Desmontando prejuicios antigitanos: antirracismo, memoria y militancia LGTBIQ+

La comunidad rom, gitana o zíngara conmemoró, el pasado 16 de mayo, el Día de la Resistencia del Pueblo Romaní en recuerdo del levantamiento armado que protagonizaron contra el intento de exterminio llevado a cabo por los nazis alemanes y austríacos durante la Segunda Guerra Mundial.

Con el creciente murmullo de los discursos de odio y de expresiones políticas explícitamente racistas, las y los gitanos, como las personas migrantes y otras minorías, son el enemigo de las nuevas-viejas derechas.

Se calcula que les gitanes comenzaron a rodar en sus carretas desde la India en algún momento entre el siglo VI y el XI. Concibieron el mundo como patria y al otro -cualquiera fuere- como compatriota, y desde entonces han sido objeto de persecuciones, exilios, marginación y pobreza estructural, además de severos intentos de exterminio y discriminaciones que duran hasta hoy.

Sobre la resistencia del pueblo romaní, sus resiliencias, sus diversidades y perspectivas, La tinta dialogó con el activista gitano LGTBIQ+, Iñaki Vázquez Arencón, del colectivo La Fragua Projects.

—En primer lugar, me gustaría conocer un poco tu trayectoria, ¿cómo y desde cuando abrazas tu identidad gitana y la conviertes en un espacio de militancia y lucha?

Desde siempre, en mi familia, abrazamos nuestra identidad con mucho orgullo y pasión. De hecho, mis padres emigraron en su momento a Alemania y luego regresaron a España, aunque no a su Extremadura de origen, sino que se instalaron en Cataluña. Eso hizo que los lazos familiares estuvieran muy lejos, había mucha distancia entre cada lugar y eso fue generando un relato casi mitificado sobre nuestro andar.

Por otro lado, yo comencé en el activismo gitano también fruto de mis otros intereses sociales, sindicales, ecologistas, políticos y especialmente en el colectivo LGTBIQ+. En 2005, fui portavoz de una de las organizaciones LGTB+ de Tarragona, llamada H2O. Aunque mi actividad en pro de la comunidad gitana comenzó hace 25 años, esta era, de alguna manera, una militancia tangencial que, al final, se intersectó con mis otros intereses.

—A propósito de la efemérides del 16 de mayo, el Día de la Resistencia es relativamente desconocido o poco respaldado por las instituciones no gitanas, ¿a qué se debe? ¿Qué podés contar sobre el episodio que se conmemora?

Es cierto que el Día de la Resistencia Gitana es desconocido todavía comparado con el 8 de abril, fecha en que se conmemora el primer Congreso Internacional Gitano. Sin embargo, en la última década, estamos viendo cómo el esfuerzo que hacemos por poner en el calendario nuestras fechas más señaladas comienza a dar sus frutos.

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El día de la Resistencia Romaní conmemora la jornada en que resistimos como pueblo frente a los escuadrones de la muerte de las SS. En aquel momento, como los gitanos presentaban mucha resistencia, decidieron encerrar a todas las familias en el mismo pabellón, concretamente, el número 13 de Auschwitz-Birkenau. El 16 de mayo de 1944, estaba dispuesto que murieran todos en las cámaras de gas. Algunos gitanos se enteraron, se armaron con palos y piedras, y se enfrentaron a sus verdugos. Es importante mencionar que ese levantamiento evitó que fueran asesinados en el momento, aunque finalmente serían gaseados dos meses después, en lo que se conoce en el mundo gitano como Porrajmos “Devoración” o Samudaripen.

La fecha tiene una especial relevancia porque evidencia por qué el pueblo gitano sigue vivo. Es un pueblo fuerte, resistente y resiliente. Ese es el día de nuestros héroes y por eso, desde La Fragua Projects, creemos que es el día más importante del calendario del pueblo gitano.

—Vivimos un momento de ascenso de los discursos de odio y de la extrema derecha. ¿Qué significación tiene hoy el 16 de mayo a la luz de estos fenómenos? ¿Qué te pasa a vos como gitano español cuando escuchás las opiniones de Vox en el parlamento?

Nos parece profundamente peligroso. Nosotros hemos vivido en propia carne las consecuencias de lo que pasa cuando la extrema derecha llega al poder. Hemos compartido las cámaras de gas con el pueblo judío, con la comunidad LGTBIQ+ y con otras minorías perseguidas.

El discurso de Vox es profundamente racista, aunque hay que señalar que tienen una táctica discursiva particular con respecto a los gitanos: se cuidan especialmente de desarrollar posturas específicamente antigitanas, porque, en su “ideario”, los gitanos somos españoles y ellos defienden esta concepción rancia de la españolidad como un todo.

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A pesar de esta pirueta discursiva, no nos dejamos confundir y detectamos que el fascismo está ganando terreno en toda Europa e inoculando el odio hacia cualquiera que sea diferente. Si bien Vox no apunta directamente contra los gitanos que tenemos nacionalidad española, sí es muy beligerante con nuestros hermanos rumanos, búlgaros o ucranianos donde la comunidad gitana es víctima de esta mirada racista y fascista.

Aprovecho la mención a Ucrania para señalar que, desde La Fragua Projects, venimos haciendo continuos llamamientos a la Unión Europea para que garantice los derechos humanos también para la comunidad gitana ucraniana, que arrastra años de discriminación desde antes de la guerra.

—Fuiste portavoz de la asociación LGTBIQ+ “H2O”. ¿Existen colectivos de la diversidad sexual y de género dentro del mundo gitano? ¿Hay doble discriminación contra les romaníes que, además, son parte del colectivo LGBTIQ+?

Por un lado, hay que decir que las categorías LGTBIQ+ nos incomodan un poco. Creemos que son conceptos blancos, que de alguna manera tienen una relación compleja con la comunidad gitana. Como personas racializadas, preferimos utilizar el término disidencia sexual y de género.

A lo largo de la historia, han habido muchos referentes de la comunidad gitana que se identificaron e identifican con la diversidad sexual y de género. De hecho, una de las organizadoras de la primera Marcha del Orgullo de Madrid era una mujer transexual gitana llamada Miryam Amaya. Actualmente, en España, hay varias organizaciones LGTBI+ gitanas como Ververipen, que en romaní quiere decir “diversidad”.

Por otro lado, sí existe esa doble discriminación, que además es transversal y que fundamentalmente viene del conjunto de la sociedad, no necesariamente desde dentro de la comunidad gitana.

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—Por último, los prejuicios antigitanos sugieren que el mundo romaní está construido alrededor de las figuras masculinas, que es un mundo patriarcal y machista. ¿Qué podés contar sobre los feminismos gitanos?

Como me considero un hombre aliado de la lucha feminista gitana y del feminismo en general, lo primero que te diría es que no me toca a mí hablar de esto. Me interesa estar al lado de sus decisiones y discusiones, pero al lado, no por delante.

Los gitanos vivimos en un mundo machista y masculino en el sentido negativo del término, pero no mucho más del que habita la sociedad en general. Al pueblo gitano, como a todos, nos atraviesan también discriminaciones internas. Obviamente, no las defiendo, pero hay algo de prejuicio en pensar que el patriarcado es especialmente patrimonio gitano.

Quien observa que el pueblo gitano está solamente construido alrededor de las figuras masculinas y patriarcales se está dejando llevar por un prejuicio proyectado desde un lugar de negación de la alteridad y por un profundo desconocimiento del funcionamiento de las familias gitanas.

Es evidente que las sociedades han evolucionado en su opinión sobre los derechos de las mujeres y es saludable, pero, desde este nuevo contexto histórico, se señala a los gitanos y a los colectivos racializados. Hace apenas un siglo, era justamente al revés: se consideraba que los gitanos éramos una suerte de bestias sexuales por nuestra apertura en ese terreno y se nos discriminaba por eso.

Por supuesto, no niego la existencia de dinámicas machistas, pero estas no están en el mundo gitano en mayor cuantía que en cualquier otro ámbito de la sociedad. De hecho, el último estudio de la Fundación Kamira sobre masculinidades hegemónicas en la comunidad gitana indica que la relación de los varones gitanos con la violencia machista es la misma que habita en otras masculinidades no gitanas.

Fuente: La Tinta

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