Sincericidio primaveral: Detrás de su máscara progresista, el Kirchnerismo es Menemismo.

En sintonía con aquel mandatario riojano que confesó sin sonrojarse que si hubiera expresado francamente el rumbo de su gestión no lo hubiera votado nadie, nuestro actual presidente prometió en campaña – entre otras cosas – que metería plata en el bolsillo de lxs argentinxs, que volvería el asado, y que sería receptivo ante eventuales demandas de rectificación de rumbo.

Resulta un insoslayable y funesto lugar común que, a poco de iniciar su mandato, se vio en medio de una peste global de dimensiones bíblicas.

Lo que no es atribuible a semejante desgracia es privilegiar de hecho el saldo de la deuda externa por encima del de la deuda interna, recular en chancletas al cabo de amenazar con la expropiación del monopolio agroalimentario Vicentín, fomentar la megaminería a cielo abierto, coquetear con la idea de montar megafactorías porcinas (altamente contaminantes) para exportar a China en medio de una emergencia sanitaria, pedir un tímido “bono contribución” por única vez a lxs dueñxs del país – que se la siguieron llevando en pala – mientras la cifra de muertxs por COVID superaba los 100.000, no definirse categóricamente ante la causa nacional de la Hidrovía o la alarmante sequía del Paraná, en fin, seguir ajustando el cinto del pobrerío en medio de una cuarentena sin siquiera postergar hasta nuevo aviso la celebración de un cumpleaños sin barbijo en la residencia presidencial de Olivos.

Antes de ensayar chamuyo flaco, entonces, para explicar la migración de votos a la izquierda parlamentaria o a la derecha procesista, correspondería cuestionarse si todo lo antes descripto puede interpretarse como la orientación de un gobierno peronista.

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Adscribir pues al posibilismo como pensamiento de época, encerando el hacha del verdugo para que no sospeche que se alberga alguna vocación de cambio, solo conduce a chocar la calesita haciéndose acreedor al catastrófico resultado de las últimas elecciones de medio término.

El escenario posterior ya fue elocuentemente descripto en declaraciones del propio hijo de quien cada vez más desembozadamente maneja los hilos detrás del trono (“planilla Excel no puede contra heladera vacía”), tanto como por una editorial de la Revista Crisis (“de la grieta a la fractura expuesta”)

Desde los medios hegemónicos, un discurso “seisieteochista” se empeñó en defender la supuesta intención radicalizadora que contendría la carta de la Vicepresidenta, pretendidamente hecha pública para sacudir a un gobierno “pecho frío”, mientras que la contraparte adujo que el lógico proceder de todo frente que se precie de tal pasa por “lavar los trapitos sucios en casa”.

En todo caso, el daño ya está hecho, y bien puede que quienes aguardan la foto de la concordia entre el dueño de la lapicera y la dueña de los votos deban armarse de paciencia.

Lo cierto es que la urgente demanda de cambios contenida en la misiva de referencia no se hizo esperar, y a vuelo de pájaro, sin pretensión totalizadora, podemos consignar que entre los flamantes funcionarios revista un ex gobernador feudal y antiabortista indirectamente ligado al titular de la OEA – el Virrey Luis Almagro -, un amigo de las patronales del campo simpatizante del Opus Dei, y un cómplice político de la Masacre de Avellaneda, seguramente designado en reemplazo de la ministra garantista renunciante, en previsión de los nubarrones que en el horizonte del humor social anuncian inminentes tormentas.

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Hablando en criollo, mientras el gobierno se llena la boca desmintiendo que la sociedad se haya derechizado, sale con los tapones de punta dispuesto a neutralizar a la derecha con más derechización.

Como saldo de las tensiones descriptas cabría destacar que, en el universo de las organizaciones sociales oficialistas, el flagrante desencuentro entre el Movimiento Evita y La Cámpora promete nuevos y apasionantes capítulos de esta saga digna de Netflix.

Mientras que, en el terreno de las organizaciones sociales críticas del modelo, corresponderá debatir a fondo qué es más redituable, si votar “de chiquilín te miraba de afuera” a la izquierda amiga de C5N que hace bulla en las calles para disputar un modesto escaño en el mundillo de los garcas, o dejar de mamar de la teta del Estado, generando autogestivamente una economía no capitalista aquí y ahora en cada barriada.

Para que este gobierno que solo otorga beneficios económicos cuando se viene la noche y promete transformar planes sociales en trabajo genuino, mientras el mundo debate la reducción de la jornada laboral, se meta de una buena vez sus promesas en el orto.-

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