Libertad para morirse de hambre

Grabois: “Si vos tenés que elegir entre no comer y ser explotado por 18 horas, 14 o 10, yo elegiría ser explotado, pero esa no es mi voluntad”.

Milei: “¿Cómo qué no? También podés elegir si querés morirte de hambre. ¡Y claro, obvio!” Luego: “Cada uno puede hacer de su vida lo que se le dé la gana. ¿Por qué me querés imponer una preferencia? ¿No te parece autoritario?”. Cruce en el debate Milei-Grabois (aquí).

Mucha gente ha rechazado, indignada, la afirmación de Milei sobre que el obrero ejerce su libertad al optar entre ser explotado y morirse de hambre. Pero lo que ha dicho el diputado anarco-capitalista constituye la relación de producción base de la sociedad actual. Recordemos también que este argumento de Milei fue adelantado, hace ya años, por el ideólogo de la derecha, ex profesor en Harvard, Columbia, Oxford y Princeton, Robert Nozick (1938-2002). A igual que el austriaco de las pampas, Nozick sostuvo que cuando el obrero establece un contrato con el capitalista, a cambio de un salario, lo hace libremente ya que puede elegir trabajar para otro capitalista y, en última instancia, puede elegir morirse de hambre (véase p. 255). Anotamos asimismo su sugerencia de que los obreros compren las empresas “con las reservas de dinero de propiedad personal” y establezcan fábricas bajo su control (p. 248). Para una crítica de este programa de “paquetes accionarios populares”, véase aquí.

En cualquier caso, estamos en el punto nodal de la explicación de Marx de la forma en que es explotado el trabajo en el modo de producción capitalista. En lo que sigue presentamos algunas reflexiones sobre el tema.  

Explotación y libertad

Empecemos recordando que el argumento central de Marx es que el proletario está privado de los medios de producción y por lo tanto debe vender su fuerza de trabajo para obtener sus medios de vida. Pero el capitalista solo le da trabajo si el obrero acepta entregar plustrabajo gratis. Para el obrero, la alternativa disponible es morir de hambre (o caer, junto a su familia, en la indigencia). En consecuencia, es “libre” en dos sentidos. Por un lado, porque lo han “liberado” de la propiedad de medios de producción (para una discusión de ese aspecto, véase aquí). Por otro, porque es libre de ir al mercado y vender su fuerza de trabajo.

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Así, la explotación se establece a través de una transacción en la que capitalista y obrero aparecen como propietarios, uno de los medios de producción y consumo, el otro de su fuerza de trabajo. Por eso, es una forma de explotación distinta de la que ocurre en el esclavismo o el feudalismo. En estos regímenes sociales la explotación ocurre a través de la coerción extraeconómica (o sea, manu militari). En el capitalismo, en cambio, la transacción es libre formalmente (encaja en la concepción negativa de la libertad). Pero sigue siendo, de contenido, una relación no libre, en lo que hace al poder real del obrero de elegir entre alternativas y realizar sus potencialidades humanas y sus aspiraciones (concepción que entronca con la noción positiva de la libertad). En la actual sociedad está obligado a optar entre ser explotado y morir de hambre, disyuntiva que no se le presenta al propietario de los medios de producción. Con su habitual superficialidad, Milei pasa por alto esta diferencia sustancial.

Naturalmente, los apologistas del capitalismo también pasan por alto la pregunta de por qué en el mercado aparecen por un lado los propietarios de los medios de producción y subsistencia, y por el otro los cientos de millones que no poseen más que su fuerza de trabajo. No es una relación natural, ni común a todos los períodos históricos. Es, por el contrario, “el resultado de un desarrollo histórico precedente” (Marx, 1999, p. 206, t. 1). Pero de eso tampoco se habla en las elevadas cumbres de la ciencia burguesa.

Individualismo y análisis de clase, relación formal y contenido

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Lo explicado en el punto anterior pone de relieve la centralidad del análisis de clase. Es que el capitalista y el obrero llegan al mercado no como simples individuos “libres”, sino como portadores de relaciones sociales: “la relación de clase entre el capitalista y el asalariado ya existe, ya está presupuesta en el momento en que ambos se enfrentan en el acto Dinero – Fuerza de Trabajo… Es compra y venta, relación dineraria, pero una compra y una venta en las que se presuponen el comprador como capitalista y el vendedor como asalariado, y esta relación está dada por el hecho de que las condiciones para que se efectivice la fuerza de trabajo –medios de subsistencia y medios de producción- están separados como propiedad ajena del poseedor de la fuerza de trabajo” (p. 37, t. 2, ibid.). Se trata de “distintas condiciones económicas fundamentales en que se enfrentan comprador y vendedor, en su relación de clase” (p. 38, ibid.; énfasis nuestro).

Una relación que implica una relación de poder del capital. Capitalista y obrero son formalmente iguales, pero el capitalista se apropia sin equivalente de trabajo vivo ajeno: “La propiedad aparece ahora, de parte del capitalista, como el derecho de apropiarse de trabajo ajeno impago, o de su producto; de parte del obrero, como la imposibilidad de apropiarse de su propio producto” (p. 721, t. 1, ibid.; énfasis agregado). La concentración creciente de medios de producción y riqueza en manos del capital es su consecuencia necesaria (véase ibid.).  

La condición necesaria de la explotación

Subrayamos que la no propiedad de los medios de producción es una condición más fundamental que la existencia de un ejército industrial de reserva para la existencia del capitalismo. Es que si bien la desocupación refuerza la presión del capital sobre los asalariados, la relación de explotación ya está dada cuando el capitalista no contrata fuerza de trabajo si esta no acepta entregar trabajo gratis. Por eso, no es posible eliminar esta constricción en tanto continúe la propiedad privada del capital (una cuestión que ni menta Grabois). En particular, es imposible acabar con la explotación reduciendo la jornada de trabajo (propuesta que he leído por estos días en un periódico marxista, en crítica a Milei).   

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Insensibilizar ante la realidad de la explotación

Carente de fundamento científico, el planteo de Milei-Nozick tiene como objetivo insensibilizar las conciencias frente a la realidad de la explotación. En este plano, cumple un rol similar al que históricamente tuvo el racismo para justificar la esclavitud y otras formas de opresión. Tengamos presente que “el concepto de raza representa una racionalización de un sistema de opresión, explotación y dominación” (véase Quintero Corrales y Murillo Moreno, 2021, p. 100). En la misma sintonía, la brutal “tesis” de “la libertad de morirse de hambre” busca insensibilizar a la opinión pública ante una relación social de propiedad / desposesión que es la base de la explotación. Lo esencial de lo sostenido por los Milei y Nozick: sin pasado histórico, sin condicionamientos de clase, los trabajadores asalariados “eligen” ser explotados. ¿Acaso no tienen la opción del hambre? Falta que nos expliquen que el que muere por inanición está “maximizando su placer masoquista” (para eso, Gary Becker, premio Nobel de Economía, les puede dar una ayudita). Y para que no queden dudas, Milei suma la “libre venta de órganos”. En definitiva, hay negocios disponibles “para todos y para todas” en el mejor de los mundos posibles. ¿De qué se quejan?

De conjunto, se configura así un razonamiento de bestias, disfrazado de ciencia y expansión de las libertades.

Textos citados:

Quinteros Corrales, H. B. y A. Murillo Moreno (2021): “El racismo como ideología y su negación en nuestras sociedades”, Perspectivas Revista de Ciencias Sociales, año 6, N° 11, pp. 97-117.

Marx, K. (1999): El capital, México, Siglo XXI.

Nozick, R. (1988): Anarquía, Estado y utopía, México, FCE.

Para bajar el documento: https://docs.google.com/document/d/1dlLtItCi3KVXG6tmFDyGJRbi_0-Wsh_pxgFKgRHL898/edit?usp=sharing

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