Cesar Vallejo, el revolucionario que cambió la historia de la poesía. A 130 años de su nacimiento

La poesía de  hispanoamericana, era principios del siglo veinte, como en el dieciocho y en el diecinueve, una literatura de hechura colonial. La obra de Vallejo significo una ruptura con las convenciones, él  toma distancia de lo conocido, revoluciona y libera de sus ataduras formales a  la poesía, marcando el inicio  una nueva época para la literatura universal.

“Probablemente sea el más grande poeta latinoamericano del siglo XX…. un escritor de corta vida e infinita influencia”. Julio Ortega

 “El más grande poeta del siglo XX en todos los idiomas”. Martin Seymour-Smith

“El más grande poeta desde Dante”. Thomas Merton

Estas valoraciones pueden parecer exageradas, cuando pensamos que nuestro continente es paridor de poetas de la estatura de los premios Nobel Octavio Paz, Pablo Neruda y  Gabriela Mistral, de Ruben Dario el máximo exponente del modernismo, de los uruguayos Ida Vitali y  Mario Benedetti, de Claribel Alegria y Ernesto Carenal,  de Borges y Tuñon,  de los chilenos Vicente Huidobro y  Nicanor Parra.

Si bien no soy afecto a las  definiciones categóricas como: “fue el más grande”, Vallejo,   sin duda, fue el  poeta que produjo el cambio más radical en la poesía de nuestra américa y  el mundo.

La literatura peruana y, en general la  hispanoamericana, es a principios del siglo veinte, como lo había sido en el dieciocho y en el diecinueve, una literatura colonial. El poeta obedece estrictamente a los imperativos de una escuela literaria, sigue las normas del buen gusto; y en materia de buen gusto literario, como en materia de moda, es siempre Europa la que decide. Vallejo, rompe con las convenciones, y toma distancia de lo conocido.

La corrosión que hace Vallejo del lenguaje castellano, es una revolución en la poesía de lengua española, aporta una nueva manera de ver y de sentir, un hálito vivificante de libertad a la atmósfera enrarecida que era la de la poesía hispanoamericana de su tiempo, raquítica y convencional, mal nutrida de preceptos y modas de las escuelas literarias europeas. En la obra poética de Vallejo todo irá contra la corriente; el poeta abre una vía de descubrimiento personal en la que todo es inventado, reinventado por primera vez: la visión del mundo, los motivos centrales de inspiración, la escritura poética. Y ante todo, ninguna preocupación formal, ninguna intención premeditada de escribir de manera original para distinguirse de los demás; desde el principio. Reglas consagradas y sentimientos aceptados, temas convencionales y tradiciones de buen o mal gusto, todo es dejado de lado.

Asume el riesgo, su independencia demanda de un lector capaz de rebelarse contra una realidad mal hecha,  que asimile  su radicalismo poético, que puso en duda la función referencial del lenguaje.

 En la obra poética de Vallejo todo irá contra la corriente; el poeta abre una vía de descubrimiento personal en la que todo es inventado, reinventado por primera vez: la visión del mundo, los motivos centrales de inspiración, la escritura poética. Y ante todo, ninguna preocupación formal, ninguna intención premeditada de escribir de manera original para distinguirse de los demás; desde el principio, Vallejo se busca a sí mismo entre la angustia y la esperanza, y el fruto de esa búsqueda es un lenguaje nuevo.

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Transito todos los estilos, poesía, novela, teatro, ensayos, periodismo. Sus biógrafos reconocen en su producción poética tres etapas, el  modernismo de  Los Heraldos Negros, el vanguardismo de  Trilce, y su etapa revolucionaria y de compromiso social en los  Poemas humanos y España aparta de mi este caliz.

De Los Heraldos negros hasta Trilce

Vallejo nació en Santiago de Chuco, Perú, un pequeño pueblo de montaña, situado a 3.100 metros de altura. De joven se establece en Trujillo la más importante ciudad del noroeste peruano donde participa del grupo Norte, un núcleo de intelectuales y artistas protagonistas de la bohemia trujillense, entre cuyos integrantes se encontraba  Víctor Haya de la Torre, el   filósofo y político, fundador del APRA,  Alianza Popular Revolucionaria Americana.

En 1918, a los 26 años publica Los heraldos negros. Se señala que en esa obra hay dos libros, con poesías que, si bien en el aspecto formal son todavía de filiación modernista,  constituyen a la vez el comienzo de la búsqueda de una diferenciación expresiva.

Su visión metafísica, en la búsqueda de lo trascendente se entrecruza  con lo nativo, las vivencias de los sucesos cotidianos, la vida familiar y el paisaje aldeano,  pero expresados todavía con el gusto modernista y las formas gramaticales  de la poesía clásica.  Según Mariátegui en Los heraldos negros  “principia la poesía peruana, en el sentido indigenista”.

 “Dios mío, si tú hubieras sido hombre/ hoy sabrías ser Dios/ pero tú que estuviste siempre bien/ no sientes nada de tu creación/ El hombre sí te sufre, el Dios es él”.

“La anciana pensativa, cual relieve/de un bloque pre-incaico, hila que hila;/en sus dedos de Mama el huso leve/la lana gris de su vejez trasquila…”

En mayo de 1920, retorna a Santiago de Chuco. El 1º de agosto ocurre un incendio y saqueo de una casa del pueblo, perteneciente a una familia de negociantes, suceso del que se acusa injustamente a Vallejo como participante y azuzador. Es apresado y enviado  a un calabozo de Trujillo donde permanecerá durante 112 días. Durante su estancia en prisión, Vallejo experimenta, a partes iguales, la esperanza y el abatimiento ante el género humano. Su viaje a los infiernos lo lleva a ahondar en la condición de la especie humana y a salir de ella con la seguridad de haber conocido el horror muy de cerca y, a su vez, de saberse preparado para su compromiso integral en la lucha contra las desigualdades en sus venideros años. Es en la cárcel donde escribe Trilce  el libro que cambió la  historia de la poesía. Trilce es un libro revolucionario porque pulverizó las normas estéticas y retóricas, usa vulgarismos, cultismos, regionalismos, tecnicismos, neologismos, arcaísmos. Transita por todos los niveles del lenguaje.  Crea un nuevo lenguaje poético. En el universo  de Trilce, la soledad, el encierro, la muerte, el tiempo detenido, el amor frustrado, la madre fallecida,  sus recuerdos ante un porvenir sin salida, están presentes frecuentemente.  El hombre, con su destino, su esperanza, y esa dolorosa grandeza que Vallejo cantará con voz tan vibrante en sus últimos poemas, está casi totalmente ausente.

“Oh las cuatro paredes de la celda/Ah las cuatro paredes albicantes/que sin remedio dan al mismo número/Criadero de nervios, mala brecha…”

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“La tarde cocinera se detiene/ante la mesa donde tú comiste;/y muerta de hambre tu memoria viene/sin probar ni agua, de lo puro triste…”

“La esfera terrestre del amor/que rezagóse abajo, da vuelta/y vuelta sin parar segundo /y nosotros estamos condenados a sufrir/como un centro su girar…”

Trilce, la palabra que da título es  el primer neologismo del libro. Inventada por Vallejo, su esposa Georgette reivindicó como la  única explicación de su origen la musicalidad y la eufonía del término.

En 1922, cuando da a conocer  Trilce,  Vallejo tiene  29 años, en ese  año también  se publican Ulysses de James Joyce y Tierra Baldía de T. S. Eliot, dos obras fundamentales de la literatura de habla inglesa.  También es en año cuando Garcia Lorca escribe Poemas del cante jondo.

España aparta de mí este cáliz

La salida de César Vallejo del Perú no fue como en el caso de otros intelectuales peruanos que emigraron a Europa en busca de un nuevo horizonte cultural, sino que respondió a la preocupación que sentía por el proceso judicial que lo llevó a estar preso y aún se encontraba abierto. En 1927 conoció en París a Georgette Marie Philippart Travers, una joven de 18 años que sería su compañera hasta el final de su vida.

En ese momento. Empezó a interesarse con más ahínco por las cuestiones político-sociales. Empieza a orientarse hacia el materialismo, estudia el marxismo y se involucra en la acción.  En 1928 realizó su primer viaje a Rusia. Retornó a París y fundó la célula parisina del Partido Socialista que había fundado Mariátegui en su patria, después denominado Partido Comunista Peruano.

Luego, con sus continuas colaboraciones en la revista Bolívar, dirigida por Pablo Abril de Vivero, su interés sobre el país se acrecienta y  mantiene una regular correspondencia con Mariategui.

En 1930 viajó a Madrid a raíz de la publicación de su poemario Trilce, que señaló el descubrimiento de su poesía en España. Allí es testigo de la caída de la monarquía borbónica y la proclamación de la Segunda República Española (1931); se relaciona también con grandes literatos españoles como Miguel de Unamuno, Federico García Lorca, Rafael Alberti, Gerardo Diego y José Bergamín.  Publica su novela proletaria: El tungsteno, que es un relato  sobre un conflicto en una mina de los Andes. Es una novela que ataca no solamente a los gringos, sino también a los arribistas que imitan a los extranjeros y explotan y oprimen a los pobres, los indios, y los conscriptos del ejército.

Viaja  por segunda vez a  la URSS y a su regreso pública: Rusia en 1931, Reflexiones al pie del Kremlin, que vende tres  ediciones en solo cuatro meses. La editorial le pide un cuento infantil, él  escribe Paco Yunque, una historia  de denuncia social que fue rechazada por ser muy triste. Finalmente fue publicado en 1951 y  Paco Yunque,  el nombre del protagonista infantil del relato, se convirtió  en una de las figuras emblemáticas de la literatura peruana. El cuento es en Perú, de lectura obligatoria durante la enseñanza primaria.

En 1932 César Vallejo toma una decisión que muestra su grado de compromiso político y conciencia social: se afilia al Partido Comunista de España, regresa a París y al estallar la Guerra Civil, se une a la causa Republicana y busca fondos para ayudar a los frentes antifascistas. En 1937 participa en el II Congreso de Intelectuales en defensa de la Cultura, en Madrid y en Valencia, donde conoce a Miguel Hernández, al que lo unen múltiples coincidencias personales. Ambos nacieron en pequeños pueblos, ambos debieron pasar múltiples penurias económicas se afilian al Partido de los comunistas, abrazan la causa republicana a  la que dedican su poesía Vientos de pueblo, el de Orihuela  y  España aparta de mi este cáliz, el oriundo de la sierra peruana,  ambos escribieron  en prisión, mueren jóvenes, una parte importante de su obra se publica luego de su  muerte

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La visión de la España combatiente había conmovido a Vallejo, por lo que su poética estuvo al servicio de la causa, poemas  recogidos en el libro:  España aparta de mi ese caliz  y Poemas humanos publicados después de su muerte.

 Pedro Rojas : “Solía escribir con su dedo grande en el aire/¡Vivan los compañeros! Pedro Rojas/ de Miranda de Ebro/ padre y hombre, marido y hombre/ ferroviario y hombre/ padre y más hombre, Pedro y sus dos muertes…”

Masa: “Al fin de la batalla/y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre/y le dijo: ¡No mueras, te amo tanto!/Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo/Entonces todos los hombres de la tierra/le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado/incorporóse lentamente/abrazó al primer hombre; echóse a andar…”

En estos poemas sigue presente la insatisfacción del poeta ante la vida y el pertinaz dolor de vivir; sin embargo, esta vez trae consigo una nota de esperanza. Ella radicaría en su fe en la unidad de todos los hombres.

En 1938 intuye  la derrota  republicana,  está desolado pero escribe un mensaje final esperanzador: Niños del mundo, si cae España —digo, es un decir— si cae,  salid, niños del mundo; id a buscarla.

En ese periodo, nostálgico de su tierra, escribe Telúrica y magnética : ¡Lluvia a base del mediodía/bajo el techo de tejas donde muerde/la infatigable altura/¡Indio después del hombre y antes de él!/¡Lo entiendo todo en dos flautas/y me doy a entender en una quena!/¡Y lo demás, me las pelan!…

La lluvia también está presente en su muerte. Falleció en Paris el 15 de abril de 1938,  debilitado por  la reactivación de un antiguo paludismo, que sufrió cuando era un niño.   No un jueves, como había dicho en su poema Piedra negra sobre una piedra blanca : Me moriré en París con aguacero/Un día del cual tengo ya el recuerdo/Me moriré en París y no me corro/Tal vez un jueves, como es hoy, de otoño/….. Son testigos los días jueves y los huesos húmeros /La soledad, la lluvia, los caminos.

El poeta Louis Aragón pronunció las palabras de despedida en el cementerio de Montrouge, en los suburbios del sur de la capital francesa. Después de treinta y dos años, el 3 de abril de 1970 su viuda Georgette Vallejo trasladó sus restos al cementerio de Montparnasse, escribiendo en su epitafio: “He nevado tanto para que duermas”

Fuente: silvioschachter.blogspot.com

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