Una jugada de EEUU mueve el tablero mundial. Sorpresa y desaire a los aliados europeos

Francia calificó al acuerdo militar inconsulto que EEUU firmó con Australia como «una puñalada por la espalda», y junto con Alemania reflotó la vieja idea de crear una fuerza militar europea independiente de Washington.

Cuando aún las piezas no habían terminado de acomodarse luego de la inconsulta y apresurada retirada de las tropas estadounidenses de Afganistán, una nueva movida de la administración Biden sorprendió al mundo, sacudió nuevamente el tablero y encendió las alarmas internacionales.

A mediados de septiembre el presidente Joe Biden junto con los primeros ministros de Australia, Scott Morison, y Reino Unido, Boris Johnson, anunció una asociación estratégica denominada con el acrónimo (en inglés) AUKUS, que fue presentada como una defensa de los intereses de los tres países en la región indopacífica.

Si el retiro de Afganistán fue una movida defensiva, esta es claramente ofensiva y apunta a limitar los movimientos de China y a garantizar la «libre navegación». Las dos jugadas, así como el destrato a sus aliados europeos, las demoras en el nuevo acuerdo nuclear con Irán y con la reapertura de las relaciones con Cuba, la persistencia de la política migratoria y los controles fronterizos o el mantenimiento del proteccionismo arancelario no es más que una continuidad de la política exterior trazada por la administración republicana de Trump con el «American First», cuando se suponía que Biden retomaría al menos en parte la política trazada por la administración demócrata de Obama.

Riesgo nuclear

El acuerdo tiene implicancias en lo económico, en la política armamentista y en la seguridad. En lo económico le birla a Francia un negocio por 56 mil millones de euros firmado hace dos años atrás para la fabricación de 12 submarinos convencionales (propulsados con diesel) que compraría Australia. Ese negocio pasa ahora a EEUU que le proveerá submarinos a propulsión nuclear (solo seis países en el mundo poseen este tipo de embarcaciones).

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El componente militarista radica en que el acuerdo potencia la capacidad militar australiana, no solo por su poderío sino porque los submarinos nucleares al tener mayor autonomía de navegación que los convencionales y ser menos detectables bien pueden incursionar por aguas del Mar de la China Meridional, el lugar donde la potencia asiática construyó islas artificiales ampliando su reclamo territorial.

Pero hay un tercer elemento, el de la seguridad internacional, que acaba de encender las alarmas en los gobiernos, entre los expertos en energía nuclear y entre los pacifistas. El acuerdo implica la transferencia de tecnología específica, reservada solo para muy pocos países, y el uso de uranio altamente enriquecido (al 93%) con lo que a futuro Australia podría fabricar su propio armamento nuclear. Así EEUU echó por tierra el acuerdo, nunca bien explicitado pero acuerdo al fin, de no proliferación nuclear.

Geopolítica pura

Para los expertos la zona indopacífica se ha convertido en el centro de gravedad de la economía mundial, por ella circula más del 40 por ciento del comercio internacional. Es fundamental para la India, también para Australia y Filipinas que geográficamente están en el nexo entre los dos océanos, mientras que para China el Indico es clave para su iniciativa de «Una franja, una ruta»; también convergen allí intereses de Japón y Corea del Sur.

Con este marco el acuerdo es en realidad una alianza estratégica cuyo objetivo no es otro que potenciar la capacidad militar de Australia en la zona indopacífica. Zona que la administración Biden ha elegido para contener el avance de China. En la perspectiva de una confrontación armada Australia no podrá ya escapar a su participación, ni a las consecuencias que eso conlleva.

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No es ocioso tener en cuenta que la alianza, de la que no estaban informados los aliados europeos, tomó estado público luego del fracaso de EEUU en la última reunión del G7, en Londres, en la que trató de imponer una agenda común. Sus intenciones chocaron con las posiciones europeas, especialmente de Francia y Alemania, que no desean verse empujadas a ingresar a un bloque contra la República Popular China, con la que tienen activas relaciones comerciales.

Reacciones.

Las reacciones china y francesa no se hicieron esperar. El Ministerio de Asuntos Exteriores chino acusó que la alianza «atenta contra la paz y la estabilidad en la región, que estimula la carrera armamentista y que debilita los esfuerzos por controlar la proliferación nuclear» y prueba que «una y otra vez EEUU y Reino Unido aplican un doble estándar en la cooperación nuclear». En tanto que la cancillería francesa calificó el acuerdo de «falta de transparencia y lealtad» y de «una puñalada por la espalda». Primero porque no fue anoticiada con anterioridad al anuncio -algo similar había pasado con la retirada de tropas de Afganistán- y luego porque ha perdido un negocio que por su monto y contenido estratégico fuera evaluado como «el contrato del siglo». No solo llamo «a consulta» a los embajadores en EEUU y Australia sino que su ministro de Relaciones Exteriores dio a entender que esta crisis influirá en las decisiones estratégicas de la OTAN, que a pedido del presidente francés habría iniciado un período de «reflexión sobre sus fundamentos» algo que se explicitará en la próxima cumbre de Madrid. Al mismo tiempo Francia ha reflotado su antigua idea de dotar a Europa de su propia fuerza militar. Según informaciones circulantes funcionarios europeos propusieron crear una fuerza de reacción rápida luego de la reciente y caótica experiencia afgana. De todas formas la sangre no llegará al río, pero inevitablemente alimenta las tensiones internacionales.

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Transición sinuosa

La transición del poder global no es lineal. Hay tendencias generales de largo aliento, declinación de EEUU y ascenso de China y el sudeste asiático. También hay movidas que alteran el tablero internacional como las recientes de EEUU, que necesita recomponer relaciones con sus aliados europeos para sostener su hegemonía imperial y, contradictoriamente, termina poniendo en evidencia que Europa necesita urgentemente encontrar su «lugar y su papel en el mundo» como dice Le Monde, más ahora que terminó la «era Merkel» y se abre un vacío de liderazgo en la unión.

Nada está totalmente definido. Nuevas tensiones y disputas se dibujan en el horizonte.

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