres. Lo trabajé a partir de un texto mío de los años 2009/2010 donde profundizo en las voces subalternas, en las voces sofocadas tomando los trabajos del historiador indio Ranahit Guha. Es decir, en todo desempeño revolucionario las mujeres son sofocadas, sus voces son silenciadas, son también infantilizadas. Es decir la voz de las mujeres no tiene la misma amplificación que la voz del varón, menos en los procesos de la colonización. Si tomamos y leemos a RAWA esa asociación revolucionaria de mujeres de Afganistán, ellas dicen finalmente que esa intervención de los EEUU no las liberó. Es decir, la intervención y la ocupación de más de 20 años de Estados Unidos termina por contradecir su principio justificatorio de la invasión: no liberándolas, en realidad las deja en un lugar mucho peor. Primero porque se retiran también los organismos internacionales de ayuda humanitaria y segundo porque ellas van a ser víctimas de lo que llamo dobles patriarcados. Es decir van a ser víctimas del patriarcado existente en sus sociedades, y van a ser víctimas del patriarcado del colonizador. Se produce lo que Rita Segato, llama un reforzamiento del patriarcado, hiperinflación del poder de los varones, o lo que Julieta Paredes llama un entroncamiento patriarcal. Bajo mi mirada lo que se refuerzan son las prácticas patriarcales en esta alianza entre varones colonizadores y colonizados como explica Segato, para subyugar a las mujeres del tercer mundo o del sur global y dejarlas vulnerables a la representación de los discursos feministas del primer mundo, liberal y “blanco”. Aquí aparece algo muy interesante en las imágenes que están circulando los últimos días, hay una imagen de un bebé que es arrancado por los soldados y pasado hacia el otro lado del alambrado. Hay un bebé frágil, tironeado en esa disputa por salvarlo al bebé y aquí me pregunto entonces ¿por qué esa imagen está circulando con tanta fuerza? ¿Es que ahora también los bebés necesitan ser salvados del terrorismo que impera en la región?.  Y creo que esa imagen es muy interesante como flujo del capital, cómo una imagen circula como flujo del capital de un lugar cuya acción heroica del soldado es que tiene que ser arrancado de la barbarie. Y también, claro, fundamentalmente las mujeres afganas necesitan ser liberadas del yugo de los talibanes. Ya no sería simplemente lo que yo trabajé en mi primera tesis en el texto que salió en revista “Andamios”,  “Mujeres blancas que necesitan ser salvadas por sus propios varones color café..” sino que además necesitan ser salvadas por el terror de los talibanes, que producto de las acciones militares y la fallida intervención de Occidente. Aquí aparece no una vieja retórica salvacionista sino una nueva retórica salvacionista que viene investida de una nueva lectura que hay que hacer acerca de este contexto. Considero que muchos de los artículos que vemos pulular por el espacio cibernético están desacoplados de los contextos culturales, entonces se ha tomado el concepto de retórica salvacionista como si fuera un concepto abstraído que puede funcionar en cualquier lugar, y a mí me parece que no es así. De hecho cuando yo trabajo con ese concepto me pregunto: realmente, ¿funciona o no funciona para colaborar en la ética de una investigación comprometida?, y ello implica observar los contextos culturales. Por eso cuando realizo etnografías con las mujeres, decidí llamarlas etnografías feministas post heroicas porque realmente lo que me interesa es descentrar el heroísmo presente en las guerras, las guerras de esta nueva era, que son guerras difusas, que son guerras no convencionales. Si bien las mujeres habían sido siempre víctimas de la violación tumultuaria recién es hasta el año 1992 cuando las Naciones Unidas se ocupan de titpificar estos crímenes de guerra. Había sucedido los matrimonios forzados con niñas, como son los que están sucediendo sin dudas en Afganistán, o hay una amenaza de que van a suceder, y también violaciones tumultuarias, pues cada ejército que invade lo primero que hace es plantar la bandera y ocupar el territorio femenino, es decir, el cuerpo femenino violando a las mujeres. Así la ONU en el  año 1992 considerará la violación tumultuaria de las mujeres como un arma de guerra utilizada para vencer al enemigo.

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Por otro lado, hay otra tesis que me gustaría también trabajar y que tiene que ver con el hecho de la similitud entre los talibanes y los islamofobos. ¿Por qué? Porque tanto los talibanes usurpan el territorio en realidad de un modo del cual podríamos decir ya no se trata del invasor externo, como Fanon trabajaba para la tesis de Argelia, sino que hay una apropiación del territorio bajo el terror, bajo la imposición del terror. Y, por otro lado, la ideología del terror global instaurada pos 9/11 por los Estados Unidos y la CIA implica una ocupación y apropiación de esa retórica salvacionista para fundamentar un proyecto geopolítico de guerra que ellos llaman terrorismo global. Entonces creo que es muy importante saber qué (nos) dicen las mujeres, cómo esas mujeres están viviendo esta guerra, estos dobles patriarcados. Y no caer en la victimización de esas mujeres, es decir no confundir que aquella mujer por vivir en Oriente, o porque use velo necesariamente sea una mujer oprimida. Porque hay también un discusión muy interesante que tiene que ver con resignificar el rol de las víctimas. Y aquí mi trabajo propone ello, valiéndome de una fotógrafa, una artista visual muy reconocida, Shirin Neshat, que es Iraní. Ella ha sufrido la expulsión de ese país y se refugió en los Estados Unidos y habla de cómo a su regreso a Irán desconocía a su país, habitado ahora por una exacerbación de los fundamentalismos religiosos, producto de las invasiones de Estados Unidos y el apoyo de los países europeos en los países de Oriente. Y esto también lo trabaja en la serie Mujeres de Alá, en la fotografía que toma de una mujer con velo donde lo que parece ser un pendiente, lo que asoma es el cañón recortado de un arma. Lo que está imprimiendo esa imagen tan potente, es la reversión de esa mirada opresiva sobre las mujeres, depositando la capacidad agencial en ellas para devolverle al espectador/a una agencia femenina y feminista. Y me parece muy interesante el lenguaje de las artistas para trabajar en procesos tan traumáticos para estas mujeres como es lo que hace Shirin, al incrustar letras, frases, de otras poetas farsí que han sido exiliadas por el régimen iraní. Ellas las inserta en la fotogrfia en el rostro de esta mujer para recuperar un tejido colectivo, un tejido sororo con las mujeres que están siendo víctimas de estos patriarcados imperialistas y autóctonos, y también de la lectura de los feminismos liberales, eurocentricos y hegemónicos y sus retóricas salvacionistas.

JV: Que interesante todo, muchas de las cosas que te iba a preguntar las respondiste. Ayer leía  una nota donde mencionaban un comunicado de mujeres desde el feminismo islámico en Argentina, desde organizaciones que están planteando que hay que exigir que los gobiernos den refugio a las mujeres afganas. En línea con eso cuál pensás que es el lugar de las mujeres del mundo hoy en relación a este conflicto como expresión de solidaridad pero una solidaridad de estrechar lazos que no sean coloniales en línea con lo que veníamos conversando?

KB: Vemos imágenes de mujeres escapando o intentando escapar. Si uno hace una mirada por google aparece mucho la BBC, mucho El País, digo medios hegemónicos en la disputa por esa narración. Creo que lo que se está dando en estos momentos es una disputa por el relato de este mundo. Lo que vemos que impera realmente es una ficción de paz, como decía Zizek, vivimos en un mundo en guerra, solamente que pensamos que vivimos en paz. Eso me parece interesante discutirlo primero porque cuando nosotros nos dejamos llevar por esa ideología imperialista confundimos al feminismo que es un movimiento enmancipatorio con un movimiento que está más cercano a la ideología de los Estados Unidos de acuerdo a la tesis del terror global, es decir a la securitización. Tampoco me parece que es válido caer en una mirada relativista cultural acerca de los procesos. Porque de hecho como defensoras de los derechos humanos que somos de las mujeres, disidencias, cuerpos disidentes, cuerpos no normativos, etc, creo que debemos propiciar la posibilidad de reflexionar cuándo nuestro discurso está interviniendo para oprimir más aún a esas mujeres. Y cuando nuestros discursos y nuestras praxis pueden ser solidarias y pueden pensar que el mundo tenga herramientas de sensibilización pero también herramientas que les permita expandir la visión sobre el mundo. Incluso yo encuentro que hay voces que están hablando de Afganistán sin haber estado en Afganistán, yo misma no me siento cómoda hablando de un lugar que desconozco abstrayéndolo del contexto político, cultural, geopolítico, me incomoda mucho tener que hablar “sobre”. Sí me siento cómoda con los casos que yo investigo, que conozco, que acompaño, que milito y me siento mucho más cercana a eso. O en verdad con todas las discusiones con las que me implico relativas a la discusión con los feminismos hegemónicos del norte, liberales que oprimen aún más a esas mujeres. Hay un texto maravilloso que doy en mis clases, como soy docente leo muchísimo hace muchos años y charlo mucho con mis estudiantes, el texto de Saba Mahmood que sobre Teoría, agencia y revivalismo islámico. Lo que Mahmood trabaja es justamente la idea de que depositar o no agencia en las mujeres del sur, del tercer mundo, de Oriente o de América Latina y África depende de quitarnos o no las lentes epistémicas con las cuales miramos el mundo, a partir de conceptos que fueron creados en el propio Occidente. El concepto de agencia, el un concepto de resistencia en Foucault o en Butler performatividad de los géneros, no necesariamente puede ser trasladado acríticamente a contextos donde no fueron dados esos conceptos.

Soy una defensora a ultranza del pensamiento situado, es decir de ubicar los conceptos en los contextos en los cuales nacen o hacen sentido. Considero que eso es tener profundo respeto por las propias mujeres. La escucha antropológica que habla Rita Segato, la escucha de estas mujeres es clave para poder colaborar con los proyectos de ellas, de elles, eso creo que es lo que falta. Vemos todo el tiempo a personas del ámbito académico en las redes traduciendo las voces de esas mujeres. Todo el tiempo escuchamos hablar sobre pero no cerca de, eso es lo que me produce realmente como una sensación de colonialidad permanente o colonialismo perpetuo. El hecho de tomar esas voces como propias sin haber conversado con ninguna de estas mujeres y sacar conclusiones apresuradas.

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JV: Estos días entrevistamos en ANRed justamente a partir de estas miradas, en un vivo a dos compañeras  afganas que están en Cataluña, a pesar de los problemas de conectividad algo se pudo conversar. Estas dos chicas estaban en Cataluña pero una hermana estaba en Kabul escondida, y con Dilan, compañera de Kurdistán que están también solidarizándose desde la región con las compañeras afganas;  es fundamental y no se han visto en las redes voces de las propias mujeres que atraviesan los conflictos.

KB: Claro, testimonios, lo que necesitamos son testimonios de ellas no necesitamos mediaciones o traducciones académicas. Yo lo que quiero es escucharlas realmente a ellas, porque sino lo que estoy haciendo en realidad es tomar conceptos de otras autoras y ubicarlos en diferentes contextos y desacoplar esa discusión, es decir, volverla una discusión abstracta. Por eso insisto en que las tesis que trabajo tienen que ver con historizar los procesos, con escuchar a esas mujeres. La teoría de voces que es parte de mi investigación y de mi ejercicio metodológico que doy en mis clases es ejercer esa escucha de esas voces bajas como decía Guha que son sofocadas tanto por el estatismo como por el terrorismo como por los gobiernos imperialistas. Siempre en el medio hay mujeres y generalmente esas mujeres son puestas en el lugar de esas víctimas cuando lo que como feministas tenemos que lidiar siempre es con la etiqueta de víctimas. Es decir no re-victimizar a esas mujeres pensando que la agencia femenina está del lugar de la occidentalización o modernización. Creo que también hay una terrible confusión con la modernidad y la occidentalización, no necesariamente son sinónimos. La modernización, la idea del progreso está muy vinculada en algunos países con profundas rupturas. La artista Shirin Neshat dice el mundo iraní en el cual crecí es muy distinto al mundo iraní al cual ella vuelve 20 años después. ¿Por qué?, porque en el medio hubo una revolución y esa revolución reforzó los valores patriarcales hacia esas mujeres porque eso significaba la defensa a ultranza contra los valores occidentales. Entonces lo que en realidad hacen los países imperialistas, con el pretexto de salvar a las mujeres, de dar refugio o de la ayuda humanitaria es reforzar valores tradicionales, patriarcales en sociedades que ya comenzaban a transitar por otros discursos hacia otras lógicas más emancipatorias y creo que esto es necesariamente algo que Occidente -a mi no me gusta hablar de Occidente porque es como homologar la figura de Occidente-, pero que necesariamente las naciones imperialistas deben replantearse. ¿Por qué se utilizan las mujeres con burka, por qué siempre el feminismo islam suele plantearse como algo indisociable, por qué como dice Zarha Ali en ese libro feminismo e Islam resulta evidente, cito de ella, sólo las musulmanas son designadas por su religión?. Se imputa al Islam una influencia fundamental en sus condiciones de vida. De este modo más general se denomina con el término “mundo mulsumán” a un conjunto de países, lenguas y culturas muy diferentes que abarca varios continentes. Hablar de mundo musulmán y de la mujer en el Islam parece tratarse de una evidencia, hacerse eco de prejucios e ideas preconcebidas. Creo que es fundamental porque cada vez que uno unifica, homogeneiza, lo que hacemos es cosificar, es congelar las identidades a un pasado arcaico y es crear también una idea de temporalidad siempre ligada a un pasado remoto. Lo mismo con las comunidades indígenas, porque en definitiva hablamos de mujeres indígenas, mujeres nativas, mujeres originarias en los países en los cuales nacieron.

JV: Más allá de esta incomodidad que vos decís, de hablar de esto, es muy valioso  el  aporte desde estos conceptos en un contexto como el que estamos atravesando porque hay una abundancia de discursos coloniales en las redes sociales

KB: El sufrimiento es infinito y el sufrimiento lo padecen las mujeres no nosotras que estamos de este lado opinando o comentando o intentando mediar cuando nadie (díceses, las mujeres afganas) nos llamó a hacerlo. Respeto mucho a quién pone el cuerpo en la escena de la batalla, porque son ellas las que están poniendo sus cuerpos y con qué derecho nosotras podemos sacar conclusiones tan apresuradas sobre procesos que están en carne viva o sea son heridas que no cicatrizaron aún. Hablo para las mujeres palestinas de sus cicatrices coloniales apelando al concepto de Mignolo de herida colonial, aunque me gusta hablar más de cicatrices coloniales, porque pienso que algunos registros van de a poco cicatrizando con todo lo que eso significa. Que las heridas quedan en la piel, que las huellas de esos traumas quedan grabadas como dice Rita en los escritos en los cuerpos, y que esos guiones fundamentalistas se escriben en esos cuerpos de estas mujeres. Y además porque creo que es fundamental pensar el infierno en que viven estas mujeres en el día a día que significa que un régimen talibán se imponga, qué significa que Estados Unidos no se retire todavía del lugar, qué significa eso en la vida cotidiana y creo que ahí hay mucho por hacer, por pensar, por traducir en el sentido de las traducciones que nos permiten que, también eso es un tema muy interesante, que todo lo que viene del otro mundo sea traducido a la lengua inglesa. Eso significa necesariamente que pasa por el filtro de la BBC o de los registros ingleses. Lo mismo pasa para las mujeres palestinas. Que hermoso es pensar que hayan ido las Madres de Plaza de Mayo a Palestina y hayan hecho ellas esa conversación entre mujeres eludiendo el registro colonialista de los medios que dejan sembradas geografías racializadas como dice Elise Aghazarian, una palestina académica que habla también de cómo se termina fetichizando de un lado y del otro la cuestión. Porque aquí hay que discutir ambos lados de la historia, y me parece que es hermosísimo cuando lo hacemos juntas, juntes las mujeres. Si algún título podría definir a este texto sería “Afganistán y sus mujeres” por ejemplo porque cada nación construye, depara cierto mandato para esas mujeres, y esas mujeres a su vez lo devuelven resistiendo y reexistiendo las formas de vida que ellas quieren finalmente vivir. Y creo que eso es muy importante porque lleva más tranquilidad a un lugar tan complejo. Por eso digo es tan interesante pensar la moralidad que hay en las consignas de ciertas feministas blancas, cierta moralidad que es todo un tema muy difícil tematizar. Cómo se construye una moralidad donde ellas terminan siendo víctimas de una representación que corresponde con ese contexto en el cual habitan, con ese territorio en el cual ellas reconstruyen día a día.

Fuente:Anred.org

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