Elsa Bornemann, la autora de libros infantiles que fue una amenaza para la dictadura militar

Falleció un 24 de mayo de 2013 y dejó un vasto legado de cuentos, poesías y novelas que fueron parte de la infancia de muchas generaciones. Te contamos por qué su libro Un elefante ocupa mucho espacio fue censurado por la dictadura de Jorge Rafael Videla.

DisparatarioEl libro de los chicos enamoradosEl último mago, No somos irrompiblesQueridos monstruos, el citado Un elefante ocupa mucho espacio y Socorro. Solo por nombrar algunos, es imposible no volar de golpe a la infancia y recordar estos títulos y las historias, las emociones, el miedo y el paseo por el terreno absoluto de la imaginación que provocaron los libros de Elsa Bornemann, la escritora de literatura infantil que murió un día como hoy, a los 61 años, en 2013.

Sus comienzos fueron realizando publicaciones en la editorial de unos amigos con El espejo distraído y luego con la edición de Un elefante ocupa mucho espacio. En 1976 recibió una nominación de honor del Premio Internacional Hans Christian Andersen pero al año siguiente, la dictadura cívico militar argentina incluyó el segundo libro de la escritora como parte de la lista negra de la censura ideológica. El decreto de prohibición señalaba su rol de adoctrinamiento, con el “agravante a la moral, a la Iglesia, a la familia, al ser humano y a la sociedad que éste compone”.

Rebelión en el circo

La historia de Un elefante ocupa mucho espacio es sencilla: Víctor era un elefante que trabajaba en un circo que prontamente se da cuenta que, más allá del entretenimiento, la única función que tenían los animales del circo era llenarle los bolsillos de dinero a sus dueños. Convence a los animales, oficia de delegado y declaran “Circo tomado por sus trabajadores. Huelga general de animales”. Lo increíble se vuelve real y a partir de ese momento son los humanos los obligados a entretener al público. ¿El resultado? La victoria: los dueños/humanos/empresarios cedieron y los animales lograron volver a su hábitat natural en avión. Eso sí, Víctor vuelve en un vuelo solo ya que “un elefante ocupa mucho espacio”.

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El desafío de Bornemann para escribir un relato infantil de estas características en plena dictadura militar, hablando básicamente de trabajadores organizados, le valió el reconocimiento internacional pero también la censura de Videla en un país donde de eso ya no se hablaba y que comenzaba a diezmar a militantes revolucionarios a lo largo y ancho del territorio. Tuvieron que pasar años para que las andanzas de Víctor y sus animales de huelga pudieran volver a ver la luz de las imprentas.

Autora preadolescente

Licenciada en Letras y docente, al igual que otra gran referente del género como María Elena Walsh, Bornemann supo meterse como nadie dentro de la piel para hablar de igual a igual a sus lectores sobre los primeros miedos, el primer amor, las dudas y el difícil y enrevesado tránsito a la adolescencia. Lejos de toda frivolidad, sus personajes abordan temáticas que provocan una suerte de total empatía en quienes lean sus historias, que pasaban de hablar de mundos increíbles como en El último mago y hasta de la historia sobre Hiroshima en el cuento Mil grullas, parte de No somos irrompibles.

Bornemann fue también una pionera para referirse al género de terror infantil como lo fue Socorro, una mezcla de historias de fantasmas, abuelas terroríficas, cuadros que se mueven, niños desaparecidos, robots con sentimientos y rostros sin facciones, solo por mencionar algunos de los cuentos que componen el libro.

Muchas de sus obras han sido reproducidas en libros de lectura para la escuela primaria, en manuales de Literatura para distintos niveles, y en antologías argentinas e internacionales. En 2004 la Fundación Konex entregó diplomas al Mérito a 100 personalidades destacadas de la década entre 1994 y 2003 en las Letras Argentinas. Al momento de su fallecimiento en 2013, las ediciones de sus libros en la editorial Alfaguara superaban los dos millones de ejemplares.

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Fuente: La izquierda diario

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