Cuando ellos dicen muerte, nosotras gritamos vida: Contra el estado de excepción y la militarización del país.

El lunes 18 de octubre, el presidente del Ecuador, Guillermo Lasso decretó en cadena nacional, el estado de excepción en todo el Ecuador durante 60 días. Además presentó el proyecto de Ley de Defensa del Deber de la Fuerza Pública y anunció la creación de la Unidad de Defensa Legal de la Fuerza Pública.

El aparente motivo del gobierno neoliberal es combatir la “inseguridad y la delincuencia”, pero ¿En qué consiste este decreto 224? 1) que las Fuerzas Armadas se encarguen de la seguridad nacional y se movilicen para reforzar la vigilancia y el control; 2) que los militares tengan la potestad de coordinar con la policía “la prevención del delito, la protección interna, realizar operativos de control, registros y requisas de porte de armas y sustancias”; 3) que el presidente Lasso pueda determinar la suspensión o limitación de “la inviolabilidad de domicilio, inviolabilidad de correspondencia, libertad de tránsito, libertad de asociación y reunión, libertad de información, y censura previa a medios de comunicación”; 4) con la creación de esta Unidad se proteja exclusivamente, a los miembros de la Policía Nacional y Fuerzas Armadas que sean demandados por “cumplir con su deber”. Como declaró el mandatario: “Este gobierno indultará a todos aquellos que hayan sido injustamente condenados por haber cumplido con su labor”.

Nosotras sabemos que a Lasso, y a las élites a las que representa, no les conmociona el hambre, el despojo y la violencia sistemática. Su limitada visión organiza el mundo entre delincuentes y “gente de bien”. Desaparecen así la condición histórica de injusticia y desigualdad, y la responsabilidad del Estado en la producción de pobreza y concentración de la riqueza.

Lo que realmente les conmociona es la digna rabia de un pueblo que se ha levantado varias veces contra cada gobierno anti popular; un pueblo que ahora muere de hambre, que resuelve la cotidianidad con deudas que le asfixian, un pueblo que sobrevive sin la mínima garantía para acceder a educación, salud, empleo, vivienda, ni seguridad social.

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La conmoción de las élites y de este gobierno de los empresarios no es por nuestra seguridad ni por la protección de la vida. Su interés mayor es asegurar su ejercicio de poder y su bolsillo, que nunca para de crecer, que siempre necesita de más.

Mientras el pueblo muere de hambre, ellos lavan plata en paraísos fiscales y evaden impuestos. Mientras la “gente de bien” se horroriza ante el aumento de la violencia y exige más bala y represión, el pueblo se ahoga entre rebuscar en las calles un poco de dinero para alimentarse, y tratar de sostenerse con dos o tres empleos. Mientras los ricos en este país aumentan sus fortunas a costa de nosotrxs, el 70% de la población que trabaja no alcanza ni siquiera a cubrir la canasta básica familiar, mucho menos llega a tener derechos laborales. Mientras los empresarios aumentan sus ganancias porque el Estado les subsidia y perdona deudas, las mujeres y las cuerpas feminizadas hacen malabares para sostener la vida, mientras habitan la violencia del capitalismo, el patriarcado y el racismo.

A este gobierno y sus intereses no les importan la vida ni la dignidad. Su propósito está claro castigar y criminalizar la pobreza.

Nosotras sabemos que el narcoestado ecuatoriano no va a combatir el narcotráfico, va a limpiar las calles de los cuerpos negres, indígenas, empobrecides, migrantes, que son usados dentro del eslabón más bajo de la cadena de valor del narco como carne de cañón, como vidas que no importan. Los ricos nunca van a ir por los narcos de bien, los de su clase política y social, que son el verdadero problema. No les importa la venta y circulación de drogas por el territorio nacional. Menos los carteles con los que negocian a diario y con los que el Estado está coludido.

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Para eso necesitan crear enemigos internos que organicen esta nueva guerra contra la vida. A las élites no les importa que tus hijos se metan drogas (que ellos venden) les importa que tus hijos no se rebelen, ni luchen contra el poder. Esta nueva medida contra quienes menos tienen y tratan de subsistir a diario, es también una declaración contra la organización y la movilización del pueblo ecuatoriano.

Declaran estado de excepción, militarizan las calles, prohíben las reuniones para combatir a “gente armada”, mientras semanas atrás ellos mismos proponían al país el porte libre de armas para que los ciudadanos se puedan “defender”.

Queda claro que lo único que les importa proteger es la riqueza que el pueblo crea y que ellos se apropian, y la posibilidad de acrecentarla profundizando la condiciones precarias y de explotación del trabajo, propiciando privatizaciones, desmantelando, los ya precarios, sistemas de educación, salud y seguridad social. Recuerda…al Estado no le importa defenderte, nunca le ha importado.

“Si no hay educación ni empleo vengan a las fuerzas armadas” nos dice cínicamente el presidente banquero. Pero nadie tendría que elegir entre morir de hambre y ser una máquina de matar. Las fuerzas armadas son instituciones impuestas como formas de movilidad social, en donde los cuerpos despojados, saqueados, explotados históricamente tienen como única opción, para acceder a un salario, vivir el proceso de deshumanización e ideologización para la guerra. ¡Ningún wawa sueña con ser policía, con ser asesino, nosotras sabemos que esa es una imposición social!

Con este decreto, Lasso crea la Unidad de Defensa Legal de la Fuerza Pública para legitimar y legalizar que la policía y los militares puedan asesinar sistemática e impunemente. Así el presidente evasor ordena a quiénes matar, mientras que la fuerza pública ejecuta sus órdenes y las leyes protegen a los asesinos.

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Entre los varios aprendizajes que nos dejó el levantamiento de Octubre de 2019, es que la política de requisa, control y asesinato por parte del Estado (policías y militares) ocurre contra cuerpos específicos, les racializades, les empobrecides, les despojades de sus tierras y territorios, específicamente indígenas, negres y migrantes. Por eso legitimar la salida de las fuerzas armadas a las calles, es criminalizar la pobreza y la migración. Como bien dicen les jóvenes, no comamos cuento.

Sabemos que las calles de este país son cada vez más injustas y cada vez más violentas, pero hacemos un llamado para que reconozcamos que ésta se desata por el nivel de hambre, incertidumbre, y saqueo a la que nos ha expuesto el mismo Estado, el Fondo Monetario Internacional y los empresarios de este país. Jamás hemos visto al gobierno, ordenar al Ministerio de Finanzas, que ponga todos los recursos para aliviar el hambre, las injusticias y el despojo de las cientos de mujeres y wawas migrantes que están en situación de calle; jamás se han pedido recursos para que las miles de familias ecuatorianas que no cuentan ni con vivienda, ni con empleo, ni con nada, tengan condiciones mínimas para vivir.

Al Estado no le importa tu seguridad, ni tu protección y mucho menos tu cuidado. Crea enemigos internos, que ahora llama narco y delincuentes, para combatir el terror con más terror. Los verdaderos narcos y delincuentes son las élites, son quienes gobiernan. ¡Es el Estado!

Que el dolor en el corazón y la rabia que sentimos se convierta en más tejidos organizados, en más entramados comunitarios, en más movilización. Que ojalá esta nueva ofensiva de las élites nos regrese a lo más importante: defender la vida digna y que esta deje de ser una posibilidad para convertirse en una certeza para todxs”.

One thought on “Cuando ellos dicen muerte, nosotras gritamos vida: Contra el estado de excepción y la militarización del país.

  1. Ni una palabra sobre la respuesta del movimiento indígena, es extraño, como que no existiera. Tiene el mismo olor que emanaba de algunos MTDs en Argentina que se lanzaron en picada contra la autonomía del MTD Solano. No extrañaría que alguno de los firmantes haya pasado por las escuelas de cuadros del MST brazo agrario del PT de Brasil.

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