Los desafíos de la izquierda

Especial para ContrahegemoníaWeb

La democracia liberal tiene como principal sustento la ilusión de la libre elección de representantes del pueblo. Sabemos que las cosas no son tan simples: el acto del sufragio está condicionado por estrategias de marketing, por grupos de poder que impulsan a ciertos candidatos y que compran a muchos cuando son electos, por una cultura política débil, entre otras cosas. El “fenómeno Milei” es una demostración más de cómo se puede manipular la opinión pública, presentando como novedosa una figura que actualiza viejas aspiraciones de una derecha económicamente neoliberal, culturalmente ultraconservadora y políticamente violenta y sectaria. Al lado del economista gritón, Larreta es moderado y Alberto Fernández parece el Che Guevara. Tanto ha conseguido correr hacia ese lado los límites de la agenda política.

Como otras derechas extremas, desarrolla un relato épico que presupone la supremacía de la voluntad sobre la verdad, que afirma la necesidad de defender la patria frente a grupos de corruptos y de ignorantes, que sobreviven a costas de la gente honesta, trabajadora y productiva. El discurso es tan falaz y simplificador como efectivo, en medio de una crisis económica y de la deslegitimación de los partidos del sistema. La remanida grieta entre el macrismo y el kirchnerismo provocó un hartazgo generalizado, que también colaboró en el éxito de esta derecha que promete un nuevo inicio, un momento fundacional.

En tal escenario, JxC se estremece por la tensión interna entre quienes desean profundizar su vocación de derecha y proponen fundirse en un abrazo con Milei y quienes pretenden salvar cierta imagen democrática y progresista, con fines electoralistas. La burguesía nacional, la oligarquía agropecuaria y los grupos capitalistas transnacionales están exultantes, porque hace cuatro o cinco años era impensable la posibilidad de llegar a este momento con tantos candidatos presidenciales con chances reales (Macri, Larreta, Bullrich, Milei, Morales, etc.). La selección del próximo gerente les resulta hasta risueña.

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El peronismo, por su parte, está atravesando el duelo de asumir que encarna una decepción popular y que hay una clara tendencia a la derrota en las próximas elecciones nacionales. Por eso, además de sobreactuar demostraciones de frustración y reproches, intenta salvar los gobiernos provinciales mediante el adelantamiento de esas elecciones. Esta vez no hay una figura como la de Néstor, que recicló a casi todos después del “Que se vayan todos” del 2001. Y, para muchos, preservar el negocio es más importante que restaurar el vínculo con la clase trabajadora.

Además, está la izquierda, que en las últimas elecciones se consolidó como tercera fuerza nacional y que en algunos distritos tuvo un desempeño interesante.

Mañana es 2023

Hablar de “izquierda” en términos electorales es, sobre todo, hablar del Frente de Izquierda y de los Trabajadores – Unidad (FIT-U), es decir, de una alianza de partidos troskistas con alcance en todo el país. Hay otras organizaciones partidarias de izquierda, claro, algunas compiten electoralmente fuera del FIT-U y otras permanecen fuera del juego electoral. También hay sectores que no se identifican con ninguna de esas estructuras y que ansían -sin mucha esperanza- la organización de un movimiento político y cultural socialista y popular sin los vicios que han caracterizado y caracterizan las relaciones entre partidos de izquierda. Por último, hay sectores que se han sentido entusiasmados por el carácter progresista del kirchnerismo y que ahora están desencantados.

El campo de la izquierda, muy heterogéneo y lejos de estar unificado, manifiesta desplazamientos, contradicciones y enormes potencialidades. Sin embargo, más allá de las diferencias imperantes, hay fuertes coincidencias en lo que podría denominarse un núcleo ideológico, es decir, un conjunto de supuestos compartido por muchos sectores que se reconocen de izquierda. Por ejemplo, el rechazo al capitalismo y al colonialismo, la reivindicación de la diversidad de géneros, el apoyo a la lucha de los pueblos originarios y a la de los movimientos socioambientales que enfrentan el modelo extractivista, la convicción de la validez de la movilización colectiva como método para defender y conquistar derechos, el supuesto de la importancia del Estado como modo herramienta democratizadora. En términos generales, la aceptación de que la lucha de clases es el principal antagonismo, pero no el único.

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La izquierda ha cambiado. “Se ha aggiornado”, dicen algunos; “Ha evolucionado”, dicen otros. Como sea, considero que, en líneas generales, sus diagnósticos son correctos.

El capitalismo es un sistema intrínsecamente injusto y, para superarlo, el socialismo sigue siendo la mejor alternativa posible (un socialismo que no podrá ni deberá ser una réplica de los socialismos del siglo XX). Para quienes compartimos esta idea, es importante la dinámica de los partidos de izquierda, aunque entendamos las trampas de la democracia liberal. Las campañas y los resultados electorales sirven como indicios de procesos colectivos más complejos.

En esta línea, el FIT-U enfrenta algunos desafíos urgentes de cara al 2023, sobre todo, teniendo en cuenta el adelantamiento de varias elecciones provinciales. El principal es abrir vías de diálogo y de articulación con organizaciones populares que, en distintos puntos del territorio, luchan contra las diferentes modalidades del capitalismo. Para eso, tiene que consensuar una voluntad de apertura que hasta ahora no ha manifestado. Es en algún punto contradictorio con los principios declarados que no haya una línea de construcción fundada en discusiones de base, sin pasar por el filtro del reclutamiento partidario (el privilegio de la parte sobre el todo).

Dentro del frente, hay sectores que ven esta posibilidad como el mejor camino para el crecimiento organizado de la izquierda y hay otros que ven ahí un peligro de descarrilamiento hacia una centroizquierda que siempre termina absorbida por el populismo capitalista. Sin embargo, es un hecho que hay muchos militantes socialistas y anticapitalistas que, en el cuarto oscuro, eligen la boleta del FIT-U, aunque no se sienten contenidos por ninguno de los partidos que lo integran ni son convocados a participar en discusiones de diagnóstico ni de elaboración de programas. Lo mismo sucede con muchísimas personas que, sin ser militantes, miran con simpatía este espacio.

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El FIT-U debería ser menos centralista y establecer mesas de coordinación provinciales, con el fin de adecuar los posicionamientos nacionales a cada realidad regional y, a la vez, nutrir sus posturas con elementos territoriales. Una instancia de conducción provincial, aunque lógicamente enmarcada en los lineamientos de la mesa nacional, haría posible elaborar pronunciamientos y propuestas provinciales, organizar mejores campañas y planificar de un modo fluido actividades de realización conjunta entre las fuerzas del frente.

La elección legislativa del 2021 estuvo marcada por una interna, en las PASO, que debilitó la campaña posterior. En muchos lugares, cada partido hizo campaña por su lado y por sus candidatos. La unidad fue solo parcial.

Para ser más que un sello electoral y encausar un movimiento popular y revolucionario, es necesario avanzar en ese rumbo, sin sectarismos, con generosidad y con la convicción de la necesidad de unidad sobre la base de un programa claro en su orientación y abierto a aportes coherentes.

A diferencia de la derecha caricaturesca, en este milenio, la izquierda argentina no consiguió elaborar aún un relato épico que despierte pasiones. Su discurso es racional y refutativo, lo que de algún modo resulta previsible e inevitable. Pero, además, debe afrontar desafío de poner en palabras el futuro utópico por el que lucha. Y ese futuro debe ser creíble y deseable para la gran mayoría de los trabajadores.

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