El salario real como gran elector (y una clase media que se resiste a desaparecer)

Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan sólo lo que he visto.
Y he visto:
que la cuna del hombre la mecen con cuentos…
Que no quiero que me arrullen con cuentos;
Que no quiero que me sellen la boca con cuentos;
Que no quiero que me entierren con cuentos;
Que vengo de muy lejos
y sé todos los cuentos”.

León Felipe, poeta republicano español.

Hace tiempo que el mundillo político – institucional se viene reduciendo como un antiácido en un vaso de agua. 

Aunque la gran lobotomía social perpetrada por los genocidas sobre nuestro pensamiento crítico nos haya despojado mayoritariamente de insumos para leer con agudeza las grandes transformaciones contemporáneas, procuraremos aportar una pizca de cordura para contribuir aunque más no sea en una modesta medida a que no cunda entre lxs propixs la sensación que parece invadir al oficialismo, acerca de que habría que enviar prestamente a mujeres y niños a los botes porque se hunde el Titanic. 

El agotamiento gradual de las democracias formales es un hecho incontrastable tanto en nuestra latitud como en el resto del mundo: Seis meses de depredación macrista bastaron para voltear el castillo de naipes que supuso la “Década ganada”, al campeón del tiempo ocioso no le alcanzó para ser reelecto con echarle la culpa a la “pesada herencia” K, y a este presidente – comodín (con el que se pudo ganar una elección pero no se puede gobernar) no le alcanza con echarle la culpa a la pandemia… y sigue la noria: En conclusión, aunque pocxs lo perciban aún, este capitalismo del caos es absolutamente incompatible con las más elementales formas democráticas. O, hablando llanamente, la política demoliberal no da para más, y hay que comenzar a militar un nuevo contrato social capaz de apuntar a una Asamblea Constituyente que con plena participación popular de lxs nuevxs actores sociales que ha venido generando de un tiempo a esta parte el neoliberalismo restaure la gobernabilidad perforando el bajísimo techo establecido por los partidos políticos tradicionales.

Porque  esa política formal rozagante que exhiben los afiches de campaña – lifting y botox mediante – está demasiado lejos del guachín que se rescató de la merca y cambió salir de caño por un delivery de pizzas caseras. Entonces, parafraseando al cantautor cubano Pablo Milanés, llegó la hora de cantarle también a ese pibe  “el poeta eres tú”. 

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Hoy existe un abismo infranqueable entre lxs candidatxs y lxs excluídxs sociales, una muralla que no les permite acercarse, ya que las mayorías reales no entienden el lenguaje de los focus groups.

Detengámonos un instante a pensar qué significa, hoy, hablar de “república” o “democracia”. ¿Es pertinente seguir otorgándole a esos términos el mismo sentido que tenían en la antigua Grecia, u ocurre más bien que urge reinterpretarlos? En todo caso en ese debate estamos en falta. Los discursos de campaña sólo son chamuyo flaco.

A estas horas lo único nítido es que el voto bronca superó a la abstención, que el Primer Mandatario comienza a ver diluirse sus posibilidades de un segundo mandato en 2023, que – sumando sus numerosas colectoras – Juntos por el Cambio vuelve a constituirse como primera fuerza nacional, que hay un electorado que comienza a migrar del bipartidismo para explorar opciones como la izquierda o el neo videlismo (fuerza que hizo una gran elección en CABA), y que, computando el caudal de votos de oficialismo y oposición, al igual que en otros países de la región – Perú por caso – el futuro inmediato no parecería augurar demasiada estabilidad institucional.

Reparemos en el clima de velorio que a estas horas campea en la Casa Rosada. Se comieron la curva creyendo que los zafaría la AstraZéneca, la SinoFarm, o la Sputnik. . 

Como también forman parte de esa Argentina exclusivamente para clase media a la que aspira Patricia Bullrich, ya se les cayó la careta electoral y solo atinan a balbucear que “la culpa es de la gente”. 

Compraron su propio verso de una “grieta” bipartidista que les aconseja afirmar que el cuco está enfrente, sin embargo son la misma mierda. Porque la única grieta real es entre pueblo y oligarquía. Sólo que este último factor acostumbra a “tirar la piedra y esconder la mano”. Por eso continúa viajando en los charters presidenciales, mientras su antiguo brazo ejecutor se pudre – por ejemplo – en el Penal de Marcos Paz (de donde salió la orden de desaparecer por segunda vez al patriota Jorge Julio López

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Tal como lo consignara el portal Matanza Viva, lxs promotorxs del mal menor “se quedaron cortos con la pauta oficial y el bolsillo del Estado, también con su lógica maccartista y el ya célebre ‘le estás haciendo el juego a la derecha’, mientras la inmensa mayoría estira los paquetes de arroz y fideos para bancar la economía que se clava como una daga en las costillas. Tampoco alcanzaron las consignas artificiales y livianas a la medida de redes sociales de una sociedad cada vez más despolitizada y micro fascista, y mucho menos su militancia de mouse y teclado. Se quedaron cortos, muy cortos. ¿Será que Tolosa Paz es tan cheta como María Eugenia Vidal y Sergio Berni es igual de payaso que Javier Milei? ¿Quién confunde a la gente? ¿Acaso el hambre y el dolor de estómago es una sensación cuasi golpista? ¿No tener laburo y endeudarse es ser un idiota que no está a la altura de su proyecto popular? Los que hoy vuelven con caras largas ayer no se ponían colorados cuando desalojaban con topadoras a balazos barrios como el de Guernica, o cuando su propia bonaerense era verdugo de Facundo CastroLucas Verón y tantos otros pibes y pibas. Mucho menos cuando en la jeta le refregaban sus privilegios de clase en medio de las restricciones y vacunaban a sus amigos y festejaban en banquetes privados. Jamás se ruborizaron cuando barrieron la mugre debajo de la alfombra”.

“La verdad de la milanesa”, entonces, está bien lejos de los “Gato” Sylvestre o los Roberto Navarro que se desgañitan arengando a una clientela cautiva. La tienen re clara los pueblos de Andalgalá, Esquel o Jáchal, que resisten a diario los avances de la megaminería en sus territorios. 

La saben lunga las más de 15.000 familias que cultivan agroecológicamente, que sin acceso a la tierra ni ayuda del capital sojero sostienen formas de producción y de vida semejantes a la Justicia Social. 

Lo entienden las madres, los padres, lxs hermanxs y lxs hijxs de víctimas del gatillo fácil, la trata o los femicidios, que construyen redes horizontales para gritarle al Estado que algunas cosas no funcionan como se cree desde los despachos.

Lo ve cotidianamente la Primera Línea de las compañeras que sostiene incontables ollas populares imitando el milagro de multiplicar los panes para contener con titánico esfuerzo los vacíos que dejan el mercado y los programas asistenciales. Lo saben los pueblos originarios, que deben soportar el despojo territorial, el maltrato y la violencia por parte de instituciones muy parecidas a los conquistadores de Nuestra América. 

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Muy a pesar de ese rito electoral inconciliablemente divorciado de la esperanza, la política verdadera está en otra parte.

Hay pues una montaña de dolores acumulados. No solo furia que impulsa a descreer de la mascarada democrática. No se trata sencillamente de bronca, emperramiento, ni burrada porque seamos ignorantes. Impugnar esta farsa suicida exige revisar a fondo nuestra vida cotidiana, además de tener bien presente las masacres, traiciones e indignidades que una y otra vez, por diferentes medios se perpetran tanto como se intentan escamotear.

No es del todo sencillo desentumecerse y tomar nota de ese día a día que solo  proporciona indignidad y sobras para vivir. Una fábrica de ilusiones destinadas a aumentar la frustración, garantizando que la calesita de las promesas incumplidas nos arrebate la potencia, la imaginación y las ganas de seguir luchando para vivir de un modo más humano. Sabemos que desentumecerse subleva y fastidia… pero también impulsa.  

Ellxs volverán a interpelarnos con su célebre “¿y ustedes qué proponen?”, y nosotrxs volveremos a responder una y otra vez con el lema zapatista “un mundo donde quepan todos los mundos”. 

Porque la lógica imperante solo luce su disfraz de gala en tiempos electorales. Exhibe sus charreteras odiantes y ninguneadoras, muestra el culo solo por el placer de cuidarlo, endulza para seguir comiéndose la torta, promete “inclusión” con su panza llena y “sensible” con lxs cabecitas negras, simula que si “la” izquierda incrementa su caudal de votantes “al menos va a denunciar algunas cosas desde adentro”. Pero ese adentro es el vientre de un tiburón. 

En conclusión, repetiremos hasta el hartazgo que ni nuestros sueños ni nuestros dolores caben en sus urnas. Porque aspiramos a otra manera de vivir.  

Hoy más que nunca, “no hay peor ciego que el que no quiere ver”.-

Fuente: Resumen latinoamericano

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