Para la plena vigencia de los derechos humanos el enemigo principal es el capitalismo

La gran pregunta es en realidad si acaso un defensor de los derechos humanos puede ser otra cosa más que un anticapitalista, pues partimos de una diagnosis que está a la vista, algo que es digámoslo así, sabido por todes: el capitalismo como sistema civilizatorio produce relaciones sociales para un orden social explotador y opresor, ataca la dignidad humana y atenta contra la naturaleza y consecuentemente, contra la sustentabilidad y habitabilidad planetaria.

El capitalismo genera para ello respuestas sistémicas que se asientan en una narrativa de éxito personal que va desde el trabajo y la educación como forma de ascenso social, hasta el ‘’emprendedurismo’’ para el progreso social individual, formando con ello falsos relatos que hacen foco en el trabajo duro e individual para la recompensa de un futuro de progreso.

La protección que ello implica para los mecanismos de dominación y opresión, es que de esta manera lo colectivo se supedita a lo individual y se pierde la solidaridad intergeneracional. Es decir, en términos sencillos el Estado o una fábrica puede contaminar el aire que respiro, mientras obtenga de ello trabajo para subsistir y progresar.

Esta es claramente una de las múltiples formas en las que el capitalismo ejerce sus formas de dominación sobre la persona humana, haciendo foco en aspectos de formación educativos y culturales que permitan al capital y sus representantes continuar con la explotación del trabajo, por ello resulta cuando menos extraño que la gran mayoría de quienes defienden los derechos humanos sean ideológicamente de alguna de las vertientes capitalistas o que simplemente siendo capitalistas digan y sostengan que defienden los derechos humanos.

Los derechos humanos son un cuerpo de derechos, formado por pactos, tratados, convenciones y observancias, que forman un núcleo de derechos que el Estado debe respetar, promover y consolidar. De esta manera es que los derechos humanos son Estado, es decir están para regular el comportamiento del Estado, ya que para regular el comportamiento social están el código civil, penal, etc. Ahora bien, claro que hay una intersección entre estas formas de regulación, ya que forman parte de la superestructura legal estadual, orquestada por las clases dominantes.

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Ser defensor de los derechos humanos es saber esto, y por ello es estar entre esos intersticios para defender a las victimas del capitalismo y no a sus gestores claramente. Pero ocurre que algunas personas dentro del movimiento de derechos humanos internacional y argentino en particular, les ha ganado la mirada estatista pues parten epistemológicamente, que siendo el Estado el sujeto de todo, el que debe respetar, el que debe promover, el que debe adecuar sus leyes y generar entornos favorables para el cumplimiento de los derechos humanos, entonces para ser defensor de los derechos humanos hay que ser Estado, formar parte de su lógica.

Entonces la caracterización del Estado y su gobierno es nodal para pensar cómo se desarrollan las violaciones a los derechos humanos, y quizá ahí radique parte del problema. Claro caracterizar un gobierno y un Estado depende de las influencias ideológicas que el defensor de los derechos humanos tenga; por ello hay que tomar en cuenta que se ha venido generando por años un sentido común que busca suprimir las contradicciones de clase en el discurso hegemónico y en la formación cultural masiva, para que de esta manera no se logre observar la existencia de clases sociales antagónicas cuyo proyecto societal, aunque puede no estar plasmado o clarificado, resultan incompatibles.

Es justamente por la falta de claridad en cuanto a las clases sociales, que lleva a muches defensores de los derechos humanos a defender gobiernos dependiendo su signo ideológico, y no observando fehacientemente las violaciones a los derechos humanos inherentes al Estado capitalista.

El Estado es violación a los derechos humanos, su sola existencia es violación a los derechos humanos, ahora con ello debemos analizar cómo los Estados, cómo en realidad sus gestores vulneran derechos, que contextos fomentan la vulneración de algunos derechos y otros no.

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Los Estados capitalistas tienen por lo menos dos mecanismos de violación a los derechos humanos: el 1ro es la división en derechos exigibles -que son los derechos civiles y políticos porque expresan el consenso de su clase- y derechos no exigibles -que son los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales porque son disruptivos del orden imperante-. El 2do mecanismo es permitir algunos derechos sociales, culturales y ambientales (económicos casi nunca) para obtener gobernabilidad para el relanzamiento del capitalismo, esto suele ocurrir en los periodos de crisis.

Es así que las fuerzas políticas progresistas, en su sentido lato, obtienen el consenso de parte de la sociedad, pero sobre todo de las clases dominantes para ejercer la función del Estado en miras de mantener los ciclos que el capital necesita para su permanencia.

Un análisis riguroso de la forma Estado, es la que nos permite diagnosticar como éste se imbrica en el tejido social para ejercer su función de dominación de clase, vulnerando tipos de derechos humanos dependiendo la geografía en la que algunas formas de su presencia es requerida, de esta manera la presencia en las villas y barriadas populares la violación a los derechos humanos se acentúa mediante la presencia policial, con la consiguiente violencia represiva, en algunos otros espacios geográficos la forma de disciplinación social es a través de la ausencia del Estado que lleva a pedir su presencia ‘’salvadora’’ consiguiendo de esta manera el consenso social que no tenía, para mayormente implementar políticas que no tenían ese consenso, como es el caso de políticas económicas contra el ambiente, en otros espacios geográficos, sobre todo alejados de los centros de poder, es la fuerte presencia del poder judicial la que se hace presente para coligar el derecho interno con la opresión de clase, como se logra plasmar en los conflictos por la propiedad de las tierras y la vivienda adecuada.

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Es mediante este análisis riguroso que se aborda un diagnóstico que nos permite realizar una hipótesis -que en mi experticia ha sido probada con creces- y es que los derechos humanos abordan una integralidad de derechos que el Estado en su actual fisionomía, no puede cumplir. De esta manera es que los derechos humanos se vuelven un discurso contrahegemónico, es así que los derechos humanos y quienes lo defienden, deben asumir la necesidad de prefigurar el poscapitalismo.

Lo que ha sido probado aplicando distintos saberes científicos y disciplinares es que los derechos humanos son antagonistas al capitalismo, conclusión a la que se llega mediante el análisis de medidas probatorias, sobre cómo se desarrolla el hambre en el mundo, el porqué del calentamiento global y la persistencia de la desigualdad en por ejemplo el acceso a las vacunas contra el covid19 en el mundo, entre otras y sólo a modo de ejemplificar las medidas de pruebas de las que nos asimos.

No hay ni puede haber plena vigencia de todos los derechos humanos bajo el régimen del capital. Es por ello que los derechos humanos plantean una radicalidad democrática que es preciso ejercer, para buscar abolir el sistema de dominación, porque no hay ni puede haber opresores y oprimidos si hay cumplimiento efectivo de los derechos humanos.

Por ello nuestra tarea militante es que los derechos humanos formen parte del pliego de reivindicaciones y derechos de las clases subalternas, es decir un defensor de los derechos humanos sólo está para defender a la clase que sufre las violaciones a los derechos humanos que ejerce el Estado capitalista, y esa no es otra que la clase social que vive de su trabajo y es explotada por el capital.

De esta manera es que transformamos al sujeto político de los derechos humanos, ya no es el Estado, sino que el sujeto político de la defensa y programa de los derechos humanos lo define cómo el Estado viola e incumple los derechos humanos de una clase social. Con ello, les resalto obtenemos como resultado una nueva epistemología para que los derechos humanos formen parte de los proyectos emancipatorios.

Para todos, todo

Damián Ravenna

Presidente e

Asamblea Permanente por los Derechos Humanos Zona Norte de la Provincia de Buenos Aires

APDH ZONA NORTE

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