Pasqualina Curcio, economista venezolana: “La dolarización en Venezuela es una de las consecuencias de la guerra económica”


Desde hace varios años se desarrollan contra Venezuela una serie de acciones económicas, financieras y diplomáticas que persiguen el objetivo de aislar, condicionar y finalmente derrocar al gobierno. Se trata de un proceso de asedio contra la República Bolivariana de Venezuela[1] que se inscribe en lo que diversos autores e investigadores califican como Guerra Híbrida[2]: la táctica político-militar de Estados Unidos para sustituir a gobiernos no alineados a su política en el siglo XXI.

Para entender la dimensión económica del presente venezolano conversamos con Pasqualina Curcio[3], economista venezolana y autora de varios libros en los que indaga sobre la denominada guerra económica. Entre estos se destacan La mano visible del mercado. Guerra económica en Venezuela (2016), Hiperinflación. Arma imperial (2018) y La economía venezolana. Cuentos y verdades (2020).

En el último año y medio asistimos a la implementación del dólar como moneda de transacción en Venezuela, a una vertiginosa y virtual dolarización de la economía. ¿Cómo se llega a esta situación y qué efectos tiene en la economía?

Lo primero que hay que señalar es que la dolarización es de facto, porque no es una decisión del gobierno. Es una de las consecuencias de la guerra económica, parte de la guerra no convencional, a la vez que una de sus principales armas. Cuando atacan el bolívar –que lo están haciendo desde el 2006 y de manera más intensa desde el 2013–, ¿qué es lo que hacen? Van alterando la escala monetaria, que es una de las funciones del dinero, y eso incide sobre los precios. Eso lo planteó Marx hace muchísimos años y también lo reconoce la teoría económica neoclásica. Cualquier variación del tipo de cambio tiene un impacto sobre los precios. Entonces, ¿qué ocurre? Los precios van aumentando en función de ese tipo de cambio.

Estamos hablando de que, desde el 2013, hubo una variación del 60 mil millones por ciento de los precios, consecuencia de un ataque al bolívar que supuso una depreciación inducida a la moneda del 5 billones por ciento. Esto genera que aumenten los precios. Y cuando tienes una economía donde los precios aumentan, esa economía necesita más dinero, para que este pueda cumplir con su función de medio de cambio.

Hay un efecto precios que influye sobre el PBI y sobre lo que se necesita intercambiar. Si no se aumenta la cantidad de bolívares, que es en cierta medida lo que viene pasando (porque la cantidad de dinero en Venezuela con respecto al tamaño de la economía ha caído un 80%), lo que ocurre es que al tener menos bolívares, en términos relativos, se le termina dando espacio a otro medio de pago, ya que se necesita poder intercambiar las mercancías. Y en este caso eso es el dólar. Además, es lo que espera el enemigo, ya que es su moneda. Espera que ese espacio se abra para ocuparlo, producto de que los precios aumentaron muy rápido y no hay bolívares.

En las guerras convencionales hay ejércitos que ocupan territorios. Pero en este tipo de guerras, donde las armas son otras, el ejército en este caso es el dólar. Entonces el ataque es al bolívar. De acá la dolarización de facto. No producto de una decisión gubernamental, sino como una imposición a través de la fuerza.

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¿Qué medidas ha adoptado el gobierno para contrarrestar este tipo de imposiciones o ataques al bolívar que mencionas?

Bueno, es parte de lo que venimos planteando. Hay una especie de paradigma teórico donde se establece que no hay que aumentar la cantidad de bolívares ya que esto generaría inflación. Pero no es cierto, la inflación ya se generó y lo hizo por el ataque al bolívar. Es ese ataque a nuestra moneda y esa inflación la que genera que necesites más bolívares. De hecho, desmintiendo los paradigmas monetaristas, prácticamente los bolívares no han aumentado. O, mejor dicho, lo han hecho en términos absolutos pero mostrando una caída, como decíamos, del 80% de la cantidad de bolívares en términos relativos.

Entonces, parte de lo que hemos planteado es que necesitamos aumentar la cantidad de bolívares. Por muchas razones. La primera es para no dejarle espacio al dólar, ya que la gente necesita alguna moneda para comprar. Luego hay una discusión, como parte del planteo, sobre hacia dónde deben ir esos nuevos bolívares. No se trata de dárselos a las empresas privadas bajo la forma de crédito o algo similar, porque si no tienes un aumento en la demanda es un recurso que los empresarios terminan destinando a la compra de divisas y la especulación. Por el contrario, es necesario direccionarlos para fortalecer el Estado (los servicios públicos, la producción estatal, el salario de los trabajadores del sector); se trata de elementos que también se vieron deteriorados por el efecto inflacionario.

Esto se debe a que el propio Estado cuando necesite hacerse de bienes se los va a comprar al sector privado. Por ejemplo, no es lo mismo que esos recursos vayan al Ministerio de Salud que le compra medicamentos al sector privado pero los distribuye según sus criterios a que vaya directamente a la industria farmacéutica para financiar intereses privados. Incluso hemos planteado incluir un tercer circuito que es el de las comunas: ese dinero también tiene que ir a ese sector. Es decir, actuar teniendo siempre en cuenta la contradicción capital-trabajo, con la perspectiva de disminuir esa contradicción, a favor de la clase trabajadora, con el horizonte de avanzar hacia la construcción del socialismo.

Hay sectores que vienen planteando que existe, en el último tiempo, un mayor acercamiento del gobierno al sector privado mediante concesiones y facilidades. ¿Qué opinas? Por otro lado, vos planteás la necesidad de fortalecer las comunas y la producción comunal; no obstante, se viene señalando que hay pocos incentivos a ese sector. ¿Qué políticas se podrían implementar para apuntalar y fortalecer estas formas de producción?

En la constitución del ́99 se prevé la participación del sector privado. El tema es dónde, en qué sectores y hasta dónde participa. Por ejemplo, los sectores estratégicos de prestaciones de bienes y servicios deben mantenerse en el Estado. Servicios como el de la electricidad, las comunicaciones o el agua, así como sectores estratégicos para nuestros ingresos, como la explotación del petróleo, el oro y todo lo que tiene que ver con nuestras riquezas naturales son del pueblo venezolano y de su Estado. Pero de un Estado que no solamente regule, sino que sea el que produzca, venda y genere los ingresos.

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Un ejemplo es el sector de alimentos, que es un sector estratégico; nosotros, los venezolanos, lo sabemos. No significa que todos los alimentos los tenga que producir el Estado y no el privado. Pero uno de los aspectos que visualizó Chávez allá por el año 2002 con la creación de MERCAL es la necesidad de romper con el monopolio de la agroindustria, con el fin de evitar que tengan un poder que les permita, como nos pasó, el acaparamiento de alimentos.

Ciertamente se ha visto un acercamiento mayor con el sector privado. Ahí lo que habría que ver es hasta dónde va a llegar. Uno entiende que ese acercamiento es parte de este proceso de diálogo, con el objetivo de lograr un escenario de paz. Hay que recordar que tuvimos un escenario muy difícil, como parte de la guerra no convencional, entre 2014-2017 donde se produjeron acciones muy violentas de parte de algunos sectores.

En este escenario, la pregunta es cómo fortalecemos el sector público y las comunas. Por ejemplo, las divisas que ingresan al país, en un 95% por la venta de petróleo del Estado, creemos que no hay que dárselas al sector privado. Históricamente se le ha vendido esas divisas al sector privado con tasa preferencial; es decir, bajo un tipo de cambio barato. Sobre todo ahorita, en un proceso donde se manipula el tipo de cambio, apostando por aumentarlo, lo que fomenta la especulación. Entonces, planteamos que si están entrando pocas divisas debido al bloqueo, deben estar orientadas a garantizar maquinaria e insumos a las comunas. Y, en tal caso, que el privado se garantice a sí mismo traer sus propias divisas, como hace en cualquier parte del mundo.

Entonces volvemos a los tres circuitos que estaba planteando. El desafío es lograr que los recursos que tiene el Estado, vía divisas pero además por medio de la vía impositiva, se canalicen para fortalecer las empresas del Estado, las empresas de propiedad social en manos de los trabajadores y la producción comunal.

Además, en Venezuela la presión tributaria es casi cero. Son 13 puntos, de los cuales 2 son impuestos sobre la renta y el resto es impuesto sobre el valor agregado. Por lo que también ahí hay un elemento sobre el cual avanzar.

La autoproclamación de Juan Guaido, pero sobre todo el reconocimiento de esa suerte de institucionalidad paralela por parte de la Unión Europea y los EE.UU, abrió una disputa sobre los activos del Estado venezolano en el exterior. ¿Cómo afectó esto a la economía venezolana?


El supuesto gobierno de Juan Guaido sigue una línea que la da el imperialismo. Una vez realizada su auto-juramentación, ilegal e inconstitucional por cierto, la Asamblea Nacional en desacato, controlada por este sector, aprueba una legislación que le permite a Guaidó administrar los bienes de la República. Mediante la cual toma Citgo, Monómeros, y estas empresas que son filiales de PDVSA, que se encuentran en el extranjero, así como de diversos activos.

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Estas acciones, que son parte del bloqueo y las Medidas Coercitivas Unilaterales, tienen un impacto directo en la economía venezolana. Son parte de lo que llamamos guerra económica.
Se calcula que Venezuela tiene en el exterior más de 25 mil millones de dólares que no se le permite usar. Se trata de: las 31 toneladas de oro que están retenidas en el Bank of England, los activos de Citgo, unos 5 mil millones de dólares que están retenidos en el sistema financiero internacional, etc. Cifras que dan los propios voceros de los EE.UU, quienes son conscientes del impacto y el daño que ocasionan.
Ellos siguen un guión referido a las Medidas Coercitivas Unilaterales. Ensayan varias armas que se van combinando. Por ejemplo, en el 2017, Donald Trump firmó un decreto bloqueando a PDVSA, afectando las transacciones económicas y financieras. Esta medida ataca directamente el corazón de la economía de Venezuela, la principal actividad que genera divisas en el país. Medida que, tan solo en el periodo 2019-2020, estimamos que generó una pérdida de alrededor de 60 mil millones de dólares para el estado venezolano. Las medidas que tomó el gobierno paralelo de Guaidó, algunos años después, fueron en ese mismo sentido. Siendo una pieza más en la estrategia del imperialismo.
Todo esto se combina con el ataque al bolívar que comentábamos, y que implicó una pérdida adicional para la economía venezolana de alrededor de 178 mil millones de dólares para un total de casi 260 mil millones de pérdidas entre 2016 y 2020 consecuencia de la guerra económica. Son todos aspectos de la guerra contra Venezuela.



El 21 de noviembre se realizaron las elecciones regionales en medio de un turbulento escenario continental. ¿Qué rol crees que cumplen las articulaciones latinoamericanas en el destino próximo de Venezuela y la Revolución Bolivariana?


Lo primero que hay que decir es que las elecciones del 21 de noviembre fueron una muestra más del proceso democrático en Venezuela. Creo que eso hay que resaltarlo. Porque el discurso de la derecha plantea que el modelo socialista está basado en una dictadura. A Chávez siempre lo han acusado de dictador. Sin embargo, resulta que aquí hubo 29 elecciones desde el inicio de la revolución, lo que da un promedio de más de una elección por año. Con un esquema en el sistema electoral que nadie puede acusar de amañado.

Estas elecciones fueron también un intento de parte del gobierno de neutralizar a los sectores más duros y agresivos de la ultraderecha golpista. Aquellos que describimos anteriormente. Trayéndolos de nuevo a la senda democrática. Además, ese discurso de la supuesta dictadura en Venezuela es el que utiliza la derecha imperialista para justificar su supuesto derecho a “proteger” e intervenir en el país. No es para nada inocente.
Con relación a la situación en América Latina, yo creo que hay que tener mucho cuidado con un discurso que viene de los grandes capitales, como el Foro de Davos que además permea en lugares como las Naciones Unidas y la CEPAL. El discurso del Estado de Bienestar, donde frente a la voracidad del neoliberalismo, el capital cede un poquito pero sin cambiar nada de fondo. Ya lo vimos a la salida de la Segunda Guerra Mundial, en el marco de la Guerra Fría, donde para contener al comunismo el capital cede un poquito.

Creo que hay algo de eso en esto que en Davos llaman reseteo mundial. Creo que ahí los pueblos y los movimientos de izquierda tienen que tener cuidado y ver hasta donde esta no es la estrategia del capital, un respiro del capitalismo. Para luchar por programas y objetivos que no sean meramente la administración del capital.
En este sentido, la integración latinoamericana me parece fundamental. Tal como señaló el comandante Chávez con la creación del Alba-TCP, de UNASUR, Petrocaribe, etc. Unirnos e integrarnos. Necesitamos retomar esa senda. Sería distinto nuestro contexto, a nivel latinoamericano, si hubiéramos avanzado en la creación del sucre como moneda regional, nuestro propio sistema de compensación de pago, y no depender del dólar con el cual chantajea y extorsiona los EE.UU. Pero para eso se necesita la integración de los pueblos y los gobiernos.



Referencias:

[1] https://www.alainet.org/es/articulo/211819

[2] https://www.alainet.org/sites/default/files/guerra_hibrida_espanol_pdf.pdf

[3] https://www.alainet.org/es/autores/pasqualina-curcio

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