La mayor protesta es el amor: Fun People como catalizador de una generación contracultural

El periodista Norberto Alfaro publicó La mayor protesta es el amor. Diálogos sobre Fun People y el jarcor punk, libro que retrata el fortalecimiento del circuito contracultural de la década del 90.

La mayor protesta es el amor. Diálogos sobre Fun People y el jarcor punk es un libro sobre la vinculación de la banda con los colectivos políticos de los 90 y el legado ideológico en generaciones posteriores vinculadas al arte y al activismo.
La publicación independiente cuenta con más de treinta testimonios del núcleo más directo del grupo, pasando por colegas, activistas, parte del público. Además incluye material de archivo rescatado del olvido analógico logrando un rescate que tiene más de antropológico que de sentimental. Allí parece radicar uno de los aciertos del La mayor protesta es el amor: más que una biografía enciclopédica, una historia lineal o un análisis académico en clave post Simon Reynolds, se trata de radiografía en clave oral de un circuito contracultural en pleno estadio de evolución. El libro logra capturar la forma en que la autogestión va extendiéndose por todo el circuito de provincias como modo de trabajo y alumbramiento tanto ético como estético.
En los testimonios que logra Alfaro no hay espacio para la nostalgia ni el anhelo de una adolescencia extinguida; cada una de las voces aporta desde madurez personal luego de décadas de transitar un camino propio en la contracultura y ámbitos afines. En ese sentido, el libro deja claro que Fun People, al igual que She Devils, funcionó como catalizador de un cambio radical en la vida de miles de personas.
Norberto Alfaro nació en 1982 en Gonnet, provincia de Buenos Aires. Es locutor y periodista. Su currículum indica que, por sobre todas las cosas, es un tipo inquieto que busca generar canales de expresión que fortalezcan la pluralidad de voces y posibiliten la visibilidad para diferentes ramas culturales.
Desde los 17 años participa en diversos espacios radiales. Trabajó en producción de contenidos y conducción. Fue agente de prensa de bandas independientes para Código Alfa, colaboró en la redacción del libro Caduco (2018) de la editorial Charco Editora y escribió en el sitio web de Subcultura Press.
Actualmente conduce Enemigos de la siesta en Radio FMQ 93.5 y 2 Mil Hombre Digital en Trilce Radio. Además es redactor en el diario online Cuatro Medios y colabora en la revista digital En Lo Profundo.
Alfaro es responsable de La mayor protesta es el amor, libro que trabajó junto a un pequeño equipo de colaboradores, y que por estos días está promoviendo por medios de todo el país.
Si bien Alfaro cargaba con la idea del libro desde hace un tiempo, el trabajo empezó a plasmarse en los primeros meses del 2016. El proceso de trabajo se extendió a través de los años puesto que Alfaro le dedicaba el tiempo libre que le quedaba de otras actividades. El final llegó en diciembre de 2021.
La intención del periodista era lograr un registro profesional que rebase lo estrictamente musical puesto que Fun People era mucho más que una banda. Desde ahí comenzó a decantarse una idea clara: el grupo como activador de escenas; Nekro como un agitador que interpelaba a la gente tanto arriba como abajo del escenario.
Procurando que el libro viaje profundo por el territorio nacional Alfaro tiene por delante un puñado de presentaciones del libro en diferentes puntos del país. La cita en Rosario es el sábado 23 de abril en Puerto de Ideas. Allí Alfaro estará acompañado por Saulo Ferreyra, responsable de Sad Punk.
“La invitación vino por parte de Lucas Goldberg de Fastidio Zine y el ciclo Bandera Negra. La idea es poder intercambiar ideas con Saulo, que participa en el libro, y alguien del Galpón Okupa, donde Fun People tocó dos veces”, adelanta Alfaro.
“Además, habrá dos conversatorios sobre otros materiales y sets acústicos”, cuenta el periodista. “Más allá de quiénes estemos en la mesa hablando sobre el libro, sería muy bueno escuchar a otras voces sobre lo que les ocurrió o qué opinan acerca de los temas planteados”. 
Otra saludable acierto del trabajo de Alfaro es que logra comprender a Fun People como una banda federal que tomó las rutas argentinas para trazar un circuito underground. Rosario, Mendoza, Tucumán, San Nicolas, La Plata, Concordia: por donde iba el grupo quedaba una chispa que inmediatamente armaba su propia fogata, acercando a nuevas generaciones de pibas y pibes, además de cultores del punk que no encontraban su lugar entre tanta violencia, fisura y sexismo que abundaba en el resto circuito.
El paso de Fun People por el Galpón Okupa, hito para un centenar mutantes presentes, está plasmado en la palabra de Chachi Cabrera, quien también será parte de la presentación local de La mayor protesta es el amor.

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Fun People cayó como un meteorito sobre una generación que andaba buscando una identidad propia en medio de fuertes correntadas de escepticismo, violencia machista y una exclusión social que iba esparciéndose silenciosamente por los cordones industriales de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Tucumán y otras provincias argentinas.
Con gigs explosivos, donde además de potencia musical había un interpelamiento directo con el público tanto arriba como abajo del escenario, el grupo atravesó al circuito underground logrando una identidad única. Mientras circulaban los cassettes y los compactos de mano en mano, la banda entablaba un diálogo extra musical con su gente: había fanzines, pero también charlas organizadas o improvisadas durante las fechas. Además, el nivel de arrojo del grupo se complementaba con un público joven con ganas de crear su propio universo. De esa forma, la banda dejaba todo, pero el público aportaba con sus ideas, a veces llegando con su propia forma de expresarse, rozando la propuesta de Happenings. ¿Era algo premeditado? No, era la necesidad generacional de encontrarse cueste lo que cueste. Poesía, colores, alegría ante el abismo: disrupción ante lo dogmático de un rock argentino siempre conservador.
Sus canciones eran descargas hardcore punk repletas de furia y hastío, sin embargo eso estaba bien equilibrado con un entendimiento (y disfrute) del camp, las melodías bubble gum y una melomanía arqueológica de subculturas varias. Sus letras, entre tanto, versaban sobre derechos LGTBI, de los animales, y de las infancias; feminismo, ambientalismo, veganismo, aborto, depresión, suicidio adolescente y mucho más. En una época de cinismo institucional, menemismo explícito (indultos, pizza con champagne, neoliberalismo) y un hartazgo social que se cocía a fuego luego, Fun People y bandas como She Devils, impregnaron de sensibilidad y entendimiento político a miles de jóvenes apáticos que comprendieron que había otras formas de involucrarse.

 La mayor protesta es el amor no es una biografía estricta sobre la banda. En ese sentido, siento que es mucho más abarcativo, pinta un contexto histórico y retrata todo un circuito maravilloso que se iba construyendo alrededor de la música: ferias, marchas, sellos, bibliotecas, etc.
¿Con tanta data apareciendo tuviste que recortar mucho? ¿Cómo fue el proceso de edición a partir de testimonios llenos de información sobre ese circuito en proceso de formación? 

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Que bueno que lo menciones, tal cual, esto no es una biografía. El orden de los entrevistados fue tomando forma cuando ya sabíamos que iba a ser un libro. Digo sabíamos porque en este trabajo también formó parte Constanza Abeille en la corrección y Sebastián Saire en el armado editorial. Tratamos de mantener una línea de tiempo con los tópicos que yo había pensado destacar. A partir de los testimonios, entonces, fuimos ordenando a los entrevistados por capítulos, así como los paratextos y la contextualización de la época.
En cuanto al recorte, ahí sí apareció más el trabajo de Constanza, siempre consensuando conmigo. Y sí, algo quedó afuera. Si fuera por mí esto sería un fanzine de 500 páginas, pero los libros tienen otro proceso editorial.

– ¿Cuándo decidiste que el libro esté construido a partir de la oralidad y las entrevistas?

Siempre lo pensé así, desde el encuentro con los entrevistados, salvo con los que por una cuestión de distancia, tuvieron que ser entrevistas telefónicas, o en el caso de Steve Albini, una devolución por mail.
La decisión ya estaba desde el arranque, de hecho las primeras entrevistas fueron grabadas en formato audiovisual, ya que estaba enganchado con el formato documental.
Una vez que fue tomando forma, decidí que desde la oralidad los testimonios pasen al papel. Disfruto mucho de entrevistar, preguntar.

-Tanto Fun People como She Devils representaron algo revolucionario dentro de la escena hardcore/punk argentina. En su momento no fuimos del todo conscientes de la manera en que ampliaron nuestras ideas. De hecho, creo que el libro nos permite seguir reflexionando sobre el poderío de ese movimiento.
¿Vos fuiste consciente de inmediato de esa diferencia estética y ética que proponía la banda o te diste cuenta cuando ya estabas bien metido en su mundo?

Al principio, todo te pega desde lo musical, vas descubriendo lo que dicen las letras. Ahí ya había una diferencia con lo que venía escuchando, que eran bandas como Ramones, Dos Minutos y Superuva,  por ejemplo. Fun People hablaba de otras cosas, de opresión pero también de libertad, del respeto hacia los animales, de la igualdad entre el hombre y la mujer, había denuncia ecologista. Todo eso tomó mayor forma cuando en el primer show que voy a verlos me compro el fanzine Sabor´s con toda otra cantidad de data. Además recibí flyers y material de organizaciones como Amnesty, Madres de Plaza de Mayo, G.A.P.L.A.H (Grupo Autogestionario Para la Liberación Animal y Humana) y otras. También flyers con info de otras bandas, así comencé a escuchar bandas straight edge, algo totalmente nuevo para mí. Eso ya era algo diferente y al mismo tiempo revelador.
Después de los recis me volvía a mi casa en colectivo o tren, leyendo toda esa info, y en la semana era tratar de encontrar más en lugares convencionales como una revista de rock, pero claramente, esto era más que rock.

-El libro propone una perspectiva a la distancia: hablamos de vivencias ocurridas hace décadas atrás, sin embargo, no hay nostalgia ni una idealización de ese pasado, los testimonios son actuales, con protagonistas o testigos que crecieron y se formaron.
¿Cómo hiciste para evitar caer en la nostalgia y lograr testimonios capaces de reconstruir desde una perspectiva madura?

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Desde el primer momento ya tenía claro que esto no pasaba por la nostalgia, sino por dejar registro del grupo y su sello, en el marco de la reconstrucción que hay sobre el punk. Después, al apuntar a ciertos tópicos que son extra musicales, creo que los entrevistados entendieron por dónde iba la cosa. También era muy interesante saber cómo pensaban actualmente aquellas personas que fueron público y hoy llevan adelante diferentes proyectos desde la autogestión.
Este libro nunca buscó personalismos, al contrario, puede estar planteado como un trabajo sobre una expresión cultural colectiva de aquel momento.

Nekro interpelaba al público tanto en sus canciones como sobre el escenario o abajo, con sus fanzines, charlando, compartiendo mucha información.
¿Te parece que esa horizontalidad también tiene un peso en la estela disruptiva que generó Fun People?

Sin dudas. Esa es otra de las cuestiones a rescatar de esta historia. Nekro cantaba pero también cuestionaba acciones del público, te interpelaba. Eso, no lo vi en otros cantantes, por lo menos en esa forma.
El hecho de buscar que las chicas también compartan el pogo y el mosh con los varones, marcaba que ahí y afuera éramos todos iguales, Lo interesante es que por ejemplo esa idea, vos la puedas replicar en el día a día, no solo en los recis. Para mí, ese tipo de posición me parece más relevante que una linda canción.
Tenemos que pensar que hablamos de los 90´s, una época nefasta desde lo social y económico, donde se profundizaron ideas como el individualismo. Nosotros como público estábamos cantando y hablando de todo lo contrario por Fun People.

-Mirando atrás, al pensar en ese adolescente que fuiste hace muchos años, ¿cuál fue la enseñanza más importante que encontraste en la contracultura?

Que hay otra historia en paralelo a la oficial; y que en el descubrimiento de ese submundo uno encuentra acciones y experiencias que son valiosísimas. Hay historias subterráneas que merecen ser contadas.  A partir de la contracultura, uno también se encuentra con la autogestión, donde no esperás nada de nadie para hacer lo que quieras. Y así descubrís que, si te proponés algo, lo encontrás. Hay pares en los cuales podés apoyarte e incluso compartir ideas para llevarlas a cabo de manera colectiva y horizontal.
Siempre tuve un rechazo total a lo que sea “autoridad”, no entendí nunca lo de las jerarquías, no me llevo bien con la vida convencional que se propone, entonces el mundo de la contracultura y la autogestión aparece también como una herramienta.

– ¿Tuviste intenciones de acercarte a los integrantes del grupo para sumarlos al libro?
Cuando comencé con el trabajo me comuniqué con cada uno de los integrantes de la primera formación, de diferentes maneras, ya sea cara a cara o por mail o mensaje, ya que dos de ellos estaban fuera del país.  Lo hice por una cuestión de respeto, ética si se quiere, ya que estaba trabajando sobre algo que los involucra. Los invité a que, si querían, sumaran su testimonio. Ninguno quiso participar. Eso fue todo.

Por Lucas Canalda
Fotografías tomadas del Facebook Oficial de Fun People

Fuente: rapto

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