7 falacias sobre el lenguaje inclusivo

A la luz de los encendidos debates respecto del lenguaje inclusivo, quisiera compartir un breve comentario sobre algunas afirmaciones que es común escuchar.

1. “Nos quieren imponer el uso del lenguaje inclusivo”

Hay varias instituciones en las que se ha aprobado el uso de esta nueva modalidad del español, pero en ningún caso se ha establecido su obligatoriedad. Nadie en ningún ámbito está obligado a utilizarla. La aprobación del uso no implica la obligatoriedad, sino la posibilidad de que, si alguien quiere expresarse de ese modo, pueda hacerlo.

En resumen, el lenguaje inclusivo es una opción, no una obligación.

2. “El lenguaje inclusivo es una deformación del español”

Todos los idiomas cambian y muchas veces esos cambios son resistidos por la tradición. Pero la variación lingüística es algo inevitable. No está de más recordar que, para muchos hablantes de España, las variantes americanas (en especial, nuestro voseo) todavía son vistas como una deformación del español. Y el español, a su vez, es una lengua romance que surgió como una deformación del latín, el que a su vez fue una deformación del indoeuropeo. La historia está llena de deformaciones exitosas. Se denomina deformación, entonces, a un cambio que no se ajusta a las preferencias dominantes. El lenguaje inclusivo no afecta la eficacia comunicativa del idioma; es más, la incrementa, en tanto establece distinciones que, de otro modo, se pasarían por alto.

Que algo no nos guste no implica que esté mal (ni que sea deforme).

3. “La última palabra la tiene la Real Academia Española”

La RAE es una institución encargada de conservar el español, por lo tanto, es comprensible su rechazo a novedades como el lenguaje inclusivo. Fue creada con el objetivo de mantener la unidad lingüística en un proceso de expansión colonial, bajo el lema “Limpia, fija y da esplendor”. Al no ser Argentina una colonia española, podemos discutir, revisar y establecer normas acerca del correcto hablar, aunque que no se correspondan con las que rigen en España (donde, dicho sea de paso, también hay una diversidad lingüística que escapa a la autoridad de la RAE).

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En nuestro país, hay varias instituciones académicas que tienen autoridad para opinar sobre el lenguaje inclusivo.

4. “El lenguaje inclusivo es un obstáculo para el aprendizaje de la lectura y la escritura”

Si el lenguaje inclusivo es enseñado como una variedad más del español a estudiantes de los últimos años de la escuela primaria o del secundario, puede ser un estímulo muy efectivo para reflexionar sobre las posibilidades del sistema de la lengua. Su estudio promueve el análisis de la morfología y el reconocimiento de las reglas de concordancia.

Los diseños curriculares de Lengua de todo el país establecen que hay que reconocer y valorar la diversidad lingüística. Por lo tanto, lejos de ser prohibido, el lenguaje inclusivo debe ser respetado como una variedad existente y legítima.

5. “El lenguaje inclusivo es promovido por intereses ideológicos”

La ideología determina todas nuestras prácticas. A veces, no somos conscientes de ella y, por eso, nos parece que no está. Sucede cuando utilizamos con naturalidad expresiones como “googlear”, “whatsappear”, “lobby”, “computadora”, “crossfit” o “celular”, que materializan una sumisión a la cultura norteamericana. Pero, como no reconocemos la dimensión ideológica detrás de estos neologismos, no nos sentimos incómodos. En cambio, al saber que hay grupos políticos que impulsan el lenguaje inclusivo, puede parecer que, a diferencia de lo otro, esto sí es ideológico.

Además, el hecho de que haya una motivación ideológica y política no implica que sea algo malo. Una gran cantidad de estudios lingüísticos en Argentina, desarrollados por investigadores de diferentes universidades, apoyan los argumentos que justifican esta nueva variante.

La historia también está repleta de propuestas ideológicas y políticas que son exitosas. El voto femenino, el aguinaldo, las vacaciones pagas, la educación pública y gratuita son muy buenos ejemplos.

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6. “Para evitar la expansión del lenguaje inclusivo, hay que prohibirlo”

Si el lenguaje inclusivo llegara a ser prohibido y censurado, no dejaría de existir. Es más, posiblemente estas medidas represivas solo contribuirían a incentivar su uso y, al final, terminarían siendo ridiculizadas y derogadas. Esto es lo que ocurre en general cuando una prohibición se apoya principalmente en prejuicios.

7. “El lenguaje inclusivo está asociado a la decadencia de la educación”

Cualquiera que tenga memoria sabe que los problemas educativos son de larga data y, luego de la reforma menemista, en muchas provincias se han ido agravando progresivamente. Hay múltiples causas y múltiples responsables, pero el problema de fondo no es el hecho de que algunos docentes o estudiantes hayan adoptado el lenguaje inclusivo. Si cada vez más alumnos egresan del secundario con problemas para leer textos complejos y para escribir bien, como sociedad tendríamos que estar discutiendo cosas más importantes.

Fuente: el extremo sur

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