Alvaro García Linera y la nueva condición obrera

La siguiente es una participación en el marco del ciclo de formación política “Marxismo e Indianismo” organizado por el colectivo Crítica de la Economía Política (Bolivia) y la revista ¡Bolivia de Pie!

De lo que vamos a hablar hoy es sobre una serie de trabajos de Álvaro García Linera poco estudiados y poco difundidos, que son los referidos al estudio del movimiento obrero. Son las investigaciones que García Linera consagró al estudio de las transformaciones en el mundo del trabajo durante su etapa como profesor e investigador en el Instituto de Investigaciones Sociológicas de la Universidad Mayor de San Andrés de La Paz (1997-2004) y que son condición necesaria para conocer y poder analizar la historia reciente de Bolivia.

Recordemos que en 1997, Álvaro García Linera, Raquel Gutiérrez y otros militantes del Ejército Guerrillero Tupac Katari (EGTK) salían de prisión luego de haber sido detenidos en 1992, torturados y retenidos ilegalmente durante cinco años sin proceso alguno.

Eran en palabras de García Linera “tiempos signados por la derrota”, eran los tiempos de la instalación de las políticas de mercado a nivel planetario tras la disolución de la Unión Soviética, de la caída del Muro de Berlín, de la inserción de China al mercado capitalista mundial, del fin de las utopías revolucionarias tras la derrota del movimiento obrero organizado y el aniquilamiento de las organizaciones revolucionarias a través de sangrientos golpes de estado.

Estamos en ese contexto que se abre en los ´80 con el surgimiento de los gobiernos conservadores, recordemos a Margaret Thatcher (1979-1990) en Reino Unido y Ronald Reagan (1981-1989) en los Estados Unidos.

Estaba muy fuerte en ese momento la lucha del sindicato minero (National Union of Mineworkers) que supo ser emblema de resistencia y combatividad obrera frente al capital, que después de un año (1984-1985) de confrontación abierta con el gobierno de Margaret Thatcher fue finalmente derrotada por “la dama de hierro” autora de la frase que representó gráficamente el cierre de la era de los proyectos revolucionarios: “No hay alternativa”.

Vamos a empezar señalando que García Linera plantea 3 preguntas iniciales que operan como interrogantes que van a atravesar todas sus investigaciones:

¿Por qué es que el movimiento obrero ha desaparecido temporalmente?

¿Cuál es la situación del trabajador hoy?

¿Cuáles son sus condiciones de posibilidad material para reconstituir una nueva fuerza e identidad social?

Era necesario saber qué fue lo que sucedió en el país. Y puntualmente cómo fue el impacto de las grandes reformas neoliberales y cómo afectaron a los mineros que fueron símbolo y orgullo del proletariado en Bolivia, sobre todo a partir de su acción decidida en la revolución nacionalista de 1952, en la que la clase minera logro constituirse como sujeto hegemónico sobre el resto de las clases subalternas.

Para meternos de lleno en el tema quiero compartir una definición muy interesante que ilustra las inquietudes y la posición de García Linera sobre el tema del supuesto “fin de la clase obrera organizada” tal cual la conocíamos, tomando distancia de cierta izquierda liberal, como él suele llamarla, o conversos, que no pudieron resistirse al llamado del neoliberalismo y es la que anuncia con resignación pasiva el “fin de la clase obrera” los que tenemos algunos años recordaremos que se hablaba de “la muerte de la clase obrera organizada”, y también tomando distancia de un sector de izquierda de acento trotskista que le reclamaba a los obreros tareas y asumir un rol de sujeto histórico para el cual ya no tenían condiciones materiales e históricas para asumir.

¿Qué es lo que dice el Álvaro García Linera al respecto?

“Las conclusiones generales son que los obreros no han desaparecido, incluso aumentaron, pero ha habido una modificación de la estructura material de la condición, de la identidad y de la composición política y cultural de la clase obrera, de allí se deriva una explicación de porque la COB se extingue como movimiento social unificador del país”.

Siguiendo el método planteado por Toni Negri en sus estudios en el período del obrerismo italiano, que se encuentran en el libro “Del obrero masa al obrero social”, García Linera va intentar explicar cómo las transformaciones en la estructura material necesariamente traen aparejadas transformaciones en la estructura subjetiva, en su identidad de clase, en su proyecto histórico y por supuesto en el tipo de organización.

A partir de trabajos como “Los ciclos históricos de la formación de la condición obrera minera en Bolivia (1825- 1999)” García Linera construyó una arqueología de la clase minera, explicando su surgimiento y su desarrollo para ir describiendo y analizando las transformaciones materiales y subjetivas del colectivo minero.

El obrero artesano de empresa. Es la base de la composición del ADN del proletariado minero en Bolivia. Se desarrolló entre los años 1850 y 1900 en el seno de centros industriales a gran escala, como las compañías mineras Huanchaca, Portugalete, Real Socavón, Chorolque y Antequera y gracias a su gran congregación de obreros se constituyeron pueblos mineros. Se caracterizó por estar atado a fuertes vínculos con la estructura de producción comunal – campesina, y como tal, tener una subjetividad más anclada a la temporalidad agraria o artesanal que a la era de la industria. Técnicamente se valió individualmente de saberes manuales propios del artesano en el proceso de trabajo inmediato, contando con innovaciones en infraestructura para la época como los rieles y carros metaleros para la extracción y transporte de minerales, acueductos y máquinas a vapor para el desagüe, entre otros. Los organismos de clase fueron las cajas de socorro mutuo, las mutuales con base territorial y estructuras de solidaridad por empresa o por localidad con poca representatividad colectiva y escasa capacidad de negociación con el Estado.

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El obrero de oficio de gran empresa. Surgió a fines de la década de 1910 con el repunte de la minería de estaño. Si bien fue heredero de la destreza del antiguo artesano, se caracterizó técnicamente por combinar el trabajo manual con la aplicación de nueva tecnología hasta ese momento inexistente. El modelo paradigmático de este tipo de obrero fue el maestro perforista capaz de con su destreza aumentar la productividad contenida en las máquinas.

A partir de su labor se construyó un núcleo de beneficios como procedimientos de ascensos y promociones en la empresa, remuneración por antigüedad y contrato por tiempo indefinido, entre otros. Esta es una característica importantísima porque lo ubicó en el sector más privilegiado del movimiento obrero y dio paso al surgimiento de una cultura obrera de largo plazo. Su ubicación estructural dentro del proceso productivo le garantizó el “capital económico” pero también lo que el sociólogo Pierre Bourdieu denominó “capital simbólico”, a saber, la capacidad de consagrar, de hacer reconocer como legítimo lo que se hace y se dice formando un “habitus” como “una manera de entender el mundo” y constituir un “conjunto de esquemas cognoscitivos productores de prácticas” logrando, a decir de René Zavaleta, irradiar a través de sus esquemas y prácticas sociales al conjunto de las clases subalternas y lograr así una posición hegemónica sobre el resto.

En relación a sus organismos de clase, se presenció el paso de las cajas de socorro y mutuales a la forma-sindicato. Primero fueron los sindicatos de oficios varios, emergentes en los años veinte, que continuaron la tradición de organización territorial, y finalmente se crearon los sindicatos por centro de trabajo que “después de la guerra del Chaco, se erigirán como la forma predominante que adquirirá la organización minera”, cuyo coronario tras la victoria del ´52 fue el nacimiento de la Central Obrera Boliviana (COB). Con el inicio del ciclo neoliberal surgirá una nueva figura con características específicas: el obrero de especialización industrial flexible.

Acá ya nombramos a la COB, entonces va a ser importante antes de seguir hacer un paréntesis, porque la COB para García Linera va ser la estructura material y soporte simbólico del sindicalismo minero.

Brevemente podemos decir que los primeros antecedentes de experiencias obreras se registraron con las primeras luchas en las minas de Corocoro en 1858 pero recién para finales de 1870 se crean las primeras asociaciones de socorros mutuos y de tipo cultural, como la “Filarmónica Primero de Mayo” y el Centro de Obreros. La historia política boliviana del siglo XX estuvo atravesada por la historia del sindicalismo obrero, su alianza con los militares nacionalistas de la revolución del ´52 y el surgimiento de un nuevo tipo de Estado sobre las bases de un pacto que va a perdurar desde 1952 hasta 1985.

Acá quiero citar a René Zavaleta Mercado que dijo:

“En pocos lugares del mundo es tan acabada la centralidad obrera como en la implantación de lo nacional-popular en Bolivia (…) Se recuerda con ello, como es natural, que la de 1952 fuera la primera insurrección obrera triunfante en América Latina”.

Esto no quiere decir que Zavaleta Mercado desconozca procesos revolucionarios anteriores en Latinoamérica, como por ejemplo la Revolución Mexicana de 1910, sino que en la del ´52 el peso y la acción de los obreros va a ser determinante. Después la COB va a plantear las demandas de la nacionalización de las minas, los ferrocarriles y la implementación de la “revolución agraria”, que van a ser importantísimas.

Sabemos que en términos generales García Linera va a tener una mirada crítica de la revolución del ´52 pero no vamos a hablar de eso hoy aquí porque sería muy extenso. Solo voy a leer una definición de García Linera que es importante:

“Desde entonces y hasta el día de hoy, la COB se convirtió en un movimiento social que estructuralmente es la articulación de varios movimientos sociales, en torno a la conducción y hegemonía obrera”.

Vamos a retomar el tema del obrero de oficio de gran empresa y especializado.

Desde el año 1952 el sindicato pasó de ser la institución natural de clase donde los obreros reconocieron su condición, se auto-organizaron y accedieron de forma privilegiada a todos los derechos sociales. Es eso que el sociólogo Robert Castel llamó la “sociedad salarial” que es el momento en el que el obrero deja de percibir un salario como retribución económica por una tarea, por la venta de su fuerza de trabajo, para comenzar a acceder a toda una serie de derechos sociales que hasta ese momento le estaban negados.

A través de una sólida alianza Estado-sindicato, el minero encontró la posibilidad de acceso a un empleo, obtener vivienda, acceso a la salud, posibilidad de ahorros sobre el que se sostenga un mejor porvenir para la familia, enviar a los hijos a la universidad o acercando al migrante rural al ámbito de lo “moderno”, a sus posibilidades reales y míticas de “progreso” y “superación” dice García Linera. Todas las posibilidades materiales y simbólicas a las que pudo aspirar un trabajador estuvieron contenidas en su sindicato, su identidad, el ascenso social, su horizonte y porvenir.

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García Linera lo explicó en “La condición obrera. Estructuras materiales y simbólicas del proletariado de la minería mediana (1950-1999)” de la siguiente forma:

“La historia del sindicalismo minero es la historia de la conformación de la identidad de clase del proletariado minero. A través del sindicato, el asalariado de las minas no solo creó un espíritu de cuerpo sino también un horizonte de acción, una manera de desear el porvenir, de mirarse en él, de encontrar certeza en el futuro. En este sentido, el sindicato fue la forma organizativa mediante la cual los obreros acumularon experiencias, aprendieron a hacer política, se enfrentaron con el Estado, se protegieron mutuamente y crearon una narrativa colectiva en la historia”.

Es muy importante todo lo que representa, aunque esa narrativa histórica fue soporte de un modelo histórico que desapareció.

El rol de la mujer en la actividad minera

Aunque siempre haya estada casi invisibilizada, la mujer jugó un rol importante dentro de la actividad minera. Inicialmente la división social del trabajo le destino a la mujer las tareas de domésticas y esto logró establecer un imaginario específico respecto de las tareas que realizaba el minero-varón y la mujer-ama de casa, pero esto en realidad no siempre fue así. Basta con releer la historia de la lucha de clases en Bolivia para comprender el rol transformador de la mujer en el territorio, en las comunidades y en el sindicalismo minero anarquista principalmente en el período que abarcó desde el fin de la guerra del Chaco con la Federación Obrera Femenina (FOF) y su participación en la Federación Obrera Local (FOL) y que finalizó con la revolución del ´52 que le otorgó a la mujer un rol muy secundario en política.

En el período de consolidación del obrero de oficio industrial existió una amplia presencia de mujeres asalariadas en el trabajo minero en las áreas de selección de minerales conocido comúnmente como “palliris” pero también en el acarreo de mineral. Pero la implementación de nueva tecnología en el trabajo introdujo cambios que fueron expulsando a las mujeres fuera de la mina, por ejemplo, a comienzos de la década de 1930 se produjo la introducción de sistemas de explotación en masa y ya para 1946 la aparición del sistema Sink and Float acabará por sustituir la selección manual llevada a cabo por las palliris y arrinconó el trabajo femenino en el área de servicios.

“Situación de desvalorización que quedará consolidada con la revolución del 52 y el Estado nacionalista que se recubrirá de una ideología masculinizada de la historia” va a decir García Linera.

De hecho, en una oportunidad recordó que una entrevista de trabajo de campo que realizó en las minas de Porco muchos mineros le decían; “el sindicato es de puro hombres” o “¿cómo una mujer nos va a llamar la atención?” cuando las mujeres empezaron a ocupar puestos de responsabilidad en la mina como Ingenieras (cargo generalmente ocupado por hombres).

Las transformaciones del mundo del trabajo y la nueva disciplina fabril

El contexto de inestabilidad social y económica provocado por la hiperinflación y la crisis de los precios de los principales minerales de exportación de la COMIBOL (estaño, plata, cobre) llevó a la gigante estatal a la quiebra, junto a la catastrófica derrota del movimiento obrero boliviano, en particular de su núcleo: los trabajadores mineros de la COMIBOL.

Finalizaba el ciclo de acumulación abierto con la revolución del ´52 y se ingresó a la fase neoliberal.

Recordemos la lapidaria frase del presidente Víctor Paz Estenssoro: “Bolivia se nos muere” y en medio de esa terrible crisis ¿Cuál fue la respuesta del gobierno? Estamos hablando del MNR (Movimiento Nacionalista Revolucionario) el mismo partido de la revolución del ´52.

El Estado saldó el conflicto a favor del capital. Se aplicó el decreto 21.060 del gobierno de Víctor Paz Estenssoro que conllevó una batería de medidas antipopulares congelando salarios, anulando la asistencia social a los más necesitados y liberalizando la economía del país que finalizaría con la privatización y cierre de minas. Los mineros salieron a las calles pero esta vez no alcanzó. Fueron miles en la Marcha por la Vida de 1986, pero al llegar a la localidad de Calamarca en el departamento de La Paz un imponente dispositivo de retén militar frenó el avance de los mineros, quienes alertados de la decisión del gobierno de masacrarlos, desistieron en la medida y retornaron a sus hogares derrotados al grito de “los mineros volveremos”.

¿Qué había cambiado en Bolivia? El Estado ya no necesitó a los mineros como base social de un proyecto de Nación, fue el ocaso del Estado nacionalista producto del proceso revolucionario del ´52 frente a uno nuevo que surgía como emergente de un proceso de agotamiento de un patrón de acumulación del capital y del despliegue del neoliberalismo como nuevo horizonte de época. Recordemos que había terminado lo que los economistas liberales llamaban la época de las tres décadas doradas del capitalismo que es el período de acumulación que se inició alrededor de 1945 y que finalizó en 1975.

Dentro de las minas se inició un proceso flexibilización laboral acorde a la embestida neoliberal que atravesaba el movimiento obrero en el mundo, permitiendo el surgimiento de lo que anteriormente llamamos el obrero de especialización industrial flexible.

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Vamos a tratar de enumerar algunas de sus características. Con su llegada desapareció el trabajo en equipo a gran escala y se lo remplazó por pequeños grupos autónomos que planificaron y controlaron aisladamente, unos de otros, todo el proceso de extracción y refinamiento del mineral hasta ser entregado a la empresa a cambio de una remuneración que cambió en su forma habitual para ser remplazada por el “corte relleno y recuperación de mineral”, la cual se incrementaba en función del mineral procesado entregado por la cuadrilla a la empresa. Ya no bastó con extraer la carga de la mina, sino que, a partir de los nuevos cambios introducidos por las políticas del mercado, el obrero fue responsable también de procesarlo, y según los kilos finos de mineral entregados, su salario se incrementaba generando una nueva modalidad de trabajo a producción y de competencia entre los propios trabajadores.

Este nueva modalidad de explotación en la estructura minera produjo un “trabajador polivalente” obligado a realizar todas las tareas dentro de la mina (dependiendo de las necesidades de la cuadrilla) así como fuera de la mina (limpieza, seguridad, transporte, cobro) lo que llevó a la supresión de la tradicional forma organizativa del trabajo estructurada con una específica división del trabajo y jerarquías al interior de la cuadrilla, que transformó sustancialmente las funciones del perforista, jefe de cuadrilla, jefe de punta, ayudante, palero, etc, agravadas a la vez por la introducción de nuevas tecnologías y la apropiación de saberes obreros por parte de la nueva clase dirigente.

Dice García Linera:

“Antiguos saberes obreros que permitían antiguos poderes del trabajo frente al empresario, que le otorgaban capacidad de negociación, ahora han sido abolidos por un sistema técnico que ya no necesita del conocimiento acumulado y heredado por el maestro perforista y su cuadrilla”.

Se perdió de esta forma no solo un acumulado histórico de generaciones que dejaron su vida en el trabajo en las minas, sino a la vez la palanca esencial con la que el obrero presionaba al patrón en la lucha por sus demandas. Simultáneamente se dispuso en la mina un espacio de control y disciplinamiento social donde la empresa aumentó los niveles de explotación obligando, entre otros, a responsabilizar al trabajador por sus propias condiciones de salud y seguridad laboral, el cuidado de los equipos y herramientas y manejo de “tiempos muertos”.

Siguiendo el análisis de las formas de control propuesto por el filósofo Michel Foucault hablaríamos del diseño de una “tecnología política de los cuerpos” destinada al (auto) control de las conductas y comportamientos productivos al interior de la mina. Vale decir que quienes más se opusieron a estas normas fueron los trabajadores más antiguos. Acá aparece algo importante que es una ruptura generacional, porque para los trabajadores más viejos el sindicalismo y la minería eran sinónimos por lo que contaban con mayores reflejos para enfrentar la ofensiva neoliberal, mientras que los trabajadores más jóvenes mostraron una rápida inclinación a aceptar las nuevas modalidades de control patronal.

El salario, como es de suponerse, fue otra de las variables centrales de ajuste. En 1985 el gobierno estableció un salario mínimo desde el cual cada sindicato por separado debió negociar sus propias reivindicaciones económicas, lo que llevó a lo que García Linera describió como una “fragmentación del cuerpo colectivo minero que lentamente comenzó a alejarse de los posteriores rituales de movilización de la COB por la aplicación de un pliego único centralizado”. Lo que condujo finalmente a aceptar negociaciones “individuales” entre trabajadores y empresa, en un marco de correlación de fuerzas desfavorable para los obreros quienes terminaron cediendo frente a las posiciones patronales.

¿Y entonces qué pasó? Finalmente el saldo fue desolador. Se perdieron conquistas históricas atando el salario a la productividad de la empresa lo que condujo a mayores niveles de explotación; se perdieron horas extras, bonos de producción y el pago de hora nocturna, seguro de vejez y la jornada de 8 horas de trabajo. En quince años, estas políticas produjeron grandes cambios sociales. No sólo se entregó a las empresas transnacionales el control del 35% del Producto Interno Bruto (PIB), dejando al Estado, según García Linera, “en un papel de mendigo internacional y de policía local, encargado de disciplinar a las clases peligrosas”. O sea, el Estado va a ser el garante de disciplinar al obrero en la mina y en las fábricas en beneficio del gran capital.

Pero lo que cambio fundamentalmente, y aquí García Linera le da mucha importancia a esto, es a la idea de que lo que desapareció fue un horizonte societal, un destino social para los hombres y las mujeres que estaba signado por el trabajo, el trabajo como medio para el ascenso social y el bienestar de las familias obreras.

A modo de cierre o final abierto, algunas de las conclusiones que podemos extraer de todo este período son:

Por un lado, me parece muy interesante remarcar el espíritu de Álvaro García Linera, en un contexto marcado por el fracaso de los proyectos revolucionarios, tras su salida de prisión se va a dedicar a cuestionar esa narrativa victoriosa del mercado y lo hace a través del estudio y la investigación, pero no como un mero ejercicio intelectual, sino como una necesidad política, heredera de Marx, de Lenin y de lo mejor del socialismo científico, analizar las condiciones objetivas en que se desarrolla el mundo del trabajo y se desenvuelve el conjunto de la sociedad para pensar las condiciones de desarrollo y posibilidad de acumulación que tienen la clase obrera y las clases subalternas para constituir un bloque popular que dispute poder y piense un nuevo tipo de sociedad más allá del capitalismo.

Por otro lado, quiero señalar que tras el debacle hegemónico que tuvo el sector minero sobre el resto de los sectores populares, una nueva identidad colectiva aún difusa y fragmentada surgió lentamente de las cenizas de Calamarca y las luchas contra la precarización de la vida.

García Linera afirma que:

“Tenemos, entonces, no solamente una nueva modalidad de la expansión de la acumulación capitalista, sino que también tenemos un reacomodo de las clases y del proletariado y de las clases no proletarias en el mundo (…) La forma sindicato ha perdido su centralidad en algunos países y surgen otras formas de unificación de lo popular, de lo laboral y de lo obrero”.

Se abrió así en Bolivia un ciclo de luchas y de recomposición del bloque popular sobre la articulación de los movimientos sociales y el liderazgo del sindicalismo campesino y los pueblos indígenas que son lo que van a permitir la llegada al gobierno del MAS y el surgimiento del Estado Plurinacional de Bolivia.

Biografía:

Castel, Robert. (1995) La metamorfosis de la cuestión social Una crónica del salariado. Argentina Paidós.

Foucault, Michel. (2002) Vigilar y castigar. Argentina. Siglo Veintiuno.

García Linera, Álvaro. (2000) Espacio social y estructuras simbólicas. En Bourdieu leído desde el sur. Bolivia. Plural.

_________________. (2009) La potencia plebeya. Argentina. CLACSO.

_________________. (2014) La condición obrera en Bolivia. Bolivia. Plural.

Hessel, Luis. (2019) Los estudios de Álvaro García Linera sobre la nueva condición obrera en Bolivia. Religación, revista de ciencias sociales y humanidades Año 4 Vol 4 N° 16, Ecuador.

Negri, Toni. (1980) Del obrero masa al obrero social. España. Anagrama.

Ramírez, Franklin; Stefanoni, Pablo; Svampa, Maristella. (2009) Las vías de la emancipación conversaciones con Álvaro García Linera. Bolivia. Ocean Sur.

Zavaleta Mercado, René. (2009) La autodeterminación de las masas. Colombia. CLACSO.

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