Unión Comunera: victorias tempranas

Durante el jueves 2 y el viernes 3 de marzo se realizó el Congreso Fundacional de la Unión Comunera, en el territorio de la Comuna Socialista El Maizal, en el municipio Simón Planas del estado Lara. La reunión convocó a comuneros y comuneras de cuarenta y ocho Comunas provenientes de doce estados del país, y a militantes de una decena de organizaciones populares con énfasis en el trabajo territorial.

El Congreso Fundacional estuvo precedido por un denodado y sostenido trabajo durante al menos tres años, que con frecuencia se vio obstaculizado por severas dificultades materiales para la movilización y luego por la pandemia, circunstancias que no impidieron que pequeñas avanzadas de compañeros y compañeras se desplazaran, en varias oleadas, por algunos estados del oriente, del centro, de los llanos y de la región andina, buscando crear o afianzar vínculos con miles de comuneros y comuneras dispersos por el territorio. A los contactos iniciales les siguieron varias reuniones de alcance regional, en las que se fue macerando una agenda en común, al tiempo que se reafirmaba la necesidad de confluir en un espacio de carácter autónomo, que aportara a la reorganización del chavismo popular y comunero.

Tal podría considerarse la primera victoria temprana y parcial de la Unión Comunera: haber dado un paso decisivo hacia la rearticulación de fuerzas dispersas por todo el territorio nacional. Lo más lúcido del liderazgo comunal en Venezuela siempre estuvo convencido de que la apuesta de Chávez por la creación y multiplicación de Comunas había encontrado eco popular, incluso en los lugares más recónditos. Además, siempre se mostró dispuesto a sumarse entusiastamente a los esfuerzos orientados a construir “una red que vaya como una gigantesca telaraña cubriendo el territorio de lo nuevo”, para así contrarrestar a la “gigantesca amiba” del capital, como diría el mismo Chávez en su Golpe de Timón.

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Durante algún tiempo, organizaciones como la Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora, así como la Red Nacional de Comuneros y Comuneras, supieron cumplir ese papel, aportando su valioso esfuerzo militante a la tarea de fortalecer y cualificar el movimiento comunero. Hacia 2014, en tiempos de intensa movilización comunera, parte importante de las Comunas más avanzadas hacían parte de una u otra organización. Pero incluso entonces, la mayoría de las Comunas se mantenía al margen de cualquier espacio de confluencia, o se limitaba a establecer alianzas de carácter más bien local o regional, lo que por cierto no desmeritaba tales iniciativas.

Cinco años después, cuando el germen humano de lo que hoy es la Unión Comunera comenzó a planificar su inminente despliegue por el territorio, la situación era muy distinta: aquellas organizaciones nacionales, por razones cuyo análisis escapan al propósito de este texto, se habían debilitado notablemente o habían decidido replegarse, concentrándose en sus bastiones territoriales; circunstancias que, a su vez, eran expresión del estado de reflujo por el que atravesaba el movimiento comunero. Precisamente el hecho de que la fragua de la Unión Comunera haya tenido lugar en un contexto de reflujo popular y, por tanto, en condiciones políticas sumamente adversas, constituye sin duda alguna la segunda de sus victorias tempranas. Este espacio es un buen ejemplo de que la certeza respecto de la necesidad de juntarse no es suficiente. Hace falta también la iniciativa. La Unión Comunera es fruto de la iniciativa política.

Esta importante información de contexto nos permite valorar en su justa dimensión el significado de una iniciativa en apariencia modesta, sobre todo si se la evalúa en términos cuantitativos (y tomando en cuenta que las Comunas registradas oficialmente ya superan las cuatro mil), pero que en realidad contiene un extraordinario potencial: eventualmente, la Unión Comunera podría constituirse en una suerte de organización palanca, esto es, en un punto de apoyo que contribuya a la reorganización del movimiento comunero y, más allá, al fortalecimiento del menguado campo popular venezolano.

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La tercera victoria temprana sería la apuesta por la cualidad de los procesos de organización comunal, antes que por la cantidad. Sobran las razones para afirmar que el Congreso Fundacional hubiera podido ser una puesta en escena multitudinaria, con gentes provenientes de varios centenares de Comunas y agrupaciones políticas de casi todo el país. De hecho, en algunas de las reuniones regionales preparatorias del Congreso la participación superó el centenar de Comunas. Sin embargo, terminó prevaleciendo la idea de construir un sólido núcleo inicial, que incluyera a Comunas con una mínima trayectoria en el trabajo productivo, con fuerte arraigo en lo territorial, etc. Claramente, el liderazgo de la Unión Comunera no pretende “representar” a la mayor cantidad posible de Comunas, ostentando una fuerza que no se corresponde con la realidad, para, pongamos el caso, negociar recursos o cuotas de poder. Su intención expresa, y tal sería la cuarta victoria temprana, es construir poder real en el territorio. La Unión Comunera no pretende “hegemonizar” el movimiento comunero, sino contribuir a la reconstrucción de hegemonía popular y democrática, que es algo muy distinto.

La quinta victoria temprana se relaciona estrechamente con las dos anteriores: apostar por la cualidad de los procesos de organización comunal, así como por la construcción de poder real en el territorio, supone necesariamente una mirada de mediano y largo plazo. En sus intervenciones durante el Congreso Fundacional, diversos referentes de la Unión Comunera insistieron una y otra vez en la necesidad de acometer una tarea paciente de reconstrucción y rearticulación, respetando los ritmos y los niveles de desarrollo de las distintas experiencias de autogobierno popular.

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La sexta victoria temprana sería el especial énfasis en lo programático: hoy día, son muy pocos los espacios donde el liderazgo chavista reivindica, sin reservas, el socialismo, y son menos aún los espacios donde cualquier referencia al socialismo no suena a retórica vacía, al punto de que termina resultando preferible que deje de invocársele. Pues bien, el Congreso Fundacional de la Unión Comunera fue un espacio donde no solo se reivindicó la vigencia del horizonte socialista, sino la necesidad de “volver a Chávez”, en el entendido de que parte importante de la dirigencia se ha alejado de su ideario y de su praxis. Más notablemente, fue un espacio en el que las constantes referencias al socialismo no daban cuenta de una impostura, sino todo lo contrario: se trataba de reafirmar una clara postura en favor de la construcción del socialismo desde el territorio, desde lo comunal, desde el autogobierno popular y mediante el fortalecimiento de la propiedad social.

Quizá la séptima y última victoria temprana vendría a ser la idea muy arraigada de corresponsabilidad política del movimiento comunero, esto es, la idea de que reafirmar y preservar la vigencia del horizonte programático de la revolución bolivariana no es tarea que le corresponda exclusivamente a quienes hoy ejercen funciones de gobierno, sino también al pueblo organizado. Porque solo el pueblo salva al pueblo. En el caso de la Unión Comunera, esto no es una simple consigna.

Fuente: elotrosaberypoder.wordpress.com

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