Consideraciones sobre la cuestión del hábitat rural saludable debatida en el Foro Agrario Nacional 2019. Documentos

Argentina dispone de más de de 2,7 millones de kilómetros cuadrados de superficie, pero solamente el 17% de los habitantes vive en la ruralidad. En determinadas áreas, la Puna y la Patagonia, la densidad poblacional es menor a un habitante cada 25 Km cuadrados.

              En esta estructura demográfica, la agricultura familiar o pequeña, tanto en las grandes extensiones de tierras de bajísima densidad de población, como las que se ubican en las zonas más densamente pobladas del país, enfrenta los mismos problemas económico sociales: falta de acceso a la tierra propia, vulnerabilidad ante el acoso y prepotencia de sectores burgueses que impulsan la concentración de la tierra en pocas manos (incluso mediante expulsiones violentas o apropiaciones ilegales), carencia de vías de comunicación o pésimo estado de las mismas, déficit habitacional, deficiencias en las atenciones sanitarias, educativas y sociales, dificultad para acceder a las TICA, contaminación y deterioro creciente de la calidad ambiental, dificultad creciente para acceder al agua potable para consumo y riego, escasa oportunidad de empleo formal, ausencia de instituciones de apoyo científico tecnológico y baja capacidad de gestión estatal local.

              Esto genera la desvalorización de las formas de vida asociadas al medio rural promoviéndose la idea de que las oportunidades de resolver esos problemas se encuentran en las zonas urbanas. La consecuencia es la migración constante, en particular de los sectores sociales jóvenes, que anhelan un porvenir favorable y de hombres de mediana edad que se desplazan detrás del trabajo estacional por las cosechas.

              Una proporción muy importante de la agricultura familiar o pequeña, es llevada adelante por integrantes de pueblos/naciones originarias. Hay más de 40 nacionalidades originarias en Argentina (definidas como pueblos originarios). Las zonas rurales con mayores problemas sociales y económicos coinciden generalmente con las zonas habitadas por estas comunidades. La tenencia de la propiedad de la tierra en estas zonas suele ser en propiedad comunal. En estos casos sufren el permanente acecho y la violencia constante de terratenientes que buscan sus desalojos o la reducción constante en beneficio de la expansión del agronegocio. Los enfrentamientos han llevado a asesinatos y desapariciones forzadas de pobladores, represiones policiales con detenidos y destrucción de viviendas y herramientas de trabajo.

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              La paradoja más cruda de estas zonas rurales de pequeñas propiedades o propiedades comunales, es que en ellas se registra una alta proporción de casos de subalimentación o de inseguridad alimentaria grave. En criollo: el hambre es parte de la vida cotidiana en zonas rurales de un país que se jacta de producir alimentos para más de 300.000.000 de personas, mientras hay casi 2.000.000 de habitantes con desnutrición (sin duda la mayoría menores de edad) y casi 4.000.000 con inseguridad alimentaria grave. Estamos hablando de un 12% de la población con problemas serios para conseguir alimentarse o con consecuencias serias por el tipo de alimentación. El rol nefasto de las empresas productoras y distribuidoras de alimentos hace su parte al incrementar permanentemente los precios o por la desinformación nutricional que propagan. Esencialmente por su ambición y su prédica generan una tendencia creciente a la malnutrición debido al no consumo o al consumo de “loqueái”: alimentos ricos en grasas, azucares e hidratos de carbono en detrimento de verduras, frutas y proteínas. Esto promueve problemas de salud por sobrepeso y obesidad (ya alcanza a más del 6% de la población) y también enfermedades crónicas como la diabetes (que ya la padece un 12% de la población).

              El hábitat rural, bajo las condiciones impuestas por la actual forma de explotación basada en el extractivismo cerealero y el intensivismo cárnico para exportación, condena a los habitantes de las zonas rurales de bajos recursos económicos a una condición de vida insostenible que mantiene e incrementa la migración hacia las grandes ciudades, en donde sólo pueden integrarse a las zonas urbanas cada día más marginales y alejadas del bienestar social.

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              La recuperación de una vida saludable y disfrutable en el hábitat rural sólo puede venir de la mano de un plan general de recuperación y distribución racional y social de tierras productivas a escala familiar y comunitaria. Para ese objetivo son necesarios nuevos Foros Agrarios como el realizado en 2019, cada vez más amplios y organizados, cada vez más audaces y decididos, capaces de promover una lucha social agraria y urbana que, afectando la gran propiedad agraria y la renta de la tierra todo lo que sea necesario, permita conquistar una alimentación sana, un hábitat sano y una vida sana para los trabajadores y sectores populares.         

Documentos del Foro Agrario Nacional (2019) relacionados con el tema.

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