El nuevo régimen académico de la educación secundaria y por qué hay que rechazarlo

Los estudiantes de Formosa pueden pasar de año con 19 materias previas… y los de CABA con 18.

La mayoría de los medios nacionales se hicieron eco en los últimos días de una resolución del gobierno de Formosa que habilitaría a los estudiantes a pasar de año con 19 materias previas. Para ser justos, digamos que se trata de un titular un tanto amarillista, que toma el caso extremo de que un estudiante adeude las trece materias de 2020, más tres de años anteriores y tres de años posteriores. Pero lo curioso es que ningún medio destacó que en la Ciudad de Buenos Aries la situación es prácticamente idéntica.

En febrero de este año el gobierno porteño de Larreta estableció un nuevo Régimen Académico de la Educación Secundaria que, entre otras, cosas establece la posibilidad de pasar de año con hasta cuatro materias previas. Como además las materias de 2020 (que según la escuela pueden ser trece, catorce o más) no se toman en cuenta, podemos afirmar que un estudiante de la “ilustrada” Ciudad de Buenos Aires puede pasar de año debiendo 18 materias.

Una estafa progresista… ¿o macrista?

El nuevo Régimen Académico de la Educación Secundaria de la ciudad establece además que las materias no acreditadas se pueden ir aprobando en pedacitos, con evaluaciones parciales, con entrega de trabajos o simplemente justificando que los contenidos del año siguiente englobaron a los contenidos pendientes. En primer año “pasan todos” salvo que haya un pedido “excepcional” (sic) a la supervisión. Más en general, los estudiantes que repitan pueden optar por no recursar las materias aprobadas, y si deciden cursarlas ya no aprueban con 6 sino con 4. Un paquete que sin dudas sería calificado como una “estafa del progresismo” por los intelectuales macristas del estilo de Guillermina Tiramonti, si sus impulsores fueran otros. Seguramente por eso, un gobierno que se ha especializado en hacer de cada medida sobre educación un anuncio mediático prefirió dar la información sobre esta reforma a cuentagotas en las jornadas docentes.

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Más allá de la hipocresía con la que se juzgan las cosas a uno y otro lado de la General Paz, ¿cuál es el verdadero problema con estas flexibilizaciones? ¿La escuela secundaria tiene que ser necesariamente dura y sufrida, con tribunales de examen y bochazos masivos? De ninguna manera. Pero si no existen cargos y recursos para crear verdaderas instancias de acompañamiento y aprendizaje, lo que ocurre es un “como si”.

El gobierno le exige a la profesora de cuarto año que arme dispositivos para recuperar y evaluar los contenidos de tercero que sus alumnos no acreditaron. ¿Cuándo? Cuando pueda. En las mismas horas que tiene que avanzar con los temas nuevos, o en horas de trabajo que nadie le va a pagar. Lo mismo ocurre con la elaboración de un Plan Personal de Aprendizaje para cada estudiante que, al recaer en los mismos docentes que tienen que trabajar 60 horas para llegar a un sueldo que les permita vivir, se convierte en una carga burocrática más, robando tiempo y energía de la tarea propiamente docente.

Así las cosas, el único resultado que pueden tener estas reformas es un aumento trucho de los indicadores de terminalidad, en desmedro de la calidad de la educación. Este es un tema crucial para el gobierno, porque el financiamiento internacional está atado a estos indicadores. Con el mismo objetivo el kirchnerismo había impulsado el plan Fines, símbolo de la precarización docente y educativa. Acá, de nuevo, no hay grieta.

Educación para el trabajo

En un sentido más político, el Nuevo Régimen declara que “el Segundo Ciclo/Ciclo Orientado prepara a los/as estudiantes para continuar los estudios superiores, y brinda saberes y capacidades para la incorporación en la sociedad y en el mundo del trabajo.” Este es el otro objetivo de la reforma, que empalma con las prácticas profesionales para quinto año y toda una orientación de “educar para el trabajo”, de formar en “capacidades” y “habilidades blandas”.  También hay una estafa que debemos denunciar. Una cosa es la unidad de teoría y práctica en una formación científica-técnica integral y otra muy distinta es mandar a los pibes cuatro horas por semana a hacer sándwiches gratuitamente para una fábrica.

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En cualquier caso, se parte de un diagnóstico interesado que no tiene evidencia alguna (“la juventud no consigue trabajo porque no está capacitada”) para concluir que la escuela secundaria tiene que adecuarse al mercado laboral. El drama de esta consigna es que asistimos a un mercado laboral cada vez más precarizado, por lo que esta adaptación de la escuela al “mundo del trabajo” termina siendo una precarización de la propia escuela y de su formación.

Una política de Estado

No sorprende a nadie que La Nación e Infobae se horroricen con el “plan sistemático de no educar” del peronista formoseño Gildo Insfrán pero callen frente a la misma política cuando la desarrolla el gobierno porteño. Lo que políticamente es más significativo es que ni los medios ni los sindicatos kirchneristas digan una palabra frente a esta nueva degradación de la escuela secundaria por parte del macrismo. Quienes veían en el kirchnerismo una postura de defensa de la educación pública deberían tomar nota de hasta qué punto facilita que una corriente con un prontuario de ataque permanente a la educación como es el PRO haga hoy campaña en nombre de esta.

La similitud entre el régimen formoseño y porteño ilustra algo más de fondo. En Argentina, lejos del lugar común que repite la prensa, hay una verdadera política de Estado en materia educativa. ¿En qué consiste? Por un lado en la privatización, que el exministro del PRO Mariano Narodowski calificó como “la política educativa más lamentablemente exitosa de los últimos 50 años”. Por otro lado, en la transformación creciente de la escuela secundaria en una capacitación para el trabajo (y para la explotación) y la consecuente degradación de la formación científica y disciplinar.

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Una muestra clara de esta política de Estado es que todas las reformas que aplicó el macrismo en la Ciudad se hicieron invocando la Ley de Educación Nacional kirchnerista. Esto vale para la NES, la UniCABA, la secundaria del futuro, e incluso la reforma que se está discutiendo ahora del estatuto docente. Por eso tampoco el Plan Maestr@ de Mari contempló la sanción de una nueva ley de educación. La herencia en este caso parece que no era tan pesada.

Defendamos la educación

Las reformas aplicadas en la última década en la escuela secundaria no han servido para dar una salida a la crisis educativa. Claro que hay problemas más de fondo, como que la mitad de nuestros estudiantes vivan en la pobreza y en cuadro de creciente descomposición social. Pero los gobiernos responsables de esta miseria y los “especialistas” que trabajan para ellos difícilmente puedan ofrecer algo mejor. La verdadera estafa educativa es hacernos creer que, con nombres rimbombantes, con más burocracia y los mismos recursos (o menos) algo vaya a mejorar.

Está en manos del movimiento docente y estudiantil ofrecer una transformación positiva de la escuela secundaria que garantice el acceso al conocimiento científico y al acervo cultural de la humanidad para el conjunto de la población. Está transformación debe incluir como medidas elementales la creación de cargos docentes para el apoyo y el acompañamiento de los estudiantes, el desdoblamiento de los cursos superpoblados y un salario igual a la canasta familiar por un cargo o por 20 horas de clase para que los docentes tengan la posibilidad material de formarse y de atender a la especificidad de cada estudiante. Naturalmente estas medidas requieren un aumento considerable del presupuesto educativo, y por lo tanto una lucha a fondo contra el ajuste fondomonetarista.

Fuente: Prensa Obrera



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