Ley 26.160 y la victima culpable

A punto de cumplirse un nuevo aniversario del reclamo del Malón de la Paz por sus tierras ancestrales usurpadas por latifundistas, la diputada Victoria Villarruel de Avanza Libertad no tuvo mejor idea que presentar un proyecto para derogar la ley 26.160. Esta ley tiene precisamente la finalidad encontrar una solución a la emergencia territorial de las Comunidades Indígenas de nuestro país. Es una Ley Nacional sancionada a fines de 2006 por un plazo de vigencia de 4 años y prorrogada en cuatro oportunidades: 2009, 2013, 2017 y 2021 y tiene vigencia hasta noviembre de 2025.

Cualquier persona con dos dedos de frente sabe que los reclamos indígenas por maltratos, vejaciones, sustitución de cosmovisión y usurpaciones de tierras vienen de muy larga data, podríamos decir que comienzan el 13 de octubre de 1492. Sin ir tan lejos, recordemos los casos de Santiago Maldonado o Rafael Nahuel que tuvieron amplia repercusión periodística convirtiéndose en muertes por goteo para disciplinar.

¿Pero quién es Victoria Villarruel? Apenas un par de datos para no aburrir con más de lo mismo, fue segunda en la boleta electoral de Miley y cuando juró como diputada lo hizo “por las víctimas del terrorismo”. Imaginen nomás que hasta un medio de lo más rancio del establishmet al referirse a tal juramento tituló “Negacionismo en el Congreso” lo que no es poco decir (Ámbito Financiero, 07/12/2021). Villarruel en los fundamentos de su ocurrencia para derogar la 26.160 asegura que solo sirve para “amparar las usurpaciones mapuches y sirve de paraguas para cometer delitos”.

Ahora bien, doña Victoria por desgracia no está sola. En un país que hace culto a la desmemoria vale la pena mencionar los nombres de quienes acompañan su aventurado proyecto: Javier Milei, Carolina Píparo, José Espert, Francisco Sánchez, Carlos Zapata, Alberto Asseff, Dina Resinovsky y Paula Omoedo. Atrás de este proyecto, se enmascaran oscuros, muy oscuros intereses económicos sin hablar de los obtusos que insisten en la extranjería de los mapuches cuando la misma Constitución les reconoce a los pueblos originarios ser

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pre-existentes al Estado. Sin mencionar el esquizoide planteo que arranca desde la época de Estanislao Zeballos (ideólogo de Julio Roca) que plantea que los tehuelches son buenos porque nacieron de este lado de la cordillera mientras los mapuches son malvados ladrones por nacer del otro lado.

            Por momentos al escuchar estos malignos intentos de derogación da la impresión que nos encontramos en el fondo del tiempo, en un recóndito laberinto que tira la historia por la borda e insiste una y otra vez en presentar a las víctimas como victimarios, a los usurpados como usurpadores a los damnificados como criminales. La poeta Alejandra Pizarnik tiene un verso para explicitar esta sensación: “hemos descendido el último escalón / el que acaba en la cripta”.

            Estamos viendo y escuchando espantos ya vistos y escuchados. Estamos presenciando la derechización de buena parte de la sociedad que parece embelesada ante un nuevo profeta que miente desde el vamos y usurpa desde el vamos apropiándose del nombre “libertario”. El huevo que pone la serpiente al comienzo siempre parece inofensivo. El intento de derogar una ley que si bien no es una panacea, al menos es un intento por reconocer que no todos los argentinos bajaron de los barcos y buscar una solución a un problema que si se salen con la suya estalla sin ninguna duda. Por suerte existe la memoria y la historia nos demuestra que la lucha sirve. Son tiempos de estar atentos y denunciar cada una de estas maniobras, cada uno de estos síntomas patológicos para desmontarlos y desenmascararlos. A doña Villarruel solo resta decirle que es lento, pero viene.

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