Una democracia empobrecida y el fracaso del Frente de Todos

Especial para Contrahegemonía

Una fuerte derrota de la coalición oficialista ha expresado la falta de respuesta para las acuciantes necesidades populares. La oposición de derecha y el poder económico y mediático ya inician sus presiones para que la respuesta gubernamental frente al contraste sufrido sea un giro a la derecha, que se pretende preparatorio del regreso al gobierno en 2023.

Tiempo de padecimientos y antipolítica

Apatía, descreimiento, pesimismo, han sido algunas de las palabras que se utilizaron con más frecuencia a la hora de sintetizar el estado de ánimo de los electores frente a la votación del 12 de septiembre. La no concurrencia a votar o el hacerlo por expresiones que enarbolan la “antipolítica” aparecían como vías de escape para esos sentimientos. El ausentismo en los comicios fue de cerca del 33%, bastante más alta que los porcentajes habituales. En las Primarias Abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO) anterior la concurrencia fue en cambio de más del 72% y ya era la más baja entre las internas que se celebraron desde el establecimiento de ese mecanismo.

En menor proporción, también se incrementaron los sufragios nulos y en blanco, que en algún distrito importante como Santa Fe, fueron el 5,5% y el 4,5% respectivamente, sobre el total de los votos emitidos. La suma del ausentismo con los votos nulos y en blanco alcanzó más de un 38% del padrón, una cifra a tener en cuenta en una sociedad con tradición de elevados índices de concurrencia y en la que los votos inválidos sólo alcanzaron altos porcentajes en situaciones de crisis tan agudas como la de 2001.

De todos modos el ausentismo no alcanzó el nivel del 40% que algunxs observadores preveían. El descontento con el gobierno nacional encontró otro canal en el voto a Juntos. La lógica del bipartidismo (ahora “bicoalicionismo”), aún mellada, sigue funcionando. Más del 70% de los votos se repartió entre las dos alianzas. La coalición que gobernó hasta diciembre de 2019 sobrepasó los 40 puntos y el actual oficialismo estuvo diez puntos por debajo. La insuficiencia de alternativas que puedan resultar novedosas y atractivas juega un papel, sin por eso menospreciar tendencias a la “derechización” que circulan en amplios sectores de la sociedad.

El voto a otras listas y la abstención se conjugaron para que el FdT perdiera casi cinco millones de votos frente al turno anterior de las primarias, en 2019. Es siempre relativa la comparación entre una elección primaria en la que se eligen cargos ejecutivos y otra en la que se vota sólo para legisladores. Con esa salvedad, lo contundente de la diferencia no deja de ser significativa.

El oficialismo perdió las PASO en medio de una profunda crisis económica. No puede sorprender si se piensa en la pobreza acosando al 50% de la población, y las cifras de desempleo de dos dígitos, a la que deben sumarse los numerosos desalentados que ya no buscan trabajo. La creciente precarización del empleo apunta en la misma dirección.

A lo anterior hay que agregarle la pérdida de poder adquisitivo de los salarios y las jubilaciones que lleva varios años consecutivos. Y los planes sociales muy por debajo de un salario mínimo de por sí muy escaso. Las políticas orientadas a frenar la inflación han sido un fracaso, mientras los aumentos de precios se cebaban en especial sobre los alimentos y otros bienes esenciales. Los efectos de la pandemia y la consiguiente cuarentena, que fueron acompañados por el descenso general de la economía, le agregaron dramatismo a la situación.

Se hizo muy poco, con mucho para hacer

Frente a esas angustiantes circunstancias, el gobierno se dedicó más que nada a administrar lo existente. La afectación de los intereses de los poderosos no formó parte de su recetario de medidas. Cuando hizo el intento fue con iniciativas muy limitadas, en las que retrocedió en todo o en parte. Tal como el “aporte extraordinario por única vez”, que terminó con alícuotas bajas y gravando sólo el patrimonio de las personas físicas y no a las empresas. O el amago de expropiación de Vicentín, abandonado ante las primeras objeciones y seguido de una política concesiva ante el complejo agroexportador. La declaración de distintos rubros de las comunicaciones como servicio público llevó a algunos controles pero no contuvo el aumento de tarifas. Parecen haber tenido algo más de eficacia las restricciones a la exportación a la hora de jugar como presión indirecta para estabilizar el precio de la carne vacuna.

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Políticas destinadas a paliar las consecuencias de la “peste” como el Ingreso Familiar de Emergencia fueron abandonadas este año, en aras del equilibrio fiscal, como si este fuera un valor indiscutible, en consonancia con la “ortodoxia” económica.

Se discurseó acerca de darle un destino de políticas sociales a los más de 4000 millones de dólares recibidos en derechos especiales de giro; a poco andar se admitió que iban a utilizarse para pagar la deuda externa.

Deuda ilegítima e impagable frente a la que la gestión de Alberto Fernández optó por una negociación interminable con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Se busca “estirar” los vencimientos hacia más adelante sobre la base del pago total de lo adeudado y en el plazo de pago de 10 años que el propio Fondo fija para los acuerdos de “facilidades extendidas”. Que el FMI ejerza presiones para establecer “condicionalidades” que incluyan reformas laboral, previsional e impositiva, todas en contra de los intereses populares es una posibilidad relevante. En esas condiciones de negociación, la demanda de que el organismo internacional disminuya las “sobretasas” que añade a los intereses en los préstamos muy cuantiosos, parece una discusión por migajas.

En esas circunstancias los intentos del gobierno para paliar la situación de las mayorías, para “poner plata en el bolsillo de la gente” fueron tímidos y escasos. Las paritarias se reabrieron y volvieron a cerrarse con aumentos de todas maneras por debajo de la inflación de casi el 50% que se espera para este año. Se tomaron algunos recaudos contra el aumento del costo de vida, como el establecimiento de precios máximos y el mantenimiento de los “precios cuidados”. Sólo lograron morigerar un poco las tasas de incremento, de todos modos por arriba del 3% mensual hasta el mes de agosto inclusive. Los planes sociales alcanzaron a muchos menos de quienes los necesitan y con importes de creciente insuficiencia. Las jubilaciones fueron objeto de un “ajuste” a la baja en el primer semestre del corriente año.

Los anuncios de reaperturas de plantas productivas, los alardes de que se recuperaron puestos de trabajo perdidos, la inauguración de obras públicas sin efectos decisivos, no bastaron para la disminución del generalizado descontento, que se hizo cada vez más perceptible. Los planes para comprar heladeras o teléfonos celulares en cuotas pueden sonar a ironía cuando el dinero no alcanza para consumos más urgentes. “No sólo faltó el asado sino también los fideos”, se ha dicho en estos días para remarcar una situación de agudas penurias, con segura incidencia electoral.

El señalamiento de los efectos desastrosos de la gestión de Mauricio Macri, ha sido algo muy frecuentado en la campaña. Es la manifestación de una verdad incontrastable, pero no exime al gobierno de responsabilidades acerca de un nivel de vida que descendió desde la cota ya muy baja de diciembre de 2019. En ese contexto, la pretensión de que se enfrentaron dos “modelos de país” por entero diferentes suena a hueco.

La marcada aceleración de la vacunación de los últimos meses no suple la prolongada desatención frente a los efectos económicos de la pandemia. La foto del cumpleaños en la quinta de Olivos y su carga simbólica tuvo su efecto negativo. Y las “soluciones” meramente verbales acerca del compromiso con los que menos tienen y el propósito de crear trabajo genuino no desmienten la penosa experiencia cotidiana de la mayoría de la población.

Una mirada por alianza y por distrito

Mientras tanto, como se ha señalado más de una vez por quien firma estas líneas, la propaganda electoral del Frente de Todos pareció desenvolverse en otra dimensión. Candidatxs que intentaron seducir con frívolas sonrisas, relatos sobre el número y composición de sus familias, y comentarios festivos divorciados de la ominosa realidad. Muy poco en materia de proyectos que impulsen algún cambio y casi ningún anuncio de iniciativas para revertir los resultados de la doble crisis que aqueja a la sociedad argentina. Chatura conceptual que deja a un lado un debate sobre los grandes temas nacionales. El afán por captar votos de cualquier orientación, da como resultado la en apariencia paradójica “despolitización” de la publicidad política.

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El voto a la oposición de derecha constituyó un refugio para muchxs, un destino lamentable a la hora de expresar disconformidad. Habrá que preguntarse porque tantos ciudadanxs no encontraron otro cauce para manifestarse. El esfuerzo de lxs candidatxs oficialistas por presentar una imagen “descafeinada” del peronismo, junto a la gestión de ministrxs más preocupados por “tranquilizar la economía” que por atender necesidades reales jugó sin duda un papel en ese aparente olvido de lo que significó el neoliberalismo puro y duro del gobierno anterior.

Lo que no equivale a menospreciar que la lógica bipartidista (en los últimos años “bicoalicionista”) impulsa a quienes no tienen fidelidades muy arraigadas a pendular entre uno y otro de los integrantes del binomio, con memoria corta y poca predisposición a inclinarse por otras alternativas.

El FIT-U, logró aumentar su caudal, si bien no alcanzó un nivel de incremento que marque un salto cualitativo en la repercusión de sus propuestas. Sí alcanzó a ser la tercera fuerza a nivel nacional, bien que a larga distancia de las dos mayoritarias. Fue la única voz a la hora de cuestionar el pago de la deuda, denunciar las políticas de ajuste y hacer propuestas para afectar las enormes ganancias de los poderosos. También sustentó la proposición de un drástico aumento del salario mínimo.

La votación de más del 5% del total en la provincia de Buenos Aires y de más del 6% en la Ciudad abre perspectivas de obtener bancas en ambos distritos si se mantiene o aumenta. Habrá que hacer ruegos para que la aventura personalista y sin efectos prácticos del partido encabezado por Luis Zamora no deje al FIT-U fuera del reparto en la capital del país, algo que ya ocurrió.

Son de destacar las elevadas cifras alcanzadas en algunas provincias del sur del país y en San Juan. Y el “pico” de Jujuy, bastante por arriba del 23% y con un primer postulante indígena y trabajador. Los resultados en general proporcionan expectativas favorables para el futuro inmediato. Sin que ningún triunfalismo haga olvidar que en el pasado existieron altas votaciones que no se sostuvieron a través del tiempo.

El Frente de Todos perdió con claridad en la provincia de Buenos Aires y en varios distritos en los que suele imponerse, Chaco y La Pampa, entre otros ejemplos posibles, en ambos casos con diferencias muy claras en su contra, cercanas al 10%. Las derrotas en distritos más grandes, como Santa Fe y Entre Ríos, agravan el cuadro. Si se va al detalle de la provincia de Buenos Aires, el FdT perdió en varios municipios que gobierna, incluso en algunos en los que está en el poder desde hace mucho tiempo, como Tigre, San Martín y Morón. Ganó en La Matanza, sin eludir una pérdida de votos muy significativa.

En cuanto a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) la suma de las tres listas de “Juntos por el Cambio” (JxC) casi duplicaron al FdT. Este último obtuvo más del 24% de los sufragios de la ciudad autónoma, lo que podría considerarse una actuación aceptable en relación a sus promedios históricos. Quizás la lectura más fuerte deba posarse en que el caudal de JxC en la ciudad orilló el 50% de los votos válidos, sin que ese porcentaje disminuyera por el más del 13% obtenido por Javier Milei con su lista “La Libertad Avanza”, de extrema derecha. Los casi 200.000 votos obtenidos por la lista “Republicanos” que se integró a JxC manteniendo puntos de contacto con la ultraderecha es otro elemento a tener en cuenta.

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El apoyo a sectores con denominación de “libertarios” y ribetes prodictatoriales en CABA, y en mucha menor medida en la Provincia marca un toque de atención. Todo indica que recogieron votos sobre todo en la juventud, incluyendo sectores de bajos recursos del sur de la ciudad. Hay que tener en cuenta sin embargo que, por ahora, es un fenómeno localizado que puede diluirse en una ola pasajera.

En el análisis de los resultados generales cabe señalar que el peronismo fue unificado, sin las escisiones que lo afectaron en las elecciones legislativas anteriores, lo que intensifica la pobreza del resultado. De los distritos más poblados, sólo en la provincia de Córdoba se mantuvo una ya tradicional división. Allí el Frente de Todos obtuvo una votación muy magra, apenas por encima del 10%.

Festejos, tristezas y esperanzas

Como no podía ser de otra manera los grandes medios festejaron el resultado sin ambages, los operadores que se esconden bajo el manto del periodismo vivieron un momento de gloria.

Una suba significativa en los valores bursátiles fue la previsible noticia en la jornada del lunes. El aumento en el precio de las acciones de más del 5% de promedio, acompañada por subas en los bonos y baja del dólar fueron muestra de la celebración del gran capital por los éxitos electorales de sus amigos más dilectos.

Una coincidencia obvia entre los observadores es el debilitamiento de la figura presidencial. Ya menudean las especulaciones sobre cambios en el gabinete como parte de una ofensiva kirchnerista para tomar las riendas de la situación y se supone, tomar un rumbo más “radical” que el del presidente.

La expectativa de los poderes permanentes es en cambio la de maniatar al gobierno, para imponerle la cuota de “moderación” y “seriedad” que le impidan apartarse siquiera un ápice de las imposiciones del gran capital y los organismos financieros internacionales. Una posible intervención de Sergio Massa y sus aliados en ese sentido suscita una mirada favorable y no faltó el periodista que especule con el arribo al gabinete de un experto conservador afín al “massismo”. Algunos de los medios de comunicación dominantes ya emiten en cambio sutiles mensajes orientados a que los ministros “racionales” (Martín Guzmán y Matías Kulfas) sigan al frente de las políticas económicas del gobierno.

Esperan la ratificación de la derrota en noviembre, con la consiguiente presión para un giro hacia la ortodoxia, con sustento en una nueva integración del Congreso Nacional con el kirchnerismo en minoría en ambas cámaras. La mesa estará así servida para un retorno de la derecha al gobierno en 2023.

Es preciso recordar que estamos ante el resultado de unas elecciones primarias. De acá a los comicios generales de noviembre puede haber cambios en uno u otro sentido. De lo que no cabe dudar es de que el Frente de Todos ha experimentado los efectos adversos de encarnar un progresismo muy menguado. Agravados por una disociación entre la realidad y el discurso que no escapó a la percepción colectiva.

Es necesario prestar atención en un factor que persiste y se agrava más allá de quién gana y quién pierde en los comicios. El desencanto antipolítico y el voto a expresiones de la derecha tienen que ver con el vaciamiento de la democracia realmente existente.

La participación ciudadana queda reducida al voto por candidatxs que se eligen “a dedo” desde arriba y establecen una comunicación unilineal con sus futuros electores. Asentada en gran proporción en mensajes frívolos, desvinculados de las necesidades populares. El escepticismo afecta al “ciudadano común” y asimismo a la militancia de la base, excluida de la toma de las grandes decisiones y en general sólo convocada para aclamar a “lxs jefxs”.

La posibilidad de dar instrucciones o controlar de alguna manera a los representantes, así como el establecimiento de algún mecanismo de revocatoria, ni siquiera entran en la agenda. Se tornan un tema tabú que si se plantea sería estigmatizado, justamente por “antidemocrático” por los dueños del poder real. Los mecanismos de iniciativa o consulta popular duermen en alguna cláusula olvidada de la Constitución Nacional, sin que nadie se preocupe por despertarlos.

Sería deseable que al menos las expresiones de la izquierda llevaran a debate estas cuestiones, encuadradas en un pronunciamiento general acerca de la baja calidad de una democracia que cada día merece más ser puesta entre comillas.

La construcción de una alternativa popular amplia, que busque la atención de las mayorías sin tentaciones sectarias ni desvíos hacia el reformismo, sigue siendo una asignatura pendiente. El crecimiento de la izquierda puede marcar un hito positivo en ese sentido. De cualquier modo, urge comenzar el seguramente arduo itinerario en esa dirección. Las corrientes que llevan adelante hace tiempo la brega por una perspectiva anticapitalista, antiimperialista, ecosocialista, antipatriarcal, deberían tener mucho para decir en este campo.

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