El bailarín de tango que cambió la psiquiatría mundial

El 20 de diciembre de 2011 falleció el psicoanalista Ángel Fiasche una de las figuras más importantes en el campo de la salud mental y un referente internacional de la reforma psiquiátrica que intentó humanizar tozudamente las formas de entender y curar la locura.  

Hace 10 años partía el doctor Ángel Fiasché. Para quienes nos acercamos a la psicología social en los días siguientes a las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001, Ángel Fiasché era una especie de leyenda viva. Había formado parte del primer grupo de discípulos y colaboradores de Pichón Rivière, era un socialista que reivindicaba el método marxista de análisis y que con el tiempo se había convertido en una figura de renombre internacional en temas de psiquiatría social. Fue maestro y supervisor clínico de figuras como Alfredo Moffatt, Hernán Kesselman y Eduardo Pavlovsky, y protagonista de intercambios con algunas de las figuras más importantes de su tiempo en la corriente de la antipsiquiatría, las comunidades terapéuticas y las alternativas en salud mental como Franco Basaglia, Roland Laing y David Cooper. 

Esta historia empieza así. Durante la década del ´40 cuando el mundo aún era joven y todo parecía estar por inventarse, el psicoanálisis, al igual que el tango, fue dado a luz en los alrededores del puerto de Buenos Aires por obra de criollos e inmigrantes. En sus años mozos Ángel Fiasché pasó horas de su juventud revolviendo las mesas de novedades en la librería El Corcel mientras charlaba con el escritor Witold Gombrowicz que también frecuentó la librería ubicada en calle Corrientes, donde Fiasché solía recordar, que la sección especial de la policía federal del régimen del general Perón “marcaba” a cada uno de los que entraban. Mientras en la universidad donde estudió medicina su formación científica estuvo marcada por la figura de Armando Asti Vera una de las figuras fundadoras de la filosofía de la ciencia en Argentina con quien colaboró en la revista Episteme. 

Ángel Fiasché, Fernando Ulloa, Alfredo Moffatt. Archivo: Moffatt

Con la mujer que compartió toda su vida, la filósofa y pintora Dora Nimerovsky, vivieron la bohemia de bares y antros, se impregnaron del clima cultural de época que irradiaba la noche porteña, sus tertulias y su vida intelectual. Y como amante de la milonga fue bailarín del mítico bar “Caño 14” recordado como la “catedral del tango” donde pasaron por su escenario figuras de la talla de Aníbal Troilo, Edmundo Rivero, Nelly Omar, Roberto Goyeneche, Horacio Salgán y Osvaldo Pugliese. 

Más tarde ingresaron a estudiar a la Asociación Psicoanalítica Argentina que había sido fundada recientemente en 1942 y se vincularon con los psicoanalistas Enrique Pichón Rivière y a su compañera Arminda Aberastury (pionera del psicoanálisis infantil) con quienes mantuvieron un estrecho vínculo de aprendizaje y trabajo. Dora trabajó como asistente de Pichón Rivière y posteriormente se convirtió en una importante docente en el campo del psicoanálisis infantil, mientras que Ángel tras finalizar su análisis con Pichón Rivière se integró al grupo de colaboradores de la primera hora participando de la Escuela de Psiquiatría Social donde fue docente y director de publicaciones. Incluso fue parte del equipo que acompañó a Pichón Rivière en la famosa “Experiencia Rosario” de 1958, un experimento de laboratorio social con trabajo en la comunidad apoyado por la Universidad de Rosario, al que se lo recuerda por ser el acta de nacimiento de la técnica de los grupos operativos.   

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En su paso por la docencia contribuyó a la formación de la carrera de Psicología en la Universidad Nacional de La Plata en la que se desempeñó como docente e investigador hasta la llegada de lo que se conoció como la “noche de los bastones largos”. El 29 de julio de 1966, la dictadura de Juan José Onganía ordenó a través del decreto ley 16192 la intervención de todas las universidades y reprimió todas las protestas convocadas en defensa de la autonomía universitaria. Comenzaba un período oscuro para la ciencia en la Argentina. Como resultado más de 1300 profesores de la Universidad de Buenos Aires presentaron la renuncia y más de 700 académicos debieron abandonar el país y continuar su carrera científica en el extranjero. Ante ese clima de censura y asfixia intelectual la pareja decidió salir del país para continuar con sus actividades profesionales.  

Así fue como en 1969 conoció al psiquiatra italiano Franco Basaglia y viajaron juntos hasta Escocia para conocer la experiencia de la comunidad terapéutica dirigida por el doctor Maxwell Jones. El modelo propuesto marcó un punto de inflexión en la historia de la asistencia psiquiátrica a nivel mundial, por lo que Franco Basaglia volvió a lo localidad italiana de Triesti  donde asumió como director del hospital psiquiátrico y comenzó una serie de reformas que alcanzaron su punto máximo con la sanción de la ley 180 del año 1978 que prohibió los hospitales psiquiátricos en todo el territorio italiano remplazándolos por centros de salud comunitarios. Mientras que Ángel Fiasché viajó a los Estados Unidos para dirigir el programa de residencia en el Hospital Maimónides de la localidad de Brooklyn, Nueva York y participó inicialmente del diseño de la llamada Ley Kennedy para la asistencia psiquiátrica de la pobreza.  Alfredo Moffatt, que viajó como asistente, aplicó algunos de esos aprendizajes en experiencias comunitarias “con los pobres y los locos” en Argentina y Brasil. 

Ángel Fiasché en Suecia. Archivo: Mats Mogren

Su preocupación principal durante ese período fue cómo sacar el “hospital a la calle”, vinculando al paciente con la sociedad lo que le permitió desarrollar el concepto de “psiquiatría de extramuros”. Su permanente denuncia contra la deshumanización de la institución médica coincide con el surgimiento de una nueva narrativa anti-institucional surgida a partir del mayo francés que incluye ideas de Althusser, Foucault, las pedagogías críticas, cuyas tendencias lo acercó a los promotores del movimiento de la antipsiquiatría como Ronald Laing, David Cooper y Franco Basaglia, con los que también mantuvo duras polémicas. Fue un hombre inquieto interesado en participar en muchos de los debates de la época y que conoció personalmente a figuras de la talla de Levi Jacob Moreno, Jean Piaget, Donald Winnicott y Melanie Klein, entre tantos. Pues imagínense entonces que para nosotros y nosotras estábamos frente a un personaje fuera de serie.  

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Recuerdo que nos contó cuando recorrió la Unión Soviética a la que le reconoció el mérito de no tener pobres y de haber generado una asistencia social que llegaba a todas las personas, aunque le reconocía una serie de otros problemas. Más tarde, ya desilusionado con algunos aspectos del comunismo soviético viajó a Suecia para poder conocer la experiencia de los gobiernos de la socialdemocracia europea. Fue así como en 1972 fundó la carrera de psicología clínica en la Universidad de Gotemburgo de Suecia y formó profesionalmente al primer grupo de psicólogos clínicos del país quienes acompañaron a la pareja en la fundación del Instituto de Psicoterapia de Gotemburgo (Göteborgs Psykoterapi Institut). Incluso todavía hoy en la presentación oficial del Instituto se puede leer que; 

 “Dora y Ángel Fiasché trabajaron sobre la base de una tradición de psicoterapia psicoanalítica políticamente radical. Esto significa un enfoque en la interacción entre la realidad psíquica humana y el mundo exterior. Desde entonces hemos continuado desarrollando la teoría y la práctica basadas en la experiencia psicoanalítica en constante desarrollo”. 

Mientras que el “International Dictionary of Psychoanalysis”, definía a la pareja de la siguiente forma: 

“los Fiaschés, que se definen socialistas, están próximos al psicoanálisis klenianos en términos de la teoría. Ellos han trabajado, entre otros, con León Grinberg, Marie Langer y Enrique Pichón Rivière”. 

A lo que se suma también que los Fiasché fueron responsables de introducir el pensamiento de Pichón Rivière lo que generó un importante intercambio entre la comunidad intelectual nórdica y los continuadores locales de la obra del creador de la psicología social como Hernán Kesselman, Ana Quiroga, Eduardo Pavlovsky y Gladys Adamson quienes viajaron hasta las tierras de Igmar Bergman para trasmitir las concepciones sudamericanas del campo de lo grupal. Actualmente ya se encuentran traducidos al sueco varios de los trabajos escritos por Pichón Rivière por iniciativa del profesor Sören Lander. 

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Con la restauración del régimen democrático volvieron a la Argentina y se trasladaron hacia la ciudad de Los Cocos, en la provincia de Córdoba, donde fundaron una experiencia alternativa en salud mental, que consistió en el alquiler de un viejo hotel en desuso para convertirlo en un centro de rehabilitación para pacientes psiquiátricos basado en el modelo de comunidad terapéutica de Maxwell Jones y en la experiencia de años de trabajo comunitario en diferentes realidades sociales.  

Para el año de 1991 fue nombrado Director Nacional de Salud Mental y a pesar de sus buenas intenciones los cambios introducidos en el sistema de salud mental no prosperaron y su gestión se vio plagada de obstáculos debiendo ser finalizada anticipadamente. 

Decía que si Pichón Rivière hubiese vivido unos años más su tema de trabajo hubiera sido el estudio de las villas miserias de la Argentina. Ya durante las “II Jornadas Latinoamericanas de Psicología Social” celebrada en Buenos Aires en el año 2000, había anunciado su gran preocupación político-científica de la siguiente manera: 

“nuestro drama sudamericano son nuestros hombres-niños, los padres de sus padres, los que están en la calle y que renuncian a todo el campo afectivo, emocional interno en su organización del pensamiento para convertirse en estrategas, estrategas para sobrevivir”. 

Alertado por muchas conductas observadas en las villas miserias donde afloran las carencias y las condiciones de exclusión encomendó trabajar en una “psiquiatría del contexto” que estudie la pobreza y sus problemáticas en el área de la salud mental como consecuencia de la lógica del modelo capitalista. 

Junto a Ángel Fiasché en 2009

Desde que Vicente Zito Lema fundó la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo colaboró con el proyecto participando como docente en la carrera de Psicología Social y expositor en los Congresos Internacionales de Salud Mental y Derechos Humanos. En 2005 la editorial de las Madres publicó el libro “Hacia una psicopatología de la pobreza” que reúne trabajos y conferencias dictadas entre los años de 1980 y 2002 y que constituyen el registro más importante de su obra, que al abrir sus páginas, si uno se anima a apoyar la oreja en sus renglones parece oírse ese tango que dice que “al mundo le falta un tornillo / que venga un mecánico / a ver si lo puede arreglar” y entonces yo lo imagino a ese hombre bajito, con su sonrisa a lo Gardel, en la barra de Caño 14 a la vera de una ciudad que muchas veces estuvo más cerca de Freud que de Dios.  

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