Educación en contexto de encierro

En ocasiones, algunos lectores desanimados por el aire que obligan a respirar al imaginario social me preguntan si creo que es verdad la frase “es lento, pero viene…” que hace años tomé como propia pero que pertenece al poeta Mario Bendetti y que suelo repetir como si fuera un mantra. A veces me interrogan por e-mail y en ocasiones en alguna conferencia o presentación de mis libros, alguno lo hace incluso mirándome a los ojos para potenciar la pregunta y descubrir posibles dudas en mi interior.

            Estuve invitado por la Escuela Secundaria para Adultos de la materia “Problemática Social Contemporánea” que se dicta en la Unidad Penal 39 de Ituzaingo. Allí, los alumnos privados de libertad de 3er año junto a la profesora Alejandra López titular de la materia organizaron una charla abierta donde opte por hablar precisamente sobre mi libro “Pedestales y Prontuarios”. La hipótesis del texto es simple, existen personas que la historia oficial encumbró colocándolos en lo alto de pedestales en plazas, o poniendo sus nombre en escuelas o señalética urbana cuando en realidad arrastran frondosos prontuarios, mientras otros, gente que desde siempre lucho por una Patria Grande, justa e inclusiva fueron perseguidos, negados e invisibilizados. Pensé que ese tema sería un interesante disparador para hacerle en ese contexto y me alegra anticipar que no me equivoqué. Cuando la profesora se contactó conmigo para hacer de nexo e invitarme me entusiasmó al decirme que el nombre de esa escuela para adultos en contexto de encierro, se llama “Agustín Tosco”[1] (CENS 456), y aún me alegró más cuando supe que ese nombre no vino volando de las alturas sino que fue una elección democrática efectuada en su momento por los alumnos internados en aquel penal del conurbano bonaerense.

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            Pablo Alonso quien fue el primer directo del establecimiento educativo de la unidad carcelaria 39 hasta que se jubiló se ofreció a llevarme hasta allí. La conversación que mantuvimos en el auto me interiorizó de los esfuerzas que hacen personas como ese ex director o la profesora que me invitó que sienten profundamente que la educación es un derecho humano fundamental. Mientras viajábamos hacía allí, me entero que hace unos diez años el Maestro Osvaldo Bayer había ido allí a dar una charla sobre el significado de la democracia.

            Como han de imaginar ingresar a una cárcel no es un espacio indiferente, se trata de una geografía dura cuyo propósito es privar de libertad a un acusado quitándole tiempo. Solo había ingresado a dos. Cuando estudie en la Facultad algunos prácticos de una de las materias se cursaba en la Unidad Penal 27 que se encontraba dentro del Hospital Neuropsiquiátrico Moyano, hoy desactivada y era muy impactante. Por otra parte, cada vez que me invitan a Tierra del Fuego a dar algún seminario no puedo evitar la visita al tristemente célebre penal de Ushuaia, una estructura que cumple con todos los violentos excesos del poder contando hasta con la torre o panóptico central propia de las páginas de Vigilar y Castigar de Michel Foucault. En cambio la estructura de la Unidad 39 en Ituzaingo es diferente, los pabellones que albergan unos mil internos si bien están construidos en círculo posee en medio un gran y cuidado jardín cuyo verdor invita al menos por un momento abstraerse de rejas, candados, alambrados y casetas de vigilancia.

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            Llegamos puntualmente y los alumnos ya estaban aguardando. Un público diferente, la mayoría jóvenes provenientes de sectores marginados. Tras la bienvenida y palabras de rigor, comenzamos de inmediato en el gran salón oscurecido para que puedan apreciarse las imágenes de la exposición. Mientras hablaba para el casi centenar de estudiantes que buscan terminar la secundaria, comencé a advertir su interés que se tradujo en infinidad de preguntas, todas apuntaban al eje de Pedestales y Prontuarios “¿Cómo puede ser que la educación nos mienta? ¿Cómo puede ser que la elite que esquilmó al país la tengan en altos pedestales?” Muchos mencionaban preocupación por los contenidos que reciben sus hijos que están cursando la escuela primaria. “¿Que se puede hacer para cambiar la curricula escolar?”. Otro manifestó que antes de estar allí, cuando estudiaba lo hacían sentir ignorante. Había una honesta indignación en las palabras de esos estudiantes. La charla pensada para una hora y media duró mucho más. Yo estaba impactado. Finalmente, antes de terminar y mientras seguían las preguntas comenzaron a escribir su parecer sobre el encuentro en una gran cartulina que luego me obsequiaron. En casi todos los comentarios se repite “la preocupación por la verdad” y varios recalcan “que comentarán esta experiencia con sus hijos”. Por último como broche final, uno de los muchachos con timidez tomó el micrófono y recitó el poema de Benedetti “Lento pero viene…” Al terminar un cerrado aplauso. Luego muchos se acercaron a saludarme, a decirme que vuelva a otra vez a contar otras cosas. Deje algunos de mis libros para su biblioteca.

            Mientras regresaba a mi casa, me acordé de esos lectores que en ocasiones por ese desanimo general, por esa sensación de derrota, de país inviable y sin solución que los poderosos buscan instalar en la gente me preguntan a veces si de verdad estoy convencido de esa hermosa estrofa de Benedetti que hice propia y tengo por cierta. Sin duda estoy persuadido que es: “Lento pero viene / El futuro se acerca / Despacio pero viene / Ya casi está llegando”.

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[1] Un dirigente gremial incorruptible, antiimperialista, dirigente de masas, padeció cárcel y persecución. Durante el gobierno democrático del peronismo en 1973 intervinieron el sindicato de Luz y Fuerza del que era secretario, recibe amenazas de muerte. A mediados de 1975, en la clandestinidad enfermó gravemente y no pudo ser atendido en ningún hospital ya que sería asesinado por las bandas armadas de la Triple A, murió poco después.

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