Elefantazo: “la indignación se tradujo en autoorganización y colectivización de la lucha por la vida digna”. Entrevista a trabajadoras de salud de Neuquén

En febrero de 2021, ATE y UPCN -tras un año de trabajo bajo la Pandemia Covid19 y con un 40% de inflación- firmaron con el Gobierno de la Provincia de Neuquén un aumento salarial de un 12% para lxs trabajadores de la Salud Pública de la Provincia. La indignación fue enorme y espontáneamente comenzaron los pronunciamientos contra el acuerdo, las asambleas y las movilizaciones de los 40 centros de salud de la provincia, que culminaron en cortes de ruta que afectaron duramente la producción petrolera de Vaca Muerta. Todos los sindicatos de la provincia se vieron conmocionados por la fuerza de la lucha desde la base, de un sector que estaba fuertemente legitimado por su intervención sin descanso durante la pandemia. El apoyo social fue enorme y extendido.

Al poco tiempo de iniciada la lucha, el secretario general de ATE, Carlos Quintriqueo, se expresó sobre el reclamo de los sectores autoconvocados de una manera insólita: «los autoconvocados correrán por su cuenta, es como bailar con un elefante, no sabés si agarrarlo de la cola o de la trompa porque no tiene forma”. La respuesta fue unánime y masiva: todo el movimiento asumió su identidad y centenares de imágenes de elefantes aparecieron en todas las manifestaciones, cortes de calle, pancartas de los hospitales, pintadas y volantes. Desde entonces la manada de elefantes autoconvocados no dejó de crecer y puso en jaque a toda la construcción sindical tradicional. El gobierno y la burocracia, manteniendo su pacto político, pretendieron derrotar el conflicto dejando un escarmiento para todo el pueblo trabajador. Pero no lo lograron. Dos meses después del estallido paquidérmico, un nuevo pacto mejoró el acuerdo que desencadenó el elefantazo. Luego de cierto tiempo de descanso y reflexión, la “manada” hoy está presente en la lucha por la recuperación y construcción de las organizaciones de base, disputando la representación sindical con una potencia que no se detiene.  

Desde el Colectivo de Comunicación ContrahegemoniaWeb nos comunicamos con las compañeras Mariana Aguirres, Sol Martín, Lucía Durán y Ximena Díaz, para que nos cuenten sobre esta importante experiencia para lxs trabajadores del país.


¿Quiénes somos?

Somos trabajadoras de salud pública de la provincia de Neuquén, que nos desempeñamos laboralmente en distintas zonas del territorio provincial y en diferentes efectores del sistema. Formamos parte del movimiento de Autoconvocadxs en Salud, y participamos activamente en las distintas instancias del proceso de lucha desde su inicio (asambleas, marchas locales, provinciales, caravanazos comunitarios, y piquetes.) asumiendo distintos roles en dicho proceso.  En este sentido, se integró también el cuerpo de delegadxs elegido en ejercicio de nuestra auto representación, participando así también de las instancias de mediación/negociación/dilación propuestas por la justicia, con el ejecutivo.

La forma de hacer conjunta para analizar la experiencia a partir de los ejes propuestos en las preguntas y responder a las mismas, se basa en nuestra posición ante la praxis que prioriza modalidades de agenciamiento y construcción colectiva del hacer/pensar, frente a las modalidades individuales o personalistas.

Además, consideramos que la construcción común se impone en este caso como reflejo de la lógica operante y habilitante de las prácticas de resistencia desplegadas.

No desconocemos que las respuestas en sí mismas implican la producción de sentidos sobre un proceso colectivo que aún permanece activo. Por eso nos parece relevante mencionar que nuestra mirada/reflexión sobre el proceso resulta una de otras posibles y que se nutre no solo de la experiencia directa, sino también de las distintas trayectorias e inserciones sociales de cada una, y de diversas lecturas provenientes del campo de las ciencias humanas, sociales, la filosofía y los feminismos que conforman un posicionamiento ético político particular.

Somos:

Mariana Aguirres, Trabajadora Social.  Centro de salud San Lorenzo Sur, Neuquén capital.

Sol Martín, Trabajadora Social. Centro de Salud Progreso, Neuquén Capital.

Lucía Duran, Trabajadora Social. Hospital Heller, Neuquén Capital.

Ximena Díaz, Psicóloga. Hospital Zapala, localidad de Zapala.

Respuestas …

“En su nueva versión, es de la propia vida que el capital se apropia, más precisamente, de su potencia de creación y transformación […] como así también de la cooperación de la cual dicha potencia depende para efectuarse en su singularidad” [1]

” Como rayos, esos movimientos han venido irrumpiendo en los cielos del capitalismo globalitario cada vez que se forman nubes tóxicas debido a la densificación de la atmósfera en alguna de sus regiones, cuando su perversión supera el límite de lo tolerable.” [2]

  1. ¿Cómo surge el proceso de organización y lucha en tu sector/sindicato? ¿Qué aspectos y formas de organización de esas luchas te parecen relevantes?

El proceso de organización y lucha en el sector salud de Neuquén conocido como “el elefantazo”[3] surge a partir de un bochornoso acuerdo salarial de febrero del 2021, entre la burocracia de ATE pcia, y el MPN partido que gobierna Nqn, desde hace más de 60 años. Luego de un año de pandemia, de congelamiento salarial desde diciembre de 2019, con un nivel de inflación del 40%anual, y con el equipo de salud trabajando sin descanso (denegadas todas las licencias, por resolución provincial desde el inicio de la declaración del ASPO por pandemia por covid-19) cierran el acuerdo en febrero del 2021, a espaldas del conjunto de lxs trabajadorxs, desconociendo más de 40 actas de asamblea que se expresaron por el rechazo a la propuesta, por un 12% de recomposición salarial.  Un acuerdo de hambre, un pacto en el que avalan la sobreexplotación de los cuerpos sobre los que recae la responsabilidad de cuidar la salud de la población en un contexto internacional de pandemia. Un pacto de entrega con el objetivo de resguardar la ganancia millonaria de la producción hidrocarburífera, y dar continuidad a la referencia geopolítica de Neuquén como zona de sacrificio.

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Entre los antecedentes, necesariamente, tenemos que mencionar el contexto y características de las prácticas sindicales que se venían sosteniendo hasta el momento.  Prácticas burocráticas que expulsaban a las posturas disidentes de instancias plenarias. Para ejemplificar, se realizaban “asambleas” sin convocatoria previa, sin posibilidad de debate real, que consistían en el solo acto brindar información recortada con el objetivo de adoctrinamiento, vaciando así a este espacio de su función específica: garantizar el ejercicio de una política gremial democrática, con participación real de lxs trabajadorxs. De este modo, ya no podemos denominar a estas prácticas como asamblearias al adoptar una modalidad verticalista y de adoctrinamiento. Y menos creer que resulte el espacio que asegure una política gremial en defensa de las necesidades de lxs trabajadorxs. La emergencia del movimiento autoconvocado visibiliza que la necesidad de un espacio democrático estaba latente para muchos de nosotrxs.

En este contexto, se imponía una modalidad de participación en ATE cada vez más refractaria y peligrosa para los intereses, y aún para la integridad psicofísica de quienes manifestaban voluntad de participación. Este escenario expulsivo, generó una reacción de desmovilización de algunos sectores disidentes. Mientras que otros decidieron organizarse formalmente en gremios alternos, fragmentando aún más al universo de trabajadorxs de la salud pública provincial.

Desde un primer momento la convocatoria se dio por la indignación colectiva que se tradujo en potencia organizativa. Nos autoconvocamos para hacer escuchar la posición de los distintos sectores, localidades, hospitales y centros de salud de la pcia. en asambleas por sector, intercentros, e interhospitalarias provinciales.

Se salió del hospital a la calle, al piquete afirmando la voluntad política existente de construir vias alternativas y legitimas para nuestros reclamos. Recuperamos a las asambleas en su función de ejercicio democrático del poder, se definieron delegadxs por localidad para garantizar la representatividad del reclamo. Y desde un inicio el conflicto fue cobrando cada vez más fuerza y adhesión, extendiéndose por todo el territorio provincial. Ejerciendo así, la capacidad de agencia ante el abuso sobre nuestras vidas. La indignación se tradujo en prácticas de resistencia y se evidenciaron los sentidos en disputa: organización tradicional burocrática vs. auto organización y colectivización de la lucha por la vida digna.

Un elemento fundamental en la auto organización fueron las prácticas de cuidado mutuo instrumentadas a través la organización en comisiones, asunción de roles en los piquetes, etc.  Prácticas que desarrollamos cotidianamente hacia la población, ahora ejercidas entre compañerxs en un marco de reciprocidad y solidaridad.

Cabe mencionar que los piquetes fueron sostenidos mayormente por mujeres/población feminizada, respondiendo esto a la feminización característica de los sistemas de salud en general al nuclear oficios y profesiones dedicadas a la provisión de cuidados, necesarios para la reproducción de la vida de la comunidad.

La población de Neuquén salió a la calle para defender la salud pública como derecho humano fundamental. El contexto de pandemia permitió visibilizar y jerarquizar la relevancia y esencialidad de los cuidados de la salud para el sostenimiento de la vida. Este hecho resultó determinante para la amplificación del reclamo a nivel social con impacto local, provincial y nacional. El apoyo comunitario se materializaba con la presencia de vecinxs en los piquetes y con asistencia constante de insumos como alimentos, agua, leña, etc. Incluso habilitaban sus casas para quienes permanecían en los piquetes, brindando la posibilidad de una ducha de agua caliente, siendo y haciendo en comunidad.

Por, último, no podemos dejar de mencionar la apropiación de la herramienta piquetera, por parte de un sector que hasta entonces la consideraba ajena, evidenciando la potencia de la acción directa cuando es colectiva, en tanto “operación de autoafirmación y práctica de contrapoder”[4] hecho histórico para las modalidades adoptadas hasta el momento por los trabajadorxs de salud pública. 

2. Uno de los problemas actuales de la clase trabajadora es la gran fragmentación, tanto en la organización, en los sectores de base como de manera más estructural, ¿Cómo lo abordaron en sus procesos de luchas?

En el sector de salud lo vivimos con la existencia de 4 sindicatos: ATE, UPCN, Si.Pro.Sa.Pu.Ne ( nuclea profesionales)  y SEN ( nuclea al sector de enfermería). Sin embargo, en la experiencia de los piquetes se pudo operar de manera contraria al instalarse prácticas solidarias entre compañerxs pertenecientes a los diferentes sectores.

La identificación, autopercepción, como trabajadorxs de salud autoconvocadxs se dio desde el primer momento acudiendo a visibilizar y materializar una posición disidente a nivel provincial compuesta por trabajadorxs de todos los sectores. En el encuentro cotidiano nos íbamos reconociendo todxs compañerxs de salud, con distinta afiliación gremial, o aun no afiliadxs.

Con distintos grados de unidad según la zona, historia y localidades de la provincia, nos unificó un reclamo común, hablar de problemas que nos son comunes, y priorizarlos, propiciaba la acción colectiva que se fortalecía al calor de las asambleas permanentes, donde se ponía también en discusión la posición que asumían todas las conducciones sindicales.

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A nivel de las organizaciones formales gremiales no hubo posibilidad de generar acciones unificadas, los intentos por parte de Autoconvocadxs fueron infructuosos en este sentido ante el rechazo explícito de las conducciones.

Sin embargo, la unidad fue posible en las bases, al tener una percepción y vivencia común de los problemas que atraviesan nuestras condiciones laborales y de vida.

Esta comunidad de percepciones y sentidos emergente en las bases logró sostener la acción directa de autoconvocadxs en unidad a nivel provincial, trascendiendo la filiación gremial.

Si bien esa integración tuvo características disímiles a lo largo y ancho de toda la provincia, se pudo dar y sostener por más de 60 días, resultando una experiencia sin precedentes a nivel nacional.

  • ¿Cómo les impactó la pandemia? ¿Hubo cambios en las condiciones de trabajo que permanecen en la actualidad?

La pandemia expuso y profundizó las precarias condiciones de trabajo y asistencia en salud pública, ante las sostenidas políticas de vaciamiento del sistema de salud. Situación que como trabajadorxs venimos denunciando desde hace años: dificultades para la atención, tales como falta de personal, éxodo de profesionales, faltante de recursos edilicios y materiales para desempeñar la tarea. Condiciones que no sólo precarizan nuestro trabajo y vidas, si no que comprometen el derecho a la atención de salud de la población.

En cuanto a una afectación específica de las condiciones de trabajo, hubo modificaciones de todo tipo. La política institucional fue la sobre explotación de nuestros cuerpos. Se encargó a la planta habitual de trabajadorxs, ya denunciada como insuficiente, la atención de esta nueva demanda emergente, superando las capacidades de afrontamiento previstas por el sistema.

Se profundizó el vaciamiento del primer nivel de atención para fortalecer los niveles de mayor complejidad, situación que permanece y consolida la política sanitaria de “emergentología” que se venía (y continúa) sosteniendo. En este sentido, las inversiones realizadas fueron puntuales y destinadas a recursos “transitorios”, que no amplían la capacidad estructural del sistema público de salud para brindar una mejor respuesta asistencial a la comunidad. No se amplió la planta funcional estable, siendo aún, al día de hoy, insuficientes para responder a la demanda real de la comunidad. Situación que continuamos denunciando. Por el contrario, durante la pandemia sólo se incrementó el número de “trabajadorxs eventuales” (precarizadxs).

Por otra parte, se reorganizaron los recursos existentes para asistir las demandas relacionadas al COVID 19, desatendiendo otras afectaciones de la salud de la población. Cabe una mención especial el desinterés frente a las problemáticas de las niñeces, adolescencias y personas con padecimiento subjetivo, cuya “desatención” recrudeció, situación que es histórica, y permanece hasta la actualidad. También se descuidó la atención de la salud de la población feminizada en sus aspectos sexuales reproductivos y, sobre todo, no reproductivos, en aspectos relativos a las situaciones de violencias y los riesgos asociados ante el ordenamiento de permanecer en la ámbito doméstico, sin mencionar la nula consideración de la sobrecarga de cuidados que imponía la pandemia y sus efectos sobre la salud de quienes cuidan.

También hubo un repliegue de instituciones prioritarias para garantizar la intersectorialidad (Desarrollo Social, Defensorías de los Derechos del NNyA, Defensorías del Pueblo, etc.), obturando una modalidad de respuesta que requieren muchas de las situaciones que ingresan como demandas al sistema de salud.

Así, la institución salud se transformó en la única vía de ingreso de las demandas comunitarias, no solo relativas a malestares propios de los procesos de salud/enfermedad, si no que se presentaban necesidades de la índole más diversa por parte de la comunidad sin contar con la intersectorialidad necesaria para brindar respuestas. Lo cual reforzó la sobre explotación de los cuerpos antes referida.

Un hecho significativo fue la percepción constante de aceleración de la vivencia del tiempo. Permanecimos en un constante estado de alerta originado en la urgencia y novedad de la demanda, pero también incrementada por la falta de planificación y asignación de recursos adecuada para asistir una pandemia, en continuidad con la política de vaciamiento de las instituciones públicas, que lejos de modificarse ante la situación de emergencia, recrudeció.

Ante este estado de situación (estructural y coyuntural), recuperamos el concepto de necropolítica. Vemos al Estado y sus instituciones, empujando a lxs trabajadorxs a ser ejecutores últimos de la política criminal de gobierno al tener que gestionar la salud de la población con mínimos recursos, que en los casos más extremos implicaba definir quién vive y quién muere. Se creó un Centro Coordinador de Camas, vigente hasta la actualidad, encargado de gestionar y habilitar el ingreso a una cama de terapia intensiva cuyo acceso, en los momentos más críticos, estaba limitado por la edad y expectativa de vida. Hubo un momento en que no se admitía a personas mayores de 45 años. Así, el gobierno provincial, brindó una respuesta acorde al ordenamiento político, económico, social, subjetivo neoliberal en el que los estados son parte de su construcción y reproducción.

Resulta una obviedad, pero de necesaria referencia, decir que estas condiciones impactaron en nuestra salud emocional, social y familiar, sin ningún tipo de acción reparatoria por parte de la institución. Por caso, todo lo contrario, ante estas condiciones hubo un éxodo vertiginoso de profesionales, y por lo tanto una reducción de la planta funcional para afrontar la segunda y tercera ola, frente a lo que el gobierno permaneció indiferente – negligente-.

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No obstante, desde el ejecutivo, sí pudieron destinar recursos institucionales a la persecución de trabajadorxs en lucha. Específicamente pertenecientes al colectivo de autoconvocadxs. Se generaron más de 200 sumarios administrativos, y en la actualidad permanecen activas más de 40 causas penales en la provincia.

4. ¿Cómo caracterizarías las centrales de trabajadores con relación a estas luchas desde abajo, con las patronales y/o con el gobierno?

Frente a la lucha de salud, la conducción del sindicato se mantuvo en alianza permanente con el gobierno, cuyo antecedente más explícito se encuentra en el 2018, con la firma de un CCT[5] a espaldas de lxs trabajadorxs.

Así, la lucha de lxs elefantxs libró batalla en al menos dos frentes. Por un lado, contra el gobierno, pero también contra la conducción burocrática del sindicato que insistía en respaldar cada anuncio del gobierno y en desprestigiar la legítima auto organización de lxs trabajadorxs.

Sabemos que vivimos en una provincia de producción multimillonaria, por la explotación extractivista de hidrocarburos, por lo que una conducción sindical que respalda el déficit de inversión en salud pública se convierte en cómplice de la política criminal del partido que gobierna.

El sostenimiento de la lucha logró que se reconozca la capacidad económica de la provincia para responder a nuestro reclamo, quedando expuesta la posición de la conducción. Expuesta y socialmente deslegitimada.

Su alianza con el gobierno le implica hoy a esta conducción asumir la tarea de recomponer su imagen ante una base que demostró potencia organizativa propia. Apuntando a cooptar una base conformada por trabajadorxs “eventuales”, fundamentalmente precarizadxs por el propio CCT 2018 mencionado, manipuladxs por prácticas extorsivas, segregativas, bajo amenaza de quedar sin contrato, sin la posibilidad de pase a planta, o en el mejor de los casos, compañerxs que por su reciente regularización se les endilga la responsabilidad de retribución de “lealtad al dirigente”, atentando contra la dignidad y la subjetividad de dichos compañerxs en su dimensión ética, política y social. 

Creemos que la organización de base tiene una potencia política capaz de revertir los mecanismos burocráticos sobre los que se sostiene la actual conducción sindical. El aprendizaje político de este proceso genera la posibilidad de interpelar, cuestionar estos modos. Modos de control y disciplinamiento, destinados a frenar la emergencia y consolidación de la potencia política de prácticas de auto organización de trabajadorxs, que resisten a las burocracias y que potencian otras modalidades de pensar y hacer política sindical.

¿Qué transformaciones tendría que haber en estas estructuras con los actuales escenarios del mundo del trabajo?

El sindicato es una herramienta de y para lxs trabajadorxs. Desde el momento en que las conducciones desoyen esos intereses para garantizar, a través de sus negociaciones con funcionarios, condiciones de gobernabilidad que someten a lxs trabajadorxs a condiciones de miseria, de precarización de la vida, pierde legitimidad el sindicato como herramienta de ejercicio de poder de lxs trabajadorxs. Pasa a oprimir y amenazar a lxs trabajadorxs para que respondan al accionar de la burocracia a riesgo de quedar sin cobertura sindical.

Creemos que es necesario volver el acento sobre cada lugar de trabajo, fortalecer la representación de base, democratizar las organizaciones sindicales que desde hace años vienen desarrollando una conducción burocrática, en detrimento de los intereses salariales y laborales de lxs trabajadorxs.

Resulta de vital importancia para estos movimientos, la coordinación de las luchas entre trabajadores asalariadxs, estatales no estatales y desocupadxs. Es necesario recuperar, apoyarse y reafirmarse en los aportes de las luchas ecofeministas, ambientalistas, por la defensa de la vida y los territorios. Desactivar los mecanismos patriarcales de toda organización es central en la búsqueda y construcción de otro modo de hacer y pensar la política en general y sindical en particular. Agenciar formas de organización que priorizan la voz colectiva, por sobre la figura de líderes, el cuidado como apuesta política para la transformación de una sociedad que se organiza en torno de la sobreexplotación de los cuerpos/vidas/territorio.      

6. En este contexto de crisis económica internacional y nacional, con el agregado del reciente acuerdo con el FMI, ¿qué escenarios ves de posible resistencia para la clase trabajadora y sectores populares?

El escenario al que asistimos, de alcance a mediano y largo plazo que se evidencia en la letra del acuerdo firmado con el FMI, es el de un fuerte ajuste económico que se descarga esencialmente sobre la población que vive de su trabajo. Ya lo advertimos en nuestras propias condiciones de vida y devaluación salarial, así como en las demandas comunitarias hacia el sistema de salud relacionadas al vivir en condiciones socio – históricas de pobreza.

Las posibilidades de resistencia tienen que poder unificar los reclamos, por la defensa de la vida/cuerpos/territorios, desarrollar estrategias de lucha que habiliten nuevos horizontes posibles, ante la clausura que impone el horizonte de colapso sistémico al que conduce la crisis civilizatoria representada por la lógica imperante capital/vida.

En este sentido los movimientos ecologistas, los feminismos, los pueblos originarios, en torno al respeto de la biodiversidad, y el buen vivir, son los movimientos que vienen generando narrativas desde donde poder accionar y prefigurar esos otros horizontes posibles, resguardando la salud y la vida en unidad con el entorno que habitamos. 

El desafío consiste en consolidar un proceso de apropiación social de la potencia de esas luchas, pensar y accionar en clave transectorial, para fortalecer cada frente.

La lucha de salud entendemos se inscribe como práctica de resistencia que comparte características con esos movimientos sociales definidas por la acción colectiva, la oportunidad política y la búsqueda de autonomía. Estas formas (auto) organizativas, nos marcan un camino a seguir, una posibilidad de identificación colectiva necesaria, un llamamiento a encontrarse y organizarse con otres por la defensa de la vida, los cuerpos y los territorios en que habitamos.


[1] Rolnik, S. (2019) “Esferas de la insurrección. Apuntes para descolonizar el inconsciente” Buenos Aires, Argentina 1 Ed. en castellano. Editorial Tinta Limón. – Cap. El abuso de la vida, pág. 28.

[2] Rolnik, S.(2019) “Esferas de la insurrección. Apuntes para descolonizar el inconsciente” Buenos Aires, Argentina 1 Ed. en castellano. Editorial Tinta Limón. – Cap. El inconsciente colonial capitalístico, pág. 26.

[3] La identificación surgió como respuesta a un discurso del burócrata de ATE señalando que no se sabía qué era la organización de la huelga, “no se sabe si tiene trompa o qué cosa es”

[4] Hipótesis 891. Mas allá de los piquetes” MTD y Colectivo Situaciones. Ed de mano en mano año 2002. Argentina.

[5] https://www.legislaturaneuquen.gob.ar/SVRFILES/hln/documentos/VerTaqui/XLVII/ApendiceReunion11/Ley3118.pdf . En el convenio de referencia, entre otras modificaciones de las condiciones laborales en detrimento de los derechos de lxs  trabajadorxs, se incluye la posibilidad de realizar contrataciones de personal con modalidad eventual, es decir , privado de la estabilidad laboral y sus derechos asociados. Algo inédito hasta el momento en el  Sistema de Salud Pública de Neuquén.

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