¿Cuándo mejor que ahora para tensionar la ESI?

“La ESI es para ser libres”, “la ESI previene embarazos no deseados”,

“La ESI respeta la diversidad” “la Esi cuestiona modelos binarios”

“La ESI  promulga infancias libres y cuidadas”

“La ESI nos enseña a prevenir vínculos violentos y respetar nuestros cuerpos y el de lxs demás”, la ESI….la ESI….. la ESI….

        Se cumplen 15 años de la sanción de esta ley (26.150) devenida Programa Nacional de Educación Sexual  Integral y con ella van apareciendo gráficas, notas, videos en IG abordando su  importancia. Pero, como una vez escuchamos que “con la democracia se come”, no puedo dejar de pensar en la homologación de “con la ESI se es libre”;  y pienso,  “sin presupuesto y con desigualdades estructurales socio-sexo económicas ninguna de las dos son posibles”. Todo deviene una vez más, slogan y papel muerto.

       No se trata de ver el vaso medio vacío en estos 15 años de recorrido de una ley que apuesta a abrir posibilidades -y lo viene  haciendo –  para  mejorar la calidad de vida de todas las personas y que responde a una necesidad más que imperiosa tanto pedagógica como en términos de salud sexual integral en toda la región de América Latina y El Caribe. Sino de poner en tensión todo aquello que  hemos conseguido, que ha logrado hacer lugar para esta apuesta poniendo en movimiento conocimientos, prejuicios, modos de vivir la vida, accesos a la salud y a derechos básicos fundamentales en la construcción de una calidad educativa que contemple una perspectiva de género(s), no biologicista ni heteronormativa.

     Tensionar  para avanzar, tensionar para revisar, tensionar  para desarmar y construir. Tensionar como invitación para activar  las luchas que aún  nos quedan  como horizontes futuros  y presentes activos.

  • ESI: más que una ley, una  posibilidad:

     A la hora de abordar ESI hay, en general,  una tendencia al  estancamiento en su marco legal, que si bien es riquísimo y novedoso para su época,  en estos 15 años posteriores han sucedido   cambios  inmensos en cuestiones de derechos y formas de interpretar  y vivir las identidades sexo-genéricas (ley de matrimonio igualitario (26.618), ley de identidad de género (26.743) , ley   de cupo laboral trans (27.636) , ley IVE (27.610), etc)  Todos estos avances,  no solo  en el marco legal sino en lo que significa su impacto social y  en las formas de pensar y habitar  realidades y cuerpos, deben ser recuperados a la  hora de los abordajes marcolegalistas de la educación sexual integral;  que aunque no  estén contemplados  en sus artículos por imposibilidad cronológica,  están presentes en su espíritu emancipador  como  propuesta pedagógica y de una mejor vida.

    Ahogar las posibilidades de las potencias de este paradigma disruptivo del orden moralista  con la  continua  insistencia de abordar, como si fueran pasos a seguir, “los 5 ejes”[1] nos traslada a una visión acotada y conceptual. Invisibiliza la riqueza de debates posteriores, incluso dificulta la autorevisión para ampliar concepciones sobre la integralidad de esta educación que defendemos (qué significa respeto a la diversidad, qué es lo diverso, qué es la perspectiva de género en sentido no binario, qué concepción de cuerpo utilizamos cuando ponemos esta práctica a rodar, qué imaginario social tenemos de lxs estudiantes… etc etc etc ).

         Los avances de los feminismos y transfeminismos,  la lucha desatada de manera expansiva  desde 2018 para lograr el derecho al aborto legal, libre, seguro y gratuito, el movimiento contra las violencias que generó  resonancias inmensas desde “Ni una Menos”, las críticas a la institución heterosexual obligatoria, los debates en torno al lenguaje inclusivo, el uso de las redes sociales y las nuevas formas de vincularnos desde la virtualidad, la visibilización de las identidades transgénero y transexuales, los debates en torno a las expresiones no binarias etc, etc. Abrieron espacios riquísimos para ampliar los alcances de ESI – más allá de los contenidos curriculares en relación con los ejes irrenunciables-  y apostar a potenciarlos  para  corrernos  aún más de modelos biologicistas  y binaristas en los  que recaemos muchas veces  cuando  por ejemplo, trabajamos de manera recortada la  perspectiva  de género(s) tomando las desigualdades de oportunidades entre hombres y mujeres,  cayendo en la trampa del reduccionismo de las identidades sexo-genericas y trabajando, a parte, “lo diverso”.

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     ¿Cuál es el horizonte que pretendemos si aún diferenciamos en segmentos separados las  problemáticas? ¿no es seguir apostando a una jerarquización?  No es que esto no fuera contemplado  cuando se presentó y pensó el proyecto (2006),   pero al ser el mejor de los  resultados de una negociación difícil con sectores religiosos con gran peso político para obtener la ley, quedan expresados de esta manera  para abrir un camino hacia  el derecho a la educación sexual  integral desde las aulas. Ahora bien, esta estrategia ya la sabemos, ya la tenemos ¿vamos a seguir sin ampliar en nuestras prácticas su perspectiva solo por ajustarnos a un modelo legal?. ESI  es más que un punteo de conceptos a ser  desarrollados de manera expositiva como información de contenido,  es una puerta de entrada en sí misma para habilitar la posibilidad de expandir sus contenidos y temáticas en relación a la salud sexual  y calidad de vida, promover  y reconocer otros derechos.  Ensayemos mover la ESI de su marco institucional, expandamos sus límites en las comunidades, pongamosla en práctica como motor cuestionador de nuestro orden social.

ESI: se aprende con el bolsillo:

           La ley 26.150 garantiza además de  contenidos, el derecho a la formación tanto de lxs estudiantes como de lxs docentes. Aquí dos cuestiones: la formación durante la  formación  docente y la necesidad de capacitación continúa luego de los egresos y durante el ejercicio de profesión docente.

        De manera poco estructurada en muchos profesorados  se han ido instalado espacios curriculares de  “Educación sexual Integral”  de 2 a 4 hs semanales que de a poco se fueron cubriendo con diversos criterios (otra de las problemáticas gira en torno a quién sí y quien no puede formar en ESI). Más allá de este espacio y sus debates internos (las incumbencias problema histórico en educación en general) quienes pueden tomar estas instancias deben haberse formado previamente en “la materia” y esto supone haber  realizado diplomados, especializaciones  y cursos con aranceles, muchas veces  altísimos para costear.

     El Estado Nacional tiene la obligación de garantizar estas formaciones más allá de las elecciones particulares de formación que algunxs docentes  puedan y quieran realizar. Cursos online han sido el parche para estas capacitaciones que otorgan puntajes pero que, por un lado no generan un continuum  y segmentan las temáticas, y por el otro no suponen una formación en servicio, es decir, hay que darse el tiempo para poder acceder a estos primeros conocimientos aparte de las mil tareas docentes con las que cumplir (como ya sabemos no son solo “dar una clase”, la planificación, las reuniones, los materiales didácticos, la “creatividad” en aula, las 8 escuelas, las burocracias institucionales etc).

    Mientras cursos y cursos en ESI de todas las especialidades se ofrecen en formatos web, mediante instagram, encuentros virtuales, en fundaciones y asociaciones civiles con aranceles variados,  el Estado sigue sin poder resolver la garantía de la formación continua y en servicio  manteniendo cursos y capacitaciones aisladas, equipos técnicos que coordinan con esfuerzos algunas escuelas, que no preparan  en los procesos sino más bien difunden e informan.

   Sin presupuesto la ESI no puede ampliar horizontes ni garantizar derechos ¿cuánto dinero se destinó para educación sexual integral durante la pandemia y específicamente en situación de ASPO  2020/2021 (Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio)?. Materiales, capacitaciones continuas, consejerías en todas las escuelas, formación docente, actualización de recursos, acceso a wifi, etc etc. Siguen siendo terrenos de disputa para su real implementación. No es una obligación solo de lxs docentes/instituciones  que a voluntad deciden o no, poner en marcha una ESI en los centros de formación  a su gusto y posibilidad. Mucha obligación, poco derecho?

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ESI: Entre los contenidos curriculares y las necesidades territoriales:

         Entendemos como docentes  que los  lineamientos curriculares apoyan nuestras actividades y contenidos a trabajar en las aulas y en todos los niveles, pero ¿alcanza con eso? ¿debemos priorizar temáticas sobre otras? Una mirada situada de las necesidades territoriales aporta a una ESI en movimiento que responda o se acerque a los abordajes que las poblaciones necesitan  abordar.

        El Norte, sigue siendo El Norte, podemos debatir  un montón de cosas en las aulas pero ¿cómo hablamos de la libertad, de la identidad, de los no binarismos, de las expresiones de géneros ante poblaciones en las aulas  que, en su mayor porcentaje, son chicxs atravesadxs por las violencias familiares, los abusos sexuales y los embarazos no deseados  muchas veces acompañados por vínculos sexo-afectvos violentos o forzosos? Sabemos que no todo es lo mismo, que las aulas no son las mismas, ni las condiciones socio-económicas de las familias y estudiantes  que nos rodean con quienes compartimos  gran parte de nuestra vida. Sabemos entonces  que hay cosas que priorizar sin dejar de lado la riqueza de las temáticas, cada territorio jerarquiza en base a sus necesidades.

     En una mirada norteña, desde Tucumán, tierra de torturas a niñas que obligaron a parir  (caso Lucia[2]), donde  la prisión es la lección para aquellas personas que  aborten – de la manera y por los motivos que sean- (caso Belén[3]), donde las redes de trata y explotación sexual son moneda corriente (sospecha de ser  caso de trata Daiana Garnica, histórico caso Marita Verón[4]), donde el abuso policial termina en torturas y travesticidios (caso Ayelen Gómez[5] entre tantos otros), donde existe la invisibilización  de la existencia,  explotación y abuso en comunidades indígenas (caso de denuncias de abuso sexual en centro de salud de Colalao del Valle[6])   y un sinfín de casos de aberrantes violaciones a los derechos humanos, sexuales reproductivos y no reproductivos que hacen más que evidente la necesidad de reivindicar y poner en acto la ESI desde una mirada situada y territorial.

       Esto excede las formaciones esporádicas conceptuales sino que nos obliga a exigir al Estado  la  garantía de ESI  como derecho,  acompañada  y sostenida por  los derechos que la contienen  (tanto nacionales como internacionales)  destinados todos a la  protección de las personas para que la mejora de calidad de vida sea una realidad. 

   Según el informe bimestral del plan ENIA[7] en su monitoreo  septiembre- octubre 2020,  2305 docentes se inscribieron en  un curso virtual ESI/ENIA de los cuales sostuvieron 1810 y aprobó el 59% (1079) “obteniendo la certificación para poder replicar saberes en las escuelas”. ¿Alcanza  con un plan Nacional que forme mediante un curso virtual para la  réplica a 1079 docentes en todo el país? ¿Alcanza con 1666 escuelas en las que el plan está presente? ¿Bajo qué condiciones salariales trabajan éstos equipos de intervención?

   De 370 asesores/as en salud sexual en 1076 escuelas ninguno en tiempos de ASPO pudo presentarse a las instalaciones, lo cual se tradujo en  654 dispositivos para la consulta virtual  y la reducción de articulación con espacios de salud pasó de  460 a 51 servicios de salud. Estos son algunos números a nivel nacional. ¿Es suficiente el presupuesto para el plan ENIA para  garantizar ESI? ¿Es  la educación sexual integral solo ENIA?.

        En la provincia de Tucumán  funciona el Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable (25.673)  con sanción en el año 2003 que continúa sin  adhesión de  la provincia, lo cual implica otro recorte de presupuesto para su funcionamiento.  Son casi 20 años de una deuda atroz  que obstaculiza el ejercicio de  derechos sexuales y la articulación con una batería enorme de otros derechos  relacionados a la salud sexual integral entre ellos, la educación sexual integral en las instituciones,   cuya adhesión se confunde con   una mención polémica y controversial en la ley provincial de educación.

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      Ésta en su capítulo 2, art. 9 sección 13 expresa  “Incorporar a la propuesta educativa institucional la educación sexual integral, articulando los aspectos biológicos,psicológicos, sociales, afectivos y  éticos. Cada comunidad educativa, en la elaboración de su proyecto institucional, adaptará las propuestas a su realidad sociocultural, respetando su ideario institucional y las convicciones de’ sus miembros, conforme a lo establecido en la Ley de Educación Sexual,Integral”[8].  Un arma de doble filo ya que, mientras puede ser puntapié para  posibilitar en base a obligaciones docentes e institucionales el funcionamiento del Programa ESI, da libertades de interpretaciones institucionales peligrosas para la no adaptación o tergiversación de fundamentos científicos de los saberes en relación a la salud sexual integral a favor de una visión religiosa  moralizante. ¿Alcanza……?

       De acuerdo a las estadísticas de Unicef, en Argentina hay 10 partos por hora de personas con capacidad de gestar, son  adolescentes entre 10 y 19 años. Formosa, Salta, Jujuy y Santiago del Estero lideran los índices de embarazos no deseados. Tucumán  se encuentra muy cerca de estos promedios. Entre los factores se entrelazan situaciones de vulnerabilidad de derechos, abusos, desconocimientos, falta de acceso y/o ausencia de métodos anticonceptivos, relaciones forzosas, creencias religiosas, imposibilidad de acceder al sistema de salud, etc, etc.

    Por eso es imperiosa la articulación, adhesión y presupuesto  tanto  para los  programas ENIA y garantía de ESI, como para  Salud Sexual y Procreación Repsonsable. Una articulación que supere las instancias meramente formativas, que expanda sus límites hacia toda la comunidad y un Estado que sostenga económicamente los recursos y a lxs profesionales que ponen en marcha la promoción de los derechos. Pero  la casta política  se encarga de subvencionar religiones fundamentalistas anti-derechos,  hacer acuerdos políticos con éstos,  sostener en la curricula primaria como obligatorio el espacio “religión”, que en la secundaria se disfrazará de formación  ética en muchos casos dictada por sacerdotes y catequistas  en escuelas públicas y supuestamente  de corte laicas, haciendo la vista gorda a los derechos en salud sexual reproductiva y no reproductiva, ocupando las primeras filas de marchas y manifestaciones en contra del derecho al aborto de la mano de sectores que sostienen el movimiento “Con mis hijos no te metas”, que avanza cada día más en la obstaculización de los derechos de niñxs, niñxs y jóvenes adolescentes.  “Confundiendo”, por ejemplo, calidad de vida con mejoras de monasterios, girando plata para subvenciones de escuelas privadas con  una visión conservadora  y  castradora de los despliegues de las sexualidades, y vaciando de recursos a las escuelas y al sistema de salud para la calidad de vida que necesitan lxs tucumanxs en relación a la salud mental y la del cuerpo de manera integral.

       Son 15 años de una herramienta fundamental para avanzar en materia de derechos sexuales  reproductivos, no reproductivos, identitarios, disidentes. Una herramienta para seguir cuestionando el orden moral, colonial y heteronormado de la sociedad que habitamos, para revisar nuestras prácticas socio-eróticas-afectivas, para ampliar el panorama en términos de salud mental y  poner en jaque visiones capacitistas y cuerdistas a la hora de leer las “capacidades” humanas, para cuestionar los estereotipos hegemónicos no sólo de los géneros sino también de los cuerpos y las morfologías, para modificar nuestras formas de vincularnos desde  posiciones no moralistas y violentas, para seguir peleando por una educación laica, científica y afectiva al servicio de todas las personas.  Apostando a la mejora de la calidad de vida, el derecho al disfrute y sobre todo a la construcción de una pedagogía para los afectos que también exponga la dimensión capitalista de la educación conservadora, peleando por la igualdad de oportunidades, denunciando las desigualdades estructurales socio económicas y de clase que también se interponen a la hora de  garantizar ESI (no nos olvidemos que para Vidal  crear escuelas es en vano pues “ los pobres no van”, que para Bussi en Tucumán no es necesaria ninguna formación para lxs jóvenes del interior pues “son vagos”- o sea, pobres-) Nos queda un desafío enorme todavía para ampliar horizontes y posibilidades.

       Estos 15 años de camino es una invitación para pensar en una educación sexual integral con resonancias que apuesten a los saberes decoloniales, anti patriarcales, pero también anticapitalistas y para todas las comunidades.

 Por una ESI garante de derechos y cuestionadora de las opresiones. Por un paradigma pedagógico para las libertades que faltan y la afectividad que transforma.

Belén Barral

Imagen: andendigital.com.ar


[1] La ley ESI propone 5 ejes irrenunciables  en torno a su estructura, como ordenadores conceptuales de la integralidad desde donde se interpreta y concibe la sexualidad. Sus abordajes entonces son: reconocer la perspectiva de género; respetar la diversidad, valorar la afectividad, ejercer nuestros derechos,  cuidado del cuerpo.

[2] http://cosecharoja.org/caso-lucia-asi-torturaron-una-nena-de-11-en-tucuman/

[3] https://www.laizquierdadiario.com/A-4-anos-de-la-liberacion-de-Belen-el-dia-en-que-volvio-a-nacer

[4]https://www.laizquierdadiario.cl/Caso-Daiana-Garnica-liberaron-a-los-policias-arrestados-por-el-extravio-de-pruebas

https://www.filo.news/actualidad/Marita-Veron-19-anos-del-caso-que-conmovio-a-un-pais-que-la-sigue-buscando-20210402-0043.html

[5] https://www.facebook.com/watch/?v=1456525651089658

[6] https://www.pagina12.com.ar/251007-el-unico-medico-del-pueblo-era-un-abusador

[7]https://bancos.salud.gob.ar/sites/default/files/2021-02/Informe_monitoreo_quinto_bimestre-sep-oct%202020.pdf

[8] http://www.bnm.me.gov.ar/redes_federales/snie/pais/tierra_del_fuego/producciones/docs/ley_8391.pdf

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