Ciencia opresora: académico de la Universidad de Catamarca amenaza a comunera diaguita

La Unión de Pueblos de la Nación Diaguita denuncia la complicidad entre el arqueólogo Daniel Delfino, las empresas mineras y los gobiernos. En un hecho con pocos precedentes, el académico envió una carta documento a Guillermina Guanco, secretaria general de la Unión Diaguita. La acusa de discriminarlo por ser “de tez blanca y de ojos claros”. La ciencia colonial y la lucha indígena.

Guillermina Guanco es la secretaria general de la Unión de los Pueblos de la Nación Diaguita (UPND) de Catamarca, organización indígena que también tiene presencia en Salta y Tucumán. También es delegada de base de la comunidad de La Hoyada, en Santa María (Catamarca). Guanco sostiene que la semilla de su lucha la plantó su abuelo, Rosendo Gervan. “Mi abuelo me decía ‘nunca dejen entrar empresarios en nuestras tierras, porque los empresarios son los colonizadores’”. La actual dirigente de la Unión de los Pueblos de la Nación Diaguita tenía entonces 12 años, pero dice que esas palabras no se borran. Cuenta que cuando iba a la escuela primaria, los empresarios mineros visitaban las aulas y les prometían que, al terminar séptimo grado, ya iban a tener trabajo en Minera Alumbrera.

Guanco denuncia las consecuencia que trajo Minera Alumbrera en los territorios: «Ya no se cosecha lo que cosechábamos antes porque no hay agua suficiente. Llueve y se consume en un momento el agua de lluvia. Los abuelos lloran de rabia». También describe la situación que sufren por la cercanía de otro proyecto extractivo, que comenzó el mismo año que Alumbrera, el Salar del Hombre Muerto, una explotación de litio en manos de la estadounidense FMC Corporation: «Van a quedar las piedras únicamente, los desiertos, donde ya no tengamos agua ni nada. ¿Qué vamos a tomar?», lamenta y denuncia la puesta en marcha de un acueducto de 35 kilómetros para tomar el agua del río Los Patos.

Por su lucha, la referenta del Pueblo Diaguita recibió una carta documento —bajo advertencia de iniciar acciones legales— por parte del docente, investigador y director del Instituto Interdisciplinario Puneño de la Universidad de Catamarca, Daniel Delfino. El académico, y su abogada Andrea Morales Loanza (también de la Universidad de Catamarca), son quienes amenazaron a Guanco luego de que ella lo denunciara públicamente por su accionar contra el Pueblo Diaguita.

La relación de Delfino con los comunidades comenzó a principios de los años noventa por el proyecto arqueológico que dirige en Laguna Blanca, donde con fondos de Minera Alumbrera se creó el Museo Integral de la Reserva de Biosfera de Laguna Blanca.

Guillermina Guanco es respaldada por los caciques de las comunidades que denuncian a Delfino por fraguar la representación de algunas de las comunidades e interceder ante el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI) en su nombre. «Hace dos meses el INAI estuvo en Catamarca. Me avisaron que estaban acá y nosotros no sabíamos. Me decían que iban a las comunidades de Villa Vil y a Laguna Blanca y ahí estaba Delfino, la abogada, los del Gobierno y los mineros», denuncia Guanco.

“Hoy el Estado está yendo fuertemente contra los pueblos indígenas. Es muy triste que el Estado nacional, provincial, municipal, los tres poderes, nos estén amenazando con cartas documento, con denuncias a través de las fiscalías”, dice el cacique Hernán Gutiérrez y agrega: «Quien defiende el territorio está constantemente perseguido, amenazado, maltratado porque la policía y la gendarmería de esta zona nos ataca constantemente. Nos matan las ovejas, las cabras, nos tratan mal y nos rompen los caminos”.

Comunicado de la Unión Diaguita que denuncia el accionar del académico Daniel Delfino. Y carta documento de Delfino contra la dirigenta indígena Guillermina Guanco.

Memorias de la referenta de la Unión de los Pueblos de la Nación Diaguita

La referenta diaguita lo recuerda bien: “Nos decían ‘va a ser una hermosa mina, van a tener un hermoso pueblo con pozos de agua para que vivan bien y ustedes van a trabajar bien en la mina’. Y cuando yo le voy a contar a mi abuelo, él lloraba y decía ‘es mentira, hace años está la mina de Farallo Negro. ¿Y? ¿Qué tenemos? Nada’”. “Después cuando ya era mamá y tenía cinco hijos —ahora tengo nueve— pensaba: ‘¿Cómo hago para luchar? Mi abuelo nos contaba tantas cosas, sobre como hemos sido esclavos, sobre como hemos salido a través de la lucha’”, relata Guanco. Fue el puntapié para empezar a andar los cerros, en defensa de un territorio cada vez más empobrecido por el extractivismo minero.

Hoy «Doña Guilla» —como la conocen en la zona— es la secretaria general de la Unión Diaguita.

—¿Cuál es su trabajo como secretaria general de la Unión Diaguita?

—Es informar a los caciques de las comunidades sobre las novedades porque ellos están lejos. Cuando hay noticias o algo que hacer, yo me comunico. En marzo volvemos con las asambleas de la Unión y tenemos que poner la fecha, yo les voy recordando. Les voy avisando para que tomen una decisión, pero yo no puedo hacer nada sin que ellos me digan que lo haga o que no lo haga.

—¿Cuál es su rol en su comunidad?

—Tenemos un cacique y yo soy delegada de base. Tenemos un Secretario de Educación, otro de Salud, un Consejo de Ancianos y otro de Jóvenes. Es una orden de gobierno que nosotros conformamos. Hacemos un trabajo de fortalecimiento con la comunidad, porque lo que pasaba era que iba un intendente o gente de afuera a llenarles la cabeza o a mentirles directamente. Nunca iban con la verdad, les decían que iban a progresar y no. Han hecho cosas que no debieron hacer. Una vez que nos reorganizamos ya no entraron «arqueólogos a hacer excavaciones»; esas mentiras ya no se las cree la gente. Hay que volverles a decir a los jóvenes que tienen que estar en el territorio y defenderlo. Más que nada la tierra y el agua, porque sin eso no podemos vivir.

¿Quién persigue a la dirigenta diaguita?

Es precisamente un arqueólogo, Daniel Delfino, quien en noviembre pasado envió una carta documento a Guillermina exhortándola a “ratificar o rectificar” sus dichos en referencia a su persona, de abstenerse de volver a hablar de él o de lo contrario iniciará acciones legales. El 1 de noviembre de 2021, cuando estaba en la capital provincial, Guanco denunció públicamente a Delfino por “saquear a las comunidades” y por “celebrar acuerdos a espaldas de las comunidades”.

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Sobrevino la carta documento del académico, quien amenaza a Guanco con que sus dichos serían pasibles de constituir delitos, que lo perjudica en el fuero civil al dañar “su reputación moral ante la comunidad científica y académica” y califica que la conducta de la dirigente diaguita “fue desplegada con total liviandad y valiéndose de su condición de ‘Secretaria General’ de la autodenominada ‘Unión de los Pueblos de la Nación Diaguita’”. Las comillas utilizadas y la palabra autodenominada denotan un claro sexismo y desconocimiento de la autoridad de Guanco ante su propio pueblo. En el documento, de forma insólita, Delfino también afirma sentirse atacado por motivos “xenófobos y racistas” por ser de “tez blanca y ojos claros”.

Daniel Delfino es docente e investigador de la Universidad Nacional de Catamarca (UNCA) y está a cargo del Museo Arqueológico de Laguna Blanca, ubicada al norte del departamento Belén, en el noroeste de Catamarca. El equipo del Proyecto Arqueológico y Museológico Laguna Blanca de la UNCA comenzó sus trabajos en la zona en 1992. En 1997, el mismo año en que empezó a operar la minera La Alumbrera, se creó el Museo Integral de la Reserva de Biosfera de Laguna Blanca.

Si bien en la web del proyecto universitario se afirma el compromiso con “una ciencia socialmente útil, apoyando a las comunidades indígenas locales en los procesos que están atravesando, participando en la investigación del pasado regional y recuperando una historia local invisibilizada”, lo cierto es que el mismo museo arqueológico fue construido con fondos de la minera que está saqueando los recursos de los territorios diaguitas.

En 2005, en una edición del “Suplemento Comunitario” de Minera Alumbrera, la empresa extractiva destacaba el rol del museo entre sus tareas de responsabilidad social empresaria: “Consciente de la importancia del mantenimiento de las tradiciones locales, Minera Alumbrera colabora en el resguardo de las culturas a través de la interacción con los habitantes de poblaciones aisladas”, señala.  Además de la construcción del Museo Integral de la Reserva de Biosfera de Laguna Blanca, la minera enumeraba obras de canales de riego, fondos para la escuela local, para el destacamento policial y la posta sanitaria. La multinacional asumiendo el rol de las tareas del Estado.

De esta forma, la trasnacional que obtuvo millones de dólares a través de la extracción de oro, cobre y molibdeno justificó las acciones contaminantes que deja sin agua y sin recursos naturales a los habitantes ancestrales de las tierras de la provincia. Además del museo, la minera también destacaba participar de la “recuperación” mediante excavaciones del patrimonio “arqueológico”, es decir de los componentes sagrados de las tierras diaguitas.

“Dice que acompaña a los pueblos indígenas y hace una denuncia a una dirigente diaguita”

Hernán Gutiérrez es cacique de la comunidad de la Quebrada, integrante de la Unión de los Pueblos de la Nación Diaguita. El dirigente grafica la relación con Daniel Delfino como “muy tensa”, pero advierte que —al enviar la carta documento a la secretaria general— “ha roto un límite”. Para el cacique, Delfino “discrimina la identidad diaguita y abusa de la confianza del pueblo. Trata de mostrar una imagen que no siente”.

Al respecto, analiza: “Él en los medios dice que acompaña la lucha de los pueblos indígenas pero es raro que alguien que dice que acompaña estos procesos haga una denuncia justamente a una dirigente, cara visible de la Unión de Pueblos de la Nación Diaguita”. Gutiérrez sostiene: “Le puede gustar o no, pero a ella la eligió el Pueblo y tiene muchos años en esta lucha, contra las trasnacionales y los gobiernos. Ella está en ese espacio gracias a la lucha y el compromiso, por poner en peligro su vida y la de su familia por defender a un Pueblo. Eso no es visto por él”.

En el mismo tono que lo expresó Guillermina Guanco, Gutiérrez sostiene que “Delfino se reúne a nuestras espaldas con el gobierno provincial, nacional o algunas corporaciones trasnacionales, hablando en voz de un Pueblo que él no representa y que dice representar”. En ese sentido, señala que “eso es un gran problema para nuestras comunidades porque estamos en contra de estos emprendimientos”. Y deja en claro: “Esta persona (Delfino) no nos representa como comunidad ni como organización. Él es de la Universidad, tiene una manera muy prepotente y descarada. No les interesa la lucha del pueblo, está usando la fuerza de un Pueblo, de los jóvenes”.

Para Gutiérrez, Delfino y su abogada Andrea Morales Loanza, también de la Universidad de Catamarca, “están discriminando mucho a las organizaciones”. Comenta que ambos profesionales conformaron un equipo de trabajo entre la Universidad y la Provincia sin la consulta previa, libre e informada de la Nación Diaguita (como establece la ley). “Hoy el Estado está yendo fuertemente contra los pueblos indígenas. Es muy triste que el Estado nacional, provincial, municipal, los tres poderes, nos estén amenazando con cartas documento, con denuncias a través de las fiscalías”, dice el cacique. “Buscamos romper ese silencio porque esto no es de ahora. Sabemos que esto al Estado no le interesa porque es un Estado que está torcido desde su creación”, añade.

El cacique también se posiciona contra las pretensiones coloniales de la academia. “Están desenterrando seres humanos en nuestros territorios y nosotros pecamos de inocentes, nos hicieron creer que los iban a dejar en la ciudad de Santa María”, relata. “Quizás para quienes estudian serán fragmentos, cosas que pueden trasladar pero para nosotros, los pueblos originarios, es parte de nuestro ser y de nuestro cuerpo lo que están sacando. Es parte de nuestra identidad”, considera. Para las comunidades, los sitios que algunos consideran arqueológicos, son sagrados. 

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El entrevistado compara: “Nosotros no vamos a los cementerios a sacar los abuelos de ellos, así que por qué ellos nos tienen que sacar: porque nos ubican en una inferioridad del ser”. Y concluye: “Pero somos un pueblo que llevamos 530 años luchando, con los brazos en alto, por nuestros niños y nuestros abuelos que murieron luchando. No queremos gente foránea decidiendo por nosotros”.

“Me siento tranquila porque digo lo que es y estoy defendiendo el territorio”

Por su parte, Guillermina sostiene los dichos que motivaron la carta documento en su contra y advierte que ese tipo de acciones no la amedrentan. La referenta diaguita sostiene que se trata de una lucha colectiva.

—¿Cómo llega Daniel Delfino a las comunidades?

—Agarró a las comunidades de Villa Vil porque es arqueólogo y creó un museo en una localidad, en Laguna Blanca. Nosotros desde la Unión de Pueblos de la Nación Diaguita habíamos reorganizado esas comunidades porque ellos eran esclavos, tenían patrones. Cuidaban hacienda para los patrones. Ese arqueólogo vivía ahí, hacía excavaciones, los llevaba a los mismos comuneros (integrantes de la comunidad) a hacer la excavación. Hizo un museo ahí con fondos de la Minera La Alumbrera. Pero ese museo no es para la comunidad, es para él, porque él está permanente ahí. Luego empezó a decir que era el técnico de la comunidad.

—¿Y qué dicen las comunidades de Villa Vil?

—En la última asamblea que tuvimos de la Unión vinieron los caciques de Villa Vil, donde históricamente y supuestamente trabajó el arqueólogo, diciendo que los hizo firmar papeles en blanco que después resultaron ser un poder para representarlos a ellos. Ellos vinieron a denunciar, a decir “por culpa de Delfino nos hemos ido de la Unión y mirá lo que nos está haciendo, nos partió la Unión”. Él les hacía firmar papeles en blanco engañándolos y diciendo que era para defenderlos, que estaba en contra de las mineras. Pero no fue así. Hizo un poder diciendo que los caciques firmaron para que él tome decisiones por ellos y hace lo que anda haciendo ahora: divide las comunidades, comunidades que están bien organizadas con personería jurídica y él las está quebrando. Esta gente tiene que aprender de las comunidades, porque no somos ningunos tontos, no nos tenemos que dejar manejar por personas de afuera. Nosotros somos libres, autónomos. Tenemos leyes que los gobiernos tienen que respetar, pero vemos que ni eso respetan

—¿Qué opina de la carta documento que le envió?

—Primero fue una amenaza de la abogada Andrea Morales Loanza. Ella me llamó diciendo que si yo no salía a desmentir todo lo que habíamos dicho, algo me iba a pasar. Pero nosotros no tenemos miedo a nadie, porque yo no soy tan solo yo. Yo soy vocera y esto es algo colectivo. Soy la secretaria general de la Unión de los Pueblos de la Nación Diaguita y por lo tanto la voz de las autoridades de todas las comunidades. No soy tan solo yo, pero bueno, se la han tomado conmigo, me han hecho la carta documento. Por ahí me siento mal, porque hasta con mis hijos he tenido problemas que me dicen: «Mirá dónde te has ido a meter». Pero para mí esto es una lucha. Yo estoy luchando y digo lo que es. No estoy mintiendo, como sí hacen ellos. Me siento con la frente en alto, tranquila porque digo lo que es y estoy defendiendo el territorio, que no es tan solo Catamarca, es todo la región diaguita. El territorio es uno solo.

—¿No se comunicaron desde la UNCA por esta situación?

—Yo pedí el número del rector de la universidad (Oscar Orellano), él se reunió con nosotros en Catamarca y dijo que va a tomar cartas en el asunto pero no pasa nada. Dijo que hace pocos meses que está y que no conoce bien al arqueólogo ni a la abogada. Entonces no ha hecho nada. También me comuniqué con otras personas que conozco de la universidad que son buenas personas y les pregunté por qué permiten esto. Nadie sabe contestar, nadie dice nada. No sé por qué la UNCA permite que este tipo de personas vaya a tomar decisiones por nuestros hermanos. Hay que hacer hincapié en la Universidad, porque de ahí sale esta gente. Ellos han venido con la gente de Mauricio Macri, hablando en nombre de las comunidades y nosotros ni enterados. Gracias a nuestra Pachamama querida nos dimos cuenta y le mandamos las denuncias públicas y todo eso, porque él estaba haciendo eso en nombre de todas las comunidades indígenas. Ahora ya dice que es de Alberto Fernández. Porque así son, es tremenda esta gente. Vienen manejando a la gente, teniéndola de esclava, siendo patrones. En comunidades que tienen personería jurídica él quiere formar otra comunidad sin la voz del cacique. Sin preguntar ni pedir permiso. Eso no es educación, por eso quiero que tomen cartas en el asunto y que se haga hincapié en la Universidad de Catamarca.

—¿Y hubo respuesta desde el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI)?

—Como Unión le preguntamos al INAI y les dijimos que nos queríamos reunir con ellos. El arqueólogo Delfino había estado haciendo un convenio con el INAI para hacer el relevamiento territorial a todas las comunidades, sin consultar a las autoridades comunitarias, que son los caciques. Entonces hicimos una nota al INAI y nos respondieron que nadie firmó nada. El señor Delfino se hace pasar por técnico de las comunidades, cuando no lo es. Nosotros queremos un relevamiento bien hecho, que vengan las autoridades del INAI, de Catastro provincial y de las comunidades, no arqueólogos.

— ¿Cómo continuarán con el reclamo por las acciones de Delfino?

— Nosotros tenemos que tomar las decisiones, no otra persona. Entonces ahí frenamos y en marzo ya nos reunimos con el INAI. Ellos vendrán a reunirse con la Unión y a ver estos temas. Necesitamos el relevamiento territorial pero se tiene que hacer como dicen las comunidades. Hace dos meses el INAI estuvo en Catamarca. Me avisaron que estaban acá y nosotros no sabíamos. Me decían que iban a las comunidades de Villa Vil y a Laguna Blanca y ahí estaba Delfino, la abogada, los del Gobierno y los mineros, que se hacían pasar por gente del gobierno. Eso lo armó Delfino con la abogada. En la escuela de Laguna Blanca y en la escuela de Corral Blanco estaban los mineros repartiendo tuppers, cosas así. Espejos de colores, digamos. Los del INAI vieron todo esto pero no dijeron nada, se volvieron calladitos. Y eso no tenemos que hacer, nosotros estamos para defender el territorio, no para poner un traidor con nosotros que venga y venda el territorio ‘con los indios adentro’, como se dice. 

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Defender el territorio y una tradición de lucha

Guillermina Guanco habla con pasión cuando piensa en sus abuelos, en los kilómetros hechos a dedo para llegar a las comunidades diaguitas de los Valles Calchaquíes. Insiste una y otra vez en la necesidad de defender las tierras que ancestralmente les pertenecen, los bienes comunes. 

—¿Por qué es importante el territorio?

—Porque ahí nos criamos, es la herencia que nos dejaron nuestros abuelos y que nos pertenece desde hace más de 500 años, antes de la colonización. Allí criamos nuestra hacienda, sembramos y con eso vivimos. Nos reorganizamos en cada comunidad para seguir en la lucha, para defender nuestro territorio. La gente se quedó aquí gracias a Dios, porque eso hace el Gobierno: que no haya nada en los territorios para que la gente baje a la ciudad. El gobierno necesita los territorios para hacer lo que quiera. Después nos pensarán matar a todos, no sé. Esto ya no es vida. Nosotros votamos a este Gobierno para que hagan las cosas bien, pero nos están traicionando. Hay que tener paciencia y seguir en la lucha.

—¿Cómo ven la acción del Gobierno por ejemplo en relación a la megaminería?

—Están vendiendo nuestro territorio y no hay cómo pararlo. Ellos siguen avasallando nuestro territorio, con mentiras.

—¿Qué mentiras?

—Que la minería no trae contaminación, que va a haber mucho trabajo. Sí es cierto que toman algunos chicos que quieren trabajar, pero dos o tres meses nomás. Después ya los dejan porque dicen que no están preparados. No les pagan lo que les tienen que pagar. Con 30.000 o 40.000 pesos qué hace una persona: nada. Ya tenemos la mina La Alumbrera, que está cerca de Santa María y que nos dejó toda esta contaminación. Sufrimos malamente del agua, la hacienda se muere de sed.

Historia de saqueo

El extractivismo se asienta desde los tiempos de la colonia en el actual territorio que el Estado Nación delimitó como Catamarca. Durante el siglo XX, ante la expansión del capitalismo trasnacional, empresas de los países centrales llegaron con sus palas mecánicas en busca de minerales en las áridas tierras de la puna precordillerana. Tierras que, otra vez, se consideraron desiertos, negando la vida que allí hay, las comunidades indígenas que sostienen el amor por su territorio y las actividades económicas que les posibilita el sustento. En estas regiones, la falta de infraestructura y de políticas públicas que garanticen derechos básicos, fue el terreno fértil para las promesas de progreso de las empresas megamineras.

En 1997 comenzó la explotación de la Minera Alumbrera en Catamarca (operada por Glencore Xstrata, Goldcorp y Yamana Gold) y desde hace una década intenta instalarse un proyecto tres veces más grande: Agua Rica, que pretende explotar oro, plata, cobre y molibdeno y pertenece a las multinacionales Yamana Gold, Glencore y Newmont. El oro, cobre y molibdeno obtenido por Alumbrera a través de explosiones y de sopas químicas contaminantes es trasladado por un mineraloducto a Tucumán y desde allí en tren al Puerto de San Lorenzo, en la provincia de Santa Fe. El destino: las refinerías del primer mundo. 

En 1994, Minera Alumbrera constituyó una Unión Transitoria de Empresas (UTE) con Yacimientos Mineros de Agua de Dionisio (YMAD). Los derechos de exploración y explotación minera pertenecen a la YMAD, una sociedad integrada por la provincia de Catamarca, la Universidad Nacional de Tucumán y el Estado nacional. YMAD ha constituido una unión transitoria de empresas con Minera Alumbrera para la explotación del yacimiento y percibe el 20% de las utilidades millonarias de las empresas. Mientras tanto, las localidades que viven en carne propia el extractivismo y la contaminación, deben conformarse con la construcción de “módulos escolares”, máquinas de hilados para “promover la economía local” y la instalación de semáforos.

“Estamos sufriendo mucho con Minera Alumbrera”

—¿Qué impactos perciben en el territorio por la presencia de la minera La Alumbrera?

—Estamos sufriendo mucho con la mina La Alumbrera y todavía quieren poner otra, la de Agua Rica. Dicen que va a haber progreso para la gente, pero eso es todo mentira. En el altiplano, donde hay dos comunidades atacama, ahí contaminaron totalmente, mataron toda la hacienda: 700 llamas, 500 ovejas. La gente quedó sin nada y está contaminada. Nos están tomando y contaminando el agua, la hacienda se enferma porque llega un polvillo blanco, que nosotros ya le decimos la zonda. Eso se pega en las plantas, en los montes, en el pasto que comen los animales.

—¿Y qué ocurre con sus animales y sus cultivos?

—Nos obliga a vacunar, porque antes nunca vacunábamos y la hacienda era sana. Ya no se cosecha lo que cosechábamos antes porque no hay agua suficiente. Llueve y se consume en un momento el agua de lluvia. Los abuelos lloran de rabia, dicen que no defendemos el territorio, que no corremos esos bichos, dicen que piensan en nosotros, en nuestros nietos. Nos hacen llorar a todos porque esa es la realidad. Pero hay personas que no piensan ni con la cabeza ni con el corazón, nada. Ellos quieren plata. Van a quedar las piedras únicamente, los desiertos, donde ya no tengamos agua ni nada. ¿Qué vamos a tomar? Nada. Ahora también quieren hacer un acueducto y tomar el agua del río Los Patos. Estamos en la lucha porque no queremos que nos sigan sacando el agua.

“Quien defiende el territorio está constantemente perseguido, amenazado, maltratado porque la policía y la gendarmería de esta zona nos ataca constantemente. Las empresas mineras entran a los pueblos, no nos dejan acercar, nos tratan mal, andan con la Infantería y con armas largas”, denuncia el cacique Hernán Gutiérrez. “No sé de qué democracia podemos hablar hoy si un pueblo que tiene no más de cien habitantes tiene estos emprendimientos custodiados por 25 policías y nos matan las ovejas, las cabras, nos tratan mal y nos rompen los caminos”, expone. 

El referente lamenta que “el Gobierno diga que la megaminería genera ingresos para el pueblo y que el país necesita dólares”. Para las comunidades indígenas las promesas de progreso nunca llegan: faltan hospitales y escuelas y los médicos tradicionales son perseguidos. “Nuestros caminos siguen siendo a pico y pala, escuchamos hablar de progreso y de desarrollo para nuestros pueblos y estamos cada vez peor”, dice Gutiérrez. El 6 de enero, poblaciones de Antofagasta de la Sierra, localidad ubicada a pocos kilómetros de la Minera del Altiplano S.A., filial argentina de la estadounidense de litio FMC Corporation, denunciaron que no cuentan con un médico para emergencias.

Consciente de la estafa minera a los pueblos indígenas, a Guillermina Guanco no le tiembla la voz cuando dice: “Si me muero en la lucha voy a morir contenta porque habré muerto defendiendo el territorio. Por esta pelea han habido muertes. Yo estoy en la boca del lobo, pero con la frente en alto y con la verdad. No le tengo miedo a nadie”.

Fuente: TierraViva Agencia de Noticias

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