El partido comunista de la Argentina y la revolución cubana. Entusiasmos y reticencias – I

El propósito de este trabajo es indagar en las tomas de  posición y acciones del Partido Comunista de la Argentina respecto de la revolución cubana, en sus años iniciales. Cubriremos la etapa que va desde poco antes de su triunfo, en el año 1958, hasta 1963, cuando alcanza su pleno auge la discusión sobre la aplicación a Argentina de un itinerario similar al del proceso revolucionario cubano. A esa altura los comunistas argentinos fijan posición clara en esa materia, en el Congreso que celebran a comienzos del último año. En esa instancia reafirman una tradición política que ya llevaba casi tres décadas de vigencia y que la novedad representada por la revolución cubana no logró alterar, si bien la puso en serios aprietos.

Nos referimos a la línea política que sostenía que para la realización de transformaciones profundas en el país era necesaria la formación de una amplia coalición denominada Frente Democrático Nacional, que condujera una primera etapa revolucionaria caracterizada como “revolución democrática, agraria y antiimperialista”, sólo después de la cual se abriría el camino para una revolución socialista. Esa visión estratégica era acompañada por la opción por un camino pacífico para la realización de esas transformaciones, sin excluir la posibilidad de otras vías, pero apostando al sendero que se solía llamar “acción de masas” para oponerlo a variantes armadas de lucha por el poder.

De ese modo, el devenir de la revolución cubana no modificaba las líneas maestras de la política comunista en Argentina, que se mantuvo al margen de las inclinaciones hacia una política revolucionaria de matriz similar a la caribeña, tal como postulaban otras fuerzas políticas de izquierda.

Más allá de las características de la “línea política” partidaria, nos interesa considerar las diversas reacciones, tanto de la conducción del PC como de sus militantes frente al proceso revolucionario: La solidaridad material y moral, el envío de voluntarios a la isla, la propaganda en favor de Cuba, el influjo del tema cubano sobre sus relaciones con los dos gobiernos (el de Arturo Frondizi y el de José María Guido[1]) que rigieron el país durante el lapso que abarcamos, las repercusiones sobre su política de alianzas. En este período, el PC de Argentina convirtió a las posiciones sobre Cuba en una línea divisoria fundamental. Individuos y organizaciones que no se solidarizaban con el proceso cubano quedaban al otro lado de la línea entre los sectores “democráticos y progresistas” y aquellos encuadrados con la reacción. Cuba era “ejemplo a seguir”, se escribía una y otra vez.                                                                                             

También fue un período de desafíos políticos y teóricos para la “ortodoxia” comunista, frente a nuevas expresiones de izquierda que le disputaban el  “monopolio” sobre las posiciones presentadas como marxistas y revolucionarias. Ello condicionó con fuerza tanto la discusión como la acción política relacionada con la revolución en la isla.

Para concretar este trabajo hemos revisado la colección correspondiente a esos años de los periódicos Nuestra Palabra, Nueva Era y Cuadernos de Cultura. Consultamos los varios folletos y libros que personalidades del comunismo argentino publicaron en estos años acerca de Cuba. Asimismo realizamos algunas entrevistas a militantes comunistas de esa época, vinculados de una u otra manera a las repercusiones del proceso cubano.

El PC argentino en tiempos de la revolución

La Revolución Cubana marcó para el comunismo argentino un devenir que combinó entusiasmos y perplejidades. El triunfo de los revolucionarios en la isla significaba, como se dijo en la época, “la traducción del marxismo al castellano”. Apenas a unas millas de EE.UU triunfaba un movimiento revolucionario que, lejos de limitarse a un recambio de autoridades o de agotarse en un proceso de democratización más o menos anodino, la emprendió con rapidez contra la propiedad de los principales medios de producción, sin excluir a los que pertenecían al capital norteamericano. E hizo una reforma agraria de singular radicalidad. Al tiempo Fidel Castro proclamaba el carácter socialista de la revolución, tras poner de manifiesto la capacidad de exitosa resistencia frente a las intromisiones del poder imperial norteamericano.

Para la visión de un Partido Comunista existían al menos tres “problemas” que podían matizar el entusiasmo.

En primer lugar, no era un proceso revolucionario encabezado por un partido comunista, sino por una fuerza, el Movimiento 26 de Julio, que expresaba un nacionalismo radicalizado, en principio ajeno al marxismo, al que al inicio se miraba con desconfianza.

En segundo lugar se producía en un país “atrasado”, de escaso desarrollo económico, y muy cercano a EE.UU. Parecía estar entre los menos indicados de América Latina para que pudiera producirse una transformación revolucionaria orientada al socialismo.

Por último, en el desarrollo revolucionario el componente decisivo había sido un alzamiento armado de origen rural, muy lejos de la “transición pacífica al socialismo”, afín a la concepción de los partidos comunistas de la época; y también distante del accionar con claro predominio urbano del PC argentino, encuadrado en una matriz revolucionaria basada en la clase obrera industrial.

Como destaca Juan Carlos Portantiero, en esos años el camino de la lucha armada con base rural comenzó a extenderse como una consigna por toda Latinoamérica y eso produjo crisis en la generalidad de los movimientos políticos. Los comunistas argentinos no serían ajenos a este fenómeno.[2]

 El PC estaba abocado a la búsqueda de transformaciones sociales logradas por “medios pacíficos”, impulsadas por un muy amplio  frente, denominado “Frente Democrático Nacional” que incluyera a todas las clases sociales y todas las variantes ideológicas, con la sola exclusión del “enemigo principal” integrado por el capital imperialista, la “oligarquía terrateniente” y el gran capital local que estaba subordinado a uno o a ambos.

La propuesta de alianza transformadora era claramente policlasista, si bien solía hacerse la aclaración de que la “burguesía nacional” había perdido ya su aptitud para dirigir el proceso revolucionario, y este debía realizarse bajo “hegemonía obrera”.[3]

Esas opciones también le facilitaba encuadrarse en la doctrina de la “coexistencia pacífica”, que bajo el liderazgo posestaliniano de Nikita Jruschov se había convertido en un postulado básico de los partidos comunistas del mundo.[4]  El adjetivo “democrático” o “democrática” calificaba todas las opciones, y sin muchos indicios de que aludiera a algo distinto de la democracia parlamentaria tradicional. En un proyecto de programa, de 1959, se plantea con claridad toda la extensión del “frente”, con el “preámbulo” de la “amplia coalición democrática”:

Para que este Gobierno (de amplia coalición democrática)  pueda cumplir su misión hasta el fin, es preciso que el Frente                   Democrático Nacional sea lo más amplio       posible, tanto abajo como arriba, o sea, que participen en él los obreros, los empleados, los campesinos, los profesionales, los intelectuales, los artesanos, la pequeña y mediana burguesía y la burguesía nacional y sus partidos políticos y organizaciones sociales.[5]

El proceso cubano era algo bien diferente; ejemplo de conquista del poder en la que primó el papel de la lucha armada, bajo la conducción de un frente que en seguida se hizo más estrecho, limitado a tres fuerzas revolucionarias, y evolucionó con rapidez hacia una perspectiva socialista, con las tareas “democráticas”, “agrarias” y “antiimperialistas” realizadas sobre la marcha, por la misma conjunción de poder que a poco andar adoptó el camino al socialismo. Todo muy alejado de la perspectiva del PC argentino.   

Argentina vivía, a partir de mayo de 1958 un tiempo de retorno a un gobierno “democrático” basado en la proscripción del partido más popular. El país se regía por una Constitución que reemplazaba a otra derogada por decreto.[6] Y esa “constitucionalidad” quedaba restringida por normas y prácticas represivas que tendían a ir en aumento. Las Fuerzas Armadas, hegemonizadas por corrientes que se oponían ferozmente a cualquier forma de organización obrera y popular, amenazaban todo el tiempo con derrocar al frágil gobierno civil, presidido por Arturo Frondizi.

El presidente Arturo Frondizi

La izquierda, hasta hacía poco casi monopolizada por los partidos socialista y comunista, abarcaba un panorama cada vez más variado, poblado de perspectivas críticas y acciones, cuestionadoras de la “vieja izquierda”. Una vertiente provenía de una radicalización de sectores del peronismo. Otra derivaba de corrientes que, desde el marxismo, ponían en cuestión las opiniones consagradas de los partidos tradicionales y promovían a dirigentes de generaciones más jóvenes. La calidez y cercanía provista por la revolución cubana constituía un estímulo central para esos nuevos grupos.       

Para 1958 el Partido Comunista había emergido del prolongado período del primer peronismo, con la voluntad de  recuperar posiciones perdidas en el movimiento obrero y consolidar una presencia organizativa en todo el país. Sus formulaciones programáticas provenían a más tardar de mediados de los años 30, pero el PC argentino se encontraba convencido de que, con algunas adaptaciones mínimas seguían vigentes más de dos décadas después. La consigna sempiterna era “Frente Democrático Nacional, anti-oligárquico, antiimperialista y pro paz”, con vistas a la formación de un Gobierno de amplia coalición democrática”.[7]

En 1958, el PC apoya la candidatura presidencial de Arturo Frondizi, con la esperanza de que siguiera un sendero progresista, de tipo “nacional popular” en consonancia con el llamado “Programa de Avellaneda”[8], de la UCR, o el más cercano de su libro Petróleo y Política[9].

Tras llamar a votarlo, junto con el peronismo, en las elecciones presidenciales de 1958, toda la acción del PC respecto del  gobierno de Frondizi estuvo signada por la crítica implacable, asentada en el incumplimiento total de las expectativas que el presidente había suscitado antes de asumir. Las derivas “privatizadoras” en materia petrolera y ferroviaria, la opción por la  enseñanza “libre” en desmedro de la “laica”[10], la devaluación con perjuicio para los asalariados, las acciones represivas contra diversas manifestaciones del movimiento obrero (llega a movilizar al modo militar a variados sectores de trabajadores, como los ferroviarios y los bancarios) impulsan a los comunistas contra su gobierno.  Desde el aparato estatal se respondía a las movilizaciones con un plan completo de represión, conocido con la sigla CONINTES (Conmoción Interna del Estado)[11].  El Partido Comunista fustigaba con dureza ese giro caracterizado en primer lugar como “proimperialista”.[12]

La actitud del presidente y sus partidarios en relación con Cuba también es atacada de modo reiterado. Frondizi no forma parte del grupo de gobernantes latinoamericanos asociados del modo más lineal con la política de hostigamiento creciente de EE.UU, pero tampoco se diferencia con amplitud y sus  posiciones más generales son francamente anticomunistas.

Argentina vivía desde 1958  un tiempo de retorno a un gobierno “democrático” basado en la proscripción del partido más popular: el peronismo derrocado en 1955. El país se regía por una Constitución que reemplazaba a otra derogada por decreto.[13] Y esa “constitucionalidad” quedaba restringida por normas y prácticas represivas que tendían a ir en aumento. Las Fuerzas Armadas, hegemonizadas por corrientes que se oponían con ferocidad a cualquier forma de organización y movilización obrera y popular, amenazaban todo el tiempo con derrocar al frágil gobierno civil que había llegado con los votos del peronismo proscripto[14], y los mucho menos numerosos de  los comunistas. En las miradas más reaccionarias, el peronismo “totalitario” podía ser la puerta de entrada al “totalitarismo comunista”.

 La política del presidente Frondizi se decanta hacia la ilegalización del partido y de todas las acciones a él relacionadas. Un decreto presidencial prohibió las actividades comunistas en su más amplio sentido, lo que incluía la clausura de sus locales y la prohibición de sus publicaciones.[15]

En mayo de 1959, ante la visita de Fidel Castro al país[16], se contrapone su figura a la del presidente argentino, que incumplía el programa progresista con el que llegó al cargo: “Castro ¿puede dudarse? Es el anti Frondizi. Así lo ve y lo aclama el pueblo argentino. Los aplausos improvisados en todas las esquinas, a su paso ¿qué son sino la ratificación del apoyo de nuestro pueblo al programa votado el 23 de febrero (día de la elección presidencial), de su decisión de unirse aquí también para derrotar a los entregadores de la dignidad nacional?”[17]  

La contraposición con Frondizi es total, éste representaba la “entrega” del país mientras Fidel seguía de modo consecuente el sendero antiimperialista que había que emprender en Argentina:[18]  “…el camino cubano permitirá al pueblo argentino romper el cerco del imperialismo dentro del que lo mantiene encerrado el entreguismo de gobiernos traidores de los ideales populares y vendidos al supercapitalismo mundial…” [19]

Las posiciones frente a Cuba desde antes del triunfo revolucionario.

Ya en 1958, el PC tomaba posición no sólo contra la dictadura de Fulgencio Batista, sino de respaldo al movimiento de resistencia antidictatorial, en el que asignaba un rol positivo pero todavía no protagónico a la guerrilla de Sierra Maestra.

El PC comienza el año 1958 con fuertes denuncias contra la dictadura de Batista y manifestaciones de solidaridad con las víctimas de la represión. “¡Detened el brazo de los verdugos del pueblo cubano¡”  se titula un artículo de la prensa oficial partidaria de febrero de 1958.[20]  Y unos días después: “¡Basta de asesinar al pueblo de Cuba! ¡Levante su protesta la ciudadanía democrática argentina¡ ¡Acabe de  una vez este asesinato del pueblo y de la juventud cubana!”[21]

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Por esos mismos días se hace mención elogiosa de la guerrilla, pero todavía como un factor más que  converge una lucha antidictatorial más amplia: “El movimiento guerrillero democrático encarnado por Fidel Castro y sus compañeros en la Sierra Maestra es una importante contribución a esa lucha.”[22]  Se relativiza aún el papel de la organización armada: “Lo de Cuba no es el producto de una aventura individual, no se trata de una peripecia más o menos romántica, en la que los líricos guerrilleros dan su vida con audacia finisecular.”[23]  y se formulan críticas a Fidel Castro con motivo del fracaso del paro general promovido en la isla para el 9 de abril. Se deja a salvo el heroísmo guerrillero y el de Castro en particular, pero sugiriéndole “correcciones” importantes “Estas observaciones no disminuyen reconocer a Castro y a sus combatientes (…) el heroísmo de su comportamiento y la honestidad de sus principios. Pero deberán revisar sus métodos y sanear sus cuadros intermedios.”[24]

Después del 1 de enero de 1959 la revolución y su dirigencia pasaron a ser celebradas de continuo, con frecuencia y énfasis creciente. Ya no se exteriorizaban disidencias teóricas ni prácticas y se presentaba al proceso revolucionario cubano como un modelo a seguir. Al mismo tiempo la preocupación por la defensa de la revolución frente a las agresiones imperialistas potenciales o activas, era un tema de atención permanente. En esto el PC convergía con una actitud de apoyo masivo a la revolución en nuestro país, que se manifiesta desde el mismo momento de su triunfo.[25]

En ese sentido no se puede estar de acuerdo con la idea, expresada por una autora, de que el PC tenía una actitud cautelosa  frente al proceso cubano[26], que recién se plasma en solidaridad plena con la revolución para 1961. Si había reservas iniciales hacia Fidel Castro y los demás comandantes de la sierra, éstas no se exteriorizaban en público.

La actitud de encendida admiración hacia el proceso cubano se extendía incluso a la dirigencia partidaria, a juzgar por el testimonio, es cierto que muchos años después, de la dirigente de la sección femenina del PC, Fanny Edelman:

El encuentro con Cuba revolucionaria fue para mí una suerte de deslumbramiento. Desde el desembarco del Granma, seguíamos día a día los pasos de ese puñado de hombres (…) Seis meses después de la victoria que marcó un viraje histórico en la lucha emancipadora de América Latina, pisaba por primera vez esa tierra (…) con la enorme excitación de llegar al primer territorio libre de América. Iba en nombre de la Federación Democrática Internacional de Mujeres a encontrarme con las cubanas.[27]

Ya en los primeros días posteriores al triunfo se caracteriza al movimiento como una gran gesta, a la par de otras heroicas experiencias antiimperialistas:

La lucha encabezada por Fidel Castro ha asumido carácter de epopeya, y es una lección para los que, todavía en este tiempo, consideran que el imperialismo es inconmovible […] No es una asonada militar. Por el contrario, las tropas de Fidel Castro surgen del propio pueblo, que se arma y lleva a cabo una tesonera guerra de guerrillas. Nuestro pensamiento se remonta, emocionado y con gratitud, a Sandino, que con un puñado de valientes jaqueó a la marina norteamericana […] El Movimiento 26 de Julio va reuniendo a lo más combativo de la oposición popular y democrática.[28]

Casi al mismo tiempo se destaca el papel del Partido Socialista Popular cubano y de los sectores que lucharon por fuera de la guerrilla, en el triunfo de la revolución. Y se marca un sendero asimilable a una revolución democrática burguesa.

 …ha sido el pueblo el que derrocó a Batista. En este pueblo no sólo hay que incluir a los que bajaron desde Sierra Maestra, sino también a los que organizaron la resistencia en el corazón mismo de la tiranía, a los obreros, estudiantes, campesinos a cuya cabeza figuraba el Partido Socialista Popular. Si ahora se constituye la unidad de esos sectores y se comienzan a encarar las medidas necesarias para transformar la estructura económica atrasada de la isla: la reforma agraria, la nacionalización de las empresas imperialistas, el desalojo de la base militar yanqui, etc. se podrá estabilizar la situación cubana en un sentido progresista.[29]

Esa modesta aspiración a que Cuba experimentara un camino “progresista” comenzó a verse modificada con rapidez cuando se tomaron medidas radicales, como la reforma agraria:

La Reforma Agraria es un paso decisivo, fundamental en el proceso de desarrollo de la revolución, un paso decisivo, fundamental, para cambiar la estructura semicolonial de la economía cubana. Nuestro Partido apoya entusiasmado la ley aprobada y llama a todas las organizaciones populares, a los sindicatos, a las organizaciones de jóvenes, de estudiantes, de mujeres, de empleados, de profesionales, de masas negras, a manifestar su apoyo sin reservas a la ley.[30]

De todos modos, la lectura del proceso cubano en clave de “revolución democrática” se mantiene casi hasta las vísperas de la proclamación del carácter socialista de la revolución, después de los sucesos de Playa Girón. En la revista partidaria de más peso teórico, el número correspondiente a noviembre-diciembre de 1960 trae la siguiente observación  en su nota editorial: “En los días que vivimos, la Revolución Cubana muestra, en nuestra América dolida, el comienzo de esa emancipación en su doble vertiente antioligárquica y antiimperialista.[31]

En el mismo número, en un artículo firmado por el prestigioso Ernesto Giúdici, aparece una mención sintomática de que el disenso, además de sobre el “etapismo revolucionario”, versaba acerca de la “vía” violenta:

“Ante el (…) neoaventurerismo de algunos izquierdistas amigos de la violencia por la violencia misma, sostiene el Partido Comunista la necesidad de crear la gran fuerza obrera, popular, democrática,  que encauce el país por un camino democrático. La defensa de la legalidad democrática, como el mantenimiento de la paz, es también una reivindicación revolucionaria.”[32]

Es cierto que en este último caso se estaba escribiendo sobre Argentina y no sobre Cuba, pero queda implícita la oposición a “importar” el ejemplo cubano al país.

En otro artículo de la misma publicación, éste a cargo del joven intelectual Juan Carlos Portantiero, sostiene con énfasis que ninguna otra formación de izquierda (o de “neoizquierda” como las denomina en tono peyorativo, a la vez que las califica como una nueva tentativa pequeño burguesa de dirigir al proletariado) podrá reemplazar el rol indispensable del Partido Comunista en un proceso revolucionario orientado al socialismo:

…la lucha del proletariado es lucha por el socialismo, no por el nacionalismo. Esa lucha socialista pasa por la revolución agraria y antiimperialista, pero no se detiene en ella. La izquierda real es la que lleva a la sociedad sin clases. La neoizquierda, cualquiera sea su origen, puede ayudar a acelerar el objetivo inmediato, democrático-burgués, pero jamás podrá pretender reemplazar al marxismo revolucionario, a su forma organizada, al Partido Comunista.  En esta última pretensión, es donde habrán de naufragar siempre las intenciones izquierdistas de contenido pequeñoburgués.[33]

Mientras se insinuaban o comenzaban a desarrollarse esos debates, la identificación con la revolución cubana en la militancia y en la propaganda cotidiana seguía adelante. Muy temprano, en julio de 1959, aparece el alerta ante el peligro de una intervención norteamericana que invada la isla: “La respuesta popular no debe demorar: que estalle en toda América la viva protesta contra la argolla yanqui que aprisiona a Cuba.”[34]

No se trataba de una advertencia prematura, ya que desde EE.UU se lanzaron con rapidez iniciativas para la intervención armada en la isla, sólo unos meses después del triunfo revolucionario.[35]

Poco tiempo después irrumpe la iniciativa de enviar voluntarios para participar de la defensa   de Cuba en caso de invasión impulsada o prohijada por EE.UU. [36]

Para los primeros meses de 1960 ya está en actividad la Comisión Argentina de Solidaridad con Cuba, y se anuncia un gran acto: “El 22 de abril se realizará en el estadio Luna Park un gran festival artístico organizado por la Comisión de Solidaridad con la Revolución Cubana”[37] . Esa Comisión estaba encabezada por figuras destacadas de la política argentina, entre otros el dirigente socialista Alfredo L. Palacios, el vicepresidente renunciante de Arturo Frondizi, Alejandro Gómez, el ex gobernador de la importante provincia de Córdoba, Santiago del Castillo. De la dirigencia comunista la que aparecía en lugar más destacado era Alcira de la Peña, que había sido candidata a vicepresidente en las elecciones de 1951.[38]

Se sigue vinculando la solidaridad con Cuba con la oposición al gobierno de Frondizi y su denuncia por estar al servicio del imperialismo: “La ofensiva diplomática, rectamente pro-imperialista, del gobierno argentino contra la Revolución Cubana ha tenido sus consecuencias (…) No sólo se ha detenido a miembros de la Comisión de Solidaridad con la Revolución Cubana (…) sino que las manifestaciones de apoyo a aquella gesta han sido reprimidas violentamente por la policía.”[39]

Entre los hechos represivos alcanzó particular relieve la violencia ejercida contra un acto coorganizado por comunistas en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, en el que convergieron grupos de ultraderecha y fuerzas policiales, tal como recogimos en un testimonio:

Hubo una actividad en la Facultad de Derecho con la madre del Che, Celia de la Serna. Fue todo un acontecimiento. El Sindicato Universitario de Derecho, de extrema derecha filofascista, atacó el acto. Fue en junio de 1961. El organizador era el Movimiento Universitario Reformista, del que formábamos parte los comunistas. Antes habían denegado la autorización para hacer un acto con Alfredo Palacios. El acto de Celia se hizo sin permiso. La madre del Che llegó acompañada por Fernando Nadra[40], lo que mostraba el apoyo del partido. Cuando el Sindicato nos atacó las autoridades de la Facultad llamaron a la policía. Se llevaron presos tanto a Nadra como a Celia.[41]

 Durante esos mismos meses, el PC hacía de la solidaridad con Cuba un vehículo de coincidencias con sectores radicalizados del peronismo y otros grupos de la izquierda que podían desarrollar posiciones afines. La revista Soluciones[42] surgió en octubre de 1959, a partir de un acuerdo de los comunistas con John W. Cooke y el grupo que lo rodeaba, identificado por completo con la revolución caribeña y, a diferencia del PC, inclinado a desenvolver en Argentina una experiencia guerrillera.

La común confrontación con las políticas represivas de Frondizi acercaron a la militancia peronista combativa y a la izquierda. Se hacía fuerte la idea de que solidarizarse con el proceso de “liberación nacional y social” cubano era inescindible de propiciar un camino similar en Argentina y los demás países de América Latina.  Por estos mismos tiempos la dirigencia comunista se ilusionaba con el “giro a la izquierda” del peronismo, hasta el punto de pensar en la formación de un partido unificado: “…se llegará a la formación del gran partido unificado de la clase obrera y del pueblo, basado en los principios del marxismo-leninismo, que asegurará la victoria sobre la oligarquía terrateniente, los grandes monopolios imperialistas y los capitalistas intermediarios, resolverá los problemas de la revolución agraria y antiimperialista y pondrá proa firme hacia el socialismo.”[43]

En abril de 1960 se realizó un “Encuentro latinoamericano de solidaridad con Cuba.[44] Se menciona a los delegados argentinos: “Jacobo Perelman y Abel Latendorf (Partido Socialista Argentino); Ricardo Vincelli, por el MUCS[45]; Armando March por la Federación de Empleados de Comercio; Lisandro Viale, radical intransigente, Fernando Nadra, por el Partido Comunista y John W. Cooke, peronista.”[46] Aparece allí reflejados el arco de aliados prioritarios que manejaba el PC en ese momento, desplegados en  este caso para la cuestión cubana.

Fernando Nadra, en un folleto dedicado a Cuba, enumera las “tareas principales” de la solidaridad:

a) Divulgar la obra constructiva de la Revolución.

b) Auspiciar colectas para armas y aviones, tractores y demás elementos necesarios para la revolución, inscripción de voluntarios y acciones de masa para impedir la invasión…

c) Promover una campaña popular a favor de la asistencia a la Conferencia de países sub-industrializados a realizarse en la Habana.

d) Celebrar acuerdos para la lucha en común (…) destinados a paralizar toda clase de actividad o el envío de materiales (petróleo, cobre, hierro, estaño, azufre, etc.), que puedan ser utilizados para la agresión.

e) Condenar todos los medios que utilice el imperialismo para aislar a Cuba de los demás países de América Latina…”

f) Fomentar un intenso intercambio cultural, científico, etc. entre Cuba y nuestro país. [47] 

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El entusiasmo manifestado por la prensa comunista es creciente y se coloca a Cuba en el lugar de ejemplo a seguir: “Nuestra revolución habla español. ¿Quién puede dudar de que América Latina será algún día libre siguiendo el ejemplo de Cuba?” Se menciona que en Latinoamérica se respiran aires de “…emulación por la revolución cubana, de solidaridad con ella, de lucha antiimperialista.”[48]

Se encuentra un motivo adicional para el respaldo a la isla caribeña en el franco proceso de acercamiento que se desenvuelve entre la isla y la Unión Soviética: “La actitud decidida del gobierno de Fidel Castro, rompiendo el cerco imperialista, y estableciendo relaciones fraternales de beneficio mutuo, con la Unión Soviética y el mundo socialista, fortalece grandemente su acción ante los agresores.”[49]  El comunismo argentino mantenía un alineamiento pleno con las políticas soviéticas. Que Cuba se convirtiera en una aliada de la URSS equivalía en su mirada a un avance invalorable.

El Partido emprende la construcción de organismos de solidaridad con Cuba lugar por lugar, complementando “por abajo” lo que hace la Comisión de Solidaridad de alcance  nacional. En octubre de 1960 se anuncia que ya existen comités de solidaridad en Córdoba, Tucumán, Rosario y La Plata.[50]

Esta perspectiva se manifestaba incluso en el activismo barrial, que exhibía un particular entusiasmo, complementado con el repudio a los amagos de alineamiento argentino con la política norteamericana de hostigamiento a la revolución.

Valga como ejemplo el texto de un volante, publicado en un barrio de Buenos Aires, que convoca a la participación en la bienvenida a una delegación cubana:

¡¡Bienvenidos!!

“Hermanos de Cuba:

“…saludamos alborozados a la gesta del pueblo cubano en armas; por eso aplaudimos su heroica acción.

Cuba señala el camino. Es alba y escuela. Siga Latinoamérica toda su ejemplo y el alba de la nueva era se trocará en mediodía espléndido.

Pueblo de Mataderos: Digamos bien alto el Sábado 14 de Marzo a las 19 horas, en el Aeropuerto de Ezeiza: ¡Viva Cuba Libre!

Fuera de Ezeiza la base naval norteamericana.

Nada de maniobras navales conjuntas.

Invita el Consejo de la Paz. Mataderos. Salida de transportes desde Andalgalá y Juan Bautista Alberdi. 17.30 horas. SÁBADO 14 de marzo.[51]

Otro barrio de Buenos Aires convoca a un gran acto de recepción a militares cubanos, y condena también el militarismo proimperialista del gobierno:

Austeridad para el pueblo y millones para las maniobras de los yanquis¡

¡Salud Cuba¡

“Homenaje solidario al pueblo hermano de Cuba el próximo DOMINGO 22 A LAS 9.30 HORAS EN EL LUNA PARK.

Asistirán los heroicos y bravos patriotas del Ejército de Fidel Castro que nos visitan.

!Solidaridad con Cuba Antiimperialista¡

¡Viva la unidad de los pueblos Argentino-Cubano¡

Consejo de la Paz (Pompeya) Adherido a la Comisión Nacional de Recepción..[52]

Además de la solidaridad moral, de los actos públicos, de las declaraciones y artículos de prensa, comienzan a abrirse paso apoyos más tangibles. La Comisión Nacional de Solidaridad anuncia una campaña para la compra de un tractor que sería enviado a Cuba, en septiembre de 1960[53]

La perspectiva de una invasión norteamericana, o impulsada por los norteamericanos, contra Cuba, se ve ya como inminente, y ocupa un espacio creciente en la prensa partidaria[54]

Las diversas manifestaciones de solidaridad no conllevaban aún, a fines de 1960, una identificación total con el liderazgo de Fidel Castro y sus compañeros de la Sierra.  Alcira de la Peña, en la revista teórica del PC destaca todavía el papel protagónico del Partido Socialista Popular: “Desde que estos núcleos se constituyeron, luego del desembarco del Granma, el Partido procuró darles toda la ayuda posible, que comprendió desde la organización de los abastecimientos y distribución de propaganda hasta el reclutamiento de combatientes y la extensión de las guerrillas a otras provincias e incluso a La Habana.”[55]

La dirigente pintaba un amplio apoyo comunista desde el primer momento de la gesta de Sierra Maestra, lo que constituía una versión estilizada de lo realmente acontecido. El PSP había sido inicialmente crítico de la empresa político-militar de Castro, a la que llegó a calificar de “aventura”. Y sólo pasó a una participación activa en el esfuerzo guerrillero en los primeros meses de 1958[56]

A comienzos de 1961 la Revolución Cubana se había convertido en eje conductor de una propuesta electoral; la candidatura a senador en Capital Federal del socialista Alfredo L. Palacios. Detrás de esa postulación estaba el PC, junto con los socialistas y peronistas de izquierda.[57] A la hora de pronunciarse sobre esos comicios, el PC anuncia como primer punto de coincidencia para apoyar una candidatura: “Defensa de la revolución cubana.”[58]

El socialista Alfredo Palacios

El prestigio de Palacios entre la ciudadanía porteña se unía a la exaltación de la revolución cubana para convertirlo en un candidato “potable” para los partidos de izquierda, incluidas las tendencias juveniles más innovadoras.[59] La cuestión se volvía central porque ya se atravesaba el punto álgido del deterioro de las relaciones entre EE.UU y Cuba, y transcurría la ofensiva norteamericana para aislar y excluir de los organismos internacionales al gobierno cubano. El veterano dirigente socialista enarbolaba la solidaridad con Cuba como su divisa fundamental de campaña y la empresa fue coronada por el éxito: resultó electo senador.[60]

.La percepción de que una intervención norteamericana, o respaldada por EE.UU estaba cada vez más cercana, alimentó no sólo las actividades solidarias sino la protesta activa contra la probable intrusión. En ese reclamo se recurría incluso a manifestaciones violentas. El periódico partidario menciona acciones de protesta contra el peligro de invasión realizadas en Buenos Aires, que incluyeron ataques con bombas de alquitrán a bancos norteamericanos y la quema de imágenes del Tío Sam.[61]

Un Plenario de la Comisión Nacional de Solidaridad propicia “…el reclutamiento de 10.000 voluntarios para Cuba si ésta es agredida, tarea que ha dado nacimiento a las “Brigadas Juveniles de Voluntarios y Amigos de Cuba.’”[62]  

Casi en simultáneo se lanza una campaña para la compra de un avión para la isla.[63]  Del tractor destinado al trabajo agrícola, se había pasado a una aeronave para el combate.

El 17 de abril se produce la invasión, que es repelida en 72 horas. Se emite una declaración del Comité Central del PCA al respecto, que termina “¡Viva la Revolución cubana y su líder, héroe nacional, Fidel Castro¡”[64] El primer ministro cubano es enaltecido sin ambages, la “doble lealtad” con la dirigencia del PSP  se diluye.

La militancia local vivió con alivio y alegría el completo éxito en el rechazo a la incursión de Playa Girón: “Con lo de Playa Girón nos asustamos muchísimo. Cuando se logró rechazar la invasión fue una euforia imparable. Esa imagen de Fidel saltando del tanque fue muy fuerte.”[65]

Con posterioridad a la invasión se intensifica la creación de nuevas entidades solidarias, se anuncia que en Córdoba existen veinte filiales en la provincia y que hay brigadas de voluntarios y comisiones solidarias en distintos barrios de la ciudad de Buenos Aires.[66]

Una de las derivaciones principales de las acciones solidarias fue el desarrollo de contactos directos con la isla, que iban desde el envío de delegaciones que cumplían breves estadías, hasta el traslado de voluntarios destinados a colaborar con la producción o el desarrollo educativo, sanitario y cultural en Cuba.

En un testimonio se afirma que llegó a haber 300 militantes comunistas argentinos al mismo tiempo en Cuba. Esto abarcaba obreros especializados que entrenaban a trabajadores cubanos, técnicos, médicos, educadores para la campaña de alfabetización, editores. También había argentinos que seguían cursos de entrenamiento en Cuba.[67] 

Hay otros testimonios coincidentes:

Al poco tiempo (después de la revolución) empezaron a viajar voluntarios argentinos. Sobre todo aquellos con calificaciones laborales elevadas. Viajaron obreros metalúrgicos, para instruir a trabajadores de allá. También un médico sanitarista. Algunos fueron seleccionados a pedido de los propios cubanos.”[68] Recuerdo que viajaron obreros del níquel, que para Cuba era una industria de punta. También iban técnicos de variadas especialidades y maestros alfabetizadores.[69]

En una entrevista recogimos el testimonio sobre una delegación de más de 70 jóvenes argentinos, todos militantes políticos o sociales, que viajó a Cuba en 1961.

John William Cooke

En octubre de 1961 viajó la primera delegación de diversos países de América Latina a Cuba. Viajaron 73 delegados de Argentina. Había demócratas cristianos, trotskistas, peronistas, socialistas, comunistas. Nos vino a buscar un avión cubano a Montevideo. Fuimos a Playa Girón, al escenario de los hechos.

Subimos a Sierra Maestra, con Raúl Castro, hicimos campamento abajo del pico Turquino. Raúl nos relató la experiencia de la guerrilla.

En ese viaje conocimos a Fidel, Raúl y el Che. Con Guevara estuvimos cinco horas, de 1 a 6 de la mañana. Nos sentó a todos en redondo a su alrededor, hubo mucho intercambio, él quería saber sobre la solidaridad con Cuba en Argentina.

Cuando volvimos la logística del partido organizó el regreso al país de los más conocidos. Eran 20, cayeron presos los 20 al volver. Estuve catorce días en Cuba y quince días presa.[70]

Una parte importante de la vida partidaria comunista gira en esta etapa en torno a los sucesos de la isla. Se retoman prácticas que remontaban al menos a la guerra civil española, cuando el PC desplegó fortísimas campañas solidarias.[71] Como vimos, se organiza la ayuda a Cuba desde el nivel más alto, con alcance nacional, hasta los grupos o comités organizados en cada barrio y se realizan una serie de colectas para llevar auxilio de distinto tipo: Primero un tractor, después un avión, luego una escuela. Se genera una profusa propaganda en los más variados formatos. Los sucesos de la isla, su relato y su análisis ocupan un lugar de privilegio en la prensa partidaria.

La recepción en Argentina de dirigentes o representantes de Cuba de todos los niveles comienza muy temprano, con el ya mencionado viaje de Fidel en 1959, y continúa con intercambios como el que nos relató una entrevistada, de  intercambio con una delegación de cadetes cubanos, que habían acompañado a Guevara en su viaje a Argentina.[72]

Asimismo viajaban los dirigentes ligados a la conducción del movimiento solidario y a la producción de propaganda procubana. Estos últimos solían plasmar por escrito sus impresiones sobre la isla, siempre en tono laudatorio. Esos escritos ligaban la experiencia cubana a un futuro revolucionario latinoamericano, y argentino en especial, que se presentaba como próximo. Aparecen testimonios de dirigentes o militantes que viajaron a Cuba y brindan visiones favorables del proceso revolucionario; incluso con descripciones de la vida cotidiana, como las que hace Saúl Senson, trabajador del gremio textil, en una serie de artículos que aparecen en Nuestra Palabra a lo largo de varios meses de 1962, titulados “Pantallazos de Cuba”. Trata la vida en las fábricas, la reforma agraria, las urbanizaciones, el apoyo de los creyentes a la Revolución, el papel de emancipación de las mujeres, la unidad entre pueblo y ejército, etc. Asimismo aparece un libro, de Alfredo Varela, titulado Cuba con toda la barba, que transmite un entusiasmo incondicional.[73]  El importante aparato editorial comunista acusaba recibo de la gravitación del tema.

Una de las complejidades que presentaba el desarrollo revolucionario cubano para la sensibilidad del PC argentino, como ya escribimos, es que no lo encabezaban los comunistas. Gravitaban incluso las manifestaciones iniciales de Fidel Castro, en las que se autodefinía como ajeno a esa ideología.[74] La valoración de la revolución cambió y se elevó cuando Cuba definió su carácter socialista y adoptó los principios del marxismo-leninismo. Ese efecto en el PC argentino correspondía a un sentimiento de alcance continental, como describe Emir Sader

La victoria de la revolución cubana se transformó rápidamente, pasando del derrocamiento de una dictadura a un régimen que asumía, por primera vez en el continente y en el hemisferio occidental, el socialismo. Esto representó una novedad radical para América Latina. De una distante realidad soviética o china, el socialismo pasó a ser una realidad histórica palpable, pasó a representar una actualidad posible en el momento mismo en que el capitalismo daba muestras de agotamiento de su ciclo expansivo de industrialización sustitutiva de importaciones en el continente, y las dictaduras militares reemplazaban a las democracias liberales.[75]

No se trataba solamente de la proclamación genérica de la revolución socialista, sino también de la adhesión que suscitaban el conjunto de políticas llevadas a cabo en la isla, como la reforma agraria, la expropiación de grandes empresas locales y extranjeras, la campaña de alfabetización, la reforma urbana, los rápidos avances en materia educacional y de salud.[76]

     Poco antes de lo que va a ser la crisis de los misiles, recrudecen nuevamente las apelaciones a la defensa de Cuba frente a la amenaza yanqui: “¡Fuera de Cuba las ensangrentadas manos del      imperialismo yanqui!”. Es el título de un llamamiento del Comité Central del PC ante “los        febriles preparativos yanquisde agresión a Cuba revolucionaria”[77]

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     Al mismo tiempo, se defiende el papel de la URSS en la isla, preservándola frente a una potencial intervención norteamericana: “…todo el mundo sabe que la ayuda de la gran Unión Soviética y demás países socialistas a la revolución cubana es desinteresada, dada fundamentalmente con el fin de reparar los daños que le causa el criminal bloqueo económico yanqui (…) y con el fin de proveer a su legítima defensa nacional ante el crecimiento de la         amenaza de invasión.”[78]

Se protesta contra la posibilidad de enviar soldados argentinos al escenario caribeño, a lo que se ve como una flagrante violación de “la tradición sanmartiniana” asociada a la lucha por la    libertad del continente.[79] 

Las acciones de protesta contra la amenaza norteamericana a Cuba llevan a ataques contra una serie de objetivos entre los que destacan las multinacionales de capital norteamericano. Entre las acciones se mencionan bombas incendiarias contra la Sociedad Rural, un supermercado Minimax, la residencia de un diplomático norteamericano, agencias de la Ford, la fábrica Philco, la Pepsi Cola.[80]  Esto es muy diferente de las protestas pacíficas y lanzamiento de volantes de otras ocasiones. Incluso se hace referencia a  tiroteos y otros enfrentamientos.

El apoyo al “camino cubano” era acompañado por la radicalización de algunas acciones orientadas al conflicto social local, que se ponían bajo la advocación de la revolución. La prensa comunista narra un hecho de “propaganda armada” en la ciudad de Mendoza. Se produce el asalto a un camión de alimentos. El operativo estuvo a cargo de una brigada que llevaba el nombre del líder cubano:

Con impecable maestría, un grupo de integrantes de la Brigada Fidel Castro interceptó a un camión del Supermercado ASA y con su carga de 30 grandes canastos, rebosantes de mercaderías (…) enfiló hacia los barrios de emergencia, denominados “Campo Flores”, “Barrio Olivares” y “Barrio San Martín”. Ahí, mientras sonaba estridentemente la bocina del camión, se fueron reuniendo los pobladores, mujeres, hombres y niños, que recibieron gratuitamente el regalo de valiosos e innumerables mercaderías.[81]

El grupo que actúa se llama “Comando de represión contra el hambre”.  Se reproduce luego un volante firmado por el Comando: “Luchemos unidos (…) tomando ya los víveres que nos pertenecen, como un camino para tomar el poder, que  también debe ser nuestro.”[82]


[1]     Arturo Frondizi fue presidente “constitucional” entre 1958 y 1962, en medio de proscripciones y pactos secretos. José María Guido asumió, al derrocamiento de aquél, un peculiar “interinato” bajo estrecho control de los militares golpistas. Tras fuertes enfrentamientos al interior de las Fuerzas Armadas se realizaron elecciones presidenciales y Guido transmitió el mando al nuevo presidente, Arturo Illia, en octubre de 1963

[2]          Juan Carlos Portantiero. Introducción a John William Cooke. “Aportes a la crítica del reformismo en la Argentina.” Revista Pasado y presente. Tomo II. Segunda época (1973) Edición facsimilar. Buenos Aires. Biblioteca Nacional (pp. 381-413), p. 382.

[3]     Hernán Camarero,“Tras las huellas de una ilusión: El Partido Comunista Argentino y sus planteos del ‘Frente Democrático Nacional” (1955-1963),  Archivos de historia del movimiento obrero y la izquierda.. Año III, n|. 5. Septiembre 2014, pp. 31-50, 47.  Disponible en http://www.cehti.com.ar/sites/default/files/inline-files/Camarero_0.pdf .

[4]     Ibidem, 35.

[5]                Partido Comunista de la Argentina “El Camino Argentino”. Proyecto de Programa del Partido Comunista.” Buenos Aires. Anteo. 1959, 20.

[6]     La reforma constitucional aprobada y aplicada durante la primera presidencia de Juan Domingo Perón, en 1949, fue derogada por decreto por la dictadura militar que reemplazó al derrocado presidente, con pretextos formales.

[7]        Nuestra Palabra, 17/1/61, p. 2. Artículo sin firma. Nuestra Palabra era el nombre de un semanario político publicado por el Partido Comunista. En adelante “NP”.

[8]     Se conocía con esa denominación a una declaración pública difundida en 1947 por la rama más a la izquierda del partido Unión Cívica Radical, llamada “Movimiento de Intransigencia y Renovación” con motivo de un congreso realizado por esa agrupación interna. Arturo Frondizi era por entonces uno de los dirigentes más destacados de esa corriente.

[9]             Arturo Frondizi. Petróleo y Política. Buenos Aires. Raigal. 1954. En el libro se defendía el monopolio estatal sobre el petróleo, con el correlato del rechazo a cualquier inversión privada o concesión a compañías extranjeras en esa rama de la economía.

[10]   El conocido con la denominación “laica” o “libre” fue un agudo conflicto en torno a la autorización a las universidades privadas para que otorgaran títulos habilitantes. El grueso de la oposición a Frondizi se movilizó en contra de inmediato. Pese a masivas manifestaciones el presidente se decidió por la enseñanza “libre”, en consonancia con un decreto de la dictadura conocida como “Revolución Libertadora”. Para ello impulsó la aprobación de la  Ley 14557, que convalidó la facultad de expedición de títulos por las universidades privadas, hasta ese momento impedidas de hacerlo, con el resultado de la creación de varias instituciones con ese carácter. Para una síntesis de esa lucha, Patricia  Orbe,  “El conflicto ‘Laica o Libre’: la subversión de la estructura histórica del campo universitario argentino”, en  Cuadernos del Sur, Historia no.35-36 Bahía Blanca  2007,  135-150. Disponible en http://bibliotecadigital.uns.edu.ar/pdf/csh/n35-36/n35-36a05.pdf   

[11]   Para un estudio exhaustivo de la aplicación de ese “plan” ver  Ministerio de Justicia y Derechos Humanos. Secretaría de Derechos Humanos, Plan Conintes. Represión política y sindical, coordinado por Sebastián Chiarini y Rosa Elsa Portugheis, Buenos Aires, Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación. Secretaría de Derechos Humanos,  Archivo Nacional de la Memoria , 2014.

[12]          Ver Victorio Codovilla. “El Plan Frondizi, analizado a la luz de la situación internacional y nacional.” Buenos Aires: Anteo, 1959. Informe rendido en la reunión del Comité Central ampliado del Partido Comunista en los 10 y 11 de enero de 1959.

[13]   El 27 de abril de 1956, el dictador, General Pedro Eugenio Aramburu, derogó por una simple proclama la Constitución Nacional reformada en 1949 y devolvió vigencia a la anterior,  de 1853. Luego convocó a una Convención Constituyente que convalidó dicha derogación y se disolvió luego de enmendar sólo dos artículos.

[14]   El Decreto N° 3855/55, dispuso la disolución del Partido Peronista, el Decreto N° 4161, del 5 de marzo de 1956, prohibió cualquier propaganda peronista y todos los símbolos e imágenes que podían canalizarla. Quedó prohibida incluso la mención del ex presidente Juan Domingo Perón y su difunta esposa María Eva Duarte de Perón.

[15]          Decreto N° 4965, de 1959.

[16]   El líder cubano llega para participar en una reunión de un organismo denominado “Consejo Económico de los 21”, cónclave ante el que habla el día 2 de mayo de ese año. El arribo de Fidel suscitó fuerte adhesión en el país y en particular entre los comunistas. En ese sentido el testimonio de un militante de la época: “Cuando vino Fidel, en mayo de 1959, fuimos en caravana a recibirlo. Nos iluminó el ejemplo de la revolución, era una perspectiva revolucionaria hablada en español.”  Entrevista realizada por el autor a Víctor Kot, en esos años dirigente estudiantil de enseñanza secundaria.  Buenos Aires, Julio de 2019.

[17]          NP, 7/05/1959, p. 4.

[18]   Esa adhesión del PC y otras fuerzas de izquierda no impedía que  Fidel y los revolucionarios cubanos todavía conservaran simpatías de sectores que asimilaban el derrocamiento de Batista con el desplazamiento de Perón y sus propósitos “libertadores”. Ver al respecto Juan Alberto Bozza, “La sombra de la Revolución Cubana. Anticomunismo y Nueva Izquierda en los primeros años sesenta.” Ponencia presentada en IX Jornadas de Sociología de la Universidad Nacional de La Plata. 5, 6 y  7 de diciembre de 2016, p. 4. Disponible en http/jornadassociologia.fahce.unlp.edu.ar.

[19]          NP 20/12/1960, 1

[20]        NP,  6/02/58, 2

[21]        NP 20/2/58, 2

[22]        NP. 27/02/58, 2

[23]        NP 10/4/58, 1

[24]          NP, 03/07/58, 2

[25]   Una entrevistada nos transmitió que el 1 de enero de 1959, “fue una fiesta” en Buenos Aires. Entrevista realizada por el autor a Beatriz Rajland, militante universitaria del Partido Comunista, Buenos Aires, julio de 2019. Parecida idea es transmitida por Fanny Edelman: “Mientras festejábamos en las calles la caída del dictador Batista, el Partido ponía en tensión todas sus fuerzas para organizar el movimiento de solidaridad, que caló profundamente en nuestro pueblo.” Fanny Edelman,  Banderas. Pasiones. Camaradas. Buenos Aires. Dirple. 1996,  167

[26]   El término es utilizado en Brenda Rupar, “Cuando la táctica política se va transformando en estrategia: el giro en el Partido Comunista Argentino a fines de la década de 1950. » Nuevo Mundo. Mundos Nuevos, s/n, 2018. disponible en https://journals.openedition.org/nuevomundo/72176

[27]   Edelman, op.cit. p. 154.

[28]   La Hora, 4 de enero de 1959, p. 5.  Se trata de un diario editado por el Partido Comunista.

[29]                  .         NP. 15/01/59, p. 3.

[30]                         Nueva Era, N° 6, julio 1959, p. 471. Se trata de una revista teórico-política mensual editada por el Partido Comunista.

[31]   Editorial “Claridad sobre la izquierda”, en Cuadernos de Cultura. Nro. 50. Noviembre-Diciembre 1960, 4.

[32]   Ernesto  Giudici. “Neocapitalismo, neosocialismo, neomarxismo.” Ibidem, p. 44.

[33]   Juan Carlos Portantiero, “Algunas variantes de la neoizquierda argentina.” Ibidem. p. 74.En el mismo artículo, el autor da una definición bastante taxativa de la “burguesía nacional” y su rol histórico en sociedades como la Argentina: “La burguesía nacional está integrada en la Argentina por la mediana y pequeña burguesía industrial y comercial, interesada en el desarrollo y expansión del mercado interno de consumo, tronchada en su evolución por la supeditación al imperialismo que padece el conjunto de la economía. Esa burguesía nacional tiene un lugar en la política de alianzas del proletariado. Lo demuestra-otra vez- la experiencia china. Nuestros países sufren-como decía Lenin para la Rusia prerrevolucionaria- “no tanto del capitalismo, como de la insuficiencia del desarrollo de este último.” De ahí que las tareas del proletariado deban pasar por la revolución democrático burguesa, que entre nosotros tiene un contenido agrario y antiimperialista. Para realizar esa revolución bajo su hegemonía, la clase obrera debe impedir a toda costa el aislamiento del resto del pueblo, ampliando, hasta donde den los objetivos mínimos, su política de alianzas.” Ibidem, p. 70.

[34]            NP, 21/07/1959.

[35]   Existen evidencias de que en EE.UU se pensaba en acciones armadas contra Cuba antes de un año de su triunfo inicial.  “Memorandum From the Secretary of State to the President nº 387”, Washington, November 5, 1959. Department of State, USA, Office of theHistorian. Disponible https://history.state.gov/historicaldocuments/frus1958-60v06/d387. Citado por Bozza, op. Cit. 5.

[36]          NP 18/8/59, p. 2.

[37]     NP 5/4/1960, p. 5

[38]   Los arriba nombrados figuraban como Consejo Honorario. Los seguían, entre otros, dirigentes comunistas como Irene Rodríguez y Fernando Nadra, el disidente del partido de Frondizi, Lisandro Viale, el socialista Ramón Muñiz y destacados intelectuales como José Luis Romero, que había sido rector de la Universidad de Buenos Aires y Ramón Alcalde, animador de algunos de los grupos que solían denominarse “Nueva Izquierda”. Figuraban en carácter de adherentes una amplia gama de organizaciones políticas, gremiales, estudiantiles, etc. Cf. Comisión Nacional de Solidaridad con la Revolución Cubana. “Argentina en Punta del Este: En defensa de los principios de autodeterminación y no intervención.” (folleto).  Editorial Camilo Cienfuegos. Enero de 1962, 1.

[39]        NP 02/08/60, p. 2

[40]   Fernando Nadra era un  destacado dirigente del PC, con vasta actuación en relación con el proceso revolucionario cubano.

[41]   Entrevista realizada por el autor a Beatriz Rajland, julio 2019. La actividad se llevó a cabo en realidad el 20 de julio de 1960 y participaron además Silvio Frondizi, Miguel Ángel Asturias, Alexis Latendorf y  Lisandro Viale. Luego de su detención, Nadra permaneció cerca de dos años en prisión. cf.  Alberto Nadra, Secretos en Rojo. Un militante entre dos siglos,  Buenos Aires,  Corregidor, 2015, 113. .

[42]   La revista publicó 28 números, entre el 8-10- 59 y el 14-4-60, hasta que fue clausurada.  Un  breve estudio sobre ese periódico en María Cristina Tortti  “El periódico Soluciones y la campaña por el voto en blanco en 1960”. XII Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia. Departamento de Historia, Facultad de Humanidades y Centro Regional Universitario Bariloche. Universidad Nacional del Comahue, San Carlos de Bariloche, 2009, sin numeración de páginas. Disponible en  http://cdsa.aacademica.org/000-008/1047.pdf .

[43]        Victorio Codovilla. “El significado del ‘giro a la izquierda del Peronismo: Informe rendido en la reunión del Comité Central ampliado del Partido Comunista realizada los días 21 y 22 de julio de 1962.” (folleto) Buenos Aires. Anteo. 1962, 23. Itálicas en el original.

[44]          Fernando Nadra, “Cuba: Fragua Revolucionaria” (folleto). Buenos Aires. Anteo, 1960, 2.

[45]   Movimiento de Unidad y Coordinación Sindical. Entidad que agrupaba a sindicatos y agrupaciones conducidas por dirigentes comunistas o con posiciones afines.

[46]   Nadra F. op. Cit  , 3.

[47]        Ibidem, 14-15.

[48]        NP. 6/09/1960,  1

[49]          NP 28/6/1960, 1

[50]        NP 11/10/1960.

[51]   Caja 36. Documento 19. 1959 Archivo Documental del Partido Comunista “Enrique Israel”.

[52]        Caja 35. Documento 12. 1959. Archivo Documental del Partido Comunista “Enrique Israel”.

[53]        NP 27/09/1960,  4.

[54]        “Se puede quebrar el cerco, enseña Cuba” NP, 15/11/1960, 1

                “No amedrentarán a Cuba con la flota” NP, 22/11/1960, 2.

[55]            Alcira de la Peña, “La VIII asamblea nacional del partido SP de Cuba”, en Nueva Era, noviembre-diciembre 1960,  908.

[56]           Para un tratamiento de las posiciones del PSP frente a la guerrilla comandada por Castro ver Caridad Massón Sena. “Los comunistas cubanos y las luchas por el poder en los años 50” en  Revista de Estudos&Pesquisas sobre as Américas. vol. 7, número 2 ,|2013, 237-256.

[57]          Adrián Celentano y María Cristina Tortti,  “La renovación socialista en los sesenta, la cuestión del populismo y la formación de los primeros grupos maoístas.” XXX Congreso de la Asociación de Estudios Latinoamericanos, San Francisco, California, 2012, 5. en http://historiapolitica.com/datos/biblioteca/socialismoperonismo_celentanoytortti.pdf

[58]        NP, 17/01/1961

[59]   María Cristina Tortti. “La nueva izquierda a principios de los ’60: socialistas y comunistas en la revista Ché”. ESTUDIOS SOCIALES. Revista Universitaria Semestral, Año XII, Nº 22·23, Santa Fe, Argentina, Universidad Nacional del Litoral, 2002,145-162, 154-155.

[60]          El año anterior Palacios había viajado a la isla e incluso publicó un libro con sus impresiones, Alfredo Palacios, Una revolución auténtica: La reforma agraria en Cuba, Buenos Aires. Palestra, 1961. Para un detallado tratamiento de ese proceso electoral ver  Horacio Collazo . “La revolución cubana en las urnas porteñas.  Alfredo Palacios y las elecciones de 1961”. XII Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia. Departamento de Historia, Facultad de Humanidades y Centro Regional Universitario Bariloche, Universidad Nacional del Comahue, San Carlos de Bariloche, 2009.

[61]        NP, 17/01/1961, 2

[62]        NP11/04/1961, 1.

[63]        NP, 18/04/1961, 7

[64]        NP, 25/04/1961, 4

[65]           Entrevista realizada por el autor a Víctor Kot, julio de 2019.

[66]          NP 13/6/1961, p. 1.

[67]   Athos Fava, “Memorial sobre la relación del PC con Cuba” (inédito ) s/d.  Fava fue secretario general del PC por varios años, a partir de 1980.

[68]   Entrevista realizada por el autor a Víctor Kot. Buenos Aires, julio de 2019.

[69]   Entrevista realizada por el autor a Emilia Segota, Buenos Aires, julio de 2019. Segota era militante comunista en un barrio de la ciudad de Buenos Aires.

[70]   Entrevista del autor a Beatriz Rajland, julio 2019.

[71]   Durante la guerra en España las diversas corrientes de la izquierda argentina (socialistas, comunistas, anarquistas, sindicalistas revolucionarios) llevaron adelante fuertes campañas de ayuda moral y material hacia la República. El PC ocupó un lugar destacado en el movimiento solidario. Llegó a enviar ambulancias, junto a ropa de abrigo, ajuares para bebés y dinero en efectivo. Ver Daniel Campione, La guerra civil española, argentina y los argentinos, Buenos Aires, Luxemburgo, 2018. 

[72]   Entrevista del autor a Emilia Segota, Buenos Aires, julio de 2019.

[73]   Alfredo Varela, Cuba con toda la barba, Buenos Aires, Esfera. 1960.

[74]   Vale como ejemplo “Discurso pronunciado por el Comandante Fidel Castro Ruz en el Club Rotario de La Habana, el 15 de enero de 1959”. Disponible en http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1959/esp/f150159e.html .

[75]        Emir Sader, “América Latina en el siglo XXI”, en: Atilio Boron y Gladys Lechini (coord.) Política y movimientos sociales en un mundo hegemónico. Lecciones desde África, Asia y América Latina. CLACSO, Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, Buenos Aires. Julio 2006, 65-66  Disponible en: http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/sur-sur/20100711034952/3_PICdos1.pdf

[76]   cf. Tamara Liberman. “La influencia de la Revolución Cubana en la izquierda latinoamericana: Reflexiones para la construcción de nuevos caminos en el siglo XXI.”s/l. Ariadna Ediciones 2019.  Disponible en https://books.openedition.org/ariadnaediciones/799?lang=es#ftn4.

[77]        NP. 18/9/62, 1

[78]   Idem.

[79]        NP 25/10/62, 1

[80]        NP, 8/11/1962, 7

[81]          NP, 30/7/1963, 3

[82]   Idem

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