La derrota del “extremo centro”

La derrota del gobierno se explica por su dificultad para concretar su promesa de mejorar la crisis socioeconómica. Y demuestra que la “solución por arriba” al problema de la grieta no era tal, porque abajo había una sociedad destruida. Con los resultados de ayer entra en crisis la idea de “extremo centro” y se abre un panorama difícil para los próximos años.

En medio de un sinfín de naderías y cualunquismos, en su libro autobiográfico Primer tiempo el expresidente Mauricio Macri dio una definición para explicar el dilema que cruzó su gobierno: “Si uno gira la perilla toda para el lado de la gobernabilidad y deja el cambio en cero —escribió Macri o su amanuense, para el caso es lo mismo—, entonces no va a tener problema en ser apoyado por las corporaciones. En el sentido opuesto, si hubiera girado la perilla completamente hacia el lado del cambio y dejado la gobernabilidad en cero, habría perdido todo apoyo para hacer reformas y me habría arriesgado —esto lo digo sin dramatismo, pero con convicción— a tener que dejar mi puesto”. Una confesión tardía de que no pudo ser más neoliberal de lo que le permitió la relación de fuerzas.

Un álgebra similar atravesó al gobierno encabezado por Alberto Fernández en estos dos años en los que le tocó administrar este país problemático y febril: el cambio en la continuidad o la continuidad en el cambio. Los resultados de las elecciones primarias de este domingo dictaminaron que varias de las demandas y malestares que habían conducido al contundente pronunciamiento nacional de 2019 contra el macrismo no tuvieron respuesta –o, peor aún, tuvieron una respuesta contraria a sus expectativas–. La relación de fuerzas que se había manifestado en aquellos comicios —que parece que sucedieron hace un siglo— había exigido, esencialmente, un límite al ajuste. Un ajuste que continuó bajo el eufemismo de “tranquilizar la economía” en función de la demanda de un actor decisivo que condicionó el diseño de la política económica: el Fondo Monetario Internacional y los acreedores externos.

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Los números eran concluyentes al momento de llegar a estas primarias: en términos salariales, la consultora PxQ que dirige Emmanuel Álvarez Agis, proyectó que el salario real en septiembre de este año es el más bajo de las últimas seis elecciones, “ubicándose 4% por debajo del nivel de 2019 (registro más bajo) y 21% con respecto a 2015”.

Peor le fue a esa masa que integra el universo de trabajadores precarizados: un estudio de la consultora Analytica que conduce Ricardo Delgado registró que en los primeros seis meses de este 2021 “los salarios informales cayeron 9,2% en términos reales. Desde 2016 el desplome del poder adquisitivo fue más marcado en sectores fuertemente informales como el servicio doméstico, los servicios sociales y el comercio”. La pobreza alcanzando a 20 millones de personas, la indigencia cada vez más extendida y una inflación insoportable que roza el récord de la gestión cambiemita (50 % anualizada) completaban el combo para derrumbar cualquier sueño dogmático de un triunfo oficial en medio de esta catástrofe.

La pandemia, a la que contradictoriamente se le reclamaban poderes extraordinarios para persuadir a una sociedad que viene sufriendo un ajuste infinito, para que opere como fundamento o justificación, demostró que sin el coronavirus no se podía, pero solo con la excusa de la peste no alcanzó. La economía, incluso con pandemia (o más aún con pandemia) determina “en última instancia”, pero cuando determina lo hace sin piedad.

En ese contexto operaron las filtraciones del cumpleaños de Fabiola Yañez en Olivos (o antes los “vacunados vip”), porque la foto fue la foto y sus circunstancias. Y porque debajo de la famosa “grieta” habita la fractura social. En términos políticos, lo que entró en crisis fue la utopía de una “solución” de la grieta por arriba y hacia el centro, como si se tratara de un mero problema de astucia táctica o de falta de inteligencia política y no de una traducción (con todas las distorsiones del caso) de profundas contradicciones sociales.

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Esta solución “extremocentrista” (1) a la que también había intentado sumarse el ala “moderada” de Juntos por el Cambio —conducidos por Horacio Rodríguez Larreta, que dio un violento giro a la derecha en el último momento—, comenzó a resquebrajarse por los márgenes o los extremos en una incipiente tendencia hacia la polarización. Y aunque el fenómeno de Javier Milei y los autodenominados “libertarios”, que superaron el 13% de los votos en la Ciudad de Buenos Aires, es el más ruidoso y estridente, no es el único. Desde la extraordinaria elección del Frente de Izquierda en Jujuy (24% de los sufragios), pasando por varias provincias (Neuquén, Chubut) con cerca del 10%, hasta llegar al área metropolitana de Buenos Aires (más del 5% en provincia, con posibilidad de representación parlamentaria, y arriba del 6% —casi 10 si se suma a toda la izquierda— en la Ciudad), el descontento también se expresó por izquierda. Factores a los que hay que agregar una baja —no dramática, pero considerable— de la participación electoral, y un avance desigual del voto en blanco.

Un error recurrente, sobre todo en los oficialismos, es considerar automáticamente el rechazo al otro como una adhesión propia. Le pasó en su momento a Macri y también al Frente de Todos cuando se impuso a Juntos por el Cambio. En este último caso se complementó con el espejismo que generó la (relativa) pasividad de las calles en estos años pandémicos y en una Argentina históricamente contenciosa. El éxito —que incluso se “vendía” internacionalmente— de lograr que el país “no estallara” terminó en una explosión silenciosa en las urnas que apenas dos años después del triunfo de 2019 volvió a cambiar el mapa político.

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A la crisis económica se le agrega la crisis política de un Gobierno que ahora deberá negociar con el FMI con un volumen político considerablemente disminuido, una inflación incontrolable, los “mercados” hambrientos y todos los indicadores sociales estallados. Un combo explosivo en el país del empate catastrófico y la hegemonía imposible.

  1. La sociedad aplacada y el “extremo centro”, Le Monde Diplomatique, edición Cono Sur, N° 264, Junio 2021.

Fuente: © Le Monde diplomatique, edición Cono Sur

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