Hacia segunda vuelta en Colombia ¿Y ahora qué?

Especial para ContrahegemoníaWeb

El domingo 29 de mayo, y unas pocas horas después de que se cerraran las mesas en Colombia, ya se conocía el resultado oficial: Gustavo Petro y Rodolfo Hernández se medirían en la segunda vuelta (ballotage) por la presidencia. Petro sacaba la elección más importante en la historia nacional para un partido de alianza de izquierda con más de 8 millones y medio de votos, doblando casi al segundo (Rodolfo). Los mensajes entre familias, amistades y agrupaciones que votaron por la fórmula del Pacto Histórico, abundaban en señales desconcertadas “¿Y ahora qué?” Los resultados no sólo mostraban que el juego se alargaba sino que la victoria se alejaba; en segunda vuelta, la derecha suma cartas; a la izquierda se sumaron casi todas para alcanzar una victoria en primera (para nadie era un secreto que ganaría la primera vuelta, no se sabía si daba para presidencia en primera vuelta y esa fue la intención primera), o a lo mucho, apostar una segunda con Fico (un contendor más alineable al establecimiento y al continuismo).

Pueden consultarse los resultados detallados de las elecciones en este enlace: https://resultados.registraduria.gov.co/presidente/0/colombia

En estas primeras sumas y restas los votos le dan la victoria a la derecha que encabeza Rodolfo Hernández. Sin embargo, la política no es una cuestión de traslado de votos mecánica y directa; la realidad se define en estas tres semanas con el enfoque de campaña que decidan ambas agrupaciones, el posicionamiento de los medios y los grandes empresarios, y el accionar de las bases en la construcción de la intención de voto.

Las posibilidades de victoria sin lugar a dudas se pusieron muy cuesta arriba para el Pacto Histórico, aún así la esperanza de cambio sigue en pie, con muchas dificultades, pero sigue en pie. Habrá que seguir poniendo alma, vida y sombrero.

Una votación sin precedentes

El Pacto Histórico logró la mayor votación en toda la historia colombiana para una candidatura de izquierda y centro-izquierda y es un hecho remarcable y muy valorable: se hicieron muchas cosas bien para poder llegar a este punto. A pesar del monstruoso y sangriento despliegue de poder de la derecha en diferentes ámbitos y los ataques ponzoñosos que también lanzó el “centro” político, el Pacto Histórico logró consolidar la fuerza y cohesión para mantener unidas las distintas vertientes de izquierda y centro-izquierda que conforman el pacto; no es una acción fácil a sabiendas de los purismos, egos y teorías que suelen ser el polvorín para dinamitar las frágiles uniones en la izquierda. Eso no ha estado exento de diferencias y tensiones, que se han sabido sortear por adentro, porque afuera todo el arco ha estado en contra desplegando el más asqueroso clasismo, racismo, machismo y arribismo. No ha habido insultos que se hayan ahorrado.

El Pacto Histórico logró vencer toda la caterva de derecha y centro en las elecciones legislativas con la mayor votación tanto para Congreso como en las consultas presidenciales; y en las pasadas elecciones sostuvo una votación de más de 8 millones de personas que decidieron escoger la propuesta.

Esto ha roto también con los “techos” que siempre le ponen a Gustavo Petro. Cada vez que Petro suma una nueva cantidad de votos (en la primera vuelta de 2018 tuvo casi 5 millones de votos), los analistas y politólogos repiten al unísono: Petro ha llegado a su techo. Hasta ahora el techo, si bien no ha permitido el triunfo, ha sido un “techo” bastante frágil. De hecho, una de las críticas realizadas a Petro por parte de algunos sectores es que es demasiado académico, con un lenguaje que ha estado más enfocado en hacer comprensibles sus propuestas a ese sector de la clase media que le tiene desconfianza y que espera de él “menos populismo y balcón” -aunque le ha supuesto por ese mismo sector un reconocimiento del aumento del nivel político-discursivo y el desarrollo de sus propuestas, pues suelen mencionar que es el único que explica como estadista lo que propone. En una entrevista, uno de los líderes en Cali del estallido social del 2021, decía que si algo le tenía que decir a Petro sería (parafraseando) que intentara ser menos complicado con el lenguaje técnico en sus propuestas, para que la gente en las calles pudiera entenderlo mejor. Esto nos deja ver de alguna manera que un sector de la centro-izquierda representado por Petro y otras figuras, por sus propias características o por “el miedo” a parecer populistas con “frases fáciles de entender”, a quedar marcado en llamar las cosas por su nombre y sin tanto rodeo, se refugian en tecnicismos que solo una parte de la población está habituado a entender. Un miedo que podría ser absurdo, porque el moquete de “populistas” ya lo tienen todas las figuras de izquierda, quieran o no. Aún así es de reconocer también que en este punto Francia Márquez le ha dado potencia territorial y popular a las propuestas, lo que no quiere para nada decir que las haga menos complejas o profundas: “vamos a vivir sabroso”, por ejemplo, es toda una carga de sentido.

El país del No en el plebiscito es el país de Rodolfo

Como puede verse en estas imágenes de las votaciones del plebiscito por la ratificación de los acuerdos de la Habana con las ex-FARC (2016, a la derecha) y las recientes elecciones presidenciales (2022, a la izquierda) las regiones del país que votaron a Petro en el 2022 se encuentran en el Sí y las regiones que votaron por el No apoyan a Rodolfo Hernández (salvo Antioquia, bastión del uribismo que votó por Federico Gutiérrez y Bogotá, tradicionalmente con una votación hacia la izquierda)

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La figura de Rodolfo Hernández ha venido siendo caracterizada en diversos medios de comunicación con mayor o menor acierto (en el jet set local lo ubican como un Milei). En este hilo de Twitter puede verse un poco de los posicionamientos que tiene: https://twitter.com/VoragineCo/status/1531300494672633856

Sus posturas claramente son misóginas, xenófobas, racistas… y un montón de cosas terribles más. Además, ha hecho su fortuna, como todas las fortunas, a costa del trabajo ajeno: en particular de los intereses que cobró en la financiación de proyectos inmobiliarios. Y disfruta de ello. Un usurero. No obstante, y a pesar de todo esto que gran parte de la población conocía con mayor o menor profundidad, recibió una votación de casi 5 millones de personas. Ganó incluso en un departamento llamado Vichada, a pesar que quedase registrado en un video viral en campaña su desconocimiento de este lugar de su propio país (cuando alguien le preguntó si podía enviar un saludo al Vichada dijo “¿Y eso qué es?”).

Algunas personas con labilidad empiezan a mencionar en un análisis superfluo y clasemediero que claramente la votación de Rodolfo da cuenta de ese país machista, patriarcal, racista y xenófobo. ¿Y quién es ese país? Obviamente el análisis concluye, o mejor, sentencia: las clases populares, que además son burras porque además votan en contra de sus propios intereses. No como la clase media intelectualizada, que tiene un voto de opinión formado. En fin.

Cuesta creer que casi 5 millones de personas salgan a votar por las banderas del patriarcado, la xenofobia y la usura (más allá de que algunas personas energúmenas votan a favor de estas banderas). Hay muchas más cosas por las que tantas personas salen a votar por estos personajes; y muchas veces a sabiendas que tienen cosas “que no gustan” como la misoginia o la usura. Valga decir también que la votación de Rodolfo excede a las clases populares (quienes también votaron en masa por Petro) y se ubica en diversos sectores de la amplia y difusa clase media.

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En este sentido, Rodolfo dejó de asistir a los debates presidenciales. No le importó. Mientras el resto de los candidatos de derecha se disputaban el lugar para pegarle a Petro cada vez que podían, Rodolfo no asistió más y no dio entrevistas desde dos semanas antes de las elecciones. Se encerró en su mansión. Rodolfo apeló a un sector social que quizá no ve los debates o no le interesan, que quizá no está pendiente de la coherencia teórica y el hilo fino de las propuestas. Rodolfo siguió llegando con TikTok y mensajes vacíos en redes: contra la corrupción y la politiquería, contra el establecimiento, contra las élites… contra todo lo que una vez fue bandera de la izquierda y que hoy cada vez más es patrimonio de esa derecha empresaria que decide entrar al debate político y captar la justa rabia de los de afuera. De alguna manera con sus aparentes desconocimientos del funcionamiento del Estado, Rodolfo parecía estar mandando el mensaje “No entiendo el estado, como usted que tampoco lo entiende, pero no importa, vamos a acabar con los corruptos”. Y ese terreno del lenguaje fácil y pegadizo lo está manejando muy bien. Un terreno en el que en la izquierda suele ser complejo moverse. Sin desconocer que desde el PH se hicieron grandes esfuerzos para posicionar frases simples con fuerte posicionamiento político.

Para poder revertir la tendencia y ganar estas elecciones, hay mucho por repensar y entender de la estrategia de estas derechas: Rodolfo prometió en un video que todos los colombianos íbamos a poder conocer el mar…

El país uribista es el país de Rodolfo

En estas elecciones perdió Uribe como cacique político; perdió Duque, por su gobierno dictatorial que fue la sepultura del partido del uribismo, el Centro Democrático; perdió su candidato, Federico Gutiérrez, que no le bastó para llegar la maquinaria de los partidos de gobierno, el apoyo de la institucionalidad y la presión paramilitar.

Pero no perdió el uribismo, porque Rodolfo es el nuevo plan. Es muy improbable que el uribismo moviera tras bambalinas los vagones para posicionar a Rodolfo, lo que sí es evidente que ante la derrota de su candidato se van a mover con facilidad hacia ese tren. Rodolfo enarbola gran parte de las banderas del uribismo y les da la posibilidad de seguir en el poder político: gobierno o legislativo.

Rodolfo ya ha recibido la adhesión del candidato del uribismo (Fico), que más se tardó en asumir la derrota que en cantar su apoyo al “ingeniero Rodolfo”. Este apoyo es un lastre que el mismo Rodolfo se quiere quitar en público y sostener en privado. No tiene otra forma de gobernar si es que llega a ser presidente: sólo tiene un congresista. Para gobernar va a necesitar bancada y el congreso es mayoritariamente de partidos de derecha, aun cuando el PH tuvo la más alta votación para ganar la mayor representatividad partidaria (no mayoría).

También recibió los apoyos de los candidatos presidenciales de derecha Jhon Milton Rodríguez, del ultraderechista Enrique Gómez, y de la excandidata de derecha Ingrid Betancourt quien se adhirió a su campaña mucho antes de las elecciones.

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¿Y el centro? “Son lo mismo”

El candidato de centro Sergio Fajardo sufrió una estruendosa derrota. Los votos que representa son de difícil endose a cualquiera de los dos candidatos en disputa para la segunda vuelta. En general, los simpatizantes de esa colectividad (periodistas, políticos e intelectuales) han sostenido el discurso de que ambas propuestas “son lo mismo”, el mismo y peligroso populismo.

En redes, que no es más que un termómetro de lo que sucede ahí, sus militantes han desplegado una campaña de justificación de posibles votos (no adhesiones colectivas) al candidato de la derecha, por lo que ellos llaman: el ataque de los barra bravas del petrismo. Mencionan en repetidas ocasiones que es difícil votar por Petro puesto que sus simpatizantes son muy violentos en las redes y les enrostran cada dos por tres el apoyo que dieron a Duque para que no ganara Petro. Dicen que el petrismo se ha dedicado a criticarles y no a convencerles de no votar por la derecha, que sí es “diplomática”. Dicen que la violencia de las redes da un indicio del futuro gobierno y del país.

Para el centro pareciera que la violencia real (no de redes) que vive Colombia sucede en otro país, pareciera que no bastan todos los muertos y la miseria para que se convenzan de la necesidad de un cambio ya. No, según ellos, que no voten por un cambio es porque la izquierda no ha hecho lo posible para seducir su adhesión y más bien los ahuyenta a los brazos (cómodos) de la derecha.

El día de ayer 30 de mayo la agrupación de Fajardo “Coalición Centro Esperanza” dio libertad a sus partidarios para votar. Por lo menos esta vez no militaron el voto en blanco.

Lo que viene

Se vienen tres semanas de intensa campaña, para intentar sostener los ocho millones y medio de votos y conseguir los 2 millones de votos más que permitirían estar en la pelea. Habrá que apelar a los indecisos que no votaron en esta jornada y a los que nunca votan (que representan casi el 45% del padrón electoral, unos 18 millones de votantes); intentar bajar los votos directos del uribismo a Rodolfo, convenciendo a quienes no quieren a Uribe bajo ninguna perspectiva (y tampoco a Petro) para que vean cómo el “ingeniero” gobernará con la misma institucionalidad y élite que dice criticar; convencer a la clase media que aún ve con malos ojos el populismo o algunos de los apoyos politiqueros que ha recibido Petro para que se decidan a romper con el purismo; en fin, las mil y una para seguir dando batalla.

Y sobre todo no sobre dimensionar a Rodolfo pero bajo ninguna perspectiva caer en discursos triunfalistas o de ningunearlo porque no tiene estructura partidaria definida. Es un error grave pensarlo así, varios ejemplos recientes nos muestran que no es abiertamente necesario dicho respaldo para ganar elecciones.

(La gráfica muestra la cantidad de personas que votaron (amarillo) y las que no votaron (gris).

Nadie nunca dijo que iba a ser fácil, pero a veces cuesta dimensionar todo lo difícil que es derrotar a una derecha de 200 años en el poder, marcados con sangre y muerte de las clases populares. Sabemos que el fantasma del plebiscito nos respira en la oreja, con sus decepciones y aprendizajes. Y por eso aquí estamos, en la disputa, y seguiremos en la lucha.

Como dicen los comentaristas de fútbol con una lógica de campeonato: los partidos se acaban cuando el árbitro da el pitazo final. Nos quedan tres semanas, nunca antes en la historia habíamos estado tan cerca, nos queda hacer valer todo el trabajo y las luchas de nuestras compañeras y compañeros en el campo y en las ciudades, los pueblos indígenas y afros, los campesinos, los estudiantes y trabajadores que construyeron con sus vidas, con sus ojos, con sus cantos, con sus resistencias y alegrías ante la dictadura narco-empresarial este escenario de posibilidad que nos sigue permitiendo soñar.

Así no sea en tres semanas, o en cuatro años, ellos que tienen el odio no podrán robarnos esta lucha inmensa desde abajo y por nuestro mañana con alegría.

¡Que se cuiden los del club, que allá vamos los ñeros una y otra vez!

Arantxa Segura Fernández

Analista de Género y Diversidad

ig: ara_nt

Christian Camilo Díaz Barrios

Docente

Tw: @elmuiscoso

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