20 años del crimen de Javier Barrionuevo

Javier Barrionuevo fue el primer manifestante asesinado en un corte de rutas en la provincia de Buenos Aires. A 20 años de su muerte, su crimen aún sigue impune y su memoria nos exige justicia. 

En la madrugada del 6 de febrero de 2002 un automóvil ford falcon (como los que se usaban en la dictadura) atravesó un corte de rutas sobre la ruta nacional n° 205 a la altura del arroyo Ortega, en la localidad de El Jaguel, partido de Esteban Echeverría. Al llegar al punto donde se encontraban los manifestantes, su conductor bajó la ventanilla del vehículo y sin mediar palabras abrió fuego con una pistola 9 mm matando al instante.  

Javier Barrionuevo tenía 31 años de edad y era uno de los tantos changarines que sobrevivían en aquellos años de hambre y rebusques varios. Ese día a la vuelta del trabajo había decidido acompañar el reclamo de los piqueteros aunque él nunca había estado en uno. La Coordinadora de Trabajadores Desocupados Aníbal Verón mantenía por esos días cortes de rutas en varios puntos de la provincia bonaerense en el marco de un plan de lucha por tiempo indeterminado donde se le exigía al gobernador Felipe Solá y al presidente (provisorio) Eduardo Duhalde el aumento de los planes sociales y más alimentos para los comedores barriales. 

De otra clase social era Jorge Bogado, un comerciante de la zona vinculado a Alejandro Granados el actual y único intendente que Ezeiza tuvo desde su fundación, lo que le permitió contar con todos los privilegios que su cercanía al poder le podía ofrecer como un arresto domiciliario express confeccionado a su medida, para que pueda circular libremente como si nunca nada hubiese pasado nada. 

 
En 2003 cuando se llevó a cabo el juicio en los tribunales de Lomas de Zamora gracias a la incansable movilización y reclamos de los MTD y organismos de derechos humanos, Jorge Bogado logró en apenas dos días de audiencias salir caminando libremente de los tribunales. La maniobra para garantizar la impunidad estuvo a cargo del fiscal de la causa Pablo Pando, sobrino del represor Carlos Alberto Lacoste mano derecha de Eduardo Massera, quien desistió de acusar al imputado a pesar de que Bogado inicialmente había asumido su responsabilidad en los hechos, había testigos en su contra, pericias balísticas sobre el arma que usó sin tener registrada y sin permiso de portación, a bordo de un auto con patente vieja (C1.208.427) que ya era ilegal. Los tres jueces de la causa criticaron la decisión del fiscal y aseguraron que existían elementos probatorios suficientes para avanzar en la causa.

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Cuando el tribunal finalmente lo absolvió la sala estalló de bronca. Recuerdo las lágrimas de impotencia, las puteadas, el grito de ASESINO de sus compañeros y la indignación de saber que nuevamente como tantos otras veces en la historia argentina los asesinos del poder quedaban impunes.  Su crimen acabo con la joven vida y sueños de un trabajador más del conurbano. Pero Jorge Bogado tampoco se la llevó de arriba. Porque si no hay justicia hay escrache. Y así fue como no hubo vecino de la localidad de Luis Guillón que no sepa que en su barrio vive un asesino de humildes, o como cada 6 de febrero que se movilizó hasta la famosa parrilla que Bogado regentó durante años en la localidad de Ezeiza hasta que finalmente debió venderla. 

Foto: Marcha.

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