Martín Guzmán despolitiza el debate sobre la economía

Las intervenciones públicas del ministro de Economía develan una profunda concepción neoliberal de la cuestión económica. Editorial de “El Círculo Rojo”, programa de La Izquierda Diario que ese emite los jueves de 22 a 24 h por Radio Con Vos, 89.9.

La interna en la coalición oficial del Frente de Todos empujó al ministro de Economía, Martín Guzmán, a una gira por distintos medios de comunicación en los que brindó una seguidilla de entrevistas. Las definiciones que dio en algunos de esos intercambios me parecieron muy interesantes (esa es la parte “positiva” de que hable públicamente) porque —adelanto una conclusión— pretende instalar un sentido común que despolitiza la economía. Y en ese aspecto me gustaría centrarme en este comentario.

Por ejemplo, discutiendo el tema de la inflación, en un programa de C5N con Gustavo Sylvestre, dijo que había causas externas e internas que explican la suba de precios. Sobre los factores externos habló de la guerra, del mundo etc., y sobre los internos dijo que “hay un programa económico definido” que necesita de un “apoyo político” porque “si la política está desordenada no se puede hacer efectivo el ataque al componente doméstico de la inflación”. Para eso se necesita la “credibilidad de un programa sólido, consistente que hemos diseñado”. No es de mi interés discutir la interna, lo hemos hecho en otros lugares y además, quienes hoy lo cuestionan —me refiero al kirchnerismo— lo apoyaron hasta ayer nomás. Pero, acá me interesa mostrar esa concepción muy neoliberal en la narrativa de Guzmán: por un lado, hay un programa “técnico” al que se debe subordinar la política. Es más, después agregó que “la política” debe apoyar “en lugar de llevar adelante acciones que lo que hacen es generar incertidumbre y cuando hay incertidumbre quienes toman decisiones no saben bien cuál es el rumbo y eso le pega a la inflación”.

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 Sobre la cuestión del déficit fiscal repite permanentemente que no es una cuestión ideológica, sino “aritmética”. Y en esa cuestión “aritmética” uno de los temas centrales son los subsidios a la energía y los servicios públicos. En ese terreno se pone el eje en los subsidios a las mayorías populares y de la clase media, pero no en los que reciben las empresas: desde las petroleras hasta las distribuidoras reciben subsidios por distintas vías, pero que no se discuten.

Lo mismo con la cuestión del precio de los alimentos y el monopolio privado del comercio exterior que existe en la Argentina. Esto tiene como consecuencia que ante el aumento de los alimentos o de las materias primas que son base de alimentos, aumentan los precios. Si al ministro se le pregunta por las retenciones (que son impuestos a la exportación que de alguna manera desacoplan los precios locales de los mundiales) o por mínimas medidas como prohibir las exportaciones responde que “la Argentina necesita dólares para tranquilizar la macroeconomía y que para eso hay que exportar”. Esto supone como “natural” la concentración de la tierra, el oligopolio del comercio exterior y todo se lleva a una cuestión de “números” y “cuentas”, de acuerdo a una matemática que supone como dados a los factores de poder.

Esto deriva en una perspectiva política sin “sujetos” concretos, sin factores de poder, en definitiva sin clases, como una simple administración de cosas neutras. Una concepción tecnocrática de la economía.

 Emmanuel Álvarez Agis, exfuncionario de Axel Kicillof en la anterior gestión del kirchnerismo y hoy titular de la consultora PxQ, sintetizó esta concepción en una entrevista con Alejandro Bercovich en Pasaron Cosas. Hizo una buena “popularización” de una idea que para mí es completamente equivocada, pero, bueno no dejó de ser una definición “convincente”: dijo que hay algunas herramientas económicas que no son ni de derecha ni de izquierda, que no son “ideológicas” y lo ilustró así: si dos personas están en un barco que está en medio de una tempestad, primero pueden opinar que hay que ir para un lado o para el otro (derecha o izquierda), pero si ven que entra agua, seguro agarran un balde y se pongan a tirar agua hacia afuera”. Quizá, hay que ver eh, porque está lleno de catástrofes o accidente en los cuales los que tienen poder actúan como siempre, es decir, que el agua la saquen los otros. Pero, lo que es seguro es que en los procesos socioeconómicos no funciona así, es más sucede todo lo contrario. Lo vemos permanentemente en las crisis y lo vimos en una catástrofe como la pandemia, cuando el sentido común más elemental decía que había que liberar las patentes y sin embargo, los laboratorios la siguieron juntando con pala. Cuando hay una crisis y desocupación, algunos proponen flexibilización laboral para generar empleo otros que se repartan las horas de trabajo. O sea, queda bien como discurso simplificador, pero es absolutamente falso.

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Cuando Alberto Fernández fue designado como candidato allá por mayo de 2019 —en un giro que en ese momento bauticé hacia el “extremo centro”— Matías Kulfas, en ese momento era un economista vinculado a Alberto Fernández y terminó ocupando el cargo de ministro de Producción decía: “No creo que las herramientas sean temas inmutables e ideológicos, las herramientas son herramientas”. Una ideología que alguna vez había impulsado la llamada “tercera vía” de Tony Blair, Bill Clinton, Fernando Henrique Cardozo o Felipe González. La filósofa y politóloga belga Chantal Mouffe, en un libro titulado Por un populismo de izquierda había polemizado con esa idea de lo que llamaba el “centro radical” que —decía— “promovió una forma de política tecnocrática según la cual la política no constituía una forma de confrontación partisana, sino una administración neutral de los asuntos públicos”. Es una buena definición.

El que pregona Guzmán es uno de los tantos sentidos comunes que se buscan instalar y que en el fondo es muy neoliberal: la falacia de que puede existir una administración imparcial de los asuntos públicos. Recomendaría, dicho en lenguaje coloquial, que cuando te digan algo así te agarres los bolsillos porque el que dice que puede haber herramientas no ideológicas, “técnicas”, no políticas; te quiere escamotear que hay lucha de intereses y que toda economía es política.

Fuente: La Izquierda Diario

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