La metáfora de la pandemia macrista

En 1980, George Lakoff y Mark Johnson publicaron Metáforas de la vida cotidiana, obra basada en el supuesto de que la mente organiza metafóricamente la representación de la realidad. Esta modalidad de operación cognitiva es efectiva por su economía y su poder de significación explícita e implícita. Así, por ejemplo, se puede representar un sistema político como un juego, como una guerra, como un organismo o como un ecosistema entre otras tantas posibilidades. Cada una de estas opciones orienta y delimita lo que se piensa y se dice. Si la política es una guerra, habrá bandos enemigos, estrategias de anulación o de eliminación, pactos, rendiciones, triunfos, derrotas, conquistas. Si, en cambio, es un organismo, cada grupo o institución cumple una función para asegurar el equilibrio y la supervivencia de la totalidad orgánica.

Las metáforas, además, se pueden combinar entre sí. Una guerra y un juego pueden ser muy parecidos entre sí, desde cierto punto. La política y la religión también.

Algunas explicaciones basadas en metáforas resultan muy desafortunadas. Pensemos en Javier Milei cuando intenta justificar su oposición a la interrupción voluntaria del embarazo reduciendo todo a una relación de propiedad privada.

En la carta de Cristina Fernández difundida ayer, la vicepresidenta se refiere al macrismo (específicamente, a su política económica) como una pandemia, estableciendo una comparación con la pandemia del coronavirus: “La pandemia macrista fue más costosa que la pandemia de la covid-19”, dijo.

La analogía entre las dos pandemias se establece a partir de los gastos que el Estado argentino debió afrontar para cubrir compromisos de deuda externa tomados por Macri y los que debió realizar para pagar las vacunas y sostener políticas sociales (como los subsidios al turismo y a los empleadores de programas específicos).

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Concebir el plan de endeudamiento macrista como una pandemia es efectivo porque nos lleva a pensar en procesos (es decir, prolongación en el tiempo), peligro, efectos masivos, víctimas. También reduce las causalidades. Los únicos responsables de la crisis económica son el macrismo y el FMI, así como el único responsable de la pandemia es el coronavirus.

Evidentemente, como ocurre con cualquier metaforización, se efectúa una simplificación. En este caso, se omite la responsabilidad del justicialismo en la generación de la pandemia económica. Mientras el gobierno de Macri acordaba con el FMI una deuda irregular (o, directamente ilegal) la principal fuerza opositora se mantuvo en silencio. Además, apoyó con los votos suficientes muchas de las leyes que el macrismo envió a la legislatura para avanzar con su modelo neoliberal (pregúntenle a Sergio Massa, si alguien tiene dudas).

Habrá quien diga que el sentido de la carta va más allá de lo que dice y que, por lo tanto, no hay que centrarse solo en su contenido. Tendría múltiples efectos hacia adentro y hacia afuera del kirchnerismo, en un momento en el que se está negociando con el FMI y se reclama el apoyo del macrismo. Cristina cumple con su imagen de líder nacional, popular y crítica, mientras Alberto sonríe y pide ayuda a los adversarios.

Sin embargo, en el último tramo de la carta, la vicepresidenta afirma: “la pandemia macrista nos quita las divisas que tanto necesitamos como país porque al FMI hay que pagarle completa y exclusivamente en dólares”. La metáfora revela su dimensión ideológica al asumir la inevitabilidad de la deuda con el FMI y la consecuente urgencia de “dólares” para pagarla.

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Esta explicación metafórica cobra espesor material cuando la necesidad de “divisas” deriva de la obligación de pagar una deuda que se reconoce como algo oscuro y fraudulento. Para honrar los compromisos asumidos por el macrismo hay que avanzar rápidamente con la explotación de recursos naturales: petróleo en el mar, fracking, litio, plata, oro. No importan el costo ambiental ni social porque una deuda impuesta como una pandemia termina siendo la obligación mayor, la gran justificación para el saqueo y el ajuste. Así, se reifica un proceso político, presentándolo como algo casi natural.

La metáfora de la pandemia macrista se inscribe en un discurso que apunta a legitimar el papel periférico y subdesarrollado que los países centrales asignan a nuestro país, limitando a su papel proveedor de materias primas. En esta línea, la deuda externa y la crisis económicas son funcionales, porque legitiman el extractivismo, la imposición de zonas de sacrificio y el avasallamiento de los derechos de los trabajadores. El capitalismo, en fin.

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