Declaración del Encuentro Militante Cachito Fukman

El 16 de septiembre de 1976 diez estudiantes secundarios de la Escuela Normal N° 3 de La Plata fueron secuestrados tras participar en una campaña por la obtención del boleto estudiantil gratuito. Tenían entre 14 y 17 años y sus sueños y sus luchas iban más allá de aquel reclamo por el transporte gratuito. Esa determinación de organización y lucha no les fue perdonada. El operativo de secuestro fue realizado por el Batallón 601 del Servicio de Inteligencia del Ejército y por la Policía de la Provincia de Buenos Aires, dirigida en ese entonces por el general Ramón Camps, que calificó al suceso como una lucha contra “el accionar subversivo en las escuelas”. Este hecho, tras el cual seis de aquellos jóvenes aun permanecen desaparecidos, es recordado como “La noche de los lápices”. Por aquella época, el movimiento estudiantil se volcaba masivamente a la participación política y aumentaba el número de militantes y la influencia de las  organizaciones políticas dentro de los colegios. Ejemplo de ello fueron estos diez estudiantes comprometidos, que hacían parte de distintas organizaciones políticas de aquellos años. El alto grado de conciencia y acción alcanzadas ponía en cuestionamiento los cimientos del sistema capitalista, cuestión por demás peligrosa para la burguesía y los sectores reaccionarios del país. Por ello, uno de los objetivos que primó en la dictadura que gobernó de 1976-1983 fue neutralizar a la juventud, la cual constituía en su imaginario “la semilla de la subversión”. Para quienes no encajaban en sus esquemas de dominio se aplicaban distintos métodos mal llamados “preventivos”, pues iban desde el asesinato y la desaparición, hasta las más refinadas formas de marginación social y psicológica. La política hacia la juventud partía de considerar que quienes habían pasado por la experiencia del Cordobazo (mayo de 1969) y demás luchas previas a 1973, quienes habían vivido con algún grado de participación el proceso de los años setenta, como estudiantes o parte de la juventud de la clase obrera, eran en su mayoría irrecuperables y en consecuencia había que combatirlos. Para ello utilizaron un pretexto tan obvio como falaz: “se trataba de subversivos reales o potenciales, que ponían en riesgo al conjunto del cuerpo social”. El ser joven pasaba a ser un peligro. Hoy, tras 45 años de aquella noche, no estamos tan alejados de aquellos valores reaccionarios contra la juventud. Muy por el contrario, los discursos de estigmatización y las practicas represivas del Estado, disfrazadas de políticas de seguridad, siguen acechando y victimizando a los y las jóvenes que reconocen el carácter aberrante del sistema que nos imponen, e intentan reaccionar para buscar un futuro mejor. Por eso hoy, como ayer, los lápices siguen escribiendo su presente, organizándose en la lucha por una educación pública, de calidad y que llegue a todo el pueblo. Al hacerlo, recuperan la historia de lucha del pueblo trabajador, parándose sobre los hombros de aquellos jóvenes gigantes que dejaron su vida luchando por un mundo mejor. Desde el Encuentro Militante Cachito Fukman nos sumamos a la conmemoración de los 45 años de la noche de los lápices, contra la impunidad de ayer y de hoy, y afirmamos que, en su nombre y el de tantas y tantos compas que han caído, no dejaremos nunca de luchar. Claudio de Acha, María Clara Ciocchini, María Claudia Falcone, Francisco Lopez Muntaner, Daniel Racero, Horacio Ungaro Presentes! Ahora y siempre. ¡venceremos!

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