Tercerización y flexibilización laboral en nuestros trenes. Mariano Ferreyra su emergente.

Especial para ContrahegemoníaWeb

La informalidad, la flexibilización laboral y la explotación forman parte del capitalismo desde sus orígenes; sin embargo, en las ultimas décadas se ha expandido en todo el mundo, con su desenlace de mayor precarización, desigualdad y desprotección para los trabajadores; siendo el papel  del Estado junto a  la burocracia sindical fundamental. En nuestro país, uno de los efectos más trágicos de este proceso fue el asesinato de Mariano Ferreyra. Ese crimen ocurrido un 20 de octubre de 2010 en el barrio de Barracas, expuso el origen y el fundamento de la tercerización, como una forma clave de la precarización laboral que los sectores hegemónicos de la sociedad patrocinan como una cuestión estratégica. También exhibió la naturaleza y el rol de los dirigentes sindicales, el carácter de clase del Estado,  y como así también la naturaleza del régimen político inepto a la hora de  satisfacer las deudas sociales.

Mariano Ferreyra, y la lucha contra la tercerización.

Una vez más recordemos que Mariano Ferreyra, estudiante, militante de una organización popular como el Partido Obrero, fue asesinado por una patota que respondía  a la dirección de la Unión Ferroviaria, sindicato conducido por José Pedraza. Este crimen ocurrió durante una movilización de los trabajadores tercerizados del Ferrocarril Roca, que exigían su reincorporación. El crimen de Mariano  tuvo una gran incidencia en la agenda política y social, en la visibilización de la tercerización, expuso los desafíos que enfrentan los sectores populares ante las políticas patronales, sindicales, policiales y judiciales, la complicidad del régimen político con estas prácticas, y como los sectores del poder se articulan para aplacar cualquier proceso de lucha y reivindicación de los derechos de los trabajadores.

El crimen de Mariano Ferreyra exhibió un entablado de negocios entre capitalistas, la dirigencia sindical, la totalidad del régimen político y el Estado sobre la base de la superexplotación, flexibilización y el fraude laboral de los  trabajadores del ferrocarril. Una respuesta a los porque de este salvaje accionar puede estar dado en que esta lucha amenazaba los niveles de ganancias de las empresas concesionarias de los ferrocarriles, y por otro lado, discutía el propio funcionamiento sindical dentro de la Unión Ferroviaria; dado que podrían ingresar trabajadores, los cuales los dirigentes no tendrían controlados. Es importante agregar que existe una conexión con el crimen social  de Once, exponiendo  un funcionamiento deficiente de las instancias estatales que no cumplen su función básica e indispensable en términos del control sobre determinados empresarios con sus prácticas nefastas.

Tercerización y flexibilización laboral. 

La tercerización consiste en que una empresa deja de realizar una parte del proceso de los servicios o del proceso productivo con trabajadores de planta permanente, y acuerda con otra empresa para que haga dichas tareas; esta operación causa un achicamiento de los costos y un deterioro de las condiciones laborales de los trabajadores. La condición del trabajador de las empresas que prestan los servicios tercerizados es peor que la de los trabajadores de las empresas que requieren la tercerización de servicios. Genera disiciplinamiento social, frente al temor al despido, baja de los salarios, no poseer cobertura  social, y condiciones indignas de trabajo

En la sociedad capitalista en fundamental  el papel que juega el disciplinamiento de los trabajadores y los sectores populares. Permanentemente el llamado circulo rojo, cuyo instinto de clase está hiperdesarrollado, censuran y combaten la autoorganización de los oprimidos. Cuando los trabajadores y el pueblo, dejamos de vernos como rivales en una  búsqueda  individual por mejorar nuestra existencia, los dueños del poder sufren su primer derrota. Significa romper el disciplinamiento social, reconocer nuestro rol, terminar con  el miedo a los mecanismos impersonales del capital;  nada alarma tanto a los capitalistas como la organización popular.

El neoliberalismo es un contiguo de tendencias económicas, políticas y sociales que surge de la crisis del capital  que tiene su inicio en los años setenta, donde  un nuevo orden alteró profundamente la distribución del ingreso y modificó las relaciones económicas internacionales, imponiendo lo que se conoce como la globalización neoliberal. La formación de cadenas globales comercializadoras de commodities y la deslocalización de las empresas y la desindicalización acentuó la caída de los salarios. Un modelo económico y social que llevó a millones al desempleo, proliferando la informalidad y precarización laboral. Una de sus consecuencias fue el aumento del porcentaje de trabajadores a tiempo parcial, en quienes se desempeñan en regímenes de mini empleos y, perciben sueldos que los sitúan en la pobreza. Otra forma de desempleo encubierto es el empleo por cuenta propia y el desempeñado por trabajadores de familiares auxiliares. En estas modalidades se encuentran más expuestos que los trabajadores asalariados formales al no contar con acceso a la seguridad social, o a un ingreso, digno, seguro y continuado; la informalidad lleva al crecimiento sostenido de la pobreza y la miseria.

La precarización del trabajo es una realidad a escala creciente, con carácter global, donde la tercerización se extiende a diversas actividades económicas como las industriales, agrarias y de servicios. Esta estrategia llevada adelante, consistente en la informalidad, la inestabilidad, la precarización y la flexibilidad de la fuerza de trabajo, forma parte de un proceso de precarización estructural del trabajo a escala global. Este proceso a escala planetaria, también lo constituyen  los movimientos de capitales, la fragmentación y la relocalización de los procesos productivos, también los movimientos migratorios masivos y continuos que dan cuenta de las condiciones de trabajo degradantes en que se encuentran grandes poblaciones. En  la actualidad la tercerización es central en las nuevas formas de contratación y regulación de las relaciones entre el capital y el trabajo, siendo los jóvenes los más afectados.

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Este modelo económico y social arriba a la Argentina, como derivación de la crisis estructural del capitalismo a nivel mundial, y también con el objetivo de obturar al ciclo de luchas populares y al activismo de los sesenta y comienzos de los setenta, es decir seprodujo una reacción conservadora que se exteriorizó en el golpe de estado de 1976. La dictadura contó con el apoyo total de la burguesía,  una ofensiva de conjunto del capital. La estrategia consistió en priorizar la redistribución regresiva del ingreso y la reestructuración de la economía. Emprendieron una ofensiva contra los trabajadores, mediante la cual profundizaron el control empresarial sobre su proceso organizativo y productivo, modificando  las condiciones de trabajo y dividiendo las organizaciones obreras e intentando aniquilar a los sectores más combativos. La dictadura significó una ofensiva del capital contra el trabajo, para configurar otro modelo donde los grupos económicos concentrados tuvieron una evolución muy significativa, un proceso de concentración fenomenal, lo cual fortaleció enormemente a las patronales, al tiempo que planteó un proceso de erosión de los derechos laborales. Intentó borrar de un plumazo reivindicaciones laborales obtenidas con décadas y décadas de lucha, modificando la relación de fuerzas entre el capital y el trabajo.

Esta línea fue continuada y  profundizada por los sucesivos gobierno que,  legalizaron la flexibilidad y la tercerización laboral, consolidando de este modo, el ataque del capital al trabajo, que intenta en todo momento disciplinar a los trabajadores, con el objeto de ir aumentando la tasa de ganancia. La década del noventa, también está signada por un marco regional que es el del Consenso de Washington, donde se suma el proceso de privatizaciones, que fueron la punta de lanza de la profundización de este cambio en las relaciones laborales. Y en este contexto, los empleados ferroviarios sufren fuertes procesos de tercerización, flexibilización junto a miles de pérdidas de puestos de trabajo;  a esto se sumó la reforma laboral.

La desocupación en los años 90 generó en ese momento un disciplinamiento muy fuerte que condicionó muy negativamente las posibilidades de organización y lucha. Un sector importante  del sindicalismo hizo negocios con las reformas neoliberales, lo cual afectó sus propias bases, siendo un  ejemplo destacado de esto, el extinto secretario de la Unión Ferroviaria José Pedraza. El juicio contra los responsables materiales del crimen de Mariano expuso el entramado de negocios, complicidades,  la organización interna del sindicato, y el disciplinamiento a los propios trabajadores: toda una trama que afecta profundamente la posibilidad de organización sindical, y la posibilidad de militancia en los lugares de trabajo.  La  histórica estructura del movimiento sindical y la transformación social de las últimas décadas terminó con algunos de los líderes convertidos en sindicalistas empresarios que, en lugar de defender a los trabajadores defienden los  intereses patronales intentando disciplinar a sus bases. 

La no registración de las relaciones laborales se encuentra existente en el empleo “en negro” que se concentra en las pymes, la tercerización laboral que ha sido adoptada por las grandes empresas y por el Estado, y los empleados monotributistas. Todos éstos se encuentran desprotegidos frente a las contingencias del trabajo y además perciben salarios menores que los de sus pares registrados. Es evidente que en las últimas décadas, la tercerización y la subcontratación laboral se han transformado en las estrategias centrales utilizadas por el sector empresario para motorizar el proceso de flexibilización.

La tercerización es el resultado de una transformación profunda de los procesos productivos, que llevó a las empresas a delegar parte de sus tareas a otras compañías para ganar competitividad a través de la reducción de los costos laborales. Tiene un efecto disciplinador sobre la fuerza de trabajo, los trabajadores marginados conviven en  el mismo espacio laboral con los registrados, pero con condiciones muy diferentes, estorbando  las posibilidades de generar una identidad colectiva. Los trabajadores subcontratados, aunque hacen las mismas tareas y funciones que los de planta, llegan a tener salarios muy inferiores, al tiempo que tienen escasos derechos laborales y una mayor dificultad para organizarse. Limpieza, vigilancia y mensajería son las actividades más clásicas de tercerización, puesto que se consideran tareas periféricas. Pero también existen situaciones de subcontratación dentro de las propias líneas productivas o de servicios.

Es importante destacar que las actuales normativas respecto de la tercerización siguen siendo las mismas que se aprobaron durante la década menemista. Asimismo los supuestos logros del periodo del consenso de los commodities fueron en la cantidad de empleo, pero no en la calidad del empleo. Uno de cada tres trabajadores se encuentra en la informalidad, mientras que una parte importante de los asalariados formales tienen una relación contractual precaria. Este tipo de relación laboral no genera beneficio económico para el conjunto de la sociedad, pero lo que sí genera es una fragmentación del colectivo laboral. Los objetivos son reducir costos, acrecentar las utilidades  y también  debilitar al movimiento obrero; no afecta sólo a los tercerizados, sino que como sucede con otras formas de precarización laboral, la debilidad de un grupo de trabajadores es también una amenaza para el colectivo. La tasa de ganancias es claramente el objetivo empresario, pero también es fortalecer al capital en su relación con el trabajo con la fragmentación, brindándole  un enorme poder.

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La flexibilización y tercerización en los ferrocarriles.

La  historia  del  Ferrocarril en la  Argentina  es  la  historia  de  la  lucha  contra  la entrega   y   la   subordinación   de   la   burguesía   gobernante   al   capital   extranjero. Los sucesivos gobiernos  hipotecaron los trenes para luego entregarlos a la privatización. Durante toda su historia el conjunto de los trabajadores y en forma particular los ferroviarios lucharon en defensa de los trenes. Se destacan las luchas ferroviarias en la denominada resistencia contra la Libertadora. Con Frondizi en el gobierno, se aplica el Plan Conintes, en donde se militarizan los ferrocarriles, que son intervenidos con el intento de desguazarlos, éste es enfrentado y resistido por los trabajadores ferroviarios.

En  la  última  dictadura  militar Ferrocarriles  Argentinos,  como  todas las empresas del  Estado, son endeudadas como garantías de créditos; esto bajo el terror y la desapariciones de decenas de trabajadores ferroviarios. Durante el gobierno de Alfonsín, se quiso implementar una reformulación de los trenes, favoreciendo el gerenciamiento privado. Ya con Menem se concreta la concesión de la empresa a distintos oferentes, que significó el desguace y una considerable declinación de servicio. La empresa estatal Ferrocarriles Argentinos fue fraccionada en 1991 y literalmente liquidada en 1995. Pero antes de concretar el traspaso a los concesionarios privados, la administración menemista se encargó de despedir masivamente a los trabajadores ferroviarios..

Los trabajadores ferroviarios cuentan con una valiosa tradición de lucha contra los ataques a sus derechos laborales. Desde la heroica resistencia a las privatizaciones menemistas en la década del ’90, también contra las condiciones de flexibilización laboral en todos los rubros del trabajo, avaladas por leyes neoliberales. El costo social de la privatización de los ferrocarriles representó el recorte de miles de puestos de trabajo, el cierre de ramales y talleres y la desconexión de cientos de pueblos que quedaron en vías de extinsión.

Durante la llamada postconvertibilidad se mantuvo intacto el esquema privatista con una fabulosa política de subsidios a los concesionarios, el deterioro constante de la infraestructura, la precarización y tercerización laboral, Los sectores populares mayormente usuarios de estos servicios, sufrían diariamente esta políticas, viajando como ganado o incluso perdiendo la vida yendo a trabajar, en los constantes “accidentes”, siendo un punto de inflexión el crimen social de Once. La lucha por el pase a planta de los trabajadores tercerizados, la lucha por la justicia del crimen de Mariano y la de los familiares de las víctimas de la masacre de Once obligan al gobierno a un cambio en sus políticas. Se anuncia en el 2015 la reestatizacion de solamente  los ramales de pasajeros, no así  del sistema de carga que continuo en manos privadas, asimismo se aplicó un plan de inversión y renovación de la infraestructura.

Existieron y existen  muchas luchas contra la tercerización, precarización laboral, pidiendo la incorporación a planta y el acceso a los derechos básicos; y la imagen de Mariano se convirtió en un símbolo de muchos movimientos de trabajadores de distintas actividades económicas que denunciaron y denuncian  la precarización y tercerización. El emergente de nuevas luchas  de los tercerizados expone un cuadro en el que no solo se mantuvo el fraude laboral, sino que demuestra una política de reconstrucción del negocio de la tercerización; la dirigencia sindical, siguió siendo cómplice del ahora administrador de los ferrocarriles, la empresa del Estado, Trenes Argentinos, en el negociado de superexplotación y precarización laboral.

La continuidad del fraude laboral.

En las diferentes líneas de  Ferrocarriles Argentinos Sociedad del Estado, se renovó la política de las tercerizaciones y el fraude laboral, con despidos arbitrarios a los trabajadores que intentaban organizarse; en respuesta emergieron luchas por la reincorporación y el pase a planta permanente de los trabajadores tercerizados, con cortes de vías y diferentes acciones de lucha en el Roca, el Mitre y el Sarmiento. En el Roca, los tercerizados de seguridad de MCM lograron organizarse sindicalmente y realizar una elección de delegados encuadrados en un sindicato de seguridad.  Protagonizaron diferentes acciones, movilizaciones y una fuerte campaña para  exponer sus reclamos y dar a conocer su situación, buscando la solidaridad de los trabajadores  de planta y los usuarios.

 Un recorrido por las luchas de los trabajadores ferroviarios tercerizados, en los últimos años expone la vigencia de  la precarización laboral, los negociados  con los subsidios y la  superexplotación laboral. Aplicados por el Estado, sus funcionarios y las empresas, con la complicidad de la dirigencia sindical de los sindicatos ferroviarios. Durante la crisis pandémica, estos trabajadores que fueron considerados esenciales, reclamaron elementos de prevención sanitaria con un paro parcial de actividades y el reclamo de  medidas de cuidado. Los contagios y la muerte de varios trabajadores obligaron a trabajar a personas de riesgo y  sin tener acceso a elementos de higiene mínima, todo esto con la complicidad del directorio de Trenes Argentinos  y las distintas instancia del Estado; siendo totalmente indulgentes con los empresarios de las tercerizadas que no garantizan condiciones mínimas de salubridad. 

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Las condiciones laborales de los trabajadores tercerizados del ferrocarril son paupérrimas, por ejemplo no cuentan con baño ni un lugar de descanso, tienen que costear sus uniformes, largas jornadas laborales,  salarios por debajo de la línea de pobreza. Las empresas continúan despidiendo, avasallando derechos laborales y mezquindando los salarios.  Esta situación no es muy distintas a la realidad de cientos de miles que trabajan para tantas otras empresas o en distintos sectores del Estado, también precarizados o en la informalidad. En Argentina cerca del 50% de los trabajadores se encuentran bajo este tipo de régimen laboral, llegando al 70% entre los jóvenes, según un análisis realizado por el INDEC. El fraude laboral fue mantenido e incluso incentivado desde el propio Estado, una parte de sus trabajadores son contratados como monotributistas, otra forma de precarización laboral.

Las distintas empresas contratistas de Trenes Argentinos incumplen normativas legales, buscan evadir responsabilidades fiscales, contractuales y maximizar ganancias. Esto es un caso simbólico porque es una empresa del Estado la que terceriza tareas esenciales y especificas de la actividad. La manera de eludir el carácter de empleador inmediato de la empresa ferroviaria es clasificando a los trabajadores de las tercerizadas como empleados de seguridad o de servicios negando el vínculo laboral directo. Además, este tipo de subcontratación significa un  negocio millonario, las ganancias se concretan entre la diferencia  que las empresas reciben por sus “servicios”, y los salarios por debajo de la línea de la pobreza, de sus trabajadores. Mientras tanto, la tercerización es una manera de precarizar el trabajo ferroviario, empujando todos los salarios a la baja. También es una forma de dividir a los trabajadores en “sub categorías” y debilitar el poder de reclamo.

Esto trabajadores ferroviarios  se  encuentran en una situación de informalidad y discriminación, encuadrados bajo un convenio ajeno al de la Unión Ferroviaria, perciben salarios distintos a los enmarcados en su actividad. Denuncian descuentos irracionales, condiciones sanitarias deficientes, nulos elementos de seguridad e higiene, además de sufrir amenazas constantes de ser despedidos. El pase a planta permanente no significa nuevos  puestos de trabajo, sino la formalización de su trabajo, y  que la totalidad de su salario vaya directamente a su bolsillo y no a una empresa tercerizada.

 El crimen de Mariano Ferreyra visibilizó  un entramado de negocios entre capitalistas, la burocracia sindical y el Estado sobre la base del fraude laboral. A pesar de conquistas parciales esta metodología  continúo, no fue el fin del entramado de tercerizaciones que aún subsiste en todos los ferrocarriles. Los nuevos conflictos exponen una situación en que no solo se mantuvo el fraude laboral, demuestra una política de reconstrucción del negocio de la tercerización. Resulta muy importante la experiencia de organización independiente que los trabajadores han emprendido en diversas empresas, logrando poner exitosamente en el centro de la escena todas las demandas de los trabajadores, que merced a la subcontratación, quedaron excluidos del ámbito de la negociación colectiva. Por su parte la actual dirigencia  sindical, sigue siendo cómplice del Estado y las patronales, a pesar de ello la organización y la lucha  de los trabadores tercerizados logró una mesa para negociar el pase a planta efectivo y la reincorporación de los despedidos.

La empresa Trenes Argentinos incumple normativas legales, no para evadir responsabilidades fiscales o contractuales, sino para maximizar las ganancias de las tercerizadas, para la corruptela de su directorio y de los dirigentes sindicales, pero fundamentalmente como método de disciplinamiento para el conjunto de los ferroviarios; una manera de dividir a los trabajadores en “sub categorías” y debilitar el poder de reclamo, empujando todos los salarios a la baja. . La manera de evadir el carácter de empleador directo es catalogando a los trabajadores de las empresas tercerizadas como empleados de servicio, un negocio redondo para las patronales donde, vergonzosamente, la burocracia sindical también tiene su parte, siendo dueña de empresas tercerizadas

Hoy el gobierno se escuda en  la pandemia y la “herencia macrista” para justificar una miserable situación social,  aplicar un duro ajuste, y  permitir que los sectores hegemónicos de la sociedad continúen incrementando sus ganancias, avasallando derechos laborales y  salarios.  Luego de las elecciones primarias, estamos ante un giro conservador del gobierno del Frente de Todos, que junto a la oposición de derecha coinciden en un consenso fondomonetarista  que  promueve  el aumento de la flexibilización, la precarización, la tercerización y la informalidad. En pocas palabras, gobierno y “oposición” promueven el disciplinamiento social  como principal elemento de persuasión política.  La aplicación de la “mano dura” a las movilizaciones populares, el avance sobre la autoorganización, el intento de mantener la “paz social” y la desmovilización popular llevada a cabo por las organizaciones sociales cooptadas por el régimen y el rol histórico dirigencia sindical entreguista, tienen  el objetivo de anular cualquier lucha  que entorpezca el libre funcionamiento del capital.

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