Masacre de San Javier: que parezca un malón

Dispararon hasta del campanario de la iglesia… El 21 de abril de 1904 en San Javier (Santa Fe) se perpetró una matanza de un centenar de mocovíes. La historia oficial aseguró que se trató de un furibundo malón repelido por grupos de pioneros. Las victimas originarias superan el centenar entre muertos y heridos. Hubo fosas comunes y de acuerdo a los relatos, algunos fueron enterrados aun con vida. Los largos tentáculos de la desmemoria de la historia oficial a gusto del paladar de la elite tergiversó el crimen y las victimas se transformaron en victimarios. Aunque resulte difícil de creer en 1918 se estrenó una película muda llamada “El último malón” del director Alcides Greca que pretende reflejar lo ocurrido de acuerdo a la versión oficial donde obligan a actuar a los sobrevivientes de la matanza como indios maloneros.

            La distancia existente entre la matanza y la versión oficial elaborada por la prensa una semana después “del malón” es notable, pero no difiere de infinidad de falsificaciones similares perpetradas durante “nuestro trato pacifico con los indios”. En el forcejeo dialectico de la memoria y el silencio sobre lo sucedido durante “el hecho de sangre” se fue desvaneciendo de las páginas de los periódicos hasta desaparecer por completo. Recorriendo las calles del pueblo, aún existen algunas casas cuyas azoteas fueron utilizadas como cantones desde donde disparaban a los mocovíes pauperizados por la miseria en que vivían para producir riqueza ajena, incluso las ventanas del campanario de la iglesia fueron utilizadas con ese fin.

            Lo sucedido y su recreación posterior, resulta inverosímil, propio del realismo mágico americano. ¿Acaso es posible aceptar que un grupo de mocovíes que padecieron una matanza preventiva en 1904, terminen actuando en 1918 en un drama que en realidad ocurrió de otra manera?

Te puede interesar:   Lo micro y lo macro y el terrorismo simbólico

            En “EL MALON QUE NO FUE” editado por Continente investigo lo ocurrido y expongo pruebas irrefutables que se trató de una MATANZA PREVENTIVA buscando disciplinar mano de obra barata como luego ocurrió en 1924 en Napalpí y en 1947 en Rincón Bomba. En la tapa del libro aparece un soldado y un indio encadenado a sus pies, la ilustración es de Estanislao Zeballos el ideólogo de Roca y mentor de la Liga Patriótica Argentina. No hubo malón, ni primer malón ni último malón. Hubo masacre, impunidad y desmemoria. La prensa al servicio del poder habló de “hasta 1200 indios salvajes que correteaban a caballo con sus chuzas durante horas adueñándose de las calles del pueblo”. Increíble como se puede mentir tanto y como tanta gente puede ser receptiva a la mentira y acabe manipulada. No hubo malón, hubo masacre. No hubo malón solo olvido y desmemoria. Apenas la impunidad de los matadores habituales y los mismos muertos de siempre. Un detalle más en aquel entonces, faltaba un semestre gobernaba el general Julio Roca. Es lento, pero viene…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *