La doble vara frente a la protesta

                                                                                                                                                                         El ajuste genera movilizaciones o protestas que son reprimidas, invisibilizadas o demonizadas en ambas orillas de la “grieta”. Editorial de “El Círculo Rojo”, programa de La Izquierda Diario que ese emite los jueves de 22 a 24 h por Radio Con Vos, 89.9.

Se conoció esta semana el Índice de Recorte de Ingresos, prefiero rebautizarlo así porque expresa más genuinamente lo que es el Índice de Precios al Consumidor. Según el Indec, los precios subieron 3,9% en enero de 2022 respecto de diciembre de 2021 y el crecimiento interanual promedio fue de 50,7%. Los alimentos tomados en conjunto crecieron un 4,9 % y artículos recontrabásicos como la lechuga y el tomate aumentaron 51,1% y 82,2%.

Esta es una vía indirecta de recorte de salarios y remuneraciones (se dice “indirecta” porque no es un recorte salarial directo, pero se manifiesta más o menos inmediatamente) y le permite a las empresas recuperar márgenes de ganancia y al Gobierno ajuste vía la licuación del gasto. Una ecuación bastante simple que mata mil relatos.

Es absolutamente congruente con las aspiraciones del Fondo Monetario Internacional aunque es apenas el comienzo porque todavía falta que impacten los aumentos ya autorizados para los servicios (por ejemplo el gas, que va a aumentar 20 %) y hay que ver qué pasa con el transporte que es la gran exigencia del Fondo.

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En ese contexto y con la combinación la baja de la pandemia y el ajuste, obviamente que comienzan a producirse movilizaciones o protestas. Y en ese marco tuvieron lugar algunos hechos o declaraciones sobre los que vale la pena llamar la atención y poner el alerta, tanto por la gravedad de lo que sucedió como por la cobertura mediática.

El martes 8 de este mes, en la provincia de Córdoba se desarrolló una movilización —bastante masiva para los parámetros de la provincia— contra el acuerdo con el FMI. En medio de la marcha, grupos encapuchados amedrentaron con armas, de manera coordinada y simultánea a los manifestantes. Hubo corridas y un menor de 15 años fue apuñalado y llegó a estar internado en grave estado. El fiscal Raúl Garzón, entre otras declaraciones, dijo en algún momento y sin ninguna prueba contundente que parecía un “enfrentamiento entre los manifestantes” ¿Les suena? Pero, además de esto, ¿escucharon en algún gran medio porteño información sobre esto? Imaginemos que hubiesen dicho algunos medios si ocurría bajo el macrismo, con Patricia Bullrich como ministra de Seguridad y Juan Schiaretti (gobernador de Córdoba) como aliado de Macri (que lo fue). Claro, como ahora Schiaretti es un “gobernador en disputa”, desde algunos medios oficialistas lo ayudan a tapar un hecho que es un escándalo descomunal.

El martes pasado, en Misiones, más precisamente en Campo Viera, diversas organizaciones piqueteras y sociales realizaron una convocatoria de movilización contra el hambre, el ajuste y los tarifazos. Según informaron los convocantes, desde antes que comenzara la jornada un importante contingente policial ocupó las rutas y hostigó a las cientos de personas que se proponían manifestar. Cuando las organizaciones se trasladaron hacia la ruta, recibieron la represión de la Policía provincial. Después del ataque la Policía se dirigió a los barrios y comenzó a allanar viviendas y detener manifestantes. “Es tremendo, hay una cacería en los barrios”, dijeron.

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Por último, ayer (miércoles) tuvo lugar un paro de 24 horas impulsado por la Seccional Oeste de la Unión Ferroviaria (encabezada por referentes como el “Pollo” Sobrero) y el Cuerpo de Delegados de la línea Sarmiento. La medida fue en respuesta a las resoluciones que tomó la empresa Trenes Argentinos, contraria a todo protocolo sanitario lógico para evitar oleadas de contagios porque no se permite el aislamiento de trabajadores que haya tenido contacto estrecho con personas contagiadas de COVID y, además, hubo descuentos a empleados que se aislaron. En este caso, no hubo una represión, pero sí una furibunda campaña de demonización. E, insisto, no en los tradicionales medios de la derecha que ya los conocemos, sino en aquellos que se presentan como “progres”, ahora en el espectro oficialista en general y en el albertista, en particular. Leímos cosas como “quieren generar el caos en el país”; “es un paro político”, los usuarios son “rehenes” etc. etc. O sea, no se debatía la medida, las razones (todo es discutible), sino que se lanzaba directamente la acusación.

Hoy el Ministro de Desarrollo Social, Juanchi Zavaleta, en contexto en el que anunció que no se van a ampliar los planes sociales habló de las movilizaciones, cortes o acampes en términos de “extorsión”, o sea a un paso de abordar a la protesta social en términos delictivos.

Todo tiene un aroma o, mejor dicho, un “tufo” muy noventista.

Y no nos olvidemos que esto estuvo precedido por represiones en Chubut en las manifestaciones contra la megaminería el año pasado (que como la lucha tuvo un triunfo, quizá queda perdido) y, por supuesto, de lo que podríamos decir que fue el punto de partida de todo esto: la represión en la toma de tierras de Guernica.

Y hablando de noventismo, existía una expresión muy expandida en aquellos años que decía: “El ajuste sin represión no cierra”. Y era verdad en ese momento y también ahora. Pero, para esto también se construyen climas que pretenden fijar los límites tolerables de la protesta en la opinión pública, se demoniza a las organizaciones, se silencia sus demandas o se ocultan las represiones. Un combo que no forma parte ni de la letra grande ni de la letra chica del acuerdo con el Fondo Monetario, pero que está grabado en el manual del ajuste.

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Fuente: La Izquierda Diario

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