Miserere: hasta que la noche acabe

Hasta que la noche acabe. Un espiral sin fin, de días y noches que pasan así. Se baja la cortina y vuelve una nueva noche que se repite al igual que el día. Los escenarios más conocidos se vuelven extraños. Algunas veces porque un hecho disruptivo nos saca de foco; otras porque la mirada de otres nos hacen hacer foco.

El documental MISERERE juega en esta segunda opción. Nos invita a hacer foco en la microfísica de un territorio familiar. Nos invita a ver, así como cuando estamos esperando un bondi y fijar la mirada en un punto fijo: el trabajo sexual masculino callejero. Ahí mismo, donde se juegan diversidades todas en un plano caótico de intersección de caminos a “todas partes”. El Sarmiento, las líneas de subte y los bondis como telón de fondo de multiplicidad de trayectorias de vida marcadas por vulnerabilidades de todo tipo.  

Las historias de seis masculinidades como testimonio de un mundo invisibilizado a la luz del día nos adentran en las cotidianidades del trabajo sexual en los alrededores de la plaza Miserere y la estación de Once en Buenos Aires. A través de voces en off, MISERERE hace foco en las historias y reflexiones íntimas de los protagonistas en un devenir cotidiano que desborda las categorías conceptuales con las que desde los feminismos se viene pensando/discutiendo al trabajo sexual. 

En los imaginarios sociales el trabajo sexual está asociado principalmente a mujeres cisgénero y mujeres trans. Son ellas quienes vienen visibilizándose y dándose voces en un proceso que va transformando historias particulares de vida en trayectorias comunes. Colectivas que se organizan y debates que abren con diversos posicionamientos, resonancias en la sociedad toda. 

El trabajo sexual masculino presenta diversas variables de análisis específicas que MISERERE nos invita a explorar a partir de los testimonios de Rodrigo, Fabián, Rubén, Mariano, Carlos y Matías. El lente desde el cual se construye el recorrido del documental apunta en este sentido a desbordar la simple presentación al modo “estudios de caso”, para proponer desde una mirada teórica y un lenguaje audiovisual un compromiso con la visibilización de una realidad puntual y diversa: la de aquellas masculinidades, que entrando y saliendo con diferentes estrategias de los márgenes de una sociedad neoliberal latinoamericana, hacen del trabajo sexual callejero un modo de ingreso económico.

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Se presenta este abanico de historias de vida como parte de trayectorias comunes donde la individualidad de las experiencias se amalgama en la intemperie de tránsitos de vidas precarizadas. Experiencias que aún por sus propios protagonistas no están siendo visibilizadas como comunes. El desafío de MISERERE va por ese lado desde el inicio del proyecto, encontrando sentidos que se entrecruzan, más allá de las que parecieran anécdotas personales. 

Desde los feminismos sostenemos que el patriarcado oprime las subjetividades todas, incluso la de las propias masculinidades, coartando a partir de la construcción social de lo que “un hombre” debe ser; diversas posibilidades de entramados sociales que, en este caso, marcan importantes diferencias en lo que es el habitar del trabajo sexual de mujeres cis y trans con un camino ya andado de luchas colectivas. Una de las productoras de MISERERE, Karina Fuentes, nos dice que “la no organización de los trabajadores, está relacionada con el imaginario de la masculinidad que deben portar los hombres deseados que venden sus servicios sexuales: “bancársela solos”. No pueden reconocer su vulnerabilidad y la protección que les daría la organización colectiva”. Ahí mismo en el habitar en la intemperie, en los márgenes de una sociedad neoliberal y patriarcal empiezan a tejerse particularidades propias en estas trayectorias comunes.

El estigma social presente para algunas personas en relación al trabajo sexual es una de las cuestiones que se resignifican en el caso de los taxiboys callejeros (como se llaman ellos mismos). Parecería tratarse, según les realizadores del documental, de un doble estigma, ya que la mayor parte de ellos no son o no se consideran homosexuales. Tener sexo con hombres, sus principales clientes, parecería dejarles una marca que atenta contra su propia construcción de masculinidad. 

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En este punto, se abren otras líneas de análisis en relación a les clientes, que consumen el trabajo sexual callejero: principalmente hombres adultos mayormente obreros que están excluidos del mercado de consumo gay friendly, transitando la vida como heterosexuales y pagando por “sexo barato” en espacios públicos. Las plazas y estaciones centrales de trenes de las grandes ciudades, propician el ofrecimiento del servicio sexual con la antigua dinámica de las “teteras”, el histórico modo de levante en baños públicos, consolidando espacios de circulación deseante.

En ocasiones, el trabajo sexual se complementa con otros rebusques laborales, como venta ambulante, limpieza o cuidado de coches, artes callejeras, etc. Si bien los taxiboys que aparecen en el documental realizan su actividad de manera autónoma, sin intermediarios, esta independencia no los exime de estar expuestos constantemente a situaciones de extrema violencia, ya sea entre pares, con clientes o con la policía.

La idea de MISERERE nació en el año 2011 a partir de un encuentro fortuito del director Paco Ríos Flores, con un trabajador sexual en la estación de trenes de Once. Este hecho despertó la necesidad de intervenir, desde el lenguaje audiovisual, en la visibilización de esta realidad. El proceso de investigación implicó para Paco Ríos Flores habitar Plaza Miserere y la estación de trenes de Once por un prolongado y profundo tiempo, estableciendo lazos afectivos con los protagonistas del documental que se mantienen hasta hoy. 

Lejos de una objetividad conceptual, a lo largo de lo que fue siendo MISERERE, de ir haciendo foco, se fueron dando juegos de vinculaciones y compromisos que posicionan políticamente la invención artística como un modo de intervención transformadora de la realidad. De allí, que en plan de estreno del documental en la Argentina, lo que se prioriza son las interacciones con espacios que permitan seguir dando visibilidad y voz a lo que ya para muchos va dejando de ser extrañeza. 

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La tarea de investigación de MISERERE llevó alrededor de cuatro años, durante los que se realizó un trabajo exhaustivo en tres líneas: una investigación de contenidos y estado del arte acerca de la cuestión de los trabajadores sexuales hombres, un trabajo de campo de observación participante y decenas de entrevistas cualitativas grabadas sólo en audio. En paralelo al proceso de investigación, se fue desarrollando el guión del documental.

El rodaje se dio en dos etapas. Una en el verano del 2016 y la segunda en el verano de 2017. A inicios de 2019 se finalizó la postproducción y el estreno en la  Competencia Documental del Festival de Cine Latino de Toulouse, en Francia, en el mes de marzo.

La película fue realizada con apoyo del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA). Dirección y Guión: Francisco Ríos Flores. Producción: Karina Cintia Fuentes y Lucía Rey (LumaDoc). Montaje: Jimena García Molt (EDA). Fotografía y cámara: Juan Vollmer. Diseño de sonido: Nicolás Calderón (Caja de Ruidos)

Protagonistas: Rodrigo Balsano, Fabián Maldonado, Rubén Elías Lavín. Mariano Toledo, Carlos García y Matías Riccardi

Gracias a la excelente convocatoria de público este jueves 28 de abril Miserere vuelve a @cine.gaumont.

Miserere estará disponible todos los días hasta el 4 de mayo, en la sala 2 a las 12.30 hs.

Entrada general 90 pesos, jubiladxs, estudiantes y sindicatos 45 pesos.

Avenida Rivadavia 1635, CABA.

Miserere es apta solo para personas mayores de 18 años.

Foto publicación: Juan Vollmer

Fotos cuerpo de nota: Veronica Tello 

Fuente: Revista Furias.

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